Parte I, Capitulo 28
La noche se pasó con rapidez, hubo mucho trabajo pero estando en buena compañía no se le hizo muy pesado. Tras recibir a casi todos los invitados, pudo retirarse de la puerta dejando que se encargara Ralph de los rezagados. Dio una vuelta comprobando que no hubiera ningún problema y luego se dirigió al reservado en donde Sonhia y Georg conversaban animadamente con la hermana de Tom y su prometido.
Lo primero que hizo fue mirar la mano de Sonhia, donde un anillo de oro blanco y zafiros brillaba como la sonrisa que iluminaba su cara. Esperó a que se levantara y le abrazara susurrando un sí muy emocionada.
—Felicidades—murmuró sonriendo.
Luego felicitó a Georg, que estaba muy nervioso por el gran paso que iban a dar.
—Esperaremos a que nazca el bebé—explicó Sonhia mirando a July.
—Nosotros iremos a por uno nada más casarnos—explicó July—Se me caía la baba cada vez que cogía a Richard y a Robert igual.
—Nos encantan los niños, y tendremos familia numerosa—intervino Robert besando a July en la mejilla.
Estuvo hablando con ellos unos minutos hasta que decidió dar otra vuelta por el club. Todo estaba en orden, y la primera hora se pasó en un santiamén. Se esperó media hora más y entonces avisó a Gustav de que se tomaba un descanso. Subió las escaleras y entró en la habitación de su hijo, donde estaban algunos de los camareros recostados en el sofá.
Les saludó y cogió un canapé de la bandeja que habían subido allí para ellos. Al poco le dejaron solo y estaba a punto de coger otro canapé de salmón cuando alguien le abrazó por la cintura. Sonrió y dejó que le besaran en el cuello, antes de volverse y recibir a Tom con los labios separados.
Se besaron sin dejar de abrazarse, caminando por la habitación hasta dar con el sofá. Entonces sus labios se separaron y se sentaron suspirando.
—¿Qué tal la noche?—preguntó Tom estirándose.
—Bien, tu hermana y Sonhia están hablando de sus futuras bodas y Georg y Robert las escuchan sin poder meter baza—explicó Bill entre risas.
—Esas dos son un peligro, ya me las veo hablando de centro de flores sin pedir opinión a sus futuros maridos—comentó Tom riendo también.
Suspiró y atrajo a Bill más hacia él, al tiempo que llevaba una mano a su nuca y le hacía un ligero masaje detrás del cuello.
—Como sigas así me quedo dormido—murmuró Bill con los ojos cerrados.
Siguió masajeándolo hasta que llegaron dos camareros a realizar su turno de descanso. Se levantaron del sofá con pereza y tras coger un último canapé regresaron a sus puestos de trabajo. Cuando se quisieron dar cuenta eran casi las 5 de la madrugada y ya solo quedaban un par de parejitas que bailaban la última canción bien pegados en la pista.
Y no eran los únicos. Tal y como le había prometido, Tom había dedicado varias canciones a Bill cada vez que le veía pasar cerca de la cabina o se le acercaba para robarle un beso. En esos momentos sonaba «Love is all around me», de Wet Wet Wet, y ellos la bailaban bien abrazados.
Terminada la canción, se dieron las luces del club y Gustav agradeció a los últimos invitados su presencia y dieron por terminada la fiesta. Cerraron las puertas cuando se fue la última pareja y recogieron el local un poco por encima, esa mañana iría un equipo de limpieza y dejarían el club listo para abrirlo a la noche de nuevo.
Entre Andreas y Gustav hicieron caja mientras que el resto de los camareros rellenaban las cámaras entre risas y bostezos. Tom dejó la cabina en orden y echó una mano recogiendo vasos y barriendo lo más gordo.
—Gracias a todos, habéis hecho un buen trabajo—dijo Gustav a modo de despedida—Descansad y esta noche nos volvemos a ver.
Todos resoplaron sonriendo, necesitaban una semana para reponerse, y luego quedaba la fiesta de noche vieja…
Subieron a por sus abrigos y Bill vio por el rabillo del ojo como Ralph cogía a Tom del brazo y se lo llevaba aparte.
—Tienes que hacerme un favor—le pidió en voz baja—Bueno, dos…
—Dime—dijo Tom sonriendo.
—Klaus se va a llevar a su chica a nuestro apartamento y yo…bueno, he quedado con… con alguien y pensaba que si no te importaría prestarme tu piso—susurró retorciéndose las manos.
—Sabes que sí, pero estará Andreas…—empezó a decir Tom.
—No estaré muy cómodo sabiendo que tengo a mi hermano en la habitación de al lado en la misma situación—explicó Ralph resoplando.
—No hagáis mucho ruido, y cámbiame las sábanas luego—dijo Tom riendo.
Iba a reunirse con Bill cuando fue cogido del brazo de nuevo.
—Ese es el favor número uno, queda otro…—susurró muy cortado.
Tom se le quedó mirando, esperando a que hablara. Pero el leve rubor que cubría la cara le delataba.
— ¿Necesitas un condón?—preguntó en voz baja, viéndole asentir—Tienes una caja en el primer cajón de la mesilla, coge los que necesites.
—Gracias, es que…no entraba en mis planes pasar la noche con alguien y no vine preparado, y pensando que tú y Bill os vais ahora a….a…bueno, a su casa—tartamudeó sonriendo.
—Anda, vete antes de que me arrepienta—dijo Tom sonriendo, dándole las llaves de su piso.
Le vio cogerlas y echar a correr escaleras abajo. Soltó una carcajada y se reunió con Bill, negando con la cabeza cuando el interrogó con la mirada. Cogió su cazadora que le tendía y tras ponérsela, puso el brazo sobre sus hombros y bajaron juntos las escaleras.
—Nos vemos en unas horas—se despidió Gustav de Bill, besándole en la mejilla.
Echó una mirada a Tom y le tendió la mano sonriendo, que Tom aceptó encantado. Salieron del club y antes de subir al coche Tom se acercó a Andreas para avisarle de que esa noche tendría compañía.
—No creo que me entere, me quedaré dormido en cuanto mi cabeza roce la almohada—explicó Andreas entre bostezos.
Sonrió y se despidió de él. Entró en el coche donde ya le esperaba Bill con la calefacción puesta y minutos después entraban por la puerta del piso. Nada más cerrar la puerta, Bill le cogió de la mano y le guió hasta su dormitorio.
— ¿Me esperas mientras me desmaquillo?—preguntó Bill con una sonrisa.
Tom asintió devolviéndosela. Le vio salir de la habitación y se sentó a los pies de la cama a esperar. Se había quitado la cazadora y dejado en el respaldo de una silla, junto con una bolsa que se había llevado con ropa de recambio, sabiendo que al día siguiente se levantarían con el tiempo justo para desayunar e ir a casa de su madre a comer, y no quería ir con la ropa apestando a humo.
Paseó los ojos por la estancia, tenía un armario empotrado y una cómoda al lado, donde había varias fotos de su hijo y algunas más en donde pudo reconocer a Richard. Suspiró al ver una de ellas, Bill aparecía acariciándose su vientre mirando la cámara con una amplia sonrisa en los labios. Fijo que Richard estaba del otro lado inmortalizando ese momento, Bill llevando en su vientre al hijo de ambos…
Salió de sus pensamientos al escuchar un leve carraspeo. Alzó la mirada y sonrió ampliamente al verle parado en el marco de la puerta. Se había soltado el pelo y peinado, no llevaba nada de maquillaje en la cara pero aún así no le restaba belleza. Se quedó quieto viéndole avanzar hacia él, advirtiendo que se había descalzado para…facilitarle el trabajo.
Bill sonrió sin dejar de caminar, llegando a su altura y colándose entre sus piernas. Puso las manos sobre sus hombros y se inclinó rozándole los labios con su aliento. Se miraron a los ojos unos segundos, y luego comenzaron a besarse suavemente.
Sentado tal y como estaba, Tom levantó las manos y las puso en su cintura, atrayéndole más hacia él. Luego las fue bajando, acariciándole las nalgas a través de la ropa, sintiendo como se iba poniendo duro de solo pensar en lo que iba a pasar a continuación.
Bill debía estar pensando en lo mismo, pues el beso se volvió más profundo. Se inclinó sobre Tom y le hizo recostarse de espaldas sobre la cama, acomodándose sobre su cuerpo. Empezó a frotarse contra él, jadeando al sentir sus manos en su retaguardia, acariciándosela y apretándola.
No supieron quien fue el primero en empezar a desnudar al otro, pero minutos después rodaban desnudos del todo por la cama. Se las apañaron para retirar las sábanas sin separar los labios y una vez bajo ellas comenzaron a moverse lentamente.
Tumbado sobre el cuerpo de Bill, Tom le besaba con los ojos cerrados, recordando el momento en que le desabrochó los botones de la camisa y quitó, admirando su agitado pecho que subía y bajaba entre jadeos y suspiros. A la camisa le siguieron los pantalones y luego los bóxers, que le bajó con temblorosas manos, sintiendo como Bill alzaba las caderas para ayudarle. Una vez desnudo del todo, empezó a besarle el estómago subiendo poco a poco hasta dar de nuevo con sus labios, de los que se apoderó sin aliento.
Como en esos momentos, que sentía que le faltaba el aire. Dieron por terminado el beso y alzó la cara, mirando a Bill con firmeza sin dejar de frotar sus entre piernas, que ya estaban preparadas para esa gran noche.
—Tengo….en mi cartera…—susurró entre jadeos.
—No hace falta—susurró Bill a su vez—Llevo tomando la píldora desde hace dos semanas, no te lo pongas si no quieres…
Asintió sonriendo. Quería sentir como era entrar en su cuerpo sin nada que los separase, por muy fino que fuera. Se acomodó mejor entre sus piernas, que Bill separó más y elevó conteniendo la respiración. Había llegado el gran momento, y bajando una mano Tom dirigió su miembro hacia su entrada y fue entrando poco a poco sin apartar la mirada de sus ojos.
Se detenía cuando le veía arrugar la frente, avanzaba cuando se mordía los labios para no gritar alto…y poco a poco fue avanzando hasta quedar dentro. Soltó entonces un profundo jadeo y empezó a embestirle con suavidad hasta que su cuerpo se adaptó y pudo acelerar el ritmo. Entonces se apoderó de sus labios de nuevo y le hizo el amor entre suspiros y jadeos, culminando con un gemido prolongado cuando le sintió derramarse contra su vientre.
Entonces dejó de contenerse y con una última embestida se derramó en su interior dejando escapar un grito de satisfacción. Se dejó caer sobre su pecho al tiempo que salía de su cuerpo, sonriendo con os ojos cerrados al sentir sus manos acariciarle la espalda.
Se movió de encima cuando recuperó el aliento, tumbándose a su lado y atrayéndole a sus brazos le hizo recostarse contra su pecho. Sonrió al sentir como enterraba la cara en su cuello y se lo besaba suspirando.
— ¿Cansado?—preguntó con una amplia sonrisa en los labios.
—Si…y también muy feliz—contestó Bill abrazándose a su cintura.
Tom se echó a reír y bajando la cara le besó el pelo suspirando. Estaba agotado, había salido todo como lo llevaba soñando. Había disfrutado mucho, más al verle a él gemir bajo su cuerpo, alzando las caderas cuando sentía que se iba a salir, atrayéndole a su cuerpo poniendo las manos sobre sus nalgas, llegando incluso a sentir sus uñas afiladas clavarse en su piel cuando se derramó dentro de él…
Si, definitivamente hacerle el amor a Bill era el mejor regalo que podía recibir esa Navidad….