Parte I, Capitulo 24
Se despertó y estaba a solas en la habitación, no tenía ni idea de cuánto tiempo había dormido. Recordaba el lugar donde estaba, la casa de los padres de Tom con los que había disfrutado de una buena comida en compañía de casi toda su familia.
Se dio la vuelta en la cama y se quedó de espaldas con los ojos aún cerrados. Sabía que si no se levantaba se quedaría dormido de nuevo, pero se sentía tan a gusto… Sabía que su hijo quedaba en buenas manos y por una vez en su vida, decidió hacer un poco el vago y se volvió a quedar dormido con una amplia sonrisa en los labios.
Mientras, en el piso inferior Tom se encontraba en la puerta del salón viendo como su hermana sentaba a Richard en su regazo y veían juntos la televisión, unos dibujos animados que mantuvieron al niño tranquilo mientras aún descansaba su padre.
Volvió a la cocina donde su madre estaba remendando la camisa de su hermano y se sentó a su lado para terminarse el café que le había preparado.
—Bill…—empezó a decir Trudy.
Miró a su madre alzando una ceja, animándola a que siguiera. Sabía que le quería preguntar acerca de su pasado, o de como se habían conocido y enamorado.
— ¿Qué pasó con el chico con el que estuvo antes que tú?—preguntó Trudy sin aliento.
— ¿El padre de Richard? Murió cuando Bill estaba embarazado de unos 5 meses—explicó Tom arrugando al frente con dolor.
— ¡Pobre Bill!—susurró Trudy con los ojos llenos de lágrimas.
—Fue en un accidente de coche—siguió explicando Tom—El club cerró el día del entierro y por eso me enteré y fui. Bill no me vio, no me atreví a entrar por si molestaba, pero me quedé a la salida esperando hasta que le vi. Iba agarrado fuertemente a su madre, destrozado por el dolor… Hubiera ido corriendo a abrazarle, pero en ese momento no nos conocíamos y acababa de perder al amor de su vida…
No podía seguir hablando, se imaginaba lo que sería si le pasara a él. Perder a Bill cuando estaban en lo mejor de sus vidas, o que sucediera al revés, que Bill volviera a perder al gran amor de su vida…
—Me da tanto miedo el amor—susurró mirando a su madre.
—Bill ha pasado por un momento muy duro, y tiene mucha suerte de haberte conocido—dijo Trudy con firmeza cogiendo la mano de su hijo—Eres la persona más buena del mundo, Tom. A tu lado Bill volverá a amar, y quién sabe si al día menos pensado le dais un hermanito a Richard y me convertís oficialmente en abuela.
Sonrió a pesar de la tristeza que sentía en esos momentos, ¿cómo podía hablar su madre de un futuro nieto si para empezar aún no se habían acostado juntos, y no sabía si entraba en los planes de Bill volver a ser padre? No lo habían hablado porque aún era muy pronto, estaban empezando y lo mejor era no precipitarse.
Suspiró y se puso en pie tras besar en la mejilla a su madre. Fue a la pila y fregó la taza usada, cogiendo un vaso que llenó con zumo de naranja y cogiendo unas galletas subió a despertar a Bill. Eran más de las 5 y no sabía si tenía algún plan, que no fuera pasarse el resto de la vida metido en su cama…
Pensar en eso le hizo soltar una carcajada. Sacudió la cabeza y subió a su habitación, entrando despacio en ella. Bill se estaba despertando, le vio darse la vuelta bostezando y echarse de lado mirándole con los ojos entre cerrados.
Sonrió y se acercó a la cama al tiempo que le enseñaba lo que llevaba, lo que le hizo sonreír ampliamente.
—Necesito azúcar con urgencia—musitó Bill incorporándose.
Se pasó las manos por el pelo, preguntándose qué tal lo tendría, todo encrespado y enredado de dar vueltas en la cama. Suspiró resignado y tomó un sorbo largo del zumo que Tom le había llevado.
—Tus padres van a pensar que me paso todo el día dormido—explicó sonrojándose.
—Para nada—dijo Tom sonriendo—Mi padre ha salido a dar una vuelta con los gemelos, aunque yo creo que han ido a comprar los últimos regalos navideños…mi madre está terminando de coserle la camisa a Ralph y Emily ve la tele con Richard.
—Ya veo—comentó Bill sonriendo.
Su hijo ni se había enterado de que él no estaba a su lado, pero la familia de Tom no le era extraña y estando con ellos se sentía como en casa. Se terminó el zumo y tras comerse un par de galletas, decidió levantarse y hacer acto de presencia.
Tom le ayudó y una vez fuera de la habitación le señaló la puerta que tenía a su derecha.
—Ahí tienes el baño—murmuró guiñándole un ojo.
Asintió y entró a echarse un vistazo rápido al espejo. No estaba tan despeinado como pensaba, se pasó las manos alisando algún que otro mechón rebelde sonriendo al ver la cara de sueño que llevaba. Aún no se había despertado del todo, pero no podía hacer nada.
Salió del baño y sonrió al ver que Tom le había esperado. Bajaron y descubrieron que los gemelos habían vuelto de su paseo y se negaban a entrar en el salón.
— ¿Qué pasa?—preguntó Tom arrugando la frente.
—Richard necesitaba ser cambiado—explicó Klaus por encima.
Bill se echó a reír al ver sus caras, y al momento escuchó la voz de Trudy llamando a sus hijos.
—Dejad de comportaos como dos críos—les riñó Trudy resoplando—A vuestro lado, Richard es más maduro.
Pero los gemelos negaron con la cabeza y se fueron a la cocina con la excusa de prepararse algo de merienda.
—Déjalos, cuando tengan sus propios hijos ya pedirán auxilio—comentó Trudy guiñándole un ojo a Bill cuando entró en el salón.
Nada más verle, la sonrisa de Richard se ensanchó y le tendió los brazos para que le cogiera, pues llevaba mucho tiempo sin verle. Tuvo que esperarse a que la madre de Tom terminara de colocarle el pantalón vaquero con el que le habían vestido esa mañana y una vez listo, se aferró al cuello se su padre, sonriendo cuando le besaron en la mejilla.
—Ya va siendo hora de volver a casa—comentó Tom.
Habían pasado casi todo el día con su familia y se le veía cansado a Richard. Había pasado de mano en mano y aunque aún sacaba fuerzas para esbozar una amplia sonrisa, sus ojos delataban sueño atrasado.
— ¿Cuándo volverás?—preguntó Emily mirando a Bill fijamente.
—Ahora se acerca navidad y estamos muy ocupados en el club—contestó Tom por él, para desilusión de su hermana pequeña.
—Pero…después de navidad, fijo que Papá Noel deja algo en casa para Richard…y para Bill, claro—murmuró Emily haciendo otro de sus pucheros.
Bill la miró y no le quedó más remedio que asentir. Entraba en sus planes volver a visitar a la familia de Tom, y estando cerca la navidad…a él también le gustaría regalarles algo por lo bien que le habían tratado.
—Ya llamaré a Tom y os venís a comer un día de estos—intervino Trudy.
Asintió de nuevo sonriendo, le caía muy bien la madre de Tom. Se parecía mucho a la suya en su carácter amable, nada que ver con Molly…pensar en la madre de Richard le hizo ponerse tenso de inmediato, llevaba todo el día sin pensar en ella, sintiéndose muy relajado y de repente todo lo bien que lo había pasado se esfumó en el aire.
—Venga, que se hace tarde—dijo Tom, no pasando por alto su cambio de ánimo.
Comenzaron las despedidas, y mientras que se ponían sus cazadoras, Emily se encargó de sentar y atar a Richard en su sillita, explicándole que un señor vestido de rojo le iba a traer un camión de bomberos por navidad.
—Gracias por la comida—murmuró Bill tras abrazar a la madre de Tom.
—Gracias a ti por hacer tan feliz a mi hijo—susurró Trudy besándole en la mejilla.
Sonrió y terminó de despedirse del resto de la familia. Salieron a la calle y Klaus les llevó en su coche, pues tenía que volver a casa y prepararse para la cita que le había surgido esa noche. Les dejó en la puerta del piso de Bill y Tom le acompañó hasta arriba.
Eran ya más de las 6 de la tarde, había oscurecido ya y las temperaturas estaban comenzando a bajar. Entraron en el piso y lo primero que hicieron fue soltar a Richard, cansado de estar en la sillita. Bill lo dejó sobre la alfombra de su habitación mientras le preparaba un pijama limpio que le pondría tras el baño antes de darle de cenar y acostarle.
— ¿Qué planes tienes para mañana?—preguntó Tom de repente.
Apoyado en el marco de la puerta, observaba como jugaba Richard con un coche haciéndole rodar por la alfombra.
—Ni idea, tendré que ponerme con lo del catering y las invitaciones—explicó Bill arrugando la frente—También quiero hablar con Sonhia a ver si ya sabe algo, y tendría que decírselo a mis padres, no quería preocuparles ayer pero si se enteran porque Molly les llame…
No terminó la frase, Tom dio dos pasos y se apoderó de sus labios que había visto temblar desde donde estaba. No quería que se echara a llorar, que volviera a sentirse desvalido pensando que alguien le iba a arrebatar a su hijo.
—Nadie podrá apartar a Richard de tu lado—susurró contra sus labios—Eres el mejor padre que pueda tener y eso lo verá cualquier juez ante el que te quiera llevar Molly. Solo es una madre destrozada por la muerte de su hijo, está pasando por un mal momento y no está en condiciones de pensar con claridad.
—Tú no la conoces, es muy fría y calculadora—murmuró Bill enterrando la cara en su cuello—Cada vez que íbamos a su casa a comer o cenar, me trataba muy mal delante de Richard que no podía hacer nada por impedirlo. No había día que no terminara llorando encerrado en el baño para que él no me viera, es su madre y yo no tenía más remedio que resignarme.
Tom suspiró sin dejar de abrazarle, pensando en lo diferente que era su madre. Había recibido a Bill con los brazos abiertos y en un solo día le había contado toda su vida, recalcando lo buen hijo que había sido…y que era un buen partido.
— ¿Quieres que me quede esta noche también?—preguntó suspirando.
—Te lo agradezco, pero es hora de que me enfrente a mis miedos—negó Bill logrando sonreír—Mañana hablaré con mis padres en serio y entre todos hallaremos la solución adecuada.
—Sabes que cuentas conmigo para lo que sea—dijo Tom, aunque sabía que no hacía falta decirlo.
Bill asintió y tras besar sus labios por última vez le acompañó hasta la puerta y se despidió de él hasta el día siguiente. Regresó al lado de su hijo y se entretuvo en bañarlo y darle de cenar. Una vez acostado, se preparó un té y se lo llevó a la cama. Se puso el pijama y tras meterse en ella cogió el móvil dispuesto a llamar a Sonhia, pero una vez más recibió una llamada inesperada.
Seguramente es Molly o David, sólo ellos pueden atormentar a Billy, ojalá y no sean esos dos.
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😘