Parte I, Capitulo 10
Se puso manos a la obra al día siguiente. Gustav fue al piso y le instaló en el ordenador de Richard todos los programas que necesitaría. Luego le cedió el asiento y menos de media hora Bill abrió una nueva página en la que se informaba de la fiesta que darían por ser Navidad, además de la del año nuevo. Puso el precio de las invitaciones, añadiendo que parte de la misma se destinaría a varias causas benéficas infantiles y que el pub contaría con un servicio gratis de guardarropa.
—Así nadie se cortará a la hora de ponerse sus mejores galas—comentó mirando a Gustav.
—Puedes recibir a los invitados tú mismo en la puerta y ofrecerles esa copa de vino especiado con canela para que vayan entrando en calor—dijo Gusta asintiendo.
—Es tu pub, deberías ser tú quien…
—Estaré echando una mano a Andreas, y tú serás mis ojos y oídos en mi ausencia. Tienes derecho pleno de actuar como lo haría yo, y sé que lo harás muy bien—dijo Gustav con firmeza.
Bill no estaba tan seguro, no se le daba muy bien mandar a la gente y ese iba a ser el primer trabajo que tuviera…si es que tras pasar las navidades aceptaba la oferta…
Gustav parecía estar más seguro que él porque ya le estaba hablando de cuando llegara el verano. Todas las noches habría una gran fiesta y estrenarían la nueva terraza. Sacarían a ella la mesa del DJ y abrirían hasta tarde, pensaban duplicar el número de clientes…
Tras pasar toda la mañana trabajando con Gustav, se tomó la tarde libre. Estaban a principios de diciembre y no hacía mucho frío ese día. Terminó de comer y abrigando bien a Richard, le sentó en su sillita. Irían a aprovechar los tímidos rayos de sol que se colaban por el cielo encapotado.
Una vez en la calle y viendo que ya caían las primeras gotas se apresuró entró en el centro comercial justo a tiempo. La lluvia comenzó a caer con más fuerza y decidió pasar allí el tiempo necesario hasta que amainase. Por suerte, había sido precavido y antes de salir de casa metió en la bolsa de Richard su merienda por si acaso. Solo tenía que buscar un rincón tranquilo en el que dar la papilla a su hijo.
Pero se entretuvo viendo escaparates. Hacía mucho que no iba de compras y veía algo de ropa que le interesaba. Se preguntaba si a Sonhia no le importaría quedarse una tarde con Richard mientras él se escapaba…
De repente escuchó que le llamaban. Se giró arrugando la frente, desde la tienda de música Tom le sonreía y saludaba con la mano. Le devolvió la sonrisa y entró en la tienda.
—Que sorpresa—comentó Tom sonriendo ampliamente.
—Se puso a llover y suerte que andábamos cerca—explicó Bill.
Los ojos de Tom se dirigieron al pequeño Richard, que esbozó una amplia sonrisa mostrándole su primer diente.
—Es precioso—murmuró Tom.
Le echó un repaso de arriba abajo, los ojos no eran los de Bill así que debían de ser del difunto padre. Pero ese lunar que el pequeño Richard tenía bajo la comisura del labio….ese era de Bill sin dudarlo.
—Estaba buscando un sitio donde darle de merendar—siguió Bill explicando—Aún no le ha dado hambre, pero de un momento a otro se pondrá a llorar.
—Conozco una cafetería muy tranquila en el piso de abajo—dijo Tom con un brillo especial en los ojos— ¿Puedo acompañaros?
—Claro, no veo por qué no. A no ser…que estés ocupado—contestó Bill señalando los cd´s que Tom llevaba en sus manos.
—Oh, no pasa nada—se apresuró a negar Tom—Los puedo comprar mañana, solo estaba mirando. Espérame, que le digo al dependiente que me los reserve.
Le vio asentir y salir de la tienda, estaba en mitad de la puerta y estorbaba. Solo entonces echó una rápida carrera y cogió a Andreas del codo.
— ¿Te decides de una vez?—preguntó Andreas resoplando—Dos horas para comprar un maldito cd….y me muero de hambre…
—Lo siento mucho, pero es que…me he encontrado con un viejo conocido y vamos a tomar algo—le explicó Tom por encima.
— ¿Un viejo conocido?—repitió Andreas mirando hacia la puerta.
Arrugó la frente al ver quién era. Bill Trümper con su hijo…
— ¿Sabes dónde te estás metiendo?—preguntó mirando a su amigo de nuevo—Bill es el protegido de Gustav, como se te ocurra hacerle algo….te veo en la calle en un abrir y cerrar de ojos.
—Tranquilo, sé lo que me hago—dijo Tom resoplando—No vamos a hacer nada, la muerte de Richard es aún muy reciente y Bill está centrado en su bebé. Solo voy a tomar algo con ellos y hablar, como dos viejos conocidos que somos.
—Vale, yo solo te aviso—dijo Andreas levantando las dos manos.
—Toma, paga esto por mí y nos vemos esta noche—murmuró Tom dándole los cd´s—Ah, y siento dejarte colgado.
—No te preocupes, ya encontraré a otro amigo que me dé de comer—río Andreas.
Tom sonrió y salió de la tienda. Se reunió con Bill y se dirigieron a los ascensores. Le ayudó a entrar la silla de Richard y un cuarto de hora después estaban sentados en la mesa de la cafetería de la que le habló.
Era un sitio muy tranquilo, varios padres estaban en esos momentos dando allí también la merienda a sus hijos mientras disfrutaban de una taza de café y una porción de tarta.
Mientras que Tom saboreaba la suya, sonreía mientras miraba como Bill se las apañaba para que su hijo merendara. Sentado en su silla, Richard jugaba con unas llaves de plásticos de varios colores mientras abría la boca cada vez que una cuchara cargada con papilla se le acercaba.
Llevaba puesto un babero con un conejito azul bordado, con el que Bill le limpiaba la barbilla cada vez que se la manchaba y resoplaba.
—Al final el babero termina lleno de papilla y tú sin comer nada—musitó riñendo a su hijo.
Pero solo obtuvo de él una amplia sonrisa al tiempo que le volvía a escurrir papilla por su barbilla. Resopló enojado y estaba a punto de limpiarle de nuevo cuando le sonó el móvil. Lo tenía encima de la mesa y dejó allí el potito que le estaba dando para contestarlo.
Sonrió al ver que era su madre y contestó con una amplia sonrisa en los labios.
—Mamá…
Mientras hablaba con ella, su hijo empezó a impacientarse y le dirigió una mirada a su acompañante. Tom la entendió a la primera y cogió el potito que había dejado sobre la mesa. Giró la sillita de Richard para que le mirara de frente y se puso a darle la merienda haciendo muecas para que se riera y no molestara a su padre, que no pudo por más que sonreír ante la escena.
Se despidió de su madre y dejó que Tom terminara. Luego cogió a su hijo en brazos y le sentó en su regazo mientras le quitaba el babero y terminaba de limpiarle la carita con una toallita húmeda.
—Le has caído muy bien—comentó mirando a Tom.
—Soy el mayor de 5 hermanos, más de una vez me tocó cuidar de los más pequeños y se me da muy bien—alardeó Tom.
—¡Sois 5 hermanos! ¿Y cómo se apañaba tu madre? Yo con Richard a veces siento que me ahogo en un vaso de agua—comentó sonriendo.
—Mi padre estaba….—empezó a decir Tom sin darse cuenta.
Se calló de inmediato maldiciéndose por lo bajo. La cara de Bill fue recorrida por un gesto triste que le partió el corazón.
—Lo siento, no quise que….—empezó a disculparse en voz baja.
—No importa, son cosas que pasan—carraspeó Bill—Dime que ibas a decir de tu padre.
Tom suspiró, Bill era una bella persona que no se merecía lo que le había pasado…
—Mi padre le echaba también una mano, yo era el mayor y entre él y yo nos encargábamos de que los pequeños no molestaran. Mi madre trabajaba fuera de casa y a la vuelta se la encontraba limpia y con los niños ya en sus camas.
—Mi madre me echó una mano los primeros días—comentó Bill—Sin ella no sé que había podido hacer, tras el parto me quedé débil y me costaba hasta mecer a mi hijo en brazos.
Siguieron hablando del pequeño Richard hasta que éste se quedó dormido en los brazos de su padre. Bill le sentó de nuevo en su sillita con cuidado de no despertarlo y le dejó bien tapado con una manta de payasos regalo de David.
Tom le acompañó hasta la salida del centro comercial, descubriendo que hacia rato que había dejado de llover y lucia un tímido sol. Bill le señaló el camino a su piso y Tom le acompañó encantado. Le ayudó con la silla en la entrada y una vez en el ascensor estaba a punto de despedirse cuando Bill le invitó.
— ¿Quieres tomar otro café?—preguntó Bill siguiendo un impulso.
Tom aceptó sin pensárselo y entró en el ascensor tras él. Esperó en el salón mientras Bill acostaba a Richard en su cuna. Suspiró al verle cogerle en brazos y besarle en la frente tarareando por lo bajo cuando empezó a despertarse. Le estuvo acunando hasta que se quedó dormido de nuevo y entonces fue a hacerle compañía al salón.
— ¿Qué quieres tomar?—preguntó mientras se recogía el pelo con una goma que llevaba en su muñeca izquierda.
—Otro café estará bien—contestó Tom sonriendo.
Bill asintió y fue a la cocina seguido de Tom. Empezó a preparar el café y como le parecía poco enseguida empezó a preparar unos sándwiches con la ayuda de Tom. Se sentaron en la mesa de la cocina y tomaron esa improvisada cena mientras hablaban de temas relacionados con el pub de Gustav.
—Así que vas a ser mi nuevo jefe—dijo Tom sonriendo.
—No me llames jefe, solo voy a echar una mano—dejó Bill bien claro también sonriendo.
—Se acerca la navidad y va a haber mucho trabajo—comentó Tom suspirando.
— ¿Irás a tu casa? Con tus hermanos…
—Mi hermana July pasará las navidades con la familia de su prometido, la veré en enero. Mis hermanos Ralph y Klaus echaran una mano en el pub, son buenos camareros y Gustav me ha hecho un gran favor. Y luego está la más pequeña, Emily. Tiene 12 años y será la única que esté con mis padres. Pero en año nuevo nos reuniéremos a comer todos los hermanos—explicó Tom sonriendo.
Bill le escuchaba con una sonrisa en los labios, envidiaba su gran familia numerosa, haber crecido rodeados de hermanos con los que pelearse y pasar buenos ratos. Él estaba solo, no tenía a nadie…ni un hermano…ni nadie al que poder contarle lo triste que se sentía cada vez que respiraba…
Pero no podía seguir pensando así, su hijo crecía muy deprisa y necesitaba un padre. Él solo no podía explicarle muchas cosas, porque se fue su otro padre, por que lloraba todas las noches hasta caer rendido por el sueño….porque sentía la necesidad de sentirse amado de nuevo…
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