Parte I, Capitulo 3
Los siguientes en conocer la gran noticia fueron los mejores amigos de Bill. Quedaron con ellos dos días después de contárselo a los padres de Richard. Esa noche fueron al pub de Gustav que abría tras haber estado unos días cerrado por reforma. Ocuparon su sitio de siempre, un reservado lo mas alejado del humo por el bien de Bill.
Richard pidió champán nada más entrar y Georg les miro interrogándoles con la mirada.
— ¿Qué se celebra?—preguntó con mucha curiosidad.
—Esperemos a que venga Gustav, solo entonces lo diremos—dijo Bill acomodándose en el asiento.
Mientras esperaban dirigió una mirada al local. Habían pintado la zona del DJ y colocado una mesa nueva de mezclas. Hasta el chico que estaba tras ella era nuevo, nunca antes le había visto.
— ¿Quien es el nuevo DJ?—le preguntó a Georg.
—Ah, se llama Tom Kaulitz—contestó Georg sonriendo—Es muy bueno. Nos lo presentó Andreas.
Bill asintió sonriendo, estaba cambiando de canción y tanto la nueva como la anterior era de sus preferidas.
—Ya estoy aquí—anunció Gustav acercándoselos—No sé que haría sin Andreas, es el mejor camarero que podamos tener.
—Tienen algo que decirnos pero no sueltan prenda—le explicó Georg.
Richard miró a Bill y le cogió una mano con firmeza, animándole a dar la noticia a sus amigos.
—Estoy esperando un bebé—dijo Bill con una amplia sonrisa.
— ¡Bill! Eso es estupendo—gritaron Georg y Gustav a la vez.
Corrieron a abrazarle y le hicieron levantarse y que se pusiera de perfil tocando con suavidad su vientre.
—Que ganas de que se note—dijo suspirando Georg.
—Nos dejarás mimarlo, ¿verdad?—pidió Gustav.
—Claro que si, seréis sus tíos G´s—dijo riendo Richard.
—Venga, brindemos por la gran noticia. Para eso era el champán, ¿no?—preguntó Georg.
Richard se apresuró a abrirlo y servirlo mientras que Gustav llamaba a Andreas y pedía una copa de agua para Bill. Brindaron por el nuevo bebé que tanta ilusión les había a todos.
—Necesito ir al baño—comentó Bill sonriendo.
Se despidió de Richard con un beso en los labios y sorteó la marea de gente que se congregaba en el pub. Era una gran inauguración y estaba lleno el local, gracias además al 2 por 1 que daba Gustav. No había cola en el baño y a los 5 minutos ya estaba fuera, tratando de regresar al reservado, chocando sin querer contra el famoso DJ.
— ¡Perdón!—se disculpó Tom.
Había salido de la cabina sin mirar, pero le dio tiempo a coger en sus brazos a la persona contra la que había chocado, quedándose sin aliento al tener tan cerca tanta belleza…
—No ha sido nada, gracias—dijo Bill tratando de que le soltara.
Puso sus manos en el pecho de Tom, pero alguien más le empujó y en vez de alejarse como era su plan acabó casi rozando los labios de Tom. Sus miradas se cruzaron, se quedaron quietos y muy pegados…
— ¡Hey! Suéltalo.
Ese era Richard, preocupado porque Bill tardaba. Se había abierto paso entre la gente justo a tiempo de ver como Tom estrechaba a su novio entre sus brazos. Sintió que le hervía la sangre y corrió a separarlos, cogiendo con suavidad a Bill del brazo.
—Bill, ¿Qué ha pasado? ¿Te ha hecho daño?—preguntó Richard fulminando a Tom con la mirada.
—No pasa nada, casi me caigo y me estaba sujetando—explico Bill con torpeza.
—Oh…pues entonces muchas gracias—murmuró Richard algo cortado.
—No ha sido nada—dijo Tom sonriendo ampliamente.
—Vayámonos, Gustav nos espera—dijo Richard tirando con suavidad de Bill.
—Adiós Bill—se despidió Tom antes de que se alejaran.
—Adiós…Tom…—contestó Bill.
Sonrió ampliamente, ya sabía como se llamaba y al parecer él ya conocía su nombre, pues no se lo había dicho. Nombraron a Gustav, si eran amigos suyos era normal que hubieran estado hablado de él. Pero… ¿por qué?
Se encogió de hombros y siguió su camino. Iba a la barra a por un par de botellas de agua mientras dejaba una serie de canciones programadas para que sonaran en su ausencia.
Se abrió paso entre la gente y se puso en el lado de Andreas, su mejor amigo y gracias al cual había encontrado esa joya de trabajo. Le pagaban por hacer lo que más le gustaba: poner música.
—Andy, dos botellas de agua—le pidió cuando vio que estaba cerca.
Andreas asintió sonriendo y tras terminar de servir las bebidas que le acababan de pedir, se acercó a su amigo con su pedido.
—Invita la casa—dijo con una sonrisa.
Tom se la devolvió y cogiendo una botella echó un trago mientras miraba a su alrededor. Enseguida localizó a Bill, sentado en un reservado mientras hablaba con Gustav y ese que era su amigo o socio, no lo tenía claro.
—Oye Andreas, ¿conoces a Bill?—preguntó de repente cruzando los dedos.
Andreas miró en la misma dirección que su amigo y asintió.
—Bill Trümper, es amigo de Gustav y Georg—explicó.
— ¿Ah, sí?—murmuró Tom sonriendo ampliamente.
—Y está con Richard—dijo Andreas borrándole la sonrisa.
— ¿Ah, si?—gruñó esa vez—Pensaba que era su padre…
—Me temo que llegas muy tarde, llevan meses saliendo y hasta ya viven juntos—explicó Andreas—Son íntimos amigos de Gustav, mejor no te metas en medio si quieres conservar tu trabajo.
—Lástima—suspiró Tom asintiendo.
Le dio las gracias por el agua y volvió a su cabina. No se sacaba a Bill de la cabeza, puso otra canción distraído, viendo que por lo visto le gustaba a Bill ya que salió a bailar con el tal Richard.
Desde donde estaba podía verlos con claridad, como Richard ponía las manos en la cintura de Bill y le subía la camiseta para frotarle el estómago sonriendo.
—Pues si que….—resopló.
Si fuera él quien bailara con Bill, se pegaría a su cuerpo poniendo las manos en su trasero que acariciaría por encima de los pantalones mientras le susurraba al oído que ojala esa noche no terminase.
Maldijo por lo alto al ver como se besaban en los labios. Entonces dejó de mirarlos. No podía hacer nada, Bill estaba fuera de su alcance….
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Cinco meses después, un pesado Bill terminaba de arreglarse. Habían quedado para cenar con los tíos G´s y se les hacía tarde. Richard se había retrasado en el despacho y al final le tocaría ir sin arreglarse, pero como siempre trabajaba con traje y corbata, no es que le hiciera falta.
En cambio él…le había costado encontrar unos pantalones que aún le abrocharan y un jersey fino de rayas con el que se le viera lo embarazado que ya estaba. Le gustaba que la gente se girara al verle y sonrieran felicitándole por su estado.
Se calzó con esfuerzo unas botas de tacón bajo y mientras esperaba a que Richard le fuera a buscar terminó de peinarse. Llevaba el pelo liso, con unos mechones recogidos hacia atrás.
Se estaba retocando el maquillaje cuando escuchó a Richard llamarle casi sin aliento.
—No habrás venido corriendo, ¿verdad?—preguntó Bill arrugando la frente.
—No—mintió Richard descaradamente.
No quería asustarle, pero al ver que se le había hecho tarde pisó el acelerador de su biplaza y en dos minutos ya estaba en casa.
—No quiero que mi hijo se quede sin padre—le riñó Bill.
—No lo hará—dijo Richard cogiendo la cazadora y ayudándolo a ponérsela.
Salieron a la calle y fueron al restaurante en donde ya les esperaban los G´s tomando un aperitivo.
—Perdonad a David, no ha podido venir—disculpó Richard a su socio y amigo.
Los G´s no dijeron nada, sabían que David no…no les soportaba. Hasta Richard estaba empezando a no soportarle, cuando le contó que había dejado embarazado a Bill y esperaban ilusionados al bebé, David arrugó la frente y negó con la cabeza.
—Pero yo pensaba que lo tuyo con Bill era un capricho pasajero—le dijo aún sin haberle dado la enhorabuena.
—Amo a Bill con toda mi alma—le dejó bien claro Richard—Y este bebé es un regalo del cielo. Alégrate por mí al menos.
Y así lo hizo. Cada vez que coincidía con Bill, que eran contadas ocasiones, le hablaba con respeto y preguntaba como iba llevando el embarazo. Pero a sus amigos no los aguantaba y cuando le habló de la cena de esa noche enseguida puso mala cara.
Por eso se había retrasado, discutió con él cuando el preguntó porque los trataba.
—Son los mejores amigos de Bill y a mi me caen muy bien. Y serán los padrinos del bebé—explicó Richard.
Le dolía no poder contar con David de la misma manera que Bill contaba con los G´s, incluso si se llevaran bien David sería el padrino de su hijo, pero al ver que lo “rechazó” desde el primer día que supo que lo iban a tener, no se lo imaginaba cuidándolo si uno de los dos faltaba.
En eso pensaba como su madre, que desde entonces no le había dirigido la palabra. Su padre llamaba a escondidas de vez en cuando y preguntaba por Bill y el bebé, pero su madre no daba su brazo a torcer ni él tampoco pensaba perdonarla.
Terminaron la cena cuando Bill empezó a quedarse medio dormido en la silla. Desde hacía un tiempo se pasaba el día durmiendo. La doctora Allen le explicó que era normal en la última revisión que tuvo, aprovechando para reñirle por haber cogido algo más de peso.
—El bebé me pide comer a todas horas—se excusó Bill haciendo un puchero.
También les habían dicho que esperaban un hijo y durante la cena hablaron de nombres con los G´s.
—Quiero que se llame Bill, es un nombre muy bonito—dijo Richard suspirando.
—Pues yo prefiero Richard, un nombre con carácter—afirmó Bill.
Discutieron ante las risas de los G´s y Bill terminó diciendo que le llamaría Tom… el primer nombre que se le vino a la mente sin saber por que….
Una vez en la cama, tras hacerse mimos y pedir a su revoltoso hijo que dejara de dar patadas, Bill se durmió en los brazos de Richard, que no le quitaba las manos de su abultada barriga. Desde que sintieron su primera patada no dejaba de pedirle que la repitiera, le gustaba sentirle moverse y ya soñaba con que de mayor se convertiría en un famoso futbolista estilo Beckham.
—Richard…—llamó Bill en voz baja.
Se había despertado con hambre, más bien un antojo y por mas vueltas que daba en la cama no conciliaría el sueño hasta saciar su hambre.
— ¡Richard!—llamó alzando la voz.
Resopló resignado, Richard dormía profundamente a su lado y ni se enteraría si la casa explotaba. Sonrió con malicia y poniendo una mano en su costado empezó a hacerle cosquillas.
—Richard—le llamó entre risas.
Al final logró despertarlo y que se girara dando la luz y fulminándolo con la mirada.
— ¿Ya viene el bebé?—preguntó con un bostezo.
—No…es que tengo hambre—contestó Bill con timidez.
— ¿Y por qué no te levantas? Sé que te cuesta salir de la cama, pero…
—Quiero helado—le cortó Bill haciendo un puchero.
— ¿Helado?—repitió Richard incorporándose—Bill, son las tres de la madrugada, no hay nada abierto y en casa no tenemos.
—El super si lo está—susurró Bill pasándole la lengua por los labios—Podías acercarte y comprar dos tarrinas de helado que nos comeríamos con las manos….desnudos en la cama…
No tuvo que seguir hablando. Richard se levantó de la cama de un salto y se puso un pantalón de chándal y una camiseta vieja. Cogió la cartera y salió del dormitorio sin despedirse siquiera.
— ¡No corras con el coche!—advirtió Bill desde la cama.
Odiaba que lo cogiera para todo, incluso para ir a la tienda de al lado.
—Y tú espérame despierto—gritó Richard saliendo por la puerta.
Se echó a reír en voz alta mientras se acomodaba de nuevo en la cama. Suspiró y cerró los ojos, contento de tenerla para él solo. Daba muchas vueltas, le costaba encontrar la postura adecuada y a veces Richard le estorbaba.
No pudo evitarlo y al final se quedó dormido…hasta que unas insistentes llamadas a la puerta le despertaron de golpe. Salió de la cama con esfuerzo, maldiciendo a Richard por haberse dejado las llaves.
Ni se molestó en calzarse, echó a andar mientras se ajustaba sobre su vientre la camisa de Richard que usaba para dormir y fue a abrirle la puerta con mala cara.
—La próxima vez se te olvida la cabeza—gruñó abriendo la puerta.
Se quedó sin respiración, no era Richard si no…
—David…—susurró llevándose una mano al vientre.
Una historia muy bonita 🤗😁😁😁