Parte I, Capitulo 23

 

 

Los padres de Tom vivían a media hora y cuando la madre abrió la puerta su sorpresa fue mayúscula. Abrazó y besó a cada uno de sus hijos y cuando Bill le fue presentado, recibió también un beso y un abrazo.

—Y él es Richard—presentó Tom a su madre.

— ¡Pero qué niño más guapo!—exclamó la señora Kaulitz.

Bill fue el encargado de sacarle de la silla y pasárselo encantado.

—No se preocupe si llora, es su hora de la siesta y estará algo empachoso—advirtió Bill.

—Ahora mismo le hago un puré y mientras comemos puede dormir en nuestra cama—dijo la madre de Tom acunando a Richard en sus brazos—Y llámame Trudy, cariño.

Bill asintió y la siguió a la cocina, en donde estaba su marido encargado de pelar patatas.

—Jörg él es Bill—presentó Trudy a su marido.

Bill sonrió al verle limpiarse a mano en el delantal que llevaba y se la estrechó encantado.

—Y este es su hijo, Richard—siguió Trudy con las presentaciones—Le vamos a hacer un puré y luego se va a echar una larga siesta.

— ¿Ayudo en algo?—se ofreció Bill.

—No te preocupes cariño, que Tom te enseñe la casa mientras los gemelos terminan de poner la mesa—dijo Trudy.

—Trajimos una tarta—explicó Tom a espaldas de Bill.

Pasó por su lado guiñándole un ojo y la dejó en la nevera para que no estuviera tan fría cuando la fueran a comer. Luego le cogió de la mano y dejando a Richard en las buenas manos de su madre, le enseñó la casa en la que había crecido y vivido.

—Estos son los dormitorios—explicó cuando subieron al piso superior—July y Emily compartían uno, los gemelos otro y yo tenía el mío propio.

Tras decirlo, abrió una puerta y le dejó pasar. Era como retroceder en el tiempo, las paredes estaban cubiertas de póster con los grupos musicales que Tom escuchaba cuando era un adolescente, y en una estantería además de una buena colección de libros había algún que otro trofeo ganado en alguna competición.

Lo que más le llamó la atención fue una vieja guitarra puesta de pie en un rincón. La señaló mirando a Tom y alzando una ceja.

—Me gustaba tocarla, mi madre decía que lo hacía muy bien, y eso sin recibir más clases que las que me daba mi padre—explicó Tom orgulloso.

Bill le miró y se decidió a preguntarle algo que le daba vueltas por la cabeza.

—Tus padres… ¿saben que eres gay?—preguntó en voz baja.

—Desde los 15 años—explicó Tom abrazándolo—Y también saben que estoy saliendo con este chico tan guapo que he invitado a comer.

Se apoderó de sus labios sonriendo y le besó profundamente, hasta que la voz de una niña emocionada resonó por toda la casa.

— ¡Klaus! ¡Ralph!

—Mmm… Esa es Emily—murmuró Tom contra los labios de Bill.

— ¿Tu hermana pequeña?—preguntó Bill jadeando.

—Si, será mejor que bajemos antes de que ponga la casa patas arriba buscándome—suspiró Tom.

Le dio un último beso en los labios y cogiéndole de la mano salieron de su habitación. Fue bajar las escaleras y ver como una adolescente de 14 años corría a abrazar a otro de sus hermanos mayores.

— ¡Tomi!

No le quedó más remedio que soltarse de Bill para coger a su hermana pequeña y alzarla sin dejar de besarle en la mejilla entre risas.

—Estás hecha toda una mujercita—dijo Tom sin dejar de reír.

—Dices lo mismo siempre que me ves—protestó Emily haciendo un puchero.

La dejó en el suelo y entonces presentó a Bill a otro de sus hermanos.

—Bill, ella es la pequeña Emily—presentó Tom, recibiendo un ligero codazo de su hermana pequeña.

—Hola—saludó Bill, recibiendo dos besos en las mejillas a modo de saludo.

— ¿Es tuyo el bebé que al que está dando mi madre de comer?—preguntó Emily sonriendo ampliamente.

—Si…no sabía que ya estaba comiendo—murmuró Bill yendo hacia la cocina.

Sonrió al ver la escena. La madre de Tom tenía en su regazo cómodamente sentado a Richard, que con un babero que habrían sacado de la bolsa que llevaba en la sillita comía encantado su puré de verduras mientras que el padre de Tom le explicaba haciendo grandes muecas como iba a preparar la carne que iban a comer ese día.

—Oh Bill, espero que no te importe—se disculpó Trudy al verle en el marco de la puerta—Empezó a lloriquear de hambre y no te quería molestar.

—No pasa nada—se apresuró a decir Bill.

Entró del todo en la cocina seguido de Tom y sus hermanos y mientras comía su hijo escuchó algunas anécdotas familiares.

—Si no fuera por Jörg o Tom, no sé cómo habría sacado adelante a la familia—le explicó Trudy—Cuando regresaba a casa del taller, los niños ya estaban acostados y habían hecho sus deberes.

—Mi madre cose ahora en su propio taller—explicó Tom orgulloso señalando la ventana—Lo tiene en el pequeño apartamento que hay sobre el garaje.

—Si, no nos dejó vivir en el y tuvimos que irnos de casa—se lamentó Ralph, haciendo un puchero idéntico al de su hermana pequeña.

—Lo que tú querías era vivir por tu cuenta pero sin alejarte de las faldas de mamá—dijo Tom, besando a su madre en la mejilla—Tenerla cerca para que te remendara los pantalones y te tuviera lista la comida y la cena.

Ralph le contestó sacando la lengua, al tiempo que besaba también a su madre susurrándole un pequeño favor en voz baja.

— ¿Para cuándo necesitas la camisa?—preguntó Trudy resoplando.

—Para pasado mañana, la tengo en el coche…voy a por ella—contestó antes de que se arrepintiera.

—Debisteis dejar de tener hijos cuando nació July—comentó Tom resoplando.

—Hey, que entonces no existiría yo—protestó Emily.

Bill sonrió al ver como corría Tom a abrazarla y llenarle las mejillas de besos como la vez anterior.

—Dime Bill, ¿tienes hermanos?—preguntó Jörg, haciéndole participar en la conversación.

—Soy hijo único—contestó Bill con cierta envidia—Siempre quise tener algún hermano con el que jugar….

—Y discutir—apuntó Klaus.

—Por todo, por esconder el mando de la tele, por tardar más de dos horas en el baño,…—empezó a enumerar Emily.

—Esas erais tú y July—intervino Ralph, entrando de nuevo en la cocina—En serio papá, debiste construir otro en su habitación, se pasaban todo el día en el arreglándose el pelo.

—Para eso tú, que te levantabas de la cama y así mismo te ibas al colegio—se defendió Emily.

—Vale chicos, Bill va a pensar que os pasáis toda la vida peleándoos entre vosotros—intervino Jörg poniendo algo de paz.

—Y vais a despertar a Richard—susurró Trudy sonriendo encantada.

Hacía rato que se había terminado el puré y se había quedado dormido sobre su regazo, ajeno a las voces que resonaban en la cocina.

—Vamos a llevarle a nuestra habitación—explicó Trudy en voz baja pasándole a su hijo a Bill—La cama es más grande y le rodearemos de almohadas por si acaso.

Bill asintió y tras acomodar mejor a su hijo sobre su hombro sin despertarlo, siguió a la madre de Tom escaleras arriba, quien recogió la bolsa que había colgada en la sillita por si necesitaba algo para el niño. Le enseñó el camino a su habitación y le abrió la puerta dejándolo entrar primero.

Acostó a su hijo en la cama con suavidad y cogiendo la bolsa que le tendía Trudy le cambió el pañal sin despertarlo. Luego le echó boca abajo con la cabeza ligeramente ladeada y le tapó con una mantita que le pasó Trudy suspirando. Sonrió al pensar en lo que la madre de Tom se estaba imaginando, como sería tener ya un nieto propio entre sus brazos.

Frunció la frente al escuchar un leve gemido procedente de su hijo, señal de que protestaba porque algo le había despertado, pero se apresuró a sentarse a su lado y dándole unos toque ligeros en la espalda logró hacerle dormirse de nuevo. Cogió el chupete que Trudy le tendía y se lo puso entre los labios, sonriendo al verle cogerle con fuerza y comenzar a chupar en sueños.

Mientras dormía a su hijo, paseó la mirada por la habitación de los padres de Tom. Sobre una cómoda había una buena colección de fotografías antiguas, y reconoció a Tom a la primera. En una de ellas tendría unos 5 años y como pudo comprobar había sido un niño rubio de grandes ojos castaños. Sonrió al fijarse en su sonrisa, tan dulce como ahora que era más mayor.

En otras fotos, aparecía junto con sus hermanos. Las dos chicas también tan parecidas entre ellas, los traviesos gemelos sonriendo ampliamente a la cámara, sus padres en otra foto jugando en el jardín con ellos…

Tom tenía una gran familia numerosa, en cambio su hijo solo le tenía a él…

Sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas y pestañeó para alejarlas, no se iba a echar a llorar delante de la madre de Tom así de repente. Suspiró y viendo que su hijo estaba otra vez profundamente dormido, se levantó de la cama con cuidado y entre él y Trudy pusieron almohadas a su alrededor para que no se escapara de la cama.

Salieron de la habitación y dejaron la puerta abierta, para poder escuchar cualquier sonido que saliera de ella. Camino de las escaleras, Trudy le pasó un brazo por los hombros reconfortándolo, no se le había pasado por alto el gesto triste que llevaba en la cara.

—Se te da muy bien cuidar de Richard—comentó procurando no tocar algún tema delicado.

—Al principio estaba muy asustado, pero mi madre estuvo los primeros días a mi lado y me enseñó todo lo necesario—explicó Bill muy orgulloso—Y luego ya con la práctica he ido aprendiendo cosas yo solo.

Trudy sonrió asintiendo. No había mencionado en ningún momento al padre de Richard y tampoco quería ser indiscreta, ya llamaría a su hijo mayor y se lo preguntaría, Bill le caía muy bien y estaba seguro que él le conocería a la perfección.

Bajaron a la cocina y ya estaban todos ayudando a llevar las bebidas y la carne que había asado su marido. Pasaron al salón y disfrutaron de una agradable velada en donde de nuevo Bill escuchó más travesuras infantiles de los gemelos, todas contadas por una encantada Emily que sentada a su lado también le confesó en voz baja algún secreto de su hermano mayor.

Terminada la comida, los gemelos se ofrecieron a fregar los platos mientras que sus padres tomaban un café en la cocina con ellos. Emily pidió permiso para ir a ver dormir a Richard, prometiendo no despertarlo y Tom se llevó a Bill de nuevo a su habitación.

—Tal vez deberíamos volver a la cocina—empezó a decir Bill cuando Tom cerró la puerta tras ellos—Tu madre te ve poco y seguro que te echa mucho de menos.

—Y también sabe que me muero por estar un rato a solas contigo—murmuró apoderándose de sus labios.

Sonrió al ver que no se oponía, y le hizo andar por la habitación hasta dar con la cama. Le hizo acostarse en ella y se le tumbó encima sin separar los labios en ningún momento.

Bill se acomodó suspirando bajo su cuerpo. Estaba hambriento de besos, de caricias…pero aún así, no le parecía lógico estar metiéndose mano en la casa de los padres de Tom. Por muy placenteros que fueran sus besos, tenía que poner punto y final antes de empezar algo que no iban a poder terminar.

Suspiró contra los labios de Tom y tras expulsarle con suavidad de su boca, desvió la cara y cogió aire profundamente.

— ¿He ido muy deprisa?—preguntó Tom preocupado.

—No…pero tu familia…—contestó Bill sin atreverse a mirarlo.

Le escuchó suspirar y sintió como enterraba la cara en su cuello y se lo besaba una y otra vez haciendo ruiditos que le hicieron sonreír y estremecer.

— ¿Qué te apetece hacer?—preguntó Tom sin dejar de besar y lamer su piel.

—Mmmmm…..no sé, me siento tan bien aquí—contestó Bill con un suspiro.

Cerró los ojos y se dejó llevar por las oleadas de placer que le recorrían el cuerpo de arriba abajo…se dejó llevar y cuando se quiso dar cuenta se había quedado profundamente dormido…

Tom lo sintió y tras besar su dulce cuello por última vez, se levantó de encima de él y cubrió con una manta para que descansara. Salió de la habitación y le dejó a solas mientras que él se encargaba de cuidar a Richard por si se despertaba.

No sabía cómo se iba a resolver los problemas de Bill con su «familia política», y encima era navidad. Solo quería que al menos ese día lo disfrutara como nunca, recibiendo el calor de su familia y esperando que el nuevo año viniera cargado de buenos deseos, siendo el estar para siempre junto a él uno de ellos…

por lyra

Escritora del fandom

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