Parte I, Capitulo 13
Entró en el piso tratando de no hacer ruido. Cerró con suavidad la puerta y se apoyó en ella suspirando, sin poder evitar lucir una sonrisa en los labios. Le habían besado, tras tanto tiempo…lo iba necesitando, ¡y cómo le había gustado!
Se separó de la puerta y se miró en el espejo que tenía en el pequeño recibidor, tenía las mejillas sonrosadas y un brillo especial en los ojos. Esperaba que eso no le delatara…
Dejó sobre la mesita las llaves y se asomó al salón mordiéndose el labio. Eran ya casi las 2, Sonhia y Georg estarían deseando irse a dormir a su casa, más teniendo que trabajar al día siguiente. No lo había pensado, pero se lo estaba pasando tan bien en el club que por una vez se olvidó que había alguien en casa que le esperaba.
La televisión estaba apagada, Georg dormitaba apoyado en el hombro de Sonhia, que con su portátil en las rodillas repasaba unos casos. Esbozó una tímida sonrisa cuando vio que alzaba la cara y le miraba.
—No sabes cuánto lo siento—se disculpó en voz baja.
—No pasa nada, he adelantado mucho trabajo—dijo Sonhia apagando el ordenador—Tenía que quedarme hasta tarde de todos modos.
Se levantó con cuidado de no despertar a Georg, sintiendo algo raro en Bill. Dejó sobre una mesa el ordenador y cogiéndole del brazo se lo llevó a la cocina para hablar sin ser escuchados.
—Sé que nos conocemos de hace poco tiempo, pero ya sabes que puedes confiar en mí, y si necesitas hablar de lo que sea, no diré ninguna palabra, ni siquiera a Georg—le prometió con firmeza.
Bill asintió suspirando y se sentó en una de las sillas de la cocina. La verdad era que necesitaba hablar con alguien sobre lo que había pasado esa noche, y todas esas cosas que estaba sintiendo en esos momentos. Esperó a que Sonhia se sentara a su lado y solo entonces empezó a hablar en voz baja.
—Hoy….acaban de darme un beso—confesó sonriendo.
— ¿Quién?—no pudo evitar preguntar Sonhia, sonriendo también.
—Tom, el DJ de Gustav—susurró Bill— ¿Le conoces?
—Si, me he fijado en él cuando he ido al club….está muy bueno—admitió Sonhia riendo.
Bill se sonrojó de nuevo, no sabía que le pasaba. Sentía cosquillas en el estómago, como si tuviera mariposas revoloteando dentro de su cuerpo…conocía perfectamente esa sensación, la tuvo la primera vez que vio a Richard…se estaba enamorando irremediablemente de Tom…
Su gesto cambió y Sonhia lo notó. Dejó de sonreír y le cogió una mano apretándosela con cariño, animándole a hablar.
— ¿Crees…crees que hago bien?—preguntó Bill sintiendo los ojos llenos de lágrimas.
—No es malo enamorarse Bill, y Richard lo hubiera querido. Que siguieras con tu vida, que te volvieras a enamorar…y buscaras un buen padre para su hijo—dijo Sonhia con firmeza.
—Va a hacer un año dentro de poco, no sé….tal vez debiera esperar más, Richard aún me necesita y no tengo tiempo de pensar en salir con nadie—murmuró Bill negando con la cabeza.
—No le dejes escapar—insistió Sonhia—Tom es un buen chico, y sería un padre ideal.
Bill se mordió los labios pensativos. En el fondo sabía que era verdad, tenía que buscar un padre para su hijo, que no creciera viendo que todos sus amigos tenían dos y él solo uno por caprichos del destino. ¿Y quién mejor que Tom? Se llevaba muy bien con su hijo, pero… ¿qué era lo que realmente quería Tom? No podía saber si buscaba un rollo de una noche, o una relación estable…no sabía si le gustaría verse de la noche a la mañana cuidando y cambiando pañales de un hijo que nunca sería suyo…
Tenía mucho que pensar, y ya había hecho que sus amigos se quedasen hasta tarde. Le dio las gracias a Sonhia por escucharle y tras despertar a Georg se despidió de ellos disculpándose de nuevo por lo tarde que se le había hecho.
Entró en la habitación de su hijo y se acercó a arroparle. Dormía plácidamente ajeno a las inquietudes de su padre, con el pulgar metido en su boquita y los ojos fuertemente cerrados.
Suspiró y se inclinó rozándole con suavidad la frente. Le dejó sumergido en sus sueños y salió de la habitación sin hacer ruido alguno. Entró en su dormitorio y se puso su pantalón de pijama y la camiseta que usaba para dormir, una de Richard que le estaba amplia y grande.
Entró en el baño y se desmaquilló entre bostezos. Luego se metió en la cama y cerró los ojos suspirando al tiempo que se llevaba una mano a los labios. Sonrió sin poder evitarlo, era como si aún sintiera en ellos el calor del aliento de Tom…sus propios labios dándole ese beso tan esperado…
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Regresó muy contento al piso que compartía con Andreas. Abrió la puerta con una amplia sonrisa en los labios, ignorando el gruñido que le dirigió su amigo.
—A partir de mañana me llevo mi coche—le riñó en broma Andreas—Ya van dos veces que me dejas colgado, Tom.
—Y las dos veces por un motivo muy justificado—dijo Tom sin dejar de sonreír.
Andreas arrugó la frente y estudió esa sonrisa. Era muy amplia y hacía que en sus ojos hubiera un brillo especial. Solo quería decir una cosa: que estaba enamorado…
—Le he besado—contestó Tom a su silenciosa pregunta.
— ¿No es…no es un poco pronto?—preguntó Andreas con recelo—Os conocéis de hace poco, Bill ha pasado por un gran trauma….tiene un hijo pequeño…
—Fue amor a primera vista—le explicó Tom—Desde que le vi hace casi ya un año, supe que me había enamorado. Bill es fuerte y sabe que Richard no hubiera querido que se quedase solo el resto de su vida…y su hijo pequeño y yo ya hemos conectado.
—Tú sabrás lo que haces—dijo Andreas dándose por vencido—Solo te pido que tengas cuidado, si le haces daño o algo parecido, Gustav te echa a la calle sin pensárselo.
Tom gruñó como respuesta. Ya sabía que debía andarse con pies de plomos, pero no pensaba pedir permiso a Gustav para poder salir con Bill. Todos eran adultos….era verdad que entre él y Georg le tenían super protegido, pero no podían impedir que se volviera a enamorar….nadie le iba impedir hacerle de nuevo sonreír…
Al día siguiente fue muy contento a trabajar, fijo que Bill se pasaba en algún momento de la noche…pero nada, ni ese día ni los dos siguientes. El tercero ya estaba muy preocupado, ¿y si se había precipitado? Bill pensaba que con él no iba a ningún lado y había decidido poner tierra de por medio.
No se atrevía a preguntar a Gustav por él y tampoco tenía su número de teléfono…tampoco se atrevía a presentarse en su casa, no quería que pensara que le estaba acosando o algo parecido.
Pero el cuarto día tuvo su respuesta. Esa noche cerraban el club por limpieza general, era lunes y aprovecharon ese día porque era cuando menos gente había. Se encontraba tirado en la cama de espaldas, con los ojos cerrados y escuchando música en su iPod….o al menos lo intentaba, porque su mente no dejaba de trabajar y hacerle pensar en una única persona….
—Ya sé que le pasa a Bill—dijo Andreas entrando por la puerta.
Maldijo por lo bajo al ver que Tom no le había escuchado, y acercándose a la cama le dio un golpe en una pierna.
—Digo…que ya sé lo que le pasa a Bill—repitió cuando consiguió que le prestara atención.
Tom se incorporó al momento y se quedó esperando a que se explicara, retorciendo su camiseta entre sus dedos preso de los nervios…
—Richard se puso malo—explicó Andreas—Ha cogido la varicela y Bill lleva dos días sin moverse de su lado.
— ¿Cómo te has enterado?—preguntó Tom muy preocupado.
—Vi lo abatido que estabas y se lo pregunté anoche a Gustav—contestó Andreas con una sonrisa.
— ¿Y has esperado hasta ahora para decírmelo?—gritó Tom levantándose con rapidez de la cama.
— ¿Qué ibas a hacer? ¿Plantarte en su casa a las 2 de la madrugada?—le hizo ver Andreas—Preferí que durmieras sin comerte la cabeza pensando en Bill y en su hijo.
Tom resopló resignado. Su amigo tenía razón, no podía presentarse de madrugada e incordiarlo. Estaría muy ocupado cuidando de su hijo, no estaba para escuchar sus desvaríos sobre que los suyo podía terminar en algo muy bonito y no debían dejarlo pasar.
Se cambió de ropa en un santiamén y cogiendo su móvil y cartera se despidió de Andreas dándole las gracias por las noticias. Entró en su coche y condujo hasta el piso de Bill. Eran las 11 de la mañana y esperaba verlo en casa…