Parte I, Capitulo 26
La semana se pasó volando y cuando quisieron darse cuenta el día de Navidad había llegado. Tom había conseguido que sus padres dejaran que Emily se hiciera cargo de Richard esos días, aunque tampoco le costó mucho convencerlos. Su hermana aceptó encantada y sus padres no pusieron ninguna pega.
Pero ese día era navidad y Bill no iba a dejar que Emily pasara esa noche sola en su piso y lejos de su familia, sabiendo la ilusión que les haría tener a Richard, hicieron planes para que se quedase en casa de sus padres esa mágica noche.
—Cenáis con nosotros—planeó Tom—Luego nos vamos al club a trabajar y ya veremos cómo termina la noche.
Eso le hizo sonrojarse de arriba abajo. Él también lo llevaba cierto tiempo pensando, el día estaba llegando y si no era en navidad sería en año nuevo.
Y Tom también lo presentía, que iba a ser en Navidad. Sus hermanos se quedarían a dormir en casa de sus padres, Richard también pasaría allí la noche y sabía que Bill se negaría al igual que él a pasar su primera noche juntos en una casa tan abarrotada.
No es que lo hubiera planeado, pero había salido así de «bien».
El día antes de Navidad había conocido a sus padres. Le llevó a su casa por ser domingo, día que comía Bill con ellos y fue invitado. Pasó una agradable velada y recibió el visto bueno de la madre de Bill. Les habló de su familia y en vista de cómo se les presentaba el día de Navidad, Tom los invitó a cenar a casa de sus padres, donde se iba a quedar su nieto
—No queremos ser ninguna molestia—comentó Simone sin atreverse a aceptar.
—No lo será, a Richard le hará mucha ilusión pasar esa noche con tanta gente alrededor—dijo sonriendo Tom—Incluso pueden quedarse a dormir en mi antigua habitación.
Eso último le había salido «sin querer». Con la inesperada llegada de los padres de Bill, a ellos no les quedaba más remedio que pasar la noche cada uno en su piso, o compartir la misma cama…
—Dame el teléfono de tu madre, la llamo y nos ponemos de acuerdo—pidió Simone levantándose.
Tom se lo dio de inmediato y mientras ella hablaba con su madre, recogieron la mesa entre los tres.
—Hecho—dijo Simone colgando—Iremos por la tarde y llevamos a Bill. Ayudaremos todos a preparar la cena, no vamos a dejar sola a tu madre aunque ya me ha dicho que entre ella y tus hermanas lo tienen todo ya planeado.
—Se me olvidó decírtelo—murmuró Tom mirando a Bill—July y su prometido han cambiado los planes y cenan con nosotros al final.
Era en parte verdad, pero no le pensaba contar que Emily se había ido de la lengua y su hermana July removió cielo y tierra hasta poder convencer a su prometido de que pasaran la Navidad en casa de sus padres y año nuevo con los de él. Por nada del mundo iba a perderse la oportunidad de conocer al novio de su hermano mayor y dar su visto bueno…
Se quedaron a pasar la tarde con los padres de Bill hasta que Richard se despertó. Le dieron de merendar y tras quedar en verse el día de Navidad, Tom se despidió de la madre de Bill con un fuerte abrazo y estrechó la mano del padre.
— ¿Qué te parece?—preguntó Simone a su marido una vez a solas.
—Es un buen muchacho—contestó Gordon asintiendo—No tiene el porte y la elegancia de Richard, pero lo que importa es que trate a Bill bien, y se ve que le quiere mucho.
—Si, y no se me ha escapado el detalle de que esa noche no habrá cama para ellos dos en la casa de sus padres—comentó Simone guiñándole un ojo a su marido—No les va a quedar más remedio que irse cada uno a su piso….o compartir cama…
Gordon rió por lo bajo atrayendo a su mujer en sus brazos. Era un secreto a voces que el mejor regalo de navidad que iba a recibir su hijo iba a ser el de Tom, uno muy esperado y deseado…
El día de Navidad llegó (¡al fin!), y Bill se levantó con una amplia sonrisa en los labios. Se le presentaba un largo día por delante, pero sabiendo cómo iba a terminar, deseaba que las horas se pasaran volando. Se sentó en la cama mirándola con otros ojos, esa noche iba a compartirla con Tom y harían algo más que dormir juntos y abrazados.
Se mordió los labios sintiendo su cuerpo estremecerse por un escalofrío al imaginarse lo que sería hacer el amor con Tom, yacer desnudo bajo su cuerpo sintiéndole avanzar en el suyo con suavidad hasta que el placer se apoderase de los dos y dieran rienda suelta a la pasión.
Se levantó antes de seguir soñando despierto, tenía que empezar a moverse o se le echaría la hora encima. Fue a despertar a Richard, que milagrosamente seguía aún dormido a pesar de la hora que era. Se inclinó en la cuna y no dejó de besarle con suavidad en las mejillas hasta que arrugó la frente y abrió los ojos sonriendo al verle.
Le cogió en sus brazos y le cambió el pañal explicándole que esa noche tenía que portarse muy bien. Le dio de desayunar y luego le dejó jugando sobre la alfombra de su habitación mientras preparaba una bolsa con sus cosas. Metió dos pijamas limpios, 5 pañales por si acaso y un par de baberos. Le daba algo de pena, iba a ser la primera noche que pasara separado de él y encima era navidad…pero sabía que quedaba en buenas manos, que sus padres estarían con él y así no se asustaría al estar con tantos extraños, aunque la familia de Tom haría que no sintiera su ausencia.
Había quedado para comer con Sonhia mientras que Georg y Gustav hacían juntos las últimas compras navideñas. Él había sacado algo de tiempo y una tarde que dejó a Richard con Sonhia y Georg compró todo lo que necesitaba. Llevaría los regalos a casa de Tom quitando los de sus amigos, que se los daría un día después de navidad cuando fueran a comer a su piso. Les debía mucho y quería agradecérselo de esa manera, comida a la que estaba invitado Tom, por supuesto…
A las 12 llegó Sonhia muy sonriente, y tras saludarle con un beso en la mejilla le explicó el porqué de esa felicidad.
—Creo que Georg me va a comprar un anillo de compromiso—explicó sin dejar de sonreír—Se le ha escapado algo de que si no se daban prisa le iba a cerrar la joyería, y aunque se explicó diciendo que era para ver un reloj para su madre, sé que me estaba mintiendo pues ya le hemos comprado un perfume el sábado pasado.
—Georg se pone muy nervioso y siempre se va él mismo de la lengua—comentó Bill riendo.
—Pero me haré la sorprendida cuando me lo de—dijo Sonhia guiñándole un ojo.
Bill sonrió y dejándola a cargo de Richard se fue a duchar. Tenía tiempo de sobra y se entretuvo en arreglarse con esmero, aplicando una mascarilla al pelo para que le quedara más suave y brillante. Una vez duchado, se dio una crema de almendras al cuerpo y salió llevando el pelo medio seco, ya se lo alisaría tras la comida.
Prepararon algo de pasta mientras Sonhia le explicaba que esa noche cenarían en casa de sus padres y luego comerían al día siguiente con los de Georg.
—Nosotros cenaremos en casa de Tom, y creo que también comeremos allí al final—explicó Bill a su vez—Mi madre y la de Tom se han hecho íntimas y entre las dos y las hermanas de Tom se harán cargo de la cocina.
Sonhia sonrió al escucharlo, se le veía muy animado a pesar de ser la primera Navidad que iba a pasar sin Richard al lado. Pero no había que recordárselo, esa noche iba a ser muy especial y nada debía empañárselo. Se merecía ser feliz, y eso era lo que Richard hubiera querido. Que no pasase solo el resto de su vida, y le diera un buen padre a su hijo.
Terminada la comida, Bill se fue a arreglar mientras que Sonhia descansaba en el sofá y Richard en su cuna. Se alisó el pelo, sujetándolo a los lados con dos horquillas para que no le molestara esa noche de tanto trabajo. Eligió la ropa con cuidado, que llevaría en una bolsa para cambiarse tras la cena. Cogió unos pantalones negros, camisa de seda blanca y una americana también oscura. Metió también unas botas de tacón bajo para no cansarse mucho y tras guardar el neceser para retocar el maquillaje en casa de Tom, dejó la bolsa a los pies de la cama.
Se vistió para la cena con ropa algo más cómoda, unos vaqueros y un jersey de cuello alto negro que se puso con cuidado de no despeinarse. Se aplicó un ligero maquillaje y entonces fue a hacerle compañía a Sonhia. Georg y Gustav llegarían en una hora al igual que sus padres, y luego irían a casa de Tom.
Ya le había llamado esa mañana para ver si necesitaba que le echara una mano con Richard, pero al saber que estaba con Sonhia no quiso molestar, sabiendo que se iban a pasar el día hablando de bebés y pañales, y se despidieron hasta la tarde.
Llegó la hora y sus amigos subieron a felicitarle las navidades. Traían una bolsa de dulces navideños y picaron un poco, pensando que lo lógico hubiera sido brindar con champán, pero no eran horas. Los padres de Bill se les unieron minutos después y tras charlar un rato decidieron ponerse en marcha.
Bajaron todos juntos y tras dejar a Richard seguro en el coche se despidieron hasta la noche y partieron a casa de Tom, donde fueron recibidos con gran alegría. Lo primero fue conocer a la hermana de Tom, July que había ido con su prometido Robert. Los dos quedaron encantados con Richard y fueron los primeros en cogerle y acunarlo.
En seguida se pusieron todos manos a la obra. La madre de Tom se hallaba en la cocina inmersa en la elaboración del pavo mientras que Emily preparaba la ensalada y Klaus o Ralph, Bill no estaba seguro de quien de los dos era, pelaba patatas. Tom había dejado lo que estaba haciendo para ir a recibirlos y entre él y Bill enseñaron la habitación en la que iban a dormir sus padres, donde habían instalado una de esas cunas de viaje para Richard.
—Es un regalo de mi parte—explicó Tom a Bill en voz baja—La compré esta mañana con Andreas, que por cierto te manda recuerdos…pensé que de ahora en adelante, nos veremos más a menudo y a mis padres les hará ilusión que nos quedemos alguna noche con el niño.
Bill sonrió. Era verdad, a partir de esa noche lo suyo iba a ir más en serio y teniendo a la familia de Tom más cerca, era lógico que alguna que otra noche Richard se quedara con ellos cuando necesitasen estar solos…pero tampoco iba a abusar… Además, le daba algo de vergüenza que supieran que cada vez que les dejara a Richard ellos dos iban a estar más tranquilos para…y sobretodo esa noche, que más de uno lo sospechaba. No había más que ver las sonrisas que los gemelos dedicaban a su hermano mayor, recibiendo un capón con disimulo de su madre para que tuvieran un poco más de tacto.
Tras dejar a Richard al cargo de su padre y el de Tom, que viendo que las mujeres habían tomado el mando de la situación se lo llevaron a dar un paseo antes de que hiciera más frío, Bill bajó a echar una mano con la mesa charlando con July sobre su futura boda, explicándole que uno de sus mejores amigos iba a pedir esa misma noche a su novia que se casara con él.
Se sentaron a hablar mientras se asaba el pavo, momento en que regresaron del paseo y Richard no quiso bajarse de los brazos de su padre, como si sintiera que iba a pasar una noche entera sin él a su lado. Sentado en el sofá con él en su regazo, Bill sonreía al escuchar como Ralph y Klaus le contaban alguna de sus travesuras de pequeño, ayudados por July que era la única capaz de mediar entre ellos cuando se peleaban en serio.
Mientras, Tom estaba en la cocina picando algunos dulces preso de los nervios. Su madre lo había notado desde que Bill entrara por la puerta, y tras echar sutilmente a Emily de la cocina, cerró con discreción la puerta y pasó un brazo por los hombros de su hijo mayor.
No hicieron falta las palabras, con solo mirarle a los ojos sabía perfectamente lo que le preocupaba.
—Bill está preparado—dijo Trudy sin más.
Le escuchó resoplar al tiempo que sonreía, que su madre le dijera que su novio estaba preparado para hacer con él el amor esa noche no era lo que quería escuchar de sus labios. Pero necesitaba hablar del tema y no podía con sus hermanos, y ya lo había intentado con Andreas, que le dijo sin rodeos que Bill iba a disfrutar mucho esa noche en la cama.
—Tengo miedo—le confesó a su madre en voz baja—El recuerdo de Richard está siempre presente, más en estos días y aunque le veo sonreír en el fondo sé que está algo triste y no quisiera hacer nada que le molestara.
—Bill tiene que seguir con su vida, y jamás olvidará a Richard—dijo Trudy abrazando a su hijo—Es el padre de su hijo y siempre lo verá en cada gesto suyo. Y te ha elegido a ti como compañero suyo porque ha visto que eres muy cariñoso y serás un buen padre para su hijo.
—Así que crees que lo nuestro va ser duradero—murmuró Tom.
— ¿Tú no?—preguntó Trudy alzando una ceja.
—Si, y eso me da más miedo—contestó Tom sonriendo—Ha sido amor a primera vista, fue verle y saber que iba a pasar el resto de mi vida con él.
Trudy sonrió besándole el pelo, así mismo ocurrió con su marido. Fue verle y a pesar de sus 15 años supo que iba a compartir el resto de la vida con él e iba a ser el padre de sus hijos. Lo que la llevaba a otro asunto que quería tratar con su hijo…
—Irás…irás preparado, ¿verdad?—preguntó carraspeando.
Tom asintió con los ojos cerrados. Hacía semanas que llevaba un par de condones en la cartera por si acaso. No quería que por culpa de su fogosidad esa noche hicieran algo más que el amor, no podía hacerle pasar a Bill por eso, no habían hablado del futuro y con sus casi 20 años era muy joven para hacerse cargo dos hijos…
Pensar en ello hizo que un escalofrió le recorriera el cuerpo. ¿Cómo sería tener un hijo con Bill? Ver como crecía su barriga, poner el oído en ella, sentir las primeras patadas, traerle al mundo con sus propias manos, verle crecer y como crecía año tras año…
«Justo todo lo que Richard se ha perdido…»—pensó suspirando con tristeza.
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