Parte I, Capitulo 12
Al día siguiente se levantó con ganas de trabajar. Tras desayunar con la revoltosa compañía de su hijo, le llevó al salón con él y le dejó bien acomodado sobre una manta que extendió delante del sofá, para que se recostara contra el.
Él se sentó delante del ordenador y mientras que se encendía fue preparando la cámara de fotos. La enchufó al ordenador y al cabo de unos minutos ya había pasado todas las fotos que había hecho la noche anterior.
Escogió las que mejor iban para promocionar el club y las subió a la página web, junto con la del guapísimo DJ que atraería a miles de chicas. Terminó de actualizar la página y apagó el Internet. Pero no el ordenador, amplió con el ratón la foto que les había hecho Andreas de los dos y se quedó estudiándola.
Hacía mucho que no se veía a sí mismo tan relajado, y con una amplia sonrisa en los labios…
Una risa de su hijo le hizo alzar la mirada. Estaba jugando con un coche de bomberos, rodándolo por el suelo para hacer sonar la sirena. No se lo pensó dos veces y apagó el ordenador para ir a jugar con él. Se sentó en el suelo y se lo puso sobre su regazo, cogiendo otro coche y haciendo carreras con él.
Se pasó toda la mañana jugando, hasta que sintió hambre y decidió ir a preparar la comida. Se levantó llevando en brazos al pequeño Richard y entró en la cocina. Le dejó sentado en su trona y primero le calentó a él su papilla que se la dio entre risas.
Luego se hizo algo de pasta para él y mientras se cocía fue a acostar a su hijo en la cuna, rendido como estaba por haberse pasado toda la mañana jugando. Comió el solo, suspirando a cada momento. Echaba en falta tener a alguien con quien hablar, había días que se le venía el piso encima….
Una hora después se despertó su hijo y le sentó en la sillita. Saldrían a dar un paseo, volverían al centro comercial por si Tom estaba comprando material nuevo. Pero nada, en la tienda de música no estaba y resopló decepcionado. Tampoco tenía su número de teléfono y no quería molestarle, tal vez tenían otros planes y no sabía con certeza que le gustaran los chicos, solo que con él había pasado una tarde muy agradable.
Se dio la vuelta dispuesto a regresar a casa cuando escuchó que le llamaban. Se volvió de inmediato con una amplia sonrisa en los labios, que se congeló al ver quien le había llamado.
—Sabías que eras tú—comentó David con una amplia sonrisa.
Se le acercó y sin mediar palabra le dio un beso en la mejilla. Luego se inclinó e hizo carantoñas al pequeño Richard, comentando lo mucho que había crecido…y que cada día se parecía más a su padre.
— ¿Tomamos algo?—preguntó David incorporándose.
Bill asintió con la cabeza, no quería ser grosero y decirle que no le apetecía nada.
—Hay un bar tranquilo en la planta de abajo, estuve allí el otro día—explicó Bill sin explicar con quien.
David asintió y se pusieron en marcha. Ocuparon una de las mesas y David pidió un café para cada uno mientras que Bill se entretenía en dar la merienda a su hijo.
—Hace más de una semana que no te veo, he estado liado con el trabajo—empezó a decir David— ¿Qué has estado haciendo?
—Oh…aparte de cuidar de un revoltoso niño, Gustav me ha ofrecido trabajo en el club—contestó Bill con naturalidad.
— ¿En el club? ¿De camarero?—preguntó David arrugando la frente.
—No, seré como el relaciones públicas o algo así—le corrigió Bill—La mayor parte del tiempo trabajaré en casa, pero alguna noche tendré que ir a echar una mano.
— ¿Y qué harás con Richard? Me sé de una chica que te lo cuidaría—ofreció David.
—No quiero dejarle con una extraña—negó Bill—Ni tampoco abusar de Sonhia, ya bastante me echa una mano con él. No, Gustav me ha ofrecido una habitación insonorizada que tiene al lado de su despacho, la estamos transformando en una sala de juegos…
—Pero Bill…no puedes llevar a tu hijo a un sitio así—murmuró David—Sacarlo de casa en mitad de la noche, regresar a altas horas de la madrugada…
—Serán unas cuantas noches—repitió Bill—Y no me quedaré hasta muy tarde. Tendrá una cuna como en casa y a la salida Georg me llevará en su coche.
—Espero que no se entere Molly—se le escapó a David en voz baja.
— ¿Cómo dices?—preguntó Bill poniéndose tenso.
—Mira, no quería preocuparte pero he escuchado cosas….a Molly no le gusta que cuides tú solo de su nieto, no te ve preparado y dice que nunca se lo llevas a verlo…
—Ella es la que no quiere venir—cortó Bill enojado—Ni siquiera cuando nació fue al hospital. Sabe donde vivo, tiene mi teléfono…
—Por esto no te lo quería decir—dijo David cogiéndole una mano—Sabría que te ibas a disgustar…
—Has hecho bien, no quiero que Molly actúe a mis espaldas y me entere cuando sea tarde—murmuró Bill.
—Bill, Richard es tu hijo. Nadie te lo va a quitar—dijo David con firmeza.
Pero Bill no lo veía tan claro, era la primera vez que pensaba en esa posibilidad. Sabía que no era del agrado de Molly, pero de ahí a que le quisiera quitar a su hijo acusándole de ser demasiado joven o un mal padre….
Esa noche no pudo dormir nada, cerraba los ojos y veía a Molly acunando a su hijo en sus brazos, ignorando las lágrimas que derramaba…
&
Llegado el domingo, fue a comer a casa de sus padres. Su padre en persona le vino a buscar a él y a su hijo mientras que su madre preparaba la comida. Nada más sentarse a la mesa, le notaron en la cara que le pasaba algo.
—Molly—susurró como respuesta—Creo que pretende quitarme a Richard.
—Que se atreva—saltó Simone—No viene a verle y ahora se preocupa por él… ¡por encima de mí!
—No hay que adelantarnos a los acontecimientos—trató de poner paz Gordon—No tienes pruebas de que quiera hacerlo, solo la palabra de David basada en unos comentarios. Tal vez los malinterpretó…
—No lo sé—susurró Bill suspirando—Pero tengo mucho miedo.
Esa noche la pasó en casa de sus padres, necesitaba de sus consuelos y así disfrutaban una noche cuidando de su nieto. Al día siguiente regresó a su piso y por la noche fue al club para hablar seriamente con Gustav, dejando a Richard al cuidado de nuevo de Georg y Sonhia, que nada más saber de sus inquietudes le ofrecieron su ayuda.
—Déjame asesorarte—se ofreció Sonhia—Esa bruja no sabe con quién está tratando, si intenta algo haré que se arrepienta del día en que decidió odiarte.
—Es la madre de Richard, no quiero llevarme mal con ella por mi hijo—susurró Bill—Algún día querrá ver a sus abuelos y yo no podré negárselo.
—No, pero tampoco vamos a quedarnos de brazos cruzados. Si quiere guerra, la tendrá—sentenció Sonhia.
Y ese mismo consejo fue el que le dio Gustav. Había ido a renunciar a su trabajo, no quería que Molly viera que desatendía a su hijo, pero Gustav le convenció de todo lo contrario, prometiéndole que al menor síntoma de peligro podría dejarlo.
Algo ya más tranquilo, se acercó a la barra a por una botella de agua que Andreas le sirvió encantado.
— ¿Qué tal tu primer día de trabajo?—preguntó Andreas con una sonrisa.
—Hoy solo estoy de paso—contestó Bill devolviéndole la sonrisa—Pero en casa ya he avanzado mucho, poniendo las fotos que saqué la otra noche en el club.
— ¿Todas?—preguntó Andreas alzando una ceja.
Se sonrojó sin poder evitarlo, sabía a qué foto se refería. Le vio guiñarle un ojo y decirle adiós con la mano, había gente en la barra esperando. Suspiró al sentirse de repente solo, a su alrededor había parejas riendo y bailando al son de la música que en esos momentos estaba sonando….
Pensar en la música le hizo fijarse en la cabina del DJ y esbozar una amplia sonrisa. Tom estaba sumergido en su trabajo, cambiando el cd sin parar de moverse al compás de la canción que había puesto minutos antes.
Cogió aire y se hizo hueco entre la gente. Esperó a que hubiera cambiado la canción para saludarle, no quería distraerlo como la vez anterior. Sonrió ampliamente cuando Tom alzó la mirada y la centró en él.
—Buenas noches—le saludó devolviéndole la sonrisa.
—Hoy está lleno—respondió Bill echando un vistazo a su alrededor.
Se hizo a un lado cuando un grupo de chicas casi le atropellaron para ir al servicio, recordando con dolor que así fue como conoció a Tom. Se había levantado para ir al baño, otra vez, y a la salida le empujaron sin querer. Si no hubiera sido por Tom, habría terminado en el suelo…recordaba perfectamente como le sujetó entre sus fuertes brazos…y como apareció Richard a separarlos pensando que le estaba haciendo daño…
— ¿Estás bien?—preguntó Tom preocupado.
Se había quedado callado sin motivo alguno, mirándole fijamente mientras arrugaba la frente.
— ¿Bill?—le llamó chasqueando los dedos ante sus ojos.
—Lo siento—murmuró Bill sonriendo con esfuerzo.
Tuvo que apartarse de nuevo, estaba en medio del camino hacia el baño. Allí solo estorbaba, lo mejor era que se fuera a su casa…pero Tom tenía otra cosa en mente…
Le cogió de la muñeca y le hizo entrar en la cabina.
—Ahí tienes un taburete—le explicó quitando de encima de el su cazadora—Me puedes echar una mano, no sé…pon la canción que quieras.
—No tengo ni idea de lo que se escucha ahora—dijo Bill negándose.
Pero Tom insistió y le obligó a sentarse.
—Hazme compañía entonces—dijo mostrando su mejor sonrisa.
—Se está haciendo tarde, vine a decirle una cosa a Gustav y dejé a Richard con Georg y su novia, no quiero abusar de su confianza—se excusó.
—Solo media hora—suplicó Tom, sonriendo al verle asentir—Mientras me puedes contar lo que quieras del pequeño Richard. Está muy crecido para su edad, ¿no?
Bill suspiró y entre canción y canción le contaba las travesuras de su hijo, que ya gateaba y el día menos pensado daría sus primeros pasos. Tom le escuchaba prestándole mucha atención y preguntando cada detalle como cuando le había salido su primer diente y si ya había dicho alguna palabra.
El tiempo se pasó volando y cuando quiso darse cuenta ya estaban cerrando. Era miércoles y entre semana Gustav no abría hasta muy tarde. Eran casi la 1 de la madrugada y se extrañó al verle cómodamente sentado en la cabina del DJ.
—Bill, pensé que te habías ido hace horas—dijo Gustav realmente sorprendido.
—Me encontré con Tom y nos pusimos a hablar de Richard…cuando hablo de mi hijo no sé parar—comentó Bill con una sonrisa.
— ¿Te llevo a casa?—se ofreció Gustav—Hago caja y nos vamos.
—Se me ha hecho tarde, Georg y Sonhia estará deseando irse a dormir—negó Bill suspirando.
—Te puedo llevar yo, ya he terminado de recoger—se ofreció Tom.
Bill asintió y se despidió con beso en la mejilla de Gustav. Esperó mientras Tom se acercaba a la barra a por una botella d agua.
— ¿Ya te vas?—le preguntó Andreas en voz baja.
—Bill necesita que le lleven—contestó Tom por encima cogiendo una botella de agua.
Andreas resopló sonriendo, a él no le engañaba. Se despidió de su amigo hasta el día siguiente y habló con uno de los camareros para ver si le podía llevar a casa…le habían vuelto a dejar tirado…
Salieron del club por la puerta trasera y Tom le señaló su BMW negro que tenía aparcado en el callejón. Le abrió la puerta y él rodeó el coche. Arrancó y en media hora aparcaba delante del edifico en el que Bill vivía. Apagó el motor y se volvió en su asiento.
—Siento haberte entretenido, se te ha hecho muy tarde por mi culpa—se disculpó Tom con una sonrisa.
—Georg me dijo que no me preocupara, que él y Sonhia cuidarían de Richard…pero creo que me he excedido—murmuró Bill resoplando.
—Bueno, por una vez que hayas salido a divertirte no pasa nada—dijo Tom quitándole importancia.
Se quedaron unos minutos en silencio, hasta que Bill decidió que ya era hora de subir. Se desabrochó el cinturón de seguridad y puso una mano en la puerta antes de volverse y despedirse de Tom…
No se lo esperaba, Tom se había inclinado y cuando Bill volvió la cara se apoderó suspirando de sus labios. Dejó escapar un pequeño gemido de sorpresa, pero cerró los ojos y se dejó besar, sintiendo como su lengua le lamía el labio inferior para que le dejara entrar dentro. Suspiró y separó los labios accediendo, gimiendo al sentirle frotarse contra su lengua que salió a su encuentro.
Y sus manos nos se quedaban quietas…las sentía tratar de subirle la camiseta, que logró al cabo de un minuto. Sintió como le subía el borde y le acariciaba la piel con la yema de sus cálidos dedos…le sentía acariciarle el estómago, y no pudo evitar soltar un suspiro y negar con la cabeza…
Tom lo sintió y quitó las manos de donde estaban, dando el beso por finalizado con mucho pesar…
—Lo siento—se disculpó en voz baja—Pero me moría por hacerlo…
—No…no pasa nada—tartamudeó Bill carraspeando—Se hace tarde, nos vemos mañana.
Tom asintió y se quedó esperando hasta verle entrar en el portal. Solo entonces puso el coche de nuevo en marcha y se fue a su casa con una amplia sonrisa de satisfacción iluminándole la cara.
Por finnnn se besaron! !!!