Segundas oportunidades 16

Parte I, Capitulo 16

 

 

Esa mañana se levantó muy animado. Había quedado con Bill en que le pasaba a buscar sobre las 11 y quería ser puntual. Se dio una ducha rápida y se sentó solo unos minutos a desayunar.

Andreas se le unió entre bostezos, no entendía que madrugara solo para ir al parque a jugar…

— ¿Vendrás a comer?—preguntó dejándose caer en una silla a su lado.

—No lo sé, no me esperes por si acaso—contestó Tom sonriendo.

Andreas le miró frunciendo el ceño.

—Estás de lo más….raro—no pudo evitar soltar—Lo tuyo con Bill parece ir muy en serio.

—Nos estamos conociendo, pero por si acaso cruza los dedos—dijo Tom levantándose—Me gusta mucho Bill, no lo puedo evitar. Pero Richard estará siempre presente y su preocupación primordial es su hijo. Si ve que nuestra relación le hace daño en cualquier sentido, no dudará en romperla por el bien de su hijo. Sé a lo que me expongo, pero no quiero retirarme sin haberlo intentado.

Andreas asintió y le deseó mucha suerte. Tom sonrió y salió del piso que ambos compartían. Hacía sol ese día, estaban a principios de diciembre y el frío se estaba conteniendo. Aún así, se abrigó con un chaquetón de lana gris con las solapas negras y se puso un pañuelo negro al cuello.

Llegó al edificio donde Bill vivía y subió mientras terminaba de abrigar a Richard. Sonrió al ver lo guapo que estaba. Llevaba un jersey negro de cuello alto y unos vaqueros. Como ese día iban al parque y de paseo, había dejado los tacones y calzaba unas cómodas playeras blancas. Le ayudó a ponerse su cazadora de cuero y le pasó una bufanda negra para que se abrigara el cuello.

Richard iba cómodamente sentado en su sillita. También iba muy abrigado, con un pequeño plumífero azul marino y un gorro de lana roja con manoplas y bufanda a juego. Le ayudó con la silla y una vez en la calle pasearon hasta el parque.

Quedaba cerca del piso de Bill, solo tenían que ir calle abajo y cruzar en el semáforo. Era una gran extensión que contaba con jardines y zonas con columpios. Fueron a la dedicada a los más pequeños y subieron a Richard a los columpios y toboganes. Tras dos días en casa metido, Richard disfrutó de algo de libertad a pesar del frío.

Por eso solo estuvieron media hora, decidiendo regresar cuando nubes grises amenazaron con descargar su lluvia. Tom se encargó de hacer que Richard bajara por última vez por el tobogán y lo cogió en sus brazos para llevarle al lado de Bill, que los miraba con tristeza sentado en un banco.

Suspiró mientras sonreía con esfuerzo, viendo como su hijo reía en brazos de… de un extraño. No pudo evitar que los ojos se le llenaran de lágrimas pensando que desde el cielo su padre le estaría viendo y sonreiría al igual que él, vigilando como su hijo iba creciendo…

— ¿Estás bien?—preguntó Tom al llegar a su lado.

Bill asintió y se levantó. Recuperó a su hijo y él mismo le sentó a pesar de sus protestas. Le abrigó con una mantita las piernas y tras darle el chupete para que se calmase empujó la silla para salir del parque.

Tom caminaba en silencio a su lado, presentía que se había puesto triste por algo y sabía más o menos el porqué.

Pasaron por el supermercado y entraron. El día anterior no le quiso hacer cargar a Tom y aún le quedaban cosas por comprar. No le quedó más remedio que dejarle al cargo de su hijo mientras que él recorría pasillo por pasillo en busca de lo que necesitaba. Compró algunos potitos para su hijo, unos zumos de fruta para la merienda.

Cuando llegó a la caja, arrugó la frente al ver que Tom estaba comprándole un peluche a su hijo.

—Tom, que tiene muchos—murmuró suspirando.

—Le ha gustado y no he podido negárselo—dijo Tom haciendo el mismo puchero que Richard.

Eso hizo sonreír a Bill. Tom le imitó y le ayudó a subir la compra tras sentar a Richard en la silla y dejarle muy entretenido con su perrito de peluche nuevo. Cargó con las bolsas mientras Bill pagaba y salieron a la calle.

—Si te pesa dame algo—dijo Bill empujando la silla.

Tom negó con la cabeza y enfiló al piso de Bill con buena marcha. Ya estaban cayendo las primeras gotas y justo cuando entraron por la puerta se desató una tormenta.

Se dirigió a la cocina mientras que Bill cogía en brazos a su hijo y miraba la hora en el reloj que tenían colgado sobre la nevera.

—Las 12 y media y parece que es de noche—comentó viendo lo oscuro que se había puesto.

Tom asintió sonriendo mientras le colocaba la compra en sus correspondientes armarios.

—Te invitaría a comer, pero viene mi madre—murmuró Bill mordiéndose el labio.

—No pasa nada, otra vez será—dijo Tom sonriendo.

—Cuando quieras, te la debo—rió Bill.

Terminó de colocar la compra y se despidió del revoltoso Richard, que no había parado de sollozar hasta que su padre le dejó en el suelo pero firmemente agarrado.

—El próximo día vamos a ver las luces navideñas—le dijo Tom inclinándose para quedar a su altura.

Recibió una amplia sonrisa del niño y tras acariciarle la mejilla se incorporó y se despidió de Bill. No le trató de dar un beso, sabía que ese día había estado triste y no quería estropear lo que llevaban. Iría poco a poco, y cuando estuviera preparado para amar de nuevo, él le estaría esperando.

por lyra

Escritora del fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!