Segundas oportunidades 19

Parte I, Capitulo 19

 

 

Los días pasaron y no tuvo oportunidad de volver a ver a Tom hasta el fin de semana. Había estado trabajando desde casa y luego su madre vino a comer con él dos días en los que le terminaba unas cortinas que estaba haciendo para la habitación de Richard. Casi se temía que Tom se hubiera cansado de esperar una llamada suya que le informara de cuando se podrían volver a ver, pero la noche que fue al club a trabajar, pudo comprobar por la mirada que le echó Tom que le había estado esperando con ansias.

Primero subió a dejar a su hijo en su habitación de juegos, una vez más bajo la vigilancia de Georg y Sonhia.

—Tendré que contratar a alguien, no puedo pediros que os quedéis con él toda la noche aquí encerrados—dijo Bill dejando que Sonhia se ocupara ya de Richard.

—Sabes que no me importa, y a Georg tampoco—aseguró con firmeza Sonhia—Es más…desde que pasa más tiempo con Richard, su instinto paternal está cada vez más despierto.

Bill sonrió mirando de re ojo a su amigo, que estaba entretenido poniendo un dvd para que lo viera su hijo.

—Y también sabes que nos podemos quedar con Richard todo el tiempo que haga falta, como una noche entera si tú…lo necesitas—murmuró Sonhia alzando una ceja.

No pudo evitar sonrojarse. Pero era la verdad, con Richard en casa no podría hacer nada, pendiente de que no se despertara, ni que él o Tom gritara…

—La otra noche estuvimos a punto—confesó Bill en voz baja—Pero se despertó Richard y nos quedamos a medias los dos.

Sonhia se mordió los labios para no sonreír, pues se los imaginaba en esa situación con un escandaloso bebé reclamando a su padre en ese mismo momento.

—Pues lo dicho, cuando quieras solo tienes que pedirlo—dijo Sonhia sonriendo.

Bill le devolvió la sonrisa y se despidió de su hijo con un beso en la mejilla. Esa noche tenía que recibir en persona a un grupo de empresarios que tras una cena de trabajo irían al club a celebrar el ascenso de uno de sus compañeros. Ya tenían su reservado preparado y tenía que comprobar que estuvieran listas las 10 botellas de champán que habían encargado y 3 bandejas de canapés por cortesía de la casa.

Bajó y lo primero que hizo fue ir a ver a Tom. Entró en la cabina y se apoderó de sus labios sin mediar palabra.

—Bill…caray, ¿qué te ha dado?—preguntó Tom una vez que pudo recuperar el aliento.

Bill le miró sonriendo y salió de la cabina sin decir nada, consciente de que Tom no apartaba la mirada y le estaría echando un buen repaso de arriba abajo. Esa noche se había esmerado, llevaba el pelo brillante y suelto, y se había vestido con una camisa de manga larga blanca, nos vaqueros negros, botines de medio tacón y una americana también negra con las solapas de raso.

Fue al reservado y tras comprobar que todo estaba ya preparado, se quedó cerca de la puerta para recibir a sus invitados mientras que Gustav echaba una mano en la barra. La noche no se le hizo larga, todo fue como la seda y al final recibió las felicitaciones de los empresarios junto con una buena propina por los servicios prestados.

Se fueron a la 1, y con ellos se terminaba su trabajo. Gustav pudo salir de la barra y en vista de la poca gente que quedaba le mandó a casa. Pero antes de irse volvió a ver a Tom, no había podido hacerle ninguna visita hasta que quedó libre de sus invitados. Entró de nuevo en la cabina y esa vez fue Tom el que le recibió con un beso en los labios.

—¿Cansado?—preguntó tras escucharle gemir contra sus labios.

—Un poco—contestó Bill suspirando.

Enseguida Tom le ofreció el taburete y Bill se sentó sonriendo. Echó un vistazo a la cabina mientras que Tom cambiaba la música. Lo tenía todo bien colocado y limpio. Divisó un vaso alto y se pasó la lengua por los labios en un acto reflejo.

—¿Qué bebes?—preguntó señalándolo.

—Zumo de naranja, ¿quieres?—invitó Tom pasándole el vaso.

Bill asintió y echó un trago largo. Estaba sediento, y una vez que terminó de beber le devolvió el vaso, que Tom terminó de un solo trago.

—¿Ya te han soltado?—preguntó Tom alzando una ceja.

—Si, ahora iré a ver si puedo hacer que Richard no se despierte ya hasta mañana y me deja dormir la noche entera—contestó Bill suspirando.

—Yo aún me tengo que quedar hora y media, pero mañana no trabajo—informó Tom alzando una ceja.

Bill entendió sus palabras y tras prometerlo que le llamaría, se despidió con un breve beso esa vez en la mejilla y salió de la cabina. Había echado un vistazo antes de besarle y había pillado a Gustav mirándolos con la frente arrugada. Echó a andar en su dirección y decidió que era el momento de contarle algo que ya no hacía falta.

— ¿Vas en serio con Tom?—preguntó Gustav antes de que le pudiera decir nada.

Bill asintió suspirando. Sabía que al principio les costaría a todos, incluido él mismo, verse con alguien que no era Richard, pero no podía pasarse solo el resto de su vida.

—Estamos empezando, pero entre los dos hay algo muy fuerte. Sé que os costará aceptarlo, pero Tom me hace muy feliz y me gustaría que no le vierais como un extraño.

—Nos costará, pero si te hace feliz…es lo que importa—dijo Gustav cediendo—Pero como te haga daño…que se prepare.

Bill sabía que no lo decía en serio, sonrió y se despidió de Gustav. Subió a por su hijo y con ayuda de Georg y Sonhia salieron por la puerta de atrás para que el ruido del club no le despertara.

Entraron en el coche de Georg y minutos después acostaban al pequeño Richard entre él y Sonhia sin despertarlo.

— ¿Tenéis algún plan mañana?—preguntó Bill en voz baja.

—No, ¿y tú?—preguntó Sonhia a su vez sonriendo ampliamente.

—Quien sabe—contestó Bill sonrojándose.

—Vengo a por Richard después de comer, me preparas una bolsa y te lo devuelvo mañana—planeó Sonhia.

—No sé qué haremos, puede que a la noche ya esté libre—dijo Bill indeciso.

Nunca antes se había separado tanto tiempo de su hijo, y pasar una noche sin él por muy bien acompañado que estuviera…

—Créeme Bill, mañana por la noche va a ser muy especial y Richard se queda en buenas manos—dijo Sonhia con firmeza.

Bill asintió suspirando, le iba a costar pero era necesario. En esos momentos Richard no le daba mucho trabajo, si posponía su relación con Tom hasta que fuera más mayor, se le vendría encima más cosas. La guardería, pasar más tiempo entreteniéndole con algo más divertido que un libro…con el tiempo, su hijo requeriría más su atención y si en esos momentos dejaba escapar a Tom, no creía que le esperara un par de años hasta que su vida se estabilizara.

Se despidió de sus amigos y se fue directo a la cama. Se estaba metiendo entre las sábanas cuando su móvil vibró en la mesilla. Lo cogió arrugando la frente, esbozando una sonrisa al ver que era un mensaje de Tom.

«En media hora me voy a casa a dormir, imagino que ya estás en la cama y solo quería desearte dulces sueños»

Le contestó con una sonrisa, poniendo lo primero que le vino a la cabeza sin pensárselo dos veces.

«Soñaré con mañana, una noche muy esperada…»

Lo mandó y al cabo de un minuto recibió su contestación.

”Muy esperada por los dos»

Echó una pequeña carcajada y dejando el móvil sobre la mesilla de nuevo, se tumbó en la cama de espalda y cerró los ojos suspirando. En menos de 24 horas se encontraría en ese mismo lugar, y no tan solo como se había ido sintiendo en los últimos tiempos…

 

 

 

 

&

 

 

 

Se levantó de muy buen humor al día siguiente, y parecía que no era el único. Richard le mostró una amplia sonrisa cuando le fue a despertar llenándolo de besos la mejilla. Lo cogió con suavidad y tras cambiarle el pañal fue con él a la cocina y le dejó sentado en su sillita mientras preparaba el desayuno para los dos y le contaba sus planes, como si pudiera entenderlo.

—Esta noche duermes en casa de Georg y Sonhia, y espero que no les de mucha guerra. Prométeme que dormirás la noche de un tirón, y mañana te llevo al parque dos largas horas—le prometió a su hijo con una amplia sonrisa al verle asentir con la cabeza.

Se sentó a su lado para darle de desayunar mientras le distraía con un libro de llamativos colores que su hijo miraba con gran atención. Viendo que hacía buen día decidió arreglarse y salir a dar un paseo, disfrutar todo lo que podía de su hijo ese día antes de separarse de él su primera noche.

Le vistió con un mono vaquero y una sudadera gris con el estampado de Mickey Mouse y tras abrigarle bien con un plumífero que su madre le había regalado días antes, le sentó en su silla y salió con él a la calle.

Él también iba muy abrigado, con una bufanda gris perla ajustada a su cuello y una cazadora de paño negra. Dio un corto paseo hasta el parque, pero no hacía tiempo para quedarse jugando un rato. Estaban en pleno invierno y a la media hora de estar en la calle se levantó un frío insoportable. Decidió dar media vuelta y entrar en el centro comercial, llevándose una grata sorpresa nada más entrar por la puerta.

—Madrugadores—saludó Tom con una amplia sonrisa.

Se acercó a Bill y le besó en los labios sin mediar palabra. Luego se inclinó y le hizo un par de carantoñas a un sonriente Richard.

— ¿Tomamos un café?—invitó Tom incorporándose

—Si, no pensé que fuera a hacer tanto frío—contestó Bill estremeciéndose.

Tom sonrió y poniéndose a su lado, le pasó con naturalidad un brazo por la cintura y se dirigieron al café en el que ya estuvieron la otra vez. Cogieron una mesa y se despojaron de sus cazadoras mientras que Tom pedía por los dos.

—Dos cafés y dos trozos de tarta, por favor—pidió a la camarera.

— ¿Algo para su hijo?—preguntó la chica mirando a Tom.

Se sintió incómodo ante sus palabras, más con Bill delante…

—Un zumo del tiempo, por favor—pidió Bill en lugar de Tom.

La chica asintió y fue a por su pedido.

—Vaya—carraspeó Tom aún incómodo.

—No pasa nada—murmuró Bill— ¿Qué hacías por aquí? ¿Has venido a comprar más música?

—Vine a echar un vistazo, ya se acerca Navidad y miraba a ver si había algo nuevo—explicó Tom, agradeciendo el cambio de tema.

—Se nos viene mucho trabajo encima, esa noche va a ser muy larga—comentó Bill suspirando.

—Mañana si vienes al club podrás conocer a mis hermanos—le informó Tom.

—Ralph y Klaus—dijo Bill asintiendo—Los gemelos, ¿no?

—Idénticos, solo se diferencian porque Ralph tiene un lunar en la muñeca derecha y Klaus en la izquierda, pero a simple vista te puedes confundir fácilmente—explicó Tom sonriendo.

—Seguro que le dieron a tu madre mucho trabajo—comentó Bill suspirando, que con Richard se sentía que se ahogaba algunos días.

—Eran muy traviesos de pequeños, les gustaba intercambiarse haciéndose pasar por el que no era hasta que mi madre empezó a vestirlos de distinta manera, aunque ellos lograban cambiarse la ropa y hacer que mi madre se desesperada—dijo Tom riendo.

Bill le imitó y rió con ganas al imaginarse a la madre de Tom corriendo tras sus hijos sin saber a quien estaba riñendo.

La camarera llegó con su pedido y Tom pagó antes de que Bill pudiera reaccionar.

—El próximo invito yo—murmuró Bill cogiendo a su hijo—Conozco un bar muy…íntimo, te gustará.

Tom asintió sonriendo, le había gustado eso de «muy íntimo». Empezó a comer su porción de tarta viendo como Bill sentaba a Richard en su regazo y le quitaba el plumífero que llevaba. Hacía un agradable calor en el centro comercial y no hacía falta abrigarse tanto.

Sonrió al ver como los ojos del niño se iluminaban al ver el zumo que Bill cogió y vertió en un biberón que sacó de la bolsa. Luego lo acercó a los labios del niño y le dio de beber. Al verle con las manos ocupadas, Tom no se lo pensó dos veces y le cortó un trozo de su tarta para que la probara.

Bill sonrió y separó los labios, dejando que le diera de comer.

—Es de fresa—comentó saboreándola.

Tom asintió si poder apartar los ojos de sus labios, pensando en lo dulce que serían en esos momentos…

Siguieron comiendo mientras hablaban de la fiesta de Navidad que se acercaba. Estuvieron cerca de una hora y decidieron regresar a casa cuando Richard cayó dormido en los brazos de Bill, que le volvió a abrigar sin despertarlo y lo sentó en su silla.

—Te acompaño hasta el portal—se ofreció Tom, sabiendo que si subía a su piso no se marcharía sin obtener lo que llevaba tanto tiempo esperando.

No quería precipitarse, habían quedado para esa misma tarde y sabía que Bill estaba pensando lo mismo. De ese día no iba a pasar, y mejor preparar el terreno. Limpiar el piso, cambiar las sábanas a la cama, una cena romántica a la luz de las velas,…

— ¿Qué te apetece cenar?—preguntó Bill, como si le hubiera leído el pensamiento.

—Cualquier cosa que hagas, estará bien—contestó Tom carraspeando.

Bill sonrió y mientras caminaban hacia la salida le explicó que le haría un estofado que le enseñó a preparar su madre.

— ¿Llevo algo? ¿El postre?—preguntó Tom.

—Una botella de vino—contestó Bill sonriendo, pensando que el postre serían ellos dos.

Tom asintió sonriendo al ver el leve rubor que cubría sus mejillas. Llegaron al portal de su edificio y tras ayudarle a abrir la puerta y meter la silla en la que aún dormía Richard, se despidió de él hasta la noche con un profundo beso.

Bill subió a su piso suspirando. No hizo más que acostar a Richard en su cuna cuando llamaron al telefonillo. Comprobó que no se hubiera despertado y fue a ver quién era, sabiendo que no se trataba de Tom pues sabía que su hijo estaba dormido y no querría despertarlo.

— ¿Quién es?—preguntó descolgando.

—David, ¿puedo subir?

—Claro—murmuró abriéndole la puerta.

Esperó hasta que subió el ascensor y cogiendo aire le dejó pasar.

—Que sorpresa—dijo cerrando la puerta.

—Pasaba por aquí y pensé que hacía mucho que no te hacía una visita—explicó David— ¿Vienes de la calle?

Bill asintió. Aún llevaba puesta la cazadora, que se quitó con ayuda de David y colgó.

—Salí con Richard a dar un paseo—explicó.

— ¿Solos los dos?—interrogó David.

—Si—contestó sin pensárselo dos veces.

Lo que era en parte verdad, se encontró con Tom cuando volvía del paseo…

—Ya…—murmuró David.

— ¿Querías algo?—preguntó Bill con cansancio—Richard está durmiendo y quería aprovechar a trabajar.

—Ya te he dicho que solo pasaba por aquí, y yo también tengo trabajo. ¿Quedamos para cenar?—preguntó cambiando de tema de repente.

—Ya tengo planes, lo siento—negó Bill.

—Otra vez será…o tengo una idea mejor—dijo David alzando una ceja—El otro día comí con los padre de Richard, y vi muy triste a Molly, podríamos comer con ellos la próxima semana y así ve a su nieto y se le levanta el ánimo.

—Sabe que puede verle cuando quiera, y voy a estar muy ocupado los próximos días—contestó Bill resoplando.

—Vamos Bill, se acerca Navidad y es la primera que pasarán si su hijo—le recordó David.

—Ya lo sé, yo también le he perdido—no pudo evitar saltar.

—Comprende que va a ser muy duro para ellos, los tienes abandonados y si fueras más a menudo a verlos…

—David, basta ya por favor—ordenó Bill—Desde el primer día que empecé mi relación con Richard Molly dejó bien claro que le no era de su agrado, al menos Philip me llama de vez en cuando preguntando por mí y su nieto.

—Yo solo me preocupo por ellos—murmuró David.

—Si, ya lo veo—dijo Bill resoplando.

Le daba igual lo que le acababa de contar, que no se sentía cómodo con la presencia de Molly y que fue ella quien se negó a ver a su nieto. Cumpliría un año y aún no había conocido a su otra abuela.

—Piénsalo y me llamas con lo que sea—dijo David a modo de despedida.

Pasó por su lado y abrió él mismo la puerta, no intentando despedirse con un beso en la mejilla.

Soltó un hondo suspiro al verse al fin solo. Dejó bien cerrada la puerta y se apoyó en ella resoplando. ¿Quién era David para decirle que hacer con su hijo? No era culpa suya que su abuela paterna fuera una arpía. ¿Y qué pasaba con sus sentimientos? Él también estaba sufriendo, cuidar un hijo él solo, ver lo mucho que le recordaba a su padre en cada gesto que hacía o cada vez que sonreía…

 

 

 

Trató de pasar trabajando el resto de la mañana, pero no se podía concentrar. Lo dejó cuando su hijo se despertó y cogiéndolo en brazos fue a la cocina y le preparó la comida, él tenía el estómago revuelto y no tenía hambre. Le dio de comer en silencio mientras pensaba que en una hora vendría Sonhia a recogerlo. Podría hablar con ella, necesitaba desahogarse, sacar de su cuerpo ese mal quedar que se le había puesto desde la visita de David.

No lo entendía, con lo contento que se había levantado esa mañana…tenía que dejar de pensar en los padres de Richard antes de ver a Tom, o enseguida notaría que se sentía mal y se preocuparía.

Pero una llamada echó por tierra sus planes…

 

 

 

 

&

 

 

 

A las 7 en punto, Tom bajaba de su coche con una amplia sonrisa. En sus manos llevaba una botella de vino y una rosa blanca que compró siguiendo un impulso. Caminó silbando hasta el portal de Bill y llamó sonriendo. Esperó a que le abrieran, pero tras llamar un par de veces más, desistió a los 15 minutos.

Arrugó la frente y sacando el móvil marcó el número de Bill con el mismo resultado. No había nadie en casa y ya se estaba preocupando. ¿Le habría pasado algo a Richard? ¿Se había arrepentido?

por lyra

Escritora del fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!