Parte I, Capitulo 20

 

Terminó de dar de comer a su hijo y se levantó para ir a preparar la bolsa que se llevaría Sonhia. Se lo llevó a su habitación y le dejó jugando sobre su cama mientras metía dos pijamas, 5 pañales y un par de biberones. Cogió uno de sus peluches y se lo metió por si se despertaba llorando y quería dormir abrazado a algo.

Estaba repasando si se olvidaba algo cuando su móvil empezó a sonar. Se apresuró a contestarlo al tiempo que se sentaba en la cama y calmaba a Richard, que se había asustado. Lo sentó en su regazo y acunó mientras contestaba la llamada.

— ¿Hallo?—murmuró.

—Bill, soy Molly—escuchó la fría voz de la madre de Richard.

—Hola…Molly—saludó con torpeza.

¡Qué casualidad que le llamara tras la visita de David!

—Me gustaría ver a mi nieto esta tarde—preguntó Molly.

—Sabes que puedes venir cuando quieras, pero me temo que hoy ya tengo otros planes—contestó Bill tratando de mantener la calma.

—Eso he oído, puedo quedarme con él mientras—se ofreció Molly.

—Gracias, pero una amiga ya viene en camino—negó Bill con toda paciencia.

— ¿Prefieres que le cuide una extraña a su propia abuela?—preguntó Molly ofendida.

—Richard conoce a Sonhia, ha cuidado de él en más de una ocasión y sabrá mejor que tú como consolarlo si se despierta en un lugar rodeado de extraños—explicó Bill sintiendo mucho sonar así de cruel.

—No seríamos extraños si te hubieras preocupado en venir a visitarnos—empezó a sollozar Molly—Desde la muerte de Richard he estado muy delicada y ni una sola vez has llamado. A veces pienso que nos odias y no entiendo el porqué, no te hemos hecho nada.

—Siempre te he dicho que lo puedes venir a ver cuando quieras, nunca te he cerrado la puerta de mi casa—dijo Bill tratando de mantener la calma, mordiéndose la lengua por no preguntarla porque había elegido precisamente ese día para conocer a su nieto.

—Hoy me la has cerrado…y estando tan cerca las navidades. Parece que ya has olvidado a mi hijo, e incluso le has buscado un sustituto…

— ¿Qué?—susurró Bill sintiendo que se mareaba.

—Sé que esta noche la pasarás con el dj ese que quiere convertirse en el padre de mi nieto. Pero escúchame bien Bill, no lo pienso permitir, haré lo que esté en mi mano para que…

Cortó la comunicación sin pensárselo dos veces, rompiendo a llorar abrazado a su hijo, que le imitó asustado por los gritos que había escuchado. Eso no le podía estar pasando, se encontraba en un gran momento de su vida y le estaban arrebatando la felicidad que sentía con un chasquido de los dedos.

Dejó de llorar y se levantó de la cama. Cogió la bolsa que había preparado y tras abrigar a su hijo con el mismo plumífero que le había puesto esa mañana, salió del piso sin preocuparse en abrigarse él mismo. Paró un taxi que pasaba en esos momentos por su puerta y le dio la dirección de Georg y Sonhia entre lágrimas.

 

 

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A Georg casi le da algo al abrir la puerta y verle en ese estado. Llorando al igual que su hijo y tiritando de frío. Cogió a Richard y le hizo pasar al tiempo que llamaba a Sonhia.

—Bill, no hacía falta que trajeras tú a Richard…—empezó a decir Sonhia saliendo del dormitorio.

Dejó de hablar al ver lo que pasaba. Enseguida se hizo cargo de la situación, sabiendo que Georg se encargaría del niño cogió a Bill de la cintura y le hizo pasar directamente al baño.

—Estás temblando, date una ducha caliente y luego lo hablamos—dijo dejándolo apoyado contra el lavabo.

—Richard…está… ¿dónde?—preguntó Bill entre dientes.

—Georg está con él, no te preocupes. Desnúdate mientras te preparo la ducha—pidió Sonhia dando media vuelta.

Se inclinó y abrió el grifo, graduando el agua hasta que salió bien calentita. Pero cuando se volvió Bill seguía donde estaba, abrazándose a sí mismo y con las mejillas bañadas en lágrimas. Chasqueó la lengua y se dispuso a ayudarle. Le cogió el borde del fino jersey que llevaba y tiró de el hacia arriba, haciéndole levantar los brazos.

Eso le hizo reaccionar y vio aliviada como se desabrochaba él mismo los pantalones y bajaba, descalzándose usando los pies.

—Entra y dúchate, iré a buscarte un albornoz y una taza de té—explicó Sonhia.

Le vio asentir y cuando sus manos rozaron el borde de sus bóxers, salió con discreción del baño. Entró en la cocina, donde Georg ya calentaba agua mientras tenía en sus brazos a Richard.

— ¿Te ha dicho algo?—preguntó Georg en voz baja.

—No, es mejor que primero entre en calor y si luego nos lo quiere contar, nos lo cuente—contestó Sonhia.

— ¿Y si…y si Tom le ha hecho daño?—preguntó Georg con miedo.

— ¿Crees a Tom capaz de hacerlo?—preguntó incrédula Sonhia, viéndole negar con la cabeza.

Era normal que lo hubiera sugerido, Bill era su amigo y verle llegar a casa llorando y muerto de frío, le hacía pensar que alguien le había hecho algo. Pero… ¿quién? ¿Qué había pasado?

Dejando el té en manos de Georg, regresó al baño tras entrar un momento en el dormitorio y coger un albornoz nuevo. La cortina estaba medio echada y podía verle la mitad de su desnudo cuerpo, que temblaba sin que Bill pudiera remediarlo.

—Aquí te dejo el albornoz, sal cuando quieres—explicó Sonhia.

Escuchó que apagaba el agua y se lo tendió para que se cubriera. Una vez con el puesto, le ayudó a salir de la bañera y sentarse sobre el inodoro. Cogió una toalla y empezó a secarle el pelo con vigor hasta dejárselo medio seco. Entonces se lo peinó con los dedos y esbozó una cálida sonrisa.

—Ven, Georg te ha preparado un té—dijo tirando de su brazo.

Bill se dejaba llevar, desde que salió de su piso actuaba como un sonámbulo. No sabía cómo había sido capaz de entrar en el taxi y dar la dirección correcta, hasta se asombraba de haber cogido por el camino la cartera, olvidando eso sí algo de abrigo para él. Pero al menos Richard no había sufrido mal alguno, y eso era lo que contaba.

Entraron en el salón en donde Georg tenía una manta ya preparada con la que le tapó nada más sentarse en el sofá. Sabiendo que necesitaba a su hijo cerca, lo dejó sobre su regazo, viendo como Bill lo acunaba y estrechaba contra su pecho.

—Bill—llamó Georg sentándose a su lado— ¿Qué ha pasado?

—Me llamó Molly—contestó en voz baja.

Georg y Sonhia intercambiaron una mirada resoplando. Ya sabían más o menos lo que había pasado, no había más que ver como estrechaba a Richard besando sus mejillas. Le habían amenazado con quitárselo, y a Bill no le quedó más remedio que huir en busca de alguien que lo impidiera.

—Bill, ya sabes que nadie te puede quitar a tu hijo—dijo Sonhia con firmeza sentándose también a su lado—Las leyes están de tu parte.

—Sabía de mi cita de hoy con Tom—murmuró Bill sin atreverse a levantar la mirada—David estuvo antes en mi casa, debió de ver cómo nos besábamos Tom y yo por la mañana…está celoso porque a él le dije que no y se ha vengado de la peor de las maneras…

Georg maldijo por lo bajo al escucharlo, si al verle entrar por la puerta quiso partirle la cara a Tom, en esos momento deseaba poder tener a David delante.

—Te lo prometo Bill, si Molly te lleva a los tribunales yo haré que muerda el polvo—aseguró Sonhia.

—No estoy muy seguro—susurró Bill—Sabe que Tom es DJ, habrá averiguado que trabajo unas noches a la semana en el club y utilizará eso para dejarme como un padre irresponsable.

Viendo que en esos momentos era imposible hacerle razonar, Sonhia le acercó el té.

—Bebe antes de que se enfríe—le pidió con suavidad.

Bill asintió y cogiendo la taza que le tendía se la llevó a los labios y bebió. Mientras se la tomaba, sintió como se iba quedando dormido Richard y tras terminar su bebida acunó a su hijo.

— ¿Por qué no os acostáis los dos en la cama?—dijo Georg poniendo una mano en el brazo de Bill—Así estaréis más cómodos.

Bill asintió suspirando, sentía que se le cerraban los ojos. Estaba cansado de tantas emociones vividas y solo deseaba caer en un reparados sueño, y no salir de él hasta que alguien le prometiera que nadie alejaría a su hijo de él.

Le levantaron entre Georg y Sonhia y entró en el dormitorio. Mientras Sonhia le abría la cama, Georg trajo del baño su ropa que había dejado allí olvidada. La dejó sobre una silla y sacó de un cajón uno de sus pijamas que le dejó sobre la almohada.

—Échate y descansa, y si se despierta Richard me lo llevo al salón con nosotros—explicó Sonhia besándolo en la mejilla.

—Gracias por todo—murmuró Bill con los ojos llenos de lágrimas.

No sabía que habría hecho sin ellos, a quien podía haber acudido…

Una vez a solas, acostó con cuidado a su hijo y se quitó el albornoz para ponerse sus bóxers de nuevo y el pijama que Georg le había dejado. Le quedaba un poco grande, pero en esos momentos no importaba. Se metió entre las sábanas y tras atraer a su hijo se quedó dormido abrazando su cálido cuerpecito.

 

 

 

— ¿Qué hacemos?—preguntó Georg nada más salir del dormitorio.

—Dame toda la información que tengas de los padres de Richard, en que trabajan y un número de teléfono si tienes—pidió Sonhia encendiendo su portátil—Me pondré en contacto con sus abogados.

— ¿Y si nos estamos precipitando?—preguntó Georg con recelo—Bill estaba muy afectado, tal vez Molly no quiso insinuar eso que Bill entendió.

—Créeme, Bill lo entendió bien—dijo Sonhia con firmeza—Esa señora nunca quiso que estuviera con su hijo, y diría que no le importa su nieto. Pero con tal de hacerle daño a Bill…de arrebatarle su hijo tal y como él hizo con el suyo…que vea el dolor que sintió, lo que es tenerle un día y ver que ya no está para siempre…

Dejó de hablar, las lágrimas se lo impedían. Georg corrió a su lado y la abrazó con fuerza, besando su pelo mientras la consolaba.

—Sabes que no debes alterarte en tu estado—susurró Georg llevando una mano a su vientre.

—Son las hormonas, las tengo disparadas y lloro por todo—explicó Sonhia recostándose en sus brazos—Por eso entiendo muy bien a Bill, si alguien tratara de arrebatarme a mi hijo, estaría igual que él.

Georg asintió y una vez que se repuso, se sentó con ella en el sofá y el empezó a contar lo poco que sabía de los padres de Richard.

 

 

 

Estuvieron trabajando toda la tarde, hasta que un leve sollozo hizo que Georg se levantara de golpe. Fue hasta el dormitorio y al poco regresó con un sonriente niño en sus brazos.

—Este niño necesita ser cambiado—explicó sin dejar de hacer muecas para que Richard sonriera.

—Ponlo en la mesa y yo me encargo—dijo Sonhia empezando a levantarse del sofá.

—De eso nada, futura mamá—negó Georg—Sabes que tengo que seguir practicando, quédate sentada y me vas guiando.

Sonhia sonrió y le obedeció. Mientras cogía la bolsa que había llevado Bill, le fue explicando que extendiera una manta sobre la mesa y acostara a Richard con suavidad en ella.

—Eso es, y no te muevas—pidió Georg mirando seriamente al niño—Un paso en falso…y pondrás perdida la mesa.

—Georg, no le digas eso al pobre—le riñó Sonhia riendo.

—Sshhh….estoy en una parte muy delicada y necesito silencio—pidió Georg también riendo.

Desabrochó el mono vaquero que llevaba Richard y arrugó la nariz ante el olor que le llegó. Cogió aire y se dio prisa en cambiarle el pañal, haciendo una bola con el usado que tiraría…o quemaría.

— ¿Cómo es posible que algo tan pequeño y dulce como tú pueda hacer…eso?—preguntó a Richard haciéndole cosquillas en la barriga.

El salón se llenó de pequeñas carcajadas, que fueron subiendo de volumen cuando Georg cogió el oso de peluche que había en la bolsa y «atacó» a Richard con él.

—Georg, que despertarás a Bill—susurró Sonhia, sin dejar de reír.

Pero habló demasiado tarde, Bill estaba apoyado en el marco de la puerta viendo como era feliz su hijo. Entró sin decir nada y se puso al lado de Georg, que dejó a un lado el oso y terminó de vestirlo, pasándoselo a su ansioso padre, que desde que supiera que le querían arrebatárselo no pasaba dos minutos sin él en sus brazos.

— ¿Has descansado?—preguntó Georg mientras recogía la manta.

Bill asintió con la cabeza y se fue a sentar al lado de Sonhia, dejándole cómodamente sentado en su regazo.

—Bill, he estado investigando y ya me he puesto en contacto con los abogados de los padres de Richard—empezó a explicar Sonhia—Si intentan algo, estaremos preparados.

—No lo entiendo—murmuró Bill resoplando—Solo intento seguir con mi vida desde donde la había dejado, jamás olvidaré a Richard y Tom sabe que siempre estará en mis pensamientos. Pero Molly aún no lo ha superado, dejando a un lado que yo nunca le haya gustado, pero soy el padre de su nieto, lo único que le queda de su hijo… ¿tanto le cuesta venir a verlo?

Dejó de hablar porque se lo impedían las lágrimas. Sonhia trataba de consolarle, pero sus palabras no hacían nada. Necesitaba un abrazo, y de la persona adecuada….

 

 

Viendo lo abatido que estaba su amigo, Georg arrugó la frente y dejó que su novia tratara de consolarlo mientras que él entraba en su dormitorio y sacaba el móvil de sus vaqueros. Marcó un número de memoria y al cabo de dos minutos colgaba satisfecho, regresando al lado de su amigo.

Pasó por la cocina y sirvió un vaso de agua que le acercó a sus temblorosos labios.

—Bebe con cuidado—le pidió en voz baja.

Bill así lo hizo mientras se secaba las lágrimas, meciendo a su hijo que sollozaba por lo bajo al verle a él llorar también.

—Georg, ¿qué hacemos?—preguntó Sonhia en voz baja.

Georg solo levantó una mano y sonrió. Se sentó al lado de su amigo y le frotó un brazo mientras esperaban. Al cabo de media hora escasa llamaron a la puerta y se levantó corriendo a abrirla, dejando pasar a la única persona que le arrancaría a Bill una sonrisa.

—Tom…—susurró Bill al verle entrar.

Sonhia sonrió y cogiendo a Richard con cuidado ayudó a Bill a levantarse, que corrió a refugiarse en los poderosos brazos de la persona que más le amaba y deseaba.

por lyra

Escritora del fandom

Un comentario en «Segundas oportunidades 20»
  1. George fue muy intuitivo, llamó a la única persona correcta que puede consolar y brindar la seguridad que Billy necesita. 😁👍

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