Parte I, Capitulo 1
Apoyado en el lavabo, Bill Trümper trataba de respirar con normalidad. Llevaba varios días sintiéndose mal, echando el desayuno todas las mañanas sin saber aún el porqué del motivo.
Cuando vio que podía andar salió del baño al que tuvo que acudir corriendo y fue al dormitorio a recostarse en la cama para tratar de pensar. Tenía una ligera idea de lo que le podía estar pasando, pero enseguida negaba con la cabeza…
¡Embarazado!
Solo tenía 20 años, se veía muy joven aún. Lo suyo con Richard iba muy bien, habían decidido irse a vivir juntos hacía solo unos meses, no podía irle con la noticia de que estaba esperando un bebé…nunca habían hablado del tema, no sabía cómo iba a reaccionar.
¿Se alegraría? ¿Tendría tanto miedo como él?
Sintió una nueva arcada y se encogió en la cama gimiendo por lo bajo, llevándose las manos a su estómago y suspirando al pensar que una vida crecía dentro de él. No se imaginaba como sería verse con barriguita, sentir cada patada que su hijo le diera… suspirar cuando Richard le recorriera el vientre con las manos y le hablara al bebé para que no fuera tan malo…
Se quedó un rato más en la cama soñando despierto, con una amplia sonrisa en los labios. Cuando tuvo las fuerzas necesarias se levantó y empezó a recoger la habitación. Richard se había ido a trabajar y él prometió tener la comida lista para cuando regresara. No quería que pensara que era muy joven para ser su novio, que no sabía hacer nada de la casa….y que era más joven aún para tener un hijo suyo….
Decidió no pensar en eso, lo primero era saber si realmente estaba esperando un bebé, decírselo a Richard y pensar entre los dos que hacer.
Se pasó toda la mañana metido en la cocina, a las nauseas matutinas le siguió un hambre voraz y no paró de picar en toda la mañana, comiendo incluso aquello que antes detestaba, como unos bombones que Richard le regaló la noche anterior, pero que se negó a comer por miedo a engordar…
Bueno, si lo del embarazo era verdad ya no tenía que ir mirando las calorías que consumía, solo preocuparse de que su hijo crecía sano y salvo.
Preparó algo fácil. Puso un cazo al fuego y coció unos espaguetis, preparando su salsa secreta que tanto gustaba a Richard y de la que jamás sabría su receta, por mucho que se lo había suplicado más de una vez estando los dos desnudos en la cama mientras que le pasaba las manos por el cuerpo.
Sonrió sin poderlo evitar, desde que le conociera no se habían separado. Fue verse una noche en el club que regentaba su amigo Gustav y enamorarse a primera vista. Le quiso invitar a una copa, pero estaba con su otro amigo Georg, y se cortó pensando que era su novio.
Pero una vez que le vio quedarse a solas porque su amigo fue al baño, se le acercó y se presentó. Le tendió una mano que cogió entre las suyas, tan suaves como Richard le confesó y con sus largas uñas pintadas de negro. Fue más lanzado y el invitó a bailar si a su novio no le importaba.
Recordaba cómo le sonrió cuando le contestó que Georg no era su novio, y que a él tampoco le importaba que le sacara a bailar una canción, que al final se convirtieron en 4.
Sus amigos le espiaban desde la barra, y cuando se despidió de él tras darle su número de teléfono les confesó que acababa de encontrar a su amor verdadero… Y así fue, quedaron en verse al día siguiente, luego para ir al cine otro…y cuando se quisieron dar cuenta llevaban saliendo 6 meses y viviendo juntos apenas 2.
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—Cariño, ya estoy en casa…
La voz de Richard le hizo salir de sus pensamientos. Miró el reloj de la cocina maldiciendo al ver la hora que era. Se le había ido el santo al cielo y aún no estaba puesta la mesa. Se limpió las manos al paño que llevaba a su cintura enganchado y salió a recibir a Richard con su mejor sonrisa.
—Hoy se te ve más guapo—admiró Richard tras besarle en los labios— ¿Qué te has hecho?
Se le quedó mirando sin saber si decirle sus sospechas, o esperar a que primero comiera. Tal vez se estaba equivocando, no había prisas para contarlo.
—Me he cambiado el peinado—mintió con lo primero que se le vino a la cabeza.
Se llevó una mano al pelo y se colocó un mechón tras la oreja ante la atenta mirada de Richard.
—Cariño, no es por ofender pero lo llevas como siempre—murmuró Richard.
—Eso es porque no te fijas bien. Me he cambiado la raya—dijo Bill haciéndose el ofendido.
—Vale…esto…huele bien, ¿qué has preparado para comer?—preguntó Richard cambiando de tema.
—Mis famosos espaguetis —contestó Bill sonriendo.
Le cogió de la mano y entraron en la cocina, donde su salsa especial estaba ya lista. La vertió en la fuente donde ya estaban los espaguetis ya escurridos y empezó a poner la mesa mientras que Richard se cambiaba de ropa por otra más cómoda.
Se sentaron a comer mientras escuchaba como le contaba que tal le había ido la mañana. Había estudiado arquitectura y tenía un pequeño estudio que compartía con su compañero de carrera, David Jost. Esa mañana le habían pedido los planes para un nuevo edificio que pensaban remodelar cerca del pub de su amigo Gustav, y le estaba comentando que una vez construido ese barrio iba a ganar categoría.
—Ya verás, Gustav tendrá el doble de clientes, dile que se vaya preparando para contratar más camareros—comentó Richard riendo.
Pero dejó de hacerlo cuando vio que Bill no le escuchaba, ni comía. Solo jugaba con el tenedor con la mirada perdida. Estiró una mano y la puso sobre la suya, acariciándole con suavidad.
—Estás ausente, ¿te pasa algo?—preguntó preocupado.
Alzó la mirada y se le quedó mirando. Era el momento adecuado de revelar sus temores…
—Creo que estoy embarazado—susurró sin aliento.
Vio como Richard le apretaba la mano y sonreía con esfuerzo.
— ¿Estás seguro de ello? ¿Te has hecho la prueba?—preguntó Richard aún conmocionado por la noticia.
—Llevo unos días levantándome revuelto, y hoy pensaba que a lo mejor….
—Pero…hemos ido con cuidado, esto no debería estar pasando—le cortó Richard alzando la voz.
—Lo siento mucho—dijo Bill rompiendo a llorar—Sabía que te lo ibas a tomar mal, tenía tanto miedo de tu reacción y…
—No Bill, no es eso—se apresuró a decir Richard levantándose.
Se arrodilló en el suelo a su lado y le atrajo a sus brazos, suspirando cuando sintió que le ponía la cara contra su cuello y sollozaba en el.
—Lo decía por ti, acabas de cumplir los 20 y tienes mucha vida por delante—dijo Richard en voz baja.
Nunca habían hablado de la diferencia de edad que los separaba, él ya rondaba los 34 pero le quería con toda su alma sin poder evitarlo.
—Si…si no quieres tener al bebé,…. —empezó a decir Richard.
—Es tu hijo—le cortó Bill alzando la cara—Jamás podría deshacerme de algo que hemos concebido con tanto amor.
Richard sonrió y le secó las lágrimas con ambas manos, besándole con suavidad en la mejilla.
—No debemos hablar hasta no estar seguros del todo. Esta tarde iremos a una farmacia y compramos uno de esos test. Si da positivo, tendrás que ponerte en manos del mejor médico de la ciudad, no quiero que te pase nada malo a ti ni a nuestro bebé—explicó Richard poniendo una mano en su vientre.
— ¿Y si no lo estoy?—preguntó Bill, emocionado por ese gesto.
—Pues lo intentaremos de nuevo…pero con el tiempo—contestó Richard.
Bill asintió logrando sonreír. Dejó que le limpiara las lágrimas que habían vuelto a rodar por sus mejillas y entonces sintió un repentino hambre voraz. Cogió el tenedor y empezó a comer con un solo pensamiento…esperaba un bebé, su cuerpo se lo decía…
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Esa misma tarde salieron a comprar la prueba. Con ella de la mano regresaron al piso y leyeron con detenimiento las instrucciones.
—Si es positivo se verán dos rayas rosas—leyó Richard en voz alta.
Bill asintió a su lado. Entre sus manos llevaba la prueba aún sin hacer, la miraba con miedo de que le diera la respuesta equivocada: que no lo estaba. Se había hecho muchas ilusiones y era como si sintiera ya a su bebé dentro de su vientre cada vez que se llevaba una mano a el.
— ¿Necesitas ayuda?—preguntó Richard doblando el prospecto.
—Bueno, no es muy complicado…solo hay que mear en un tubito—bromeó Bill con esfuerzo.
Richard rió por lo bajo y tras besarle en los labios le vio levantarse y entrar en el baño. Esperó con paciencia sin quitar los ojos de la puerta hasta que le vio salir 5 minutos después. Le hizo un hueco a su lado en el sofá y cogió la prueba que le tendía con temblorosas manos.
—Míralo tú, por favor—suplicó Bill enterrando la cara en su cuello.
Richard asintió y esperó a que pasaran 5 minutos más sin dejar de acariciarle la espalda con suavidad. Sus ojos estaban clavados en la prueba, sus labios esbozaron una amplia sonrisa cuando pudo leer al fin el resultado.
— ¡Bill!—le llamó con voz emocionada.
—No lo estoy, ¿verdad?—preguntó Bill a punto de llorar.
Le hizo alzar la cara y tomándola en sus manos le besó con suavidad en los labios.
—Felicidades, papá—susurró contra ellos suspirando.
Continuará…