Parte I, Capitulo 29
Sintió mucho quedarse dormido abrazándolo, quería disfrutar de su compañía pero tras la larga noche y luego la guinda que coronó el pastel, sus ojos se cerraron y cayó dormido con una amplia sonrisa en los labios.
Se despertó al escuchar un lánguido suspiro. Abrió los ojos y lo primero que vio fue su desnuda espalda. No pudo contenerse y alargó una mano para acariciarle, sintiéndole estremecer bajo su contacto. Sonrió con malicia y se le arrimó, enterrando la cara en su cuello y empezando a besuquearlo y lamerlo.
Poco a poco le fue despertando, haciéndole soltar algún que otro gemido incontrolado. Sonrió contra su piel y empezó a bajar más las manos, llevándolas a su vientre y atrayéndole más a él, empezando a frotarse contra sus nalgas.
— ¿Estás despierto…para una segunda vez?—murmuró contra su piel.
No tuvo que repetirlo dos veces. Bill se dio la vuelta en sus brazos y le empujó con suavidad para hacerle tumbarse de espaldas. Entonces se subió encima de él, quedándose a horcajadas con las manos puestas sobre su estómago.
— ¿Eso es un sí?—preguntó Tom alzando una ceja.
Le vio asentir al tiempo que empezaba a mover sus caderas de atrás a adelante apoyándose en él, haciendo que sus nalgas rozaran su entrepierna, poniéndole duro al momento. Tom le miraba mordiéndose el labio, siempre pensó que Bill era algo tímido y recatado, pero una vez en la cama quedó demostrado que se dejaba llevar por la pasión.
Dejo que hiciera lo que quisiera, hasta que notó que estaba a punto de explotar, entonces puso una mano en su cadera haciéndole inclinarse, y la otra la llevó a su erección, que guió hasta dar con su entrada y le penetró.
—Oh…Tom…—gimió Bill cerrando los ojos.
No se lo esperaba, estaba perdido en sus propias emociones que cuando entró en su cuerpo un escalofrío le recorrió la espalda. Se echó más hacia adelante, inclinándose hasta que su aliento rozó los labios de Tom. Entonces abrió los ojos y sonrió, iba a jugar un poco con él. Acortó las distancias hasta que sus labios casi se rozaron, pero en vez de besarlo sopló y se alejó riendo por lo bajo.
La cara de Tom lo decía todo, se quedó mirándolo con los labios separados dejando de embestirle. Se quedó dentro de su cuerpo negándose a moverse si no le daba un beso.
— ¿Tom?—llamó Bill tratando de mover sus caderas y que siguiera.
Pero no pudo, Tom le puso las dos manos sobre ellas y se negó a moverse sonriendo él esa vez.
—Bésame—pidió con firmeza.
Asintió y se volvió a inclinar, pero una vez más se quedó a escasos milímetros.
—Muévete—susurró conteniendo la respiración.
Estando en esa postura, le sentía clavarse más en él y eso le volvía loco. Sentía su miembro palpitar contra el estómago de Tom, a punto de derramarse sobre él…
Tom sonrió y empezó a moverse tal y como le había pedido, obteniendo al fin ese beso prometido. Pero no se conformaron con uno, y comenzaron a besarse profundamente al tiempo que aceleraron el ritmo de las embestidas terminando los dos con un gemido incontrolado.
Volvieron a quedarse dormidos, despertándose una hora después el uno en brazos del otro.
— ¿Otra vez?—preguntó Bill entre risas.
Tom estalló en carcajadas, bajando la cabeza y besándole en la nariz. No podía más, necesitaba una semana para recuperar fuerzas. Estiró una mano y cogió el despertador que había en la mesilla, arrugando la frente al ver la hora que era.
—Las 11 y media—dijo con un bostezo.
—Deberíamos levantarnos y desayunar….y ducharnos…—murmuró Bill alzando una ceja.
No se lo tuvo que repetir dos veces, Tom se levantó de la cama llevándole en sus brazos. Caminó desnudo por el dormitorio y entró en el baño, soportando los húmedos besos que Bill le dejaba en la curva de su cuello.
Le dejó en el suelo de la bañera y dejó que Bill manipulara la ducha hasta que salió a la temperatura adecuada. Entonces entró y se colocó a su espalda, dejando que el agua caliente cayera sobre los dos y los relajara. Le abrazó por detrás enterrando la cara en su cuello, sonriendo contra él.
—Podíamos pasarnos todo el día aquí metidos—susurró contra su piel.
—Otro día, ¿vale?—dijo Bill suspirando—Nos esperan todos en casa de tus padres, y mi hijo ya querrá saber donde se ha metido su padre.
Tom asintió suspirando y le soltó. Cogió el jabón que le pasaba y tras hacer espuma le lavó el cuerpo al tiempo que Bill le lavaba el suyo. Lo mejor vino después, cuando le vio lavarse el pelo sin dejar de mirarle fijamente. Le encantaba observarle, ver como inclinaba la cabeza hacia atrás y dejaba que el agua arrastrara la espuma dejando su pelo limpio y brillante.
Terminaron de ducharse y se secaron con las toallas que Bill había dejado preparadas el día anterior, por si acaso. Luego regresaron a vestirse a la habitación. Mientras que Tom cogía la ropa limpia que había llevado y se la ponía, Bill se secaba y alisaba el pelo con rapidez. Luego fue a la habitación y mientras que Tom hacía la cama, abrió un armario, cogiendo unos vaqueros azules, un jersey de cuello alto gris y unos playeros.
Luego fueron a la cocina y se prepararon un café que se tomaron haciendo planes para esa tarde.
—Mis padres se irán después de comer—comentó Bill—Luego podíamos dar un paseo con Richard, que vea las luces navideñas. Se lo merece después de haberle dejado solo la noche de Navidad.
—Era por un buen motivo, no te preocupes—dijo Tom entre risas.
—Y lo saben todos, a nadie se le ha escapado que esta noche la íbamos a pasar juntos—murmuró Bill resoplando—No voy a levantar la cabeza en la comida.
—Bill, somos adultos y solo verán lo enamorados que estamos—dijo Tom atrayéndole.
Le besó en los labios haciéndole sonreír. Terminaron de desayunar y entraron en el coche de Tom, llegando a la 1 a casa de sus padres. Nada más abrir la puerta les recibió la risa de Richard, que en brazos de su abuela observaba como le hacían la comida.
— ¿Hola?—saludó Bill entrando en la cocina.
Al momento Richard le echó los brazos para que le cogiera, sin dejar de reír cuando Bill le besó en las mejillas riendo él también.
— ¿Ha pasado buena noche?—preguntó dirigiéndose a su madre y a la de Tom.
—Como un angelito—contestó Simone.
—Y se ha pasado la mañana jugando con Emily—explicó Trudy—Va a ser comer y caer dormido.
— ¿Y los demás?—intervino Tom.
—Tu padre y el de Bill han salido a dar un paseo con July y Robert, y Emily ha ido a casa de una amiga—contestó Trudy—Comemos a las 2, pero si tenéis hambre…
—Hemos desayunado hace un rato—dijo Bill con naturalidad.
Trudy y Simone asintieron, intercambiando una mirada entre ellas.
— ¿Y qué tal la noche…en el club?—preguntó Simone.
—Gustav ha triunfado, no tuvimos ningún problema y al final todos comentaban que había sido la mejor fiesta a la que habían asistido—explicó Bill sonriendo a su madre.
Sabía que también le preguntaba por lo demás, y su amplia sonrisa lo decía todo.
—Vamos a poner la mesa—murmuró Tom.
Dejaron a sus madres en la cocina, donde terminaron de prepararle la comida a Richard y se dirigieron los dos al salón, donde la mesa estaba casi puesta. Tom se encargó del resto mientras que Bill se sentaba en el sofá y jugaba con su hijo, encantado de tener a su padre de nuevo.
Simone le llevó el plato de puré que le habían hecho y un babero y Bill se encargó de dar de comer a su hijo. Estaba terminando cuando se presentaron todos, Ralph y Klaus incluidos. Enseguida empezaron a contar lo bien que lo habían pasado en el club y todos escuchaban atentamente. Mientras, Richard se quedó dormido en brazos de Bill, que lo estuvo acunando hasta que decidieron empezar a comer y subió a acostarlo.
La comida transcurrió amenamente y una vez terminada los padres de Bill pensaron que ya habían abusado mucho de la hospitalidad de los de Tom y se despidieron, pero antes intercambiaron los regalos de Navidad. Para entonces Richard ya se había despertado y pudo disfrutar de todos sus regalos, ropa en su mayoría y algún que otro juguete o animal de peluche.
—Necesitarás un camión para llevártelo todo—dijo Simone entre risas.
—Tiene ropa suficiente para un año por lo menos—comentó Bill sonriendo.
Simone asintió y se despidió de su hijo, querían llegar a casa antes de que se pusiera a llover. Ese día había amanecido gris y las temperaturas habían descendido unos grados más. Todos salieron a despedirlos al jardín, prometiendo ir a verlos y disfrutar de esa comida a la que Simone les había invitado.
—Nosotros también nos vamos—anunció Tom—Íbamos a dar un paseo con Richard, pero en vista de que va a llover de un momento a otro…
Bill asintió y tras abrazar a la madre de Tom, se despidió de ella y de todos los hermanos.
—Nos vemos el año que viene—dijo July tras besar la mejilla de su hermano.
—Y dile a Gustav que gracias por lo de ayer—intervino Robert.
Les había tratado muy bien y habían quedado encantados con la fiesta.
—Tengo el teléfono de Sonhia, hemos quedado la próxima semana para comer y hablar de nuestras bodas—dijo July al despedirse de Bill.
Bill sonrió, habían encajado muy bien y se harían muy buenas amigas. Se despidió del resto de la familia y entró en el coche de Tom. Regresaron a su piso en el momento en que empezó a llover. Pasaron unas horas sentados en el salón jugando con Richard, hasta que llegó la hora de ir al club. No hacía falta que fuera Bill pero iría para hablar con Gustav de la fiesta.
Entraron de nuevo en el coche de Tom y fueron al club. Ese día no había quedado con Sonhia ni Georg, pero allí estaban tomando algo. Se despidió de Tom, que se tuvo que ir a trabajar y se dirigieron a la habitación de Richard para hablar con más tranquilidad.
— ¿Todo bien?—preguntó Sonhia alzando una ceja.
El leve rubor que cubrió sus mejillas fue la mejor respuesta. Carraspeó y cambió de tema, quedando con Gustav en ponerse al día siguiente a trabajar desde casa. Uno de los camareros se había encargado de sacar fotos de la fiesta pidiendo permiso antes a los invitados y se encargaría de subirlas a la página Web para que los que quisieran una copia las cogiera, añadiendo la marca de agua con el nombre del club de Gustav para dar así más publicidad.
Se quedó hablando con Georg y Sonhia recostados en el sofá de la habitación, tras la ajetreada noche aún estaban algo cansados y no les apetecía bajar a tomarse algo. Gustav había tenido que bajar a echar una mano pero antes se encargó de que les subieran algo.
Cuando Richard empezó a dormitar en los brazos de Sonhia, dieron por finalizada su fiesta particular y dejando en sus manos a su hijo, Bill bajó a despedirse de Tom.
—Mañana libro—anunció Tom con una sonrisa en los labios—Podemos quedarnos en casa y ver una película.
Bill le miró pensativo, era una idea estupenda y le apetecía mucho pasar todo el día con él en casa sin salir para nada.
—Yo pongo las palomitas—susurró acercándose a sus labios—Trae la película que quieras.
Tom sonrió y le besó con efusividad, poniendo una mano en su cintura y atrayéndole más hacia él, haciendo caso omiso a los silbidos que se oyeron desde la barra, donde Andreas y el resto de los camareros espiaban sin cortase un pelo.
—Descansa esta noche—dijo Tom cuando sus labios se separaron.
Le notaba cansado, podía apreciar unas débiles ojeras bajo sus ojos castaños y sabía que nada más llegar a casa tenía que bañar a Richard, dale de cenar y hacer la colada. Un niño pequeño manchaba mucho y el día anterior no había hecho nada. Se le acumulaba el trabajo, y si se quedaba a pasar esa noche con él, le podía robar las últimas fuerzas que le quedaban.
—Nos vemos mañana—murmuró Bill ahogando un bostezo—Llámame cuando salgas, no quiero irme a dormir sin oír tu voz.
Tom asintió y le dio un último beso. Tras decirle adiós con la mano a Gustav, se reunió en la calle con Georg y Sonhia que le acompañaron hasta casa.
—Mañana…no tenemos planeado hacer nada—dijo Sonhia con sutileza.
Asintió en silencio, no es que quisiera echar a su hijo pero pasar un día entero con Tom le atraía demasiado.
—Vendremos a por él a las 4, ¿te parece bien?—preguntó Sonhia—También se puede quedar a dormir si quieres.
—Será la última vez, lo prometo—contestó Bill algo cortado—No puedo echarle de casa cada vez que Tom y yo queramos…
—Un momento de intimidad—terminó Sonhia la frase por él—Richard no lo notará y tú y Tom debéis aprovechar cada minuto.
Asintió sonriendo, eso era lo que quería. Estar con Tom el resto de su vida, pero su hijo formaba parte de ella y con el tiempo tenía que tomar una seria decisión. ¿Querría vivir con él Tom? ¿Compartir la educación de su hijo…y los que quisiera darle en un futuro?
Como extrañe está historia 😘