Segundas oportunidades 15

Parte I, Capitulo 15

 

Tras ofrecerse a limpiar la cocina, Tom se despidió de Bill. Había pasado con él casi todo el día, cuidando del pequeño Richard mientras que su padre se arreglaba el pelo. Le cambió el pañal ante la asombrada mirada de Bill, sonriendo al pensar que nunca había visto a Georg cambiar uno solo mientras que a su novia se le caía la baba cada vez que Bill se lo dejaba. Si ya estaban pensando en formar su propia familia, su amigo tendría que hacer varios cambios en su vida.

Se despidió de Tom a media tarde, quedando en verse al día siguiente y salir a dar un paseo. Ese día terminó con el cielo cubierto de nubes y como ya le habían hecho la compra, Bill se quedó en casa distrayendo a su hijo.

Le dejó viendo la televisión sentado en el suelo sobre su manta de patitos mientras que él encendía el ordenador y trabajaba un poco. Cuando llevaba casi una hora llamaron al timbre y tras comprobar que podía dejar solo a su hijo sin que le pasara nada, corrió a abrir la puerta.

— ¡David!—saludó sonriendo.

David le imitó y se inclinó besándolo en la mejilla. Bill le dejó pasar y cerró la puerta tras él, señalándole el salón con una mano.

—Siento mucho no haberme pasado antes, he estado hasta arriba de trabajo—se disculpó con pesar David.

—No pasa nada, Richard no me ha dado mucho trabajo—mintió Bill en parte.

David sonrió y se inclinó para coger en brazos al revoltoso niño, que en esos momentos solo quería estar sentado viendo sus dibujos. Comenzó a sollozar y al final David se lo tuvo que pasar a Bill para que lo calmara.

—Vaya, lo siento—murmuró David algo cortado.

—Está empachoso, no le hagas mucho caso—dijo Bill acomodando a su hijo sobre su regazo.

David se sentó en el sofá y echó un vistazo a su alrededor. El ordenador estaba encendido y desde donde estaba podía ver la imagen que ocupaba la pantalla. Era de un chico con unos auriculares puestos que se sujetaba con una mano mientras que con la otra cambiaba un cd de música.

— ¿Estabas trabajando?—preguntó mirando a Bill.

—Si, aprovechaba el respiro que me había dado Richard. Parece que lo peor ya ha pasado y se pondrá bien en unos días—explicó Bill.

—Eso está muy bien, avísame cuando estés libre y te invito a comer—dijo David con firmeza.

—No tengo con quien dejar a Richard, Georg cogió la varicela y Sonhia anda liada cuidando de él y trabajando—dijo Bill suspirando.

—Bueno, pues cuando tengas canguro para Richard me avisas—sentenció David.

Bill no pudo reprimirse y compararle con Tom. Que diferente era, Richard lloraba con él y tenía que esperar a que alguien pudiera cuidar de su hijo para invitarle a comer o simplemente para salir a pasear. Tom sin embargo, hacía planes incluyendo a su hijo. Habían quedado al día siguiente para ir al parque, sabiendo que tras dos días sin salir de casa su hijo estaba que se subía por las paredes.

Viendo que con David allí no iba a trabajar, y que su hijo se había vuelto a calmar, le dejó de nuevo en el suelo y apagó el ordenador.

— ¿Te apetece tomar un café?—invitó sin muchas ganas.

David asintió y se acomodó mejor en el sofá. Bill resopló y fue a la cocina a prepararlo. No sabía si era porque estaba cansado o qué, pero ese día no le apetecía para nada la visita de David. Preparó el café y lo puso en una bandeja junto con un plato de bizcochos. Cogió un zumo de paso para su hijo y regresó al salón.

David no se había movido de su sitio, mientras que el trasto de su hijo estaba gateando cerca de los cables del ordenador. Dejó la bandeja sobre la mesa baja y se apresuró a cogerle en brazos antes de que provocara una desgracia.

Se sentó en el sofá con él sobre su regazo y le abrió el zumo para que merendara mientras que David se tomaba su café poco a poco. Le preguntó sobre el trabajo para no tener que estar en silencio, aunque en realidad no estaba escuchando lo que le estaba diciendo.

Tan distraído estaba que no vio que Richard hacía un gorgorito salpicando a David con el zumo que estaba tomando. Se dio prisa y le alcanzó una servilleta para que se limpiara, resoplando al ver la mala cara que ponía.

Tuvo que «aguantarle» una larga hora, hasta que murmuró que se le hacía tarde y se levantó camino de la salida. Dejó a Richard sentado sobre su manta y le puso de nuevo los dibujos, que tuvo que quitar porque a David le levantaba dolor de cabeza.

Le acompañó hasta la salida, prometiendo llamarle cuando tuviera con quien dejar a su hijo…sin poder evitar pensar que pasarían un par de meses por lo menos…

Se inclinó ofreciendo su mejilla, esperando recibir allí el beso que David le daba cada vez que iba. Pero lo que pasó le pilló por sorpresa. Estaba con la guardia baja y cuando quiso darse cuenta fueron sus labios los que recibieron un beso inesperado.

Soltó un gemido de sorpresa y dio un paso atrás con rapidez mientras se llevaba una mano a los labios y miraba a David con una expresión de asombro pintada en la cara.

—Perdona, me he precipitado—se disculpó David.

—No,…no pasa nada—murmuró Bill todo cortado.

—En fin, llámame para comer y lo hablamos—dijo David encogiéndose de hombros.

—David…no hay nada de qué hablar—dejó Bill bien claro—Siento mucho si te he dado una impresión equivocada, pero no estoy buscando empezar una relación ni nada parecido.

—Bill, sé cómo te sientes—dijo David cogiéndole las manos—Richard siempre estará presente, pero no puedes pasarte toda la vida solo. Él no lo querría y yo era su mejor amigo, nadie mejor para cuidar de ti…y del pequeño Richard, claro.

—David…no insistas por favor—pidió Bill soltando sus manos—Aún es pronto, no me siento preparado.

David asintió dándose por vencido y murmurando un adiós dio media vuelta y salió del piso. Bill se apresuró a cerrar la puerta. Regresó al salón para comprobar que su hijo no se había movido del sitio, y se tumbó en el sofá a pensar.

Le había mentido a David, pero no podía decirle que no quería tener nada con él porque había otra persona primero y era un candidato mejor. A Richard le caía bien, a él le atraía como jamás se pudo imaginar…y era un cielo de persona…

Se levantó del sofá antes de quedarse dormido. Cogió a su hijo y lo sentó a su lado mientras veían Barrio Sésamo. Cuando terminó decidió que era hora de bañarlo y empezar a preparar la cena. Apagó el televisor y se levantó, arrugando la frente cuando llamaron a la puerta.

—Más visitas…no, por favor—murmuró con cansancio.

Pero enseguida esbozó una sonrisa al ver a Sonhia.

—Me he escapado—explicó Sonhia cogiendo de sus brazos al pequeño Richard.

— ¿Has dejado solo a Georg?—preguntó Bill alzando una ceja.

—Se porta peor que Richard—se quejó Sonhia sonriendo—Estaba dormido, le he dejado la cena y una nota diciendo que me venía a echarte una mano…por no decirle que salía a respirar algo de aire.

Bill rió sin poder evitarlo. Conocía a Georg desde que ambos eran niños y siempre había sido un quejica para todo. Se apiadaba de Sonhia, y se sentía muy culpable porque se había contagiado por haberse quedado al cargo de su hijo.

—Iba a bañarlo—explicó Bill tratando de recuperar a su hijo.

—Deja, se te ve cansado—negó Sonhia caminando hacia el baño.

Entró en el baño y sujetando a Richard con una mano, usó la otra para dejar el bolso sobre el lavabo. Luego se dispuso a desnudarle tumbándolo sobre la mesa cambiadora que tenía Bill en el baño mientras que él llenaba de agua la bañera.

—Dámelo, no quiero que te ponga perdida de agua—pidió Bill extendiendo los brazos.

—No me importa—negó de nuevo Sonhia—A Richard se le perdona todo.

Desvió la mirada sin poder evitarlo, se acordaba del incidente de Richard con el zumo, la cara que puso David al ver que le salpicaba su cara americana…

— ¿Estás bien?—preguntó Sonhia.

—Algo cansado, no es nada—contestó levantándose.

Le dejó sitio a Sonhia y se sentó sobre el tapado inodoro viendo como le bañaba y jugaban con el agua. Logró que no la salpicara y tras unos minutos le sacó y envolvió en la toalla que le tendía. Se encargó él mismo de vestirle mientras que Sonhia recogía el baño. Luego se reunió con él en la cocina y prepararon algo de cena para los tres.

—Al menos, ya no tiene fiebre—comentó suspirando Sonhia.

—Esta mañana tuvo unas décimas, pero le di su medicina y ha pasado bien todo el día—explicó Bill.

—Son enfermedades que tiene que pasar—dijo Sonhia apretándole la mano con cariño.

Bill asintió suspirando. Había sido la primera y le había dejado realmente agotado…

Terminada la cena, Sonhia se empeñó en limpiar ella. Cuando terminó echó un vistazo al armario que hacía las veces de despensa por si Bill necesitaba algo, pero se lo encontró lleno.

—Estuvo Tom—explicó Bill sin poder evitar sonrojarse—Me hizo la compra y cuidó de Richard mientras me duchaba.

Sonhia no dijo nada, solo esbozó una sonrisa muy amplia. Se despidió de Bill, ya era de noche y se querría acostar. Además, Georg ya se habría despertado y estaría refunfuñando porque la cena no era lo que él esperaba o porque le había dejado solo estando él tan malito…

Bill cerró la puerta una vez que se fue Sonhia y acostó a su hijo. Esos días había llevado la cuna a su dormitorio, quería tenerlo bien cerca por si necesitaba algo. Le acostó y arropó tarareando por lo bajo. Cuando vio que se había quedado profundamente dormido, fue al baño y se lavó los dientes suspirando.

Se terminaba un día largo, aunque una vez metido en la cama no pudo evitar suspirar. Había empezado muy bien la mañana con esa visita inesperada, que tanta ilusión le había hecho recibir…

 

por lyra

Escritora del fandom

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