Secretos de la mafia 7

Fic Toll de BitchUnleashed

Capítulo 7

• Día 50 •

—Así que ya eres novio del Sr Tom…— Comentó Nora, la cocinera. Bill estaba sentado en la mesa de la cocina dibujando bigotes y cuernos a las celebridades que aparecían en una revista.

—¿Qué?— Preguntó sonrojándose.

—Bueno…— Sonrió enternecida. –Ustedes se besan y pasan mucho tiempo juntos ¿no?

—Ajá.— Murmuró sin despegar su vista de la revista.

—A mi opinión ustedes hacen una pareja muy bonita.— Sonrió y Bill la miró por primera vez. –Tom es un buen muchacho a pesar de todo…

—¿Le conoces hace mucho?— Preguntó interesado.

—Desde antes que él naciera trabajo aquí.— Asintió. –Yo le he cambiado los pañales.— Sonrió, Bill la imitó.

—Entonces, casi se ha criado contigo. Porque por lo que tengo entendido su madre ha muerto cuando él era un niño.— Dijo en voz baja.

—Si.— Asintió. –Simone falleció cuando Tom tenía solo diez años y yo he estado ahí para él siempre. Es como un hijo para mí.

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• Día 58 •

Estaban haciendo el amor.

—Tomm…— Gimió Bill dejando caer su cabeza entre sus omóplatos.

Se sostenía sobre sus manos y rodillas mientras Tom le embestía rudamente por detrás. Este acariciaba sus costados y jadeaba en su oído, besando suavemente toda esa zona.
Bill gimió otra vez cerrando los ojos y sintió como una mano del mayor viajaba a su miembro y le masturbaba haciéndole venirse a los pocos minutos. Luego el mayor lo hizo dentro de su cuerpo y ambos cayeron contra las mantas. Bill jadeando boca abajo y Tom de igual manera sobre él.
Este último colocó ambas rodillas a cada lado del cuerpo del menor y tomándole por las caderas se movió con cuidado, embistiendo suavemente.

—Tomi…— Suspiró Bill arqueando su espalda y apoyándose en sus codos.

El trenzado se salió de su interior y repartió besos por toda su espalda hasta llegar a su cuello.

—Te quiero…— Le susurró al oído haciendo sonreír al menor.

—Yo también.— Sonrió este girando y besándole suavemente en los labios.

Se metieron bajo las mantas de la cama de Bill y se abrazaron enredando sus piernas y brazos. Apretando sus cuerpos juntos y besándose suavemente.

—Tom…— Murmuró el pelilacio finalizando el beso.

—¿Mm?— Sonrió el otro.

—¿Puedo hacerte una pregunta personal? No me voy a enojar si no respondes…— Aseguró acariciándole una mejilla.

—Adelante.— Sonrió asintiendo. No tenía nada que ocultar, y menos a Bill.

—¿Cómo murió tu madre?— Preguntó en voz baja, aliviado cuando vio la dulce sonrisa que le dedicaba el mayor.

—En el parto de mi hermano menor.— Respondió sin perder la sonrisa, viendo como el menor fruncía el ceño. –El bebé tampoco sobrevivió.

—Oh.— Musitó. –Lo siento mucho.

—Gracias.— Sonrió suavemente, besándole la frente. —¿Ahora puedo hacerte yo una pregunta?

—Claro.— Asintió.

—¿De dónde ha salido esa curiosidad por mi madre?— Sonrió divertido.

—Ehh… Je.— Rió por lo bajo, el mayor le besó una mejilla. –Es que… el otro día salió el tema hablando con Nora.

—¿Nora?— Frunció el ceño. Bill asintió. –Es una chismosa.— Bromeó.

—Dijo que hacemos una pareja bonita.— Musitó sonrojándose.

—Si, es verdad.— Bromeó haciendo reír al menor.

—¿Somos una pareja?— Preguntó en voz baja.

—¿Tú quieres serlo?

—Ay, no hagas eso. Yo pregunté primero.— Frunció el ceño haciendo un ligero puchero.

—No puedo imponerte que seas mi pareja.— Sonrió divertido.

—No estás haciéndolo.— Sonrió suavemente, desviando la mirada.

—¿Entonces si quieres?— Preguntó acariciándole la cintura con ambas manos.

—Creo que si.— Susurró mirándole embobado bien fijo a los ojos.

—¿Crees?— Sonrió divertido.

—De acuerdo, si.— Rió nervioso y recibió un dulce beso en los labios. –Te quiero mucho.— Sonrió mordiéndose un lado del labio inferior.

—Yo a ti más.— Aseguró en voz baja y tomándole con firmeza por la cintura se colocó boca arriba llevándose consigo al menor y dejándole sobre su cuerpo, para seguidamente atrapar sus labios en un profundo y largo beso.

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• Día 63 •

—¡Se han ido a la mierda!— Casi gritó Tom entrando de repente en la casa seguido de Saki y tres hombres más.

Tobi se había quedado al cuidado de Bill que, sentado a media escalera mientras leía una revista, pegó un bote al oír a su pareja tan enojado.

—Cálmate Tom…— Trató de tranquilizarle uno de los cuatro hombres.

—Si, no te preocupes.— Asintió Saki.

—¿Qué no me preocupe?— Rió sarcástico. —¡Lo ha destruido todo! Las fotos, los cuadros… La colección de cuchillos de mi padre…— Negó amargamente. –No puedo creer como fui a dejar todo allí. ¡Soy un estúpido!

—Habría sido sospechoso de lo contrario.— Trató de explicar otro.

—De todos modos lo ha descubierto.— Les recordó alzando una ceja.

—¿Qué pasó?— Preguntó Bill levantándose y bajando las escaleras.

—Nada.— Bufó Tom y se alejó por el pasillo junto a la escaleras.

Bill se lo quedó mirando con el ceño fruncido. Algo muy grave tenía que haber pasado, de lo contrario Tom jamás se comportaría así. El trenzado no era alguien que perdiera la compostura por cualquier pavada…
Terminó de bajar las escaleras y se paró frente a los cuatro hombres mirándoles con una ceja en alto.

—¿Y?— Les miró esperando que hablaran de una vez.

Pero los cuatro alzaron los hombros y dieron un paso atrás indicándole que si el jefe no hablaba pues ellos menos.

—Manga de chupamedias.— Bufó rodando los ojos y alejándose de ellos siguiendo el camino de Tom.

Llegó a tiempo de verle entrar a la anteúltima puerta del pasillo y al llegar a ella tocó tres veces.

—No estoy para nadie.— Dijo Tom desde adentro de la oficina, sonaba furioso pero de todos modos Bill abrió la puerta y asomó un poco su rostro.

Tom estaba sentado tras el escritorio. Bill jamás había estado en esa oficina y echó una mirada rápida observando que seguramente esa habría sido el estudio de Jörg, ya que tenía un estilo muy sobrio y elegante, y victoriano claro, toda la casa era así.

—Por fis…— Suplicó en voz baja.

—Bill no…

—Solo quiero ayudar.— Aseguró entrando del todo y cerrando la puerta, apoyándose en ella.

—No Bill. Vete por favor. Estoy muy enojado y no quiero desquitarme contigo.— Negó masajeándose las sienes.

—Pero ¿qué ha pasado?— Insistió acercándose. Tom suspiró cansadamente, tratando de calmarse y no insultar a Bill de mil maneras.

—Bill, por favor.— Le miró serio.

Pero el menor no hizo caso y lentamente apoyó ambas manos en sus hombros y se sentó en su regazo, con las piernas a los lados sobresaliendo por encima de los brazos de la silla. El mayor suspiró nuevamente, colocándole ambas manos en la cintura, tan pequeña y delicada.

—Cuéntame.— Pidió el pelilacio acariciando sus mejillas. —¿Qué ha pasado para que enfurezcas de esta manera?

—El imbécil de tu hermano.— Se quejó serio y severo. Bill iba a regañarlo por insultar a Bob pero prefirió no molestarlo…

—¿Qué hizo ahora?— Sonrió suavemente.

—Ha volado mi casa…— Explicó en voz baja. Bill abrió los ojos como platos.

—¿Qué?— Susurró escéptico.

—Que ‘Bobo’ no tuvo mejor idea que ir a mi antigua casa, descubrir que no estabas ahí y entonces poner algunas granadas en ella…

—Oh Dios…— Frunció el ceño. –Lo… lo siento Tom.— Se mordió el labio inferior. –Lo siento mucho.

—Lo se.— Sonrió costosamente y le acarició una mejilla. –Pero tu hermano es un infeliz…— Bufó. –Lo ha volado todo. Y aun había objetos importantes allí, ahora solo quedan escombros…

—Es un tonto, tienes razón.— Asintió y se inclinó un poco para poder besarle.

—No Bill, no es un tonto.— Frunció el ceño. –Es un imbécil, un infeliz, un bueno para nada… ¿Cómo se le ocurre?— Resopló.

—Bueno, no te enfades…— Sonrió suavemente, acariciándole los hombros pero Tom le tomó las muñecas y las apartó de su cuerpo bruscamente.

—Claro que me enfado. Yo crecí en esa casa Bill, todos mis recuerdos más valiosos estaban ahí. Los recuerdos de mi padre. Lo poco que recuerdo de mi madre…— Negó bajando la mirada.

—Tom…— Murmuró sintiendo que se le iba el alma a los pies.

Nunca había visto a Tom así, tan triste. El mayor siempre tenía esa imagen de que nada le afectaba, que todo le resbalaba. Pero ahora solo lucía devastado.

—Es como si por capricho hubiera reducido mi vida entera a cenizas…— Murmuró el trenzado amargamente.

—Hey, claro que no…— Frunció el ceño y le abrazó. –No digas eso.— Murmuró en su oído, besando suavemente su lóbulo. –No es cierto.

—Si lo es.— Musitó volteando el rostro a un lado. No podía dejar de sentir toda esa furia recorrerle la venas.

Lo peor de todo es que no podía vengarse porque sabía lo importante que Bob era para Bill. Y por triste que sonara, al menos para él, no podría seguir sabiendo que su Bill le guardaba rencor; o peor, le odiaba.

—Si no fuera tu hermano le mataría con mis propias manos.— Confesó sin mirarle.

Bill se mordió los labios, lo sabía. Sabía que era esa la razón por la que Tom estaba tan molesto. La casa en si solo era la razón material y solo un poco sentimental, lo que realmente hacía hervir la sangre del trenzado era el no poder cobrar venganza como tanto deseaba.

—Lo siento…— Susurró apoyando su frente en el cuello del mayor. –Lo siento, lo siento…— Repitió y besó suavemente la piel del otro.

Le bajó el cierre de la sudadera gris oscura que llevaba puesta y siguió besando sintiendo como Tom se ponía tenso de a poco. Sabía que no quería ceder pero tarde temprano tendría que hacerlo, y más con lo que acababa de ocurrírsele…
Le bajó la sudadera hasta los codos, en vista de que el mayor no cooperaba para quitárselo, y le levantó la camiseta hasta el cuello besando ahora su pecho.

—Bill…— Se quejó Tom tratando de sonar incómodo.

Pero no lo estaba, y como Bill lo sabía se bajó de su regazo para arrodillarse en el suelo entre sus piernas y continuar besando y lamiendo su pecho y su vientre.

—Basta.— Bufó tratando de alejarle, empujándole suavemente por lo hombros.

—¿No te gusta?— Le preguntó atrayendo la atención del mayor a sus ojos mientras le desprendía el pantalón lentamente.

—Si, pero ahora no es un buen momento.— Sonrió sin poderlo evitar.

—Yo creo que ahora es un gran momento.— Sonrió de lado alzando una ceja.

—Eres un cómplice de tu hermano. Ambos han pactado para enloquecerme.— Rió. –Él ha destruido mi casa y tú destruyes mi juicio…

Bill le miró haciendo un puchero y sonrió cuando el mayor rió. Se levantó del suelo y se inclinó para besarle mientras sacaba el miembro del trenzado de sus pantalones y comenzaba a masturbarle suavemente.

—Mhmm…— Gimió Tom contra sus labios. –A veces… te…— Jadeó separándose y tomando a Bill por el cinturón, desprendiéndolo de inmediato. –Te odio…— Sonrió tratando de bajarle los pantalones.

—Nh, nh.— Sonrió soltando su miembro y alejando las manos del mayor de su jean. –Eso no.— Sonrió divertido.

—¿Entonces?— Alzó una ceja. Bill volvió a arrodillarse entre sus rodillas y tomó su miembro para comenzar a lamerlo. –Oh… joder…— Jadeó cerrando los ojos, tensando los músculos de su estómago debido al correntazo eléctrico que sintió.

Bill sonrió y continuó su trabajo. No era algo que hubiera estado meditando durante días. Solo sintió deseos de hacerlo en cuanto se sentó sobre Tom. Rondó en su mente por unos pocos minutos y cuando tuvo la oportunidad lo hizo.

No podía explicar lo rápido que se había endurecido nada más su lengua tocase la erección del trenzado. Y no sabía mal, no tanto como había supuesto.
Atrapó con sus labios el glande y Tom jadeó llevando una mano a su cabello, empujándole suavemente hacia su entrepierna. Respiró profundo y abriendo la boca introdujo el miembro en ella, presionándolo entre el paladar y la lengua y luego comenzó subir y bajar por él. Succionando todo lo fuerte que podía, oyendo el ruido húmedo que eso producía.

—Bill…— Gimió el mayor acariciando su cuero cabelludo. El menor chupó con fuerza y le liberó momentáneamente.

—¿Lo hago bien?— Preguntó sonrojándose, respirando costosamente.

—De maravilla.— Asintió sonriendo. –Lo haces tan bien Bill…— Murmuró empujando su rostro contra su miembro. –Continúa.

Bill suspiró, repartió besitos por el glande y masturbándolo un poco lamió toda la extensión, atreviéndose lamer hasta la base y allí delinear la línea entre los testículos.

—Ohh…— Gimió Tom. –Chúpalos…— Pidió en voz baja.

Bill asintió con las mejillas rojas y los lamió un poco antes de introducirse uno a la boca y succionarlo con fuerza. Oyó al trenzado gemir y sintió como agitaba la pelvis. Repitió lo mismo con el otro y esta vez jugueteó un poco con su lengua dentro de su boca. Pronto lo dejó y volvió a lamer y chupar el pene.

—Bill…— Gimió Tom cerrando los ojos, apretando con su mano libre el brazo de la silla. –Oh Bill… si…

Este luchó para no sonreír y no perder el ritmo. Le encantaba lo que oía, haría esto más seguido…
Continuó subiendo y bajando y entonces se le ocurrió que debería intentar metérselo todo a la boca. Recordaba como en las películas, para mayores de 18 o a veces 16, mencionaban algo acerca de que “se lo tragaba”, probablemente debería intentarlo… De todos modos si salía mal, Tom sabía que no era ningún experto. Volvió a soltarle y, tomando una gran bocanada de aire, abrió bien la boca y, sosteniendo el miembro desde la base, se ciñó sobre él y lo introdujo todo lo que pudo, que era un poco más que la mitad pero entonces lo tragó un poco, sintiéndolo casi rozando su campanilla y logró meterlo todo. Apoyando la punta de su nariz en el vientre bajo de Tom.

—Dios…— Susurró Tom viéndole. –Te quiero, te quiero, te quiero…— Susurró acariciando su cabello.

No lo pudo evitar y sus caderas empujaron haciendo que Bill cerrara los ojos con fuerza y se alejara tosiendo un poco.

—Oh, lo siento.— Se disculpó sonrojándose. —¿Estás bien?— Preguntó acariciándole una mejilla, se sentía muy caliente y tenía los labios húmedos.

—Si, casi me ahogas.— Susurró. –Yo también te quiero.— Sonrió suavemente, alzando la mirada y yendo a besarle pero dudando si debería hacerlo luego de haber tenido su miembro en la boca.

Tom sonrió al notar su duda y tomándole por las mejillas le estampó un beso en los labios, lamiéndolos y metiendo su lengua en su boca sin hesitar. Bill se sostuvo de las rodillas del mayor en lo que el beso duraba y al separarse le sonrió antes de volver a lo suyo.
Volvió a metérselo todo a la boca y succionó oyéndole gemir, subió y bajó y siguió chupando hasta que Tom le pidió que se apartara.

—Termina con tu mano.— Le sugirió entre jadeos agitados.

—No.— Sonrió suavemente. –Quiero que lo hagas en mi boca.— Explicó volviendo a atraparlo entre sus labios.

—¿Estás… seguro?— Preguntó, aunque fue en vano.

Ni siquiera le dio a Bill tiempo de asentir que ya estaba explotando con fuerza en el cálido interior de su boca. Este respiró profundamente por la nariz mientras se lo tragaba todo… Era eso.
No dejó de succionar hasta que sintió que ya no le sacaría nada, entonces le liberó respirando agitadamente y se lamió los labios antes de volver a inclinarse y limpiar con su lengua los restos de semen que cubrían el miembro del mayor.

—Hey…— Sonrió Tom. –Ya basta, no seas tan gay.— Bromeó.

—Tú lo eres.— Sonrió levantándose y volviendo a sentarse en el regazo del mayor. –Gay.— Le picó con el índice en el pecho.

—Cuidado, estoy sensible.— Rió por lo bajo tomándole por las caderas y alejándole de su miembro desnudo con ese áspero jean.

—Estoy sensible.— Se burló con voz aguda. –Eres tan gay, tan, tan, tan gay.— Sonrió ampliamente. –En un concurso de gays, pierdes por gay.— Rió divertido y masajeando sus hombros se inclinó para besarle profundamente en los labios. Entrando él en su boca, esta vez.

—Estoy perdido contigo…— Sonrió embobado al separarse.

—Yo creo que me amas.— Sonrió suavemente, mirándole a los ojos y acercándose para frotar sus narices. –Me amas tanto que temes decirlo.— Le besó suavemente los labios. –Me amas tanto que temes que yo no lo haga.— Murmuró.

—¿Y lo haces?— Preguntó poniéndose serio.

—Si no lo hiciera no estaría aquí.— Asintió sin miedo. –Si no te amara no habría dejado que me hagas el amor, o no habría hecho… lo de recién.— Sonrió suavemente, sonrojándose y bajando la mirada. Tom le acarició una mejilla. —Entonces… ¿tengo razón?— Preguntó alzando la mirada.

—Sabes que si.— Murmuró. –De lo contrario no lo habrías dicho.— Sonrió suavemente.

—Dilo.— Susurró tomando ambas manos del trenzado y entrelazando sus dedos.

—Te amo.— Confesó en voz baja, serio. Bill se mordió el labio inferior.

—Yo también.— Murmuró escondiendo su rostro en el cuello del mayor. –Te amo…— Susurró abrazándole.

—Más te vale que nada salga mal Bill…— Murmuró abrazándole, acariciándole el cabello. –Nunca he sentido esto por nadie, y si algo falla te culparé.— Advirtió y le besó el hombro.

—Nada fallará.— Aseguró alzando el rostro, mirándole serio. –Te prometo que todo estará bien.— Sonrió acariciándole ambas mejillas. –Porque te amo.— Sonrió ampliamente y le besó en los labios, dulcemente durante unos momentos.

—Te amo…— Murmuró contra sus labios acariciando sus costados por debajo de la camiseta oscura que llevaba puesta. –Te amo.

Continúa…

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