Fic Toll de BitchUnleashed
Capítulo 6
• Día 40 •
Por suerte comenzaba a acostumbrarse y poco a poco se le iba la timidez y disfrutaba más pasar tiempo con Tom. Quien siempre estaba dispuesto a “ponerse gay” y mimarle hasta el cansancio. O más bien hasta que la situación se hacía insostenible y ninguno de los dos se atrevía continuar sin miedo a arrepentirse…
Ahora estaban en New York, Tom tenía negocios y como no demandaban más de dos horas pasarían el resto del día paseando en la gran manzana.
Así que como ya hiciera en Londres, le esperó, esta vez en una sala de espera, fuera de la oficina mientras chequeaba en un espejo de bolsillo que su nuevo maquillaje luciera bien. Estaba feliz con eso, ya le empezaba a molestar verse tan zombi todos los días. Suerte que Tom era inteligente y sabía notar que era lo que quería sin que tuviera que pedírselo.
Finalmente al cabo de casi una hora y media Tom salió del despacho estrechando la mano con un tipo de traje y sonriendo le indicó que ya era hora de irse.
Bill supuso que todo había salido como el trenzado esperaba. Solo sonreía si era así…
Una vez fuera del edificio se montaron en un Audi TT RS Coupé, los guardaespaldas iban adelante y mientras uno manejaba el otro seleccionaba una estación de radio.
—¿Todo salió bien?— Preguntó Bill sonriendo suavemente.
—Por supuesto.— Asintió Tom con una amplia sonrisa e inclinándose le besó con desesperación. –Todo ha salido magnífico.— Sonrió acariciándole una mejilla y escondiendo el rostro en el cuello del menor, dejando suaves besitos allí.
—Me alegro.— Rió suavemente, sintiendo cosquillas. –Tom…— Rió.
—Te quiero.— Le susurró al oído y besó su lóbulo.
Bill se tornó serio de golpe y le miró. Tom le sonrió.
—Yo también.— Contestó entonces el menor con una dulce sonrisa.
Tom sonrió aun más y le besó una mejilla primero, para luego volver a atacar sus labios.
Se pasaron toda la tarde recorriendo el centro, la 5ª Avenida y también dieron un breve paseo por el Central Park. Indudablemente Tom gastó una buena suma en obsequios para el menor, que aceptó gustoso los tres pares de botas y las dos chaquetas de cuero.
Sin darse cuenta la noche se les vino encima y acabaron cenando en un elegante restaurante en el que Tom gastó más y más sin inmutarse. Le encantaba complacer a Bill, y más cuando este le decía que no lo hiciera…
—Tom, no creo que podamos volar de regreso.— Le dijo Tobi cuando regresaron al auto. –Acabo de hablar con el piloto y el clima del Atlántico no nos favorece.— Tom asintió y torció un poco la boca a un lado.
—Supongo que… ¿tenemos que quedarnos?— Dudó.
—No tenemos otra opción, a menos que decidas arriesgarte.— Explicó Saki.
Tom frunció el ceño y negó de inmediato. Arriesgarse no era el problema. Arriesgar a Bill, lo era.
—De ninguna manera. Pasaremos la noche en un hotel y mañana a primera hora regresaremos.— Dictó decidido y luego de que Tobi arrancara el coche pasó un brazo por encima de los hombros de Bill. –Tenemos que quedarnos.— Le informó como si el menor no hubiera oído la reciente conversación.
—No pasa nada.— Sonrió este. –He estado aquí antes. Podemos ir al Plaza…— Sugirió.
—De acuerdo.— Asintió sonriendo. Si Bill lo quería, Bill lo tendría. –Tobi, al Plaza.— Explicó y el guardaespaldas asintió tomando dirección al hotel.
Al cabo de veinte minutos llegaron y Tom pidió la suite Royal que le cedieron sin problemas ya que no era temporada turística y estaba libre. Luego de que firmara el papeleo y, por supuesto, pagara, subieron a la suite y los guardaespaldas tomaron una de las tres habitaciones, la que tenía dos camas. La otra la tomó Tom y la más grande y principal se la dejó a Bill, claro.
—¿Todo en orden?— Sonrió Tom asomándose por la puerta de la habitación de Bill, pero para su sorpresa no había nadie allí.
Respiró aliviado al oír el ruido de la ducha. Seguramente el menor estaba cansado por los paseos de la tarde y estaba tomando una ducha relajante. Se acercó al baño y asomó su cabeza solo para cerciorarse, pero al ver su silueta perfecta detrás del cristal empañado no pudo evitar abrir más la puerta y quedarse mirándolo mientras se apoyaba contra el marco.
Enseguida Bill cortó el agua habiendo acabado con su baño y al salir de la ducha para recoger su toalla se encontró con el trenzado apoyado en el marco de la puerta con una suave sonrisa ladeada en los labios.
—Tom…— Musitó sonrojándose. Estaba desnudo, frente al mayor.
Este se limitó a mirarle de pies a cabeza y entonces volteó en sus talones y se fue de allí.
Bill frunció el ceño sintiéndose estremecer. Pensando que eso había sido valiente y lindo por parte de Tom. Atreverse a irse teniéndole desnudo e indefenso frente a él…
Porque Bill podía notar como el trenzado le miraba algunas veces, deseándole, desvistiéndole con la mirada…
Entonces se le ocurrió que ¿por qué no darle eso que tanto deseaba? Después de todo el también lo quería… Con menos efusividad, si. Pero lo quería.
Respiró profundamente y desnudo como estaba salió del baño, sonriendo de inmediato al encontrarle parado justo frente a la puerta, esperándole.
Sonrojándose otra vez le miró a los ojos y parándose en puntitas le tomó por las mejillas para unir sus labios en un desesperado beso.
—Bill…— Jadeó Tom al separarse.
—No voy a quedarme con las ganas.— Explicó sintiendo las manos del mayor en su cintura temblar. –No soy un niño.— Sonrió suavemente.
—¿Seguro?— Murmuró acariciándole una mejilla con delicadeza.
—Seguro.— Asintió suavemente. –Te quiero…— Sonrió tomando la mano de Tom en su mejilla y enlazando sus dedos con los propios.
—Y yo a ti.— Susurró Tom contra sus labios y volvió a enfrascarlos en un beso lleno de encendida pasión.
Trastabillando llegaron a la cama y sin dejar de besarse el trenzado logró desnudarse también.
Jadeando ensalivó los dedos de una de sus manos y con mucho cuidado introdujo uno muy lentamente en la entrada de Bill.
Este respiró profundamente. Sintió que tenía una horrenda sensación de deja vu, recordó como hace casi un mes David le hiciera lo mismo, solo que aquella vez había dolido física y mentalmente. Esta vez era Tom y no dolía, solo se sentía como una dulce caricia que le llenaba de paz y de… Tom.
—Te quiero.— Le susurró con los ojos cerrados.
—Te quiero.— Susurró Tom a su vez, y colocándose sobre él le besó en los labios mientras comenzaba a frotar suavemente sus entrepiernas.
Introdujo un segundo dedo y al oírle gemir por lo bajo se dedicó a acariciarle y besarle con cariño. Porque le quería.
Besó su cuello, sus hombros, su pecho con delicadeza y arrodillándose entre sus piernas, con su mano libre comenzó a masturbarle mientras metía un tercer dedo.
—Mhmm…— Gimió Bill presionando sus ojos cerrados, quizás eso si dolía. Pero en un buen modo. De un modo en el que luego sería recompensado… O eso esperaba.
—¿Estás bien?— Preguntó Tom en voz baja, dándole suaves besitos en los labios y mejillas.
—Si…— Suspiró abriendo los ojos algo cristalizados. –Continúa.— Sonrió al notar que movía los dedos más despacio. —¿Qué sientes?— Preguntó sintiendo sus mejillas arder en todo momento.
—Calor.— Sonrió Tom. Bill rió suavemente y gimió sintiendo el cuarto dedo. El trenzado le masturbó más rápido.
—Mmm…— Agitó un poco las caderas.
—¿Tú qué sientes?
—A ti… creo.— Jadeó.
—¿Crees?— Dejó de masturbarle y movió sus dedos en su interior.
—No lo se. Eso duele un poco.— Frunció la nariz y el mayor besó su vientre, lamiendo también.
Bill sonrió y le acarició las trenzas, tironeando un poco de ellas. El dueño de estas le devolvió la sonrisa y con cuidado retiró los dedos.
—¿Listo?— Preguntó el menor.
—Si…— Murmuró y sus ojos se fueron a un lado inevitablemente.
—¿Y si no estoy listo?— Sonrió.
—¿No confías en mí?— Sonrió colocándose sobre él, besándole por un momento. —¿Mm?— Frotó la punta de sus narices.
—No te pongas gay ahora…— Rió por lo bajo y sintió como el trenzado volvía a frotar sus miembros. –Ughh…
—Tú luces más gay.— Sonrió y le besó en la mejilla. –Te quiero.— Murmuró en su oído.
—Yo también.— Sonrió y unió sus labios. –Te quiero…
Tom le devolvió la sonrisa y llevó una mano a su propio miembro, sujetándolo para acomodarlo contra el esfínter de Bill y entonces penetrarlo cuidadosamente. El menor gimió cerrando los ojos y enseguida su respiración de agitó. Dolía.
El mayor volvió a besarle suavemente, acariciando sus labios para transmitirle tranquilidad mientras se habría paso en su interior. Finalmente logró entrar del todo y esperó.
—¿Estás bien?— Le preguntó en voz baja. Bill asintió sin abrir los ojos.
—Un minuto.— Susurró quedamente. Tom asintió y entonces el pelilacio abrió los ojos.
—¿Qué sientes ahora?— Le sonrió.
—Auch.— Frunció la nariz.
—¿Sientes auch?— Rió suavemente acariciándole una mejilla.
—Si…— Gimoteó sonriendo. –Siento auch.
—Te quiero…— Murmuró contra sus labios.
—Muévete.— Susurró y comenzó a besarle.
Tom empezó con movimientos lentos, deslizándose con delicadeza. Hasta que le oyó gemir por lo bajo y embistió comenzando a jadear, más rápido e intenso.
—Hhnm…— Gimió Bill presionando sus manos en los brazos del mayor, su cabello húmedo agitándose al ritmo de las embestidas cada vez más fuertes.
—Bill…— Jadeó cerrando los ojos, escondiendo el rostro en el cuello del menor.
—Tom..— Gimoteó arqueando la espalda, alzando su pecho y acomodando el trasero a mejor disposición de Tom. –Oh…
El trenzado ya embestía con fuerza, jadeando incansablemente, persiguiendo su clímax con desesperación. El pelilacio gimió más y clavando sus uñas en los brazos del mayor subió sus manos por ellos hasta llegar al rostro y alzárselo para poder besarlo.
—Bill…— Jadeó contra su labios, embistiendo lentamente por un momento.
—Ahh… Te quiero…— Susurró mirándole a los ojos.
Tom sonrió y volvió a besarle mientras retomaba el ritmo y a los pocos minutos serpenteó una mano entre sus cuerpos envolviendo con ella el miembro del menor para comenzar a masturbarle. Este gimió y no tardó demasiado en venirse en la mano del mayor mientras que a los pocos segundos este lo hizo en su interior.
Suspirando el trenzado salió de su cuerpo y se echó a su lado. Colocándose de lado y abrazándole por la cintura.
—Te quiero.— Murmuró contra su mejilla antes de besarle allí.
—Yo también.— Sonrió suavemente volteando el rostro y besándole en los labios.
Tom le devolvió el beso y al separarse abrió las mantas y ambos se metieron bajo ellas. Se abrazaron volviendo a besarse y estuvieron así un rato hasta que comenzaron a bostezar. Entonces el trenzado apagó la luz de la lámpara en la mesita y se recostó boca arriba atrayendo al menor a su pecho.
—Buenas noches.— Murmuró este casi dormido.
—Te quiero.— Susurró contra su cabello pero Bill ya no le oía. Sonrió y se dedicó a acariciar su suave espalda hasta caer dormido él también.
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• Día 41 •
Eran ya pasadas las diez de la mañana pero su jefe no daba señales de vida. Lo terrible era que ni siquiera estaba en su habitación…
—¿Has visto a Tom?— Le preguntó a Tobi. –Creí que saldríamos temprano…
—Anoche le vi entrar a la habitación de Bill.— Alzó los hombros sonriendo suavemente. Saki rió por lo bajo y negó.
Ambos sabían lo que sucedía, todos en la mansión Kaulitz lo sabían.
—Creí que le tomaría más tiempo.— Bromeó Saki.
—Si, como no.— Rió Tobi.
El jefe tenía fama de player y pocas, por no decir nulas, eran las veces en que se encaprichaba con alguien. En el caso de que eso sucediera no demoraba más de un mes en “atrapar” finalmente a esa “presa” que se resistía a él.
—Y yo que pensaba que el crío no era gay.— Suspiró Saki. –Con lo de David me había dejado sorprendido…
—Si, tiene talento con las cuchillas.— Asintió seguro.
—¿Qué más da? Estaría bien que se juntaran para ir tras alguien.— Opinó refiriéndose a Bill y Tom.
—Sería una bonita masacre.— Rió divertido.
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Cerca de las once, el primero en despertar fue Tom. No era habitual en él dormir hasta tarde pero teniendo ese tibio cuerpo desnudo sobre el suyo no pudo hacer nada contra la calidez que le acogía y atrapaba.
Sus parpados temblaron un poco y finalmente abrió los ojos con una sonrisa boba. Suspirando suavemente al ver la carita dormida y tranquila del menor muy cerca de la suya.
Sonrió y colocó ambas manos en su espalda, acariciándole. Bill tenía una piel tan suave…
Paso así como media hora más y cuando estaba acariciándole las nalgas con los ojos cerrados, oyó un sonidito ronco y abriendo los ojos notó que el menor comenzaba a despertar.
—Hola…— Le saludó sonriendo, sin apartar las manos de su cuerpo.
—Hola.— Susurró Bill sonriendo también y cuando logró enfocar los ojos se le quedó mirando por un rato.
Sonaba estúpido, pero se sentía diferente. La noche anterior había hecho el amor por primera vez y no podía evitar sonreír al sentir esa calidez en todo su cuerpo. Estaba feliz porque sentía que había sido lo correcto. Que lo había hecho con el correcto…
—¿Todo bien?— Preguntó Tom con una sonrisa boba.
—Mh hm.— Asintió. —¿Tú?
—De maravilla.— Sonrió volviendo a mover sus manos sobre las nalgas del menor.
—¿Cuánto has estado haciendo eso?— Preguntó sonrojándose, apoyando su mejilla caliente en el pecho del mayor.
—Un buen rato…— Sonrió.
—¿Para qué?— Sonrió mirándole. Tom alzó los hombros.
—Solo apoyé las manos en tu espalda y no pude detenerme.— Explicó sonriendo. Bill rió por lo bajo. —¿Duele?— Preguntó deteniendo sus manos en su trasero.
—Muy poco.— Negó.
Tom le sonrió y aprovechando que le miraba adelantó su rostro y le besó en los labios por un momento. Bill le sonrió al separarse y entonces volvieron a besarse…
—Te quiero.— Susurró el trenzado contra los labios del pelilacio.
—Te quiero mucho.— Sonrió este sonrojándose. –Me ha dado el Síndrome de Estocolmo.— Susurró. Tom rió divertido.
—Que bueno.— Alzó las cejas graciosamente haciendo reír al menor. –Soy afortunado.
—Si.— Murmuró volviendo a besarle, rodeando con sus brazos el cuello del mayor mientras este volvía a recorrer toda su espalda y costados con sus manos.
Continúa…
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