Segundas oportunidades 18

Parte I, Capitulo 18

 

 

Esa mañana se levantó pensando en quien podía quedarse con su hijo, no se atrevía llamar a Sonhia y pedirle que le hiciera canguro de nuevo, por muy buen motivo que tuviera. Y tampoco se atrevía llamar a su madre para pedírselo, que se quedara con su hijo en su piso mientras él iba a cenar con un chico. Primero le querría conocer y aún era muy pronto para eso.

Hasta que no fuera realmente con Tom en serio, no quería decir nada.

Mientras desayunaba llegó esa ayuda que tanto necesitaba. Acababa de dejar sentado a su revoltoso hijo en la trona cuando le sonó el móvil. Le dejó entretenido jugando con una servilleta de papel que enseguida rompió en mil pedazos y fue a contestarlo.

—Buenos días Bill—saludó una emocionada Sonhia.

—Hola—respondió Bill sabiendo en parte el porqué de tanta felicidad a primera hora de la mañana.

—¿Tienes algún plan para esta tarde? Porque si eso me paso y me traigo a Richard—dijo Sonhia yendo directa al grano.

—No quiero molestarte, ayer ya abusé de vosotros…y Georg y tú…—empezó a decir Bill.

—Para empezar, no es molestia alguna—cortó Sonhia con firmeza—Y ha sido idea de Georg…en parte, vamos. Tras lo de anoche….quiere ir practicando…

Se mordió los labios para no soltar una risa. Estaba claro que se estaban tomando en serio lo de ir a por un futuro bebé, lo que hizo pensar en el tiempo que hacía que no se estremecía cuando le acariciaban su desnudo cuerpo…

—Entonces, trato hecho—siguió diciendo Sonhia—Me paso tras el trabajo y me traigo a Richard. Prepárame una bolsa con sus cosas, y si te…entretienes y no te importa, se puede quedar a dormir…

No pudo evitar suspirar, era como si le hubiera leído el pensamiento. Sabía que podía confiar en ella, y decidió contarle lo que tenía planeado.

—Tom y yo vamos a cenar—susurró casi sin aliento.

— ¡Oh Bill, eso es estupendo!—exclamó muy emocionada Sonhia—Ya sabía yo que un día de estos…

—No digas nada a Georg o Gustav, por favor—pidió Bill, aún sabiendo que no había necesidad.

—Tranquilo, hasta que no estés preparado no saldrá nada de mis labios—prometió Sonhia.

No se atrevía a decirle que sus amigos ya lo sabían, pero que habían prometido portarse como si no supieran nada a pesar de que le estarían vigilando…o más bien a Tom, a cualquier señal de que algo iba mal, se le echarían al cuello sin preguntar.

Se despidió de Sonhia quedando en verse antes de las 7 y siguió con lo que estaba. Esa mañana Richard estaba más revoltoso que de costumbre, apenas se tomó el desayuno y luego no quiso que le dejara sentado, solo quería estar en sus brazos y se pasó toda la mañana calmando su insistente llanto.

Pudo echarle una siesta antes de comer y entonces fue cuando tuvo algo de tiempo para él. Se dio una ducha rápida y se lavó el pelo a conciencia. Terminó de ducharse y fue a ver como se encontraba su hijo, suspirando al verle profundamente dormido. Se secó el pelo con rapidez teniendo en el baño con él el receptor por si se despertaba y no le oía con el ruido del secador.

Se alisó luego el pelo con las planchas y para cuando su hijo se despertó ya había terminado. Se apresuró a cogerlo y le trató de dar de comer, pero seguía empachoso y no quiso comer nada. Le puso la mano en la frente, pero no estaba muy caliente. Aún así fue a por un termómetro y lo miró resoplando. Tenía apenas unas décimas, pero para cuando llegó la tarde le había subido a 38º.

Le dio la medicina adecuada y se sentó en el sofá con él en su regazo y bien tapado con una manta. Mucho se temía que a ese paso no le quedaba más remedio que cancelar la cena. No pensaba dejarle solo estando malo, aún sabiendo que con Sonhia estaba bien cuidado.

Esperó hasta el último momento para cancelar sus planes. A las 6 llamó a Sonhia explicándoselo y negándose cuando ella le insistió en quedárselo, aludiendo que no podía dejar a Tom plantado.

—Lo entenderá—afirmó con mucha seguridad.

—Claro que lo entenderá Bill, pero…llevabas mucho tiempo esperando que sucediera algo parecido a esto—se lamentó Sonhia.

—Quedaremos otro día—dijo Bill suspirando.

—Sabes que cuentas conmigo para lo que sea. Llámame si ves que Richard se pone peor—se despidió Sonhia.

Bill se lo prometió y tras colgar su llamada, hizo otra sintiéndolo con toda su alma. Arrugó la frente cuando tras varios tonos Tom no le cogía el móvil. Eran las 6 y cuarto, esperaba pillarlo aún en su casa, pero al parecer ya había salido.

—Genial—murmuró resoplando.

Le haría ir a su piso para nada. Se acomodó en el sofá tratando de dormir a su hijo, hasta que un timbrazo le hizo ponerse en pie de inmediato. Besó la frente de su hijo para calmarlo por el susto que le había dado y abrió para que subiera Tom. No le parecía adecuado cancelar la cita por el telefonillo.

Abrió la puerta cuando llamó a ella y esbozó una amplia sonrisa al ver lo que le había llevado.

— ¿Para mí?—preguntó viendo el osito de peluche que Tom llevaba bajo el brazo.

—Bueno, era para Richard pero seguro que te lo deja—contestó Tom riendo.

Dio un paso en su dirección y le besó en la mejilla con toda naturalidad, acariciando la mejilla del niño a continuación.

— ¿Está enfermo?—preguntó al sentirle caliente.

—Eso me temo—contestó Bill suspirando—Llamé para decírtelo, pero no me cogiste la llamada.

—Sería cuando paré a comprar el oso, me dejé el móvil en el coche y se me olvidó mirarlo—murmuró Tom suspirando.

—Lo siento mucho, pero tenemos que dejarlo para otra noche—se lamentó Bill.

—No te preocupes, si hay algo que pueda hacer…—empezó a decir Tom.

—Pasa un rato, a ver si así Richard se anima—invitó Bill.

Tom sonrió encantado y entró del todo en el piso. Fueron al salón y mientras que Bill se acomodaba de nuevo en el sofá Tom se despojaba del chaquetón de cuero negro que llevaba y lo dejaba colgado del respaldo de una silla. Se sentó a su lado y empezó a jugar con el oso hasta arrancar una carcajada al niño. Se le veía apagado por la fiebre, pero tras unas carantoñas sus ojos se iluminaron.

—Me lo veía venir—comentó Bill suspirando—Llevaba toda la mañana raro, no quería comer y lloraba por nada.

—No te preocupes, son cosas que pasan—insistió Tom, quitándole hierro al asunto—Podíamos cenar aquí en tu casa, y ver luego una película.

—Tengo palomitas, las haremos en el micro ondas—sugirió Bill sonriendo.

Tom asintió y cogió a Richard, que Bill puso en sus rodillas con toda naturalidad sabiendo que su hijo no iba a romper a llorar. Fue a la cocina y miró en el pequeño armario que hacía las veces de despensa. Tenía palomitas de dos clases, con sal y con mantequilla. Él las prefería con mantequilla, pero aún así fue a preguntarle a Tom.

Salió de la cocina y se paró a medio camino, desde el salón le llegaba la voz de Tom acunando a su hijo.

—Eres un chico muy listo—susurraba Tom para no ser oído—Te has puesto malito solo para que tu padre y yo tengamos un momento de intimidad…recuérdame que el próximo oso que te compre mida dos metros por lo menos.

Echó a correr a la cocina sintiendo que se sonrojaba por el camino. Así que Tom iba directo al grano…y no debería reprochárselo, pues él estaba pensando en lo mismo.

Al final hizo las palomitas con mantequilla. Preparó una bandeja con un cuenco grande con las palomitas, dos refrescos y un zumo para su hijo con un par de galletas. Entró en el salón y dejó la bandeja sobre la mesa baja. Se sentó al lado de Tom y abriendo el zumo de su hijo se lo pasó sin decir nada.

Tom lo cogió encantado y le ayudó a Richard a tomárselo.

—Veamos que dan en la tele—murmuró Bill acomodándose en el sofá.

Llevaba aún puesto el cómodo chándal que usaba para estar en casa. Cogió la manta con la que tapó a su hijo y cubrió con ella también a Tom sonriendo. Cogió el mando de la tele y se puso a hacer zapping resoplando. A esas horas no había nada, solo concursos y programas.

— ¿No tienes tú alguna?—preguntó Tom cuando ya habían visto todos los canales.

—Si, pero son de dibujos animados—contestó Bill soltando una risa—Me temo que no estoy al tanto de los estrenos ni nada.

Siguieron buscando hasta que dieron con un canal en el que se terminaba un programa y anunciaban cual iba a ser la próxima película que iban a dar.

—»Ciudad de Ángeles», ¿te gusta?—preguntó Bill mirando a Tom.

— ¿Y a ti?—preguntó Tom a su vez.

—Ya le he visto hace mucho y está muy bien, pero podemos poner otra cosa si no te van las pelis romanticonas—contestó Bill a punto de cambiar de canal.

—No, déjala que no me importa—se apresuró a decir Tom extendiendo una mano.

Le cogió por la muñeca y le hizo bajar la mano. Solo fueron unos segundos en los que sus dedos le rozaron, pero era como si hubiera saltado una chispa entre ellos…

—Ya has mirado y no has encontrado nada—murmuró Tom soltándolo.

Bill asintió y dejó la película. Aún le quedaban 5 minutos para empezar y se fijó en su hijo. Se había quedado profundamente dormido en el regazo de Tom. Suspiró sonriendo y se apresuró a cogerlo con cuidado de no despertarlo. Se lo llevó a su habitación y le acostó en la cuna con suavidad. Le arropó con la sábana y tras comprobar que ya no estaba tan caliente salió llevándose consigo el receptor.

Volvió al salón y lo dejó sobre la mesa baja. Se sentó de nuevo al lado de Tom y le sonrió cuando esa vez fue él quien los tapó a los dos. Cogió el cuenco de las palomitas y empezaron a comer justo cuando ya salían los títulos de créditos de la película.

Sentía mucho tener que «obligar» a Tom a ver esa película, le daba la sensación de que se iba a aburrir, de que a lo mejor a él le hubiera gustado ver una de acción. Pero no fue así, pasados unos minutos incluso le vio sonreír y entonces se relajó.

Se acomodó mejor a su lado al tiempo que dejaba el cuenco de palomitas sobre su regazo. Iban comiendo en silencio, sonriendo cada vez que metían las manos a la vez y se tocaban sus dedos, peleando por coger una palomita…

En los primeros anuncios, decidieron hacer un alto. Se habían bebido los refrescos y Tom se levantó a por un vaso de agua mientras que Bill se asomaba a ver qué tal estaba su hijo. Se acercó a la cuna y le puso la mano en la frente con suavidad, respirando aliviado al no sentirle ya caliente. Dormiría un par de horas gracias a la medicina que le había suministrado, eso si no se despertaba antes protestando porque tenía hambre.

Regresó al salón, Tom le esperaba sentado ya en el sofá y levantando la manta para que se sentara a su lado. Lo hizo encantado, tapándose bien con la manta y suspirando.

— ¿Qué tal está Richard?—preguntó Tom sonriendo al escucharle.

—Parece un angelito durmiendo—contestó Bill suspirando de nuevo—No se parece en nada a ese niño travieso que me tiene detrás de él corriendo todo el día.

Tom rió al escucharle, la verdad es que se le veía cansado. Ese día no iba maquillado y sus ojos estaban apagados sin esa sombra que tanto los hacía resaltar y brillar. Se había fijado nada más entrar por la puerta, de lo guapo que era incluso sin llevar nada de maquillaje.

Lo que más le llamó la atención fueron sus labios, tan jugosos que clamaban por ser besados…

— ¿Qué estás mirando?—no pudo evitar preguntar Bill.

Se había girado para preguntarle si quería tomar algo más aparte de las palomitas, y le había pillado mirándole fijamente…

—Tienes una pestaña—murmuró Tom disimulando.

Levantó una mano antes de Bill le dijera nada la pasó por su mejilla suspirando. No tenía nada, pero le apetecía mucho acariciar su cara. Pasó los dedos con suavidad una vez y luego los volvió a pasar… Dejándolos cerca de la comisura de sus labios, que se separaron y suspiraron.

Se quedaron mirando, y sin decir nada llevó más atrás la mano hasta su nuca y le atrajo con suavidad al tiempo que se inclinaba en busca de esos jugosos labios, que le recibieron ya separaros. Comenzaron a besarse con suavidad sin dejar de mirarse a los ojos, pero pasado un minuto ya no pudieron resistirse más y tirando de él, se recostó en el sofá y le hizo hacer lo mismo sobre él. Sintió como se le acomodaba sobre su cuerpo, subiendo sus piernas al sofá para quedar del todo tumbado.

Sonriendo contras sus labios, Tom hizo más profundo el beso al tiempo que llevaba sus manos más abajo. Las puso en la cintura de Bill y logró colarlas bajo su camiseta. Empezó a acariciarle haciéndole estremecer y soltar un profundo gemido de placer.

Siguió acariciándole, sintiendo como separaba las piernas y se colocaba a horcajadas sobre su cuerpo. La manta había resbalado al suelo y solo les separaba su dura tela del vaquero que llevaba puesto y el fino pantalón de chándal que Bill llevaba.

Pensar en eso le hizo cerrar los ojos y suspirar, mientras que sus manos le recorrían los costados subiéndole la camiseta de paso.

Pero Bill no se quedaba quieto, tras acomodarse mejor sobre su cuerpo llevó las manos a sus mejillas y se las acarició al tiempo que su lengua jugueteaba con la suya, haciéndole jadear y suspirar. Más cuando con un movimiento involuntario, apretó su cadera contra la de Tom y sintió como una especia de descarga. No sabía cómo iba a terminar la noche, pero…se estaba muriendo de ganas…

Siguieron besándose ajenos a que la publicidad hacía rato que había terminado y la película estaba ya muy avanzada, no se enteraban de nada hasta que un poderoso llanto los hizo separase de inmediato. Se quedaron mirando sin entender que había pasado, como si salieran de un bonito sueño que por fin se había hecho realidad…

—Richard….—susurró Tom con esfuerzo.

Bill resopló asintiendo y se levantó de encima de su cuerpo. Tom le ayudó al ver que le temblaban las piernas y estuvo a punto de caer. Una vez en pie echó a andar a la habitación de su hijo mientras se colocaba la ropa por el camino. Sentía encendidas sus mejillas y los labios ligeramente hinchados por ese largo beso que se habían dado…

Pero no era el único que sentía algo. Tom se sentó de nuevo en el sofá resoplando, respirando con fuerza para tratar de calmar su entrepierna. El haberle tenido sobre su cuerpo, besándose al tiempo que sus caderas se movían contra las suyas hambrientas.

Maldijo por lo bajo y se pasó las manos por la cara. Si Richard no les hubiera interrumpido, en esos momentos estaría dentro de Bill, escuchándole gemir contra su oído con cada embestida que le diera a un ritmo lento…

—Se ha despertado con hambre—dijo Bill asomándose al salón.

Se destapó la cara y le vio entrar en la cocina con su hijo en brazos. Se levantó resoplando y apagó el televisor, estaba claro que la velada había terminado. Entró en la cocina y estuvo entreteniendo a Richard mientras que Bill le calentaba la papilla. Luego se sentó a ver como se la daba, sonriendo al ver las muecas que hacía para que el niño sonriera y abriera la boca.

Una vez cenado, Bill lo cogió en sus brazos y miró a Tom suspirando.

—Es mejor que me vaya, se te ve cansado—dijo Tom poniéndose en pie.

Bill le imitó y le acompañó hasta la puerta.

—Siento mucho…—empezó a decir.

—Otro día será—se apresuró a decir Tom guiñándole un ojo.

Bill asintió sonriendo y tras recibir en sus labios un beso de despedida, cerró la puerta y se dispuso a pasar con su hijo lo que quedaba del día, pensando en la próxima vez que él y Tom estuvieran en tan íntima posición…entonces nada ni nadie le impediría llevar a fin lo que llevaba tanto tiempo deseando, hacer el amor con alguien del que se estaba irremediablemente enamorando.

por lyra

Escritora del fandom

2 comentario en “Segundas oportunidades 18”
  1. Awwww es que sin se familia aún lo parecen. Tom es como un papá para Richard y con Bill se ven cómo una ya compenetrada pareja. Sí, les falta unirse en cirrposy, hacer el amor pero mientras tanto creo que unidos sentimentalmente ya lo están ❤️

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