Parte I, Capitulo 21
Regresó a su casa al ver que Bill no le contestaba. Estaba muy preocupado y no sabía qué hacer o a quien llamar. Su primera idea fue a Gustav, pero no sabía cómo explicarle que había quedado con Bill sin que pareciera que le había dado plantón, lo que no era verdad pues le conocía muy bien y tendría que haber pasado algo muy grave para que se hubiera ido sin decírselo.
Andreas se extrañó al verle entrar por la puerta, se había despedido de él con un «no me esperes despierto» y regresaba al cabo de media hora con una triste expresión en la cara.
— ¿Qué ha pasado?—preguntó preocupado.
—No lo sé—contestó Tom suspirando—No está en casa y no me coge el móvil.
Se dejó caer al lado de su amigo, que se mordió los labios él también suspirando. Sabía cuáles eran sus sentimientos, lo mucho que le gustaba Bill y aunque al principio trató de disuadirlo, al final no le quedó más remedio que ver como se iba enamorando perdidamente. Ya le había avisado de que tuviera mucho cuidado, que Bill no era como los demás…pero eso ya lo sabía él, Bill era muy especial.
—Se habrá puesto malo Richard—dijo Andreas sin mucha convicción.
—No lo sé—murmuró Tom—Ahora no puedo pensar, solo me queda esperar a que me llame y…
El sonido del móvil le hizo pegar un bote, era como si le hubieran escuchado. Se apresuró a sacarlo del bolsillo de su sudadera y lo contestó sin ver quién era.
— ¡Bill!—gritó sin poderlo evitar.
—No, soy yo…Gustav.
Se quedó sin habla, mirando a su amigo sin saber que contestar.
—Me ha llamado Georg, Bill está en su casa y no se encuentra bien—explicó Gustav—Dime donde vives y te paso a buscar en 10 minutos.
— ¿A mí? ¿Por qué?—preguntó sin entender.
—Porque Georg y yo sabemos lo mucho que te necesita Bill en estos momentos—contestó Gustav.
Tom asintió y le dio su dirección.
—Ha debido pasar algo muy grave para que te llamen sus amigos—comentó Andreas.
—Yo también pienso lo mismo. Espero que no se trate de su hijo…
Esperaron en silencio hasta que Gustav fue a recogerlo. Bajó y entró en su coche sin decir nada. Se pusieron en marcha y al cabo de unos minutos estrechaba con fuerza a Bill en sus brazos.
Sabiendo que querrían intimidad, Sonhia se levantó acomodando a Richard en sus brazos y siguió a Georg y a Gustav hasta la cocina, donde se encerraron mientras dejaban a su amigo en buenas manos.
—Bill, ¿qué ha pasado?—preguntó Tom sin dejar de abrazarle.
—Es la madre de Richard, quiere quitarme a mi hijo—explicó Bill entre lágrimas.
Tom resopló. Eso era más grave de lo que se pensaba, si por él fuera se llevaba a Bill y a su hijo fuera del planeta.
—Sabe que me estoy viendo contigo y eso lo ha provocado todo—siguió explicando Bill—Cree que ya he olvidado a su hijo…prefiere verme solo y roto de dolor a que trate de rehacer mi vida…
Tom le escuchaba en silencio, no sabía cómo se había podido enterar de que estaban juntos. Aunque tampoco sabía nada de esa familia, o de lo mal que se llevaban con Bill al parecer… Empezó a andar sin soltarle y le hizo sentarse en el sofá, donde le siguió consolando al tiempo que le besaba el pelo y le prometía que nadie le arrebataría a Richard, que él no lo permitiría…
— ¿No llevan ya mucho tiempo?—preguntó Gustav de repente.
Él también quería mostrarle a Bill su incondicional apoyo, que viera que no estaba solo. Pero lo primero era calmarlo y nadie mejor que…que su novio…
—Tom sabrá como consolarlo—dijo Sonhia con firmeza.
Había visto como se le iluminaban los ojos a Bill al verlo entrar por la puerta. Se veía que entre los dos había algo que estaba creciendo con mucha fuerza y nada ni nadie podría separarlos.
—Sonhia, no le pueden quitar a Richard, ¿verdad?—preguntó Gustav con miedo.
—Claro que no, ha sido una «pataleta» de Molly. Si quiere guerra la llevaremos a juicio y se verá que Bill es un buen padre y Richard no podría estar mejor cuidado—afirmó Sonhia.
Los chicos asintieron en silencio, su amigo había demostrado lo valiente y fuerte que era. Quedarse embarazado antes de los 20, perder al amor de su vida en un accidente de tráfico, tener que sacar él solo a un niño que cada día que pasaba era lo único que le arrancaba a su padre una sonrisa…si se lo arrebataban, sería como si ser muriera en vida…
Siguieron esperando hasta que Richard se impacientó y a Sonhia no le quedó más remedio que devolvérselo a su padre, que hacía tiempo que había dejado atrás el llanto.
—Perdón….Richard….—explicó algo cortada asomándose al salón.
Se los veía tan cómodos el uno en brazos del otro, que le daba mucha pena interrumpirlos.
—Ven, cariño—murmuró Bill extendiendo los brazos.
Cogió a su hijo y de nuevo lo acomodó en su regazo suspirando.
—Ya tiene hambre…—empezó a decir.
—Pues preparo algo y cenamos todos—dijo Sonhia mirando a Tom—Te quedas, ¿verdad?
Tom asintió sonriendo, le caía muy bien la novia de Georg. Siempre le había dado la impresión que era la única que no «impedía» que Bill viviera su vida. Pero entendía a Georg y a Gustav, solo velaban por el bien de su amigo y le protegían del mundo, aunque viendo lo que había entre ellos no tuvieron más remedio que dejar en sus manos el cuidado de Bill.
— ¿En qué puedo ayudar?—se ofreció de inmediato Tom.
—Georg y Gustav me echarán una mano en la cocina—contestó Sonhia—Puedes ir poniendo la mesa, Bill te dirá donde están las cosas.
Los dejó a solas de nuevo y regresó a la cocina a preparar la cena. Tom se levantó del sofá y abrió el cajón que le indicó Bill, de donde sacó un gran mantel que puso en la mesa. Estaba colocando las servilletas cuando apareció Georg con los platos y los vasos, que se apresuró a coger de sus manos.
—Sonhia preparó esta mañana un puré para Richard—explicó Georg mirando a Bill—Se está calentando y será el primero en cenar.
Bill asintió sin dejar de jugar con su hijo, que al parecer estaba muy entretenido con las oscuras uñas de su papá, que miraba ensimismado. Solo tuvo que esperar 5 minutos hasta que Sonhia entró con el plato de puré que dejó en la mesita baja que había delante del sofá. Bajo el brazo llevaba un babero que Bill miró alzando una ceja. No lo reconocía como uno de los que usaba su hijo, tal vez Sonhia lo hubiera comprado para ese día, aunque él le prometió tenerle una bolsa con todo preparado…
—Me he dejado la cuchara—murmuró de repente Sonhia—Tom, ¿puedes ir a por una?
Tom asintió consciente de que quería hablar con Bill a solas. Salió del salón y se entretuvo en la cocina.
—Hay algo que aún no te hemos contado—empezó a decir Sonhia sentándose a su lado.
Pero no hizo falta que dijera nada más, los avispados ojos de Bill ya la estaba haciendo un reconocimiento de arriba abajo. Se fijó en que su mano apretaba distraída el babero, que se tocaba el vientre de manera inconsciente…y de la sonrisa que iluminaba su cara…
— ¡Estás embarazada!—exclamó él también sonriendo.
—De dos semanas—concretó Sonhia—Empecé a sentirme rara hace un par de días y me lo confirmaron esta mañana. Salimos de la clínica y Georg no se pudo resistir en comprar un babero….y yo vi este para Richard…
Bill se echó a reír, era la primera noticia feliz que recibía ese día y lo necesitaba. Dejar de pensar por unos momentos lo que se le venía encima…
— ¿Y eso?—preguntó Gustav al escuchar la risa.
—Oh, Sonhia le estará contando nuestro secretito—contestó Georg esbozando una amplia sonrisa—Vamos a tener un hijo.
— ¡Georg!—le riñó Gustav— ¿Hasta cuándo te lo pensabas callar?
Georg rompió a reír al tiempo que su amigo le abrazaba palmeando su espalda. Luego fue al salón a felicitar a la futura mamá, dejando a Tom estrechando la mano de Georg.
—Enhorabuena—murmuró Tom algo cortado.
—Gracias—contestó Georg de la misma manera.
Apenas se conocían y Tom sentía que sobraba en esa celebración, estaba a punto de decir algo cuando Georg le cortó.
—Tom, sé que nos conocemos de nada—empezó a decir como su le hubiera leído el pensamiento—Pero eres muy importante para Bill y su felicidad está primero. También me pareces un tío muy legal…y bueno, espero que te sientas como en tu casa. A partir de ahora Bill necesita nuestro apoyo y tú serás el primero a quien recurra en caso de ayuda.
—Sé que Gustav y tú sois sus mejores amigos, y quiero que sepáis que jamás le haría daño. Ni a él ni a Richard—dijo Tom con firmeza.
Georg asintió y le dio la cuchara que había ido a buscar, antes de que con tanta celebración se le enfriara la cena a Richard. Tom sonrió y regresó al salón, en donde Sonhia recibía algún consejo de Bill. Le tendió la cuchara y se sentó a su lado observando cómo daba la cena a su hijo.
Luego les tocó el turno a ellos y mientras el niño dormitaba en el sofá rodeado de almohadas, hablaron de cualquier tema menos de lo que tanta excitación había causado. Se quedaron hasta las 10, momento en que Gustav se retiró.
—Bill, si te quieres quedar a dormir abrimos el sofá cama y no hay ningún problema—ofreció Sonhia.
—Gracias, pero ya me siento mejor y regresaré a mi piso—dijo Bill.
—Mañana tenemos reunión en el club por lo de la fiesta de Navidad, pero no vengas y te quedas en casa descansando—apuntó Gustav.
—Tengo que ir, prometí ayudarte—insistió Bill—Si me quedo en casa me dará por pensar.
—No debes preocuparte por nada, déjalo todo en mis manos y si ves que Molly te llama no le cojas la llamada—explicó Sonhia—En el e_mail que le he mandado a sus abogados les he dicho que te represento y que se pongan en contacto conmigo para cualquier cosa.
—Y por favor, no le digáis nada a mis padres—pidió Bill en voz baja—No quiero preocuparles, se lo contaré una vez se haya resuelto todo.
Todos asintieron y se fue al dormitorio de Sonhia y Georg a ponerse su ropa con ayuda de Sonhia, que le prestó un plumífero de Georg que al igual que el pijama que había llevado en la cena le quedaba grande. Mientras se vestía Sonhia abrigaba a un medio dormido Richard que tumbado sobre su cama se dejaba hacer.
—Llámame si necesitas hablar—pidió Sonhia viéndole coger en brazos a su hijo—Y si te sientes solo, sabes que puedes venir sea cuando sea.
Eso último no hacía falta que lo dijera, además de que estando Tom…sería a él a quien recurriera si sentía que el piso se le venía encima.
Bill asintió y colocándose a su hijo contra su hombro derecho, salió del dormitorio seguido por ella. Tom y Gustav ya le esperaban con sus cazadoras puestas y tras despedirse de Georg y Sonhia se metieron todos en el coche de Gustav, que puso rumbo al piso de Bill sin decir nada.
—Entonces te veo mañana, ¿no?—preguntó cuando Tom le ayudó a salir del coche.
—Si, te llevo el nombre del catering que nos servirán y elegimos los canapés y demás—susurró Bill para no despertar a su hijo.
Gustav asintió y se despidió de ellos. No hacía falta que le acompañara hasta la puerta misma del piso, Tom ya se encargaba de ello. Cogió a Bill por la cintura y abrió él mismo la puerta, dejándole pasar a él primero. Le siguió hasta la habitación de Richard, sonriendo al ver cómo le ponía el pijama sin que se enterara y luego arropaba en la cuna.
Viendo lo tarde que era, se dispuso a regresar a su piso, en donde le esperaba un curioso Andreas…o esa era su intención…
— ¿Puedes quedarte a dormir?—preguntó Bill en voz baja.
Tom asintió sin pensárselo dos veces. Le vio sonreír y cogerle de la mano, guiándole hasta su dormitorio en donde iban a compartir cama, tal y como habían planeado, aunque solo fuera para tenerlo dormido en sus brazos….