Segundas oportunidades 17

Parte I, Capitulo 17

 

 

Dos días después Bill empezó a trabajar más en serio en el club. Ese día era había una fiesta universitaria y ya se había encargado de anunciarlo en la página web. Llegado el último día de clases antes de las Navidades, muchos estudiantes hacían cenas de despedidas y luego iban al club para celebrarlo.

Se esperaba mucha gente y esa noche Gustav echaría una mano en la barra. Llegó al club a última hora de la tarde acompañado de Georg y Sonhia, que le echarían una mano con el revoltoso Richard. Acordaron quedarse con él mientras trabajaba, cosa que a Bill le supo algo mal.

—Os vais a perder la diversión—comentó chasqueando la lengua.

—Esta noche el local estará lleno de jóvenes, créeme no nos perdemos nada—aseguró Sonhia sonriendo—Prefiero pasar la noche con un bebé de 9 meses que con un grupo de adolescentes.

Bill sonrió suspirando. Terminó de despedirse de su hijo, que aún a pesar de estar en el piso de abajo sentía como si se fuera a ir de viaje. La habitación estaba ya terminada, contaba con una cuna, una mecedora y un amplio sofá sobre el que estaba Georg con el pequeño Richard en su regazo.

En una esquina había una estantería llena de juegos infantiles y peluches, y una pequeña televisión con dvd provisto de películas infantiles.

—¿Has visto?—preguntó en voz baja Sonhia muy emocionada.

Bill asintió sonriendo, a Georg se le caía la baba jugando con su hijo…

—La otra noche comentó lo bien que se le daban ya cambiar pañales, y que ya se sentía preparado—comentó Sonhia suspirando.

—¡Eso es estupendo! Así Richard tendría un amigo con quien jugar—dijo Bill sonriendo.

Sonhia le imitó y tras prometerle que le avisarían si no lograban dormirlo, Bill se marchó a trabajar más tranquilo. Nada más llegar al piso inferior sus ojos se dirigieron a la cabina del DJ, en donde estaba Tom eligiendo los cds que iba a poner.

Se acercó con paso decidido y luciendo su mejor sonrisa.

—Hola—saludó parándose a su lado.

Tom alzó la mirada y le devolvió la sonrisa suspirando. Esa noche Bill iba realmente guapo. Vestía unos pantalones negros llenos de cremalleras por todos los lados, una camiseta también negra y una cazadora llena de brillantes lentejuelas. Todo él brillaba bajo las luces, como si no llamara ya la atención con su belleza.

—¿Listo para tu primera noche?—preguntó Tom guiñándole un ojo—¿Nervioso?

Bill asintió suspirando, Gustav confiaba en él y no le quería defraudar.

Y no lo hizo, se desenvolvió muy bien en su papel de anfitrión. Recibió al grupo de estudiantes que celebraban el final de las clases y les llevó al reservado que ya les tenía preparado. En menos de una hora el local se había llenado y se pudo relajar un poco viendo que las cosas estaban saliendo como la seda.

No hubo ningún tipo de problema, quitando un pequeño susto cuando uno de los estudiantes derramó la bebida de una chica que nada tenía que ver con ellos, manchándole el vestido y desatando la ira de su acompañante. Pero se armó de paciencia y tras invitarles a las próximas dos consumiciones y pedir a una de las camareras que le ayudara a limpiarse, los ánimos volvieron a calmarse.

Subía a ver a Richard cada hora, encontrándolo profundamente dormido en su cuna bajo la atenta vigilancia de Sonhia. Georg hacía lo propio espatarrado en el sofá mientras que su novia velaba el sueño del pequeño Richard y trabajaba en un caso.

—Espero que Richard no te distraiga—murmuró Bill mordiéndose los labios.

—Para nada—aseguró con firmeza Sonhia—Solo estoy repasando notas.

Bill sonrió y bajó a seguir con su trabajo. Dieron por terminada la velada a las 2 de la madrugada. Los pies le estaban matando y cuando Gustav pudo salir de la barra le dejó volver a casa.

—Muchas gracias, Bill—dijo Gustav besándolo en la mejilla.

—De nada—contestó Bill suspirando.

Su primer día de trabajo se le había hecho tan largo…pero no podía quejarse, había disfrutado de todo: el ambiente, la música…las miradas que Tom y él se dirigieron…

Subió al segundo piso sonriendo. Entró en la «habitación» de su hijo y suspiró resignado. Sonhia y Georg se estaban besando, y él les había interrumpido.

—Lo siento—se disculpó sonrojándose.

—No pasa nada—murmuró Georg carraspeando.

—También siento mucho lo tarde que se ha hecho, no es justo para vosotros—dijo Bill con mucha razón.

—No pasa nada, yo he adelantado mucho trabajo y Georg ha cuidado de Richard—señaló Sonhia negando con la cabeza, a la vez que le guiñaba un ojo.

Bill se mordió los labios para no sonreír, algo le decía que en esa noche podrían encargar el amiguito de su hijo…

Se asomó a la cuna y suspiró al verlo profundamente dormido. Se puso la cazadora que había dejado en el respaldo del sofá y entonces cogió a su hijo con cuidado de no despertarlo. Le cubrió con la manta que Sonhia le tendía y bajaron las escaleras. El local ya estaba vacío, solo se oían los murmullos de los camareros limpiando y poniéndolo todo en orden, y de fondo una música baja para hacer la tarea más llevadera.

Echó una mirada a la cabina, Tom estaba guardando los cd´s en sus cajas, pero fue como si presintiera que le miraban y levantó la cabeza sonriendo. Se acercó a despedirse de él, Georg y Sonhia conversaban con Gustav en la barra.

—¿Te vas ya?—preguntó Tom en voz baja.

Richard se había movido un poco, pero Bill enseguida le acunó y volvió a quedarse quieto contra su pecho.

—Esta noche me lleva Georg, pero otra…—empezó a decir Bill.

—Será un placer llevaros a los dos—dijo Tom terminando la frase por él.

Bill asintió sonriendo ampliamente.

—Me voy antes de que se despierte—dijo al cabo de unos minutos.

—Yo me quedaré un poco más echando una mano a Andreas—comentó Tom.

Bill asintió y tras decirle adiós con la mano dio media vuelta, pero se volvió antes de dar dos pasos.

—Esa comida que te debo… ¿qué tal si es una cena?—sugirió alzando una ceja.

—Me parece una estupenda idea—contestó Tom de inmediato.

—Mañana, ¿me recoges a las 7?

Tom asintió sonriendo y le volvió a decir adiós con la mano. Bill se volvió y caminó hasta donde les esperaban sus amigos, ajeno a la conversación que habían mantenido minutos antes…

 

Cuando se separó de su lado, Gustav no le quitaba los ojos de encima, extrañado de que fuera a hablar con uno de sus empleados llevando a su hijo en brazos. Vio que Georg y Sonhia se le acercaban y fue directo al grano.

—¿Está Bill ligando con mi DJ?—preguntó mirando a sus amigos.

La cara de Georg daba a entender que no tenía ni idea, pero el rubor de Sonhia decía todo lo contrario…

—¿Es verdad?—casi gritó Gustav.

—Baja la voz, no quiero que Bill se entere de que lo sabéis—susurró Sonhia.

—¿Y tú desde cuando lo sabes? ¿Y por qué no me has dicho nada?—preguntó Georg visiblemente contrariado.

—Bill me lo confesó una noche, no lo tenía aún claro y me pidió que no dijera nada—explicó Sonhia—Desde la muerte de Richard le habéis estado protegiendo, pero no hace falta. Tom es un buen muchacho, y se le ve muy enamorado.

—Pero…es que…—empezó a decir Georg.

—Bill no puede pasarse solo el resto de su vida—les hizo saber Sonhia—Necesita a alguien a su lado, y Richard necesita un padre.

—Pero, ¿qué sabemos de Tom? ¿Es el candidato ideal?—insistió Georg.

—Yo solo tengo una cosa clara, como le haga daño a Bill, le despido de inmediato—aseguró Gustav.

—Por eso no quería decir nada—dijo Sonhia suspirando—A veces o pasáis sobre protegiéndolo. Tiene derecho a volver a enamorarse, y nada de lo que hagáis o digáis se lo va a impedir. Es más, si ve que os lo tomáis así de mal, no le va a quedar más remedio que elegir entre vuestra amistad o el amor…no le hagáis tomar la decisión equivocada, por favor…

Georg y Gustav se miraron y asintieron resoplando. En parte, Sonhia tenía mucha razón. Su amigo no podía pasarse solo el resto de su vida, pero nadie le iba a hacer daño si ellos podían evitarlo. Eran sus mejores amigos, y velaban por su bienestar.

Cambiaron el gesto cuando le vieron despedirse de Tom y se les acercó. Gustav se despidió dándole las gracias de nuevo y Georg y Sonhia le llevaron a su piso en el coche. Subieron con él a pesar de su negativa, era muy tarde y no iba a subir solo en el ascensor con su hijo en brazos.

Se despidieron de él hasta el día siguiente, y entonces Bill acostó a su hijo en su cuna. No se había despertado en todo el camino y dormía plácidamente con el pulgar metido en su boquita. Tras dejarlo bien arropado, se desmaquilló y se metió en la cama suspirando.

Le gustaba ese trabajo, el ambiente era estupendo y podía aprovechar para intimar un poco más con Tom. Sabía dónde iban a ir las cosas si lo suyo se ponía más serio, y la verdad es que lo deseaba. Su cuerpo llevaba «virgen» casi un año, y cada vez que veía a Tom…temblaba sin poder remediarlo…

 

por lyra

Escritora del fandom

Un comentario en «Segundas oportunidades 17»

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