Segundas oportunidades 30

Parte I, Capitulo 30

 

No pudo evitar pasar esa noche sumido en los recuerdos. Era cubrirse con la sábana y aspirar profundamente con los ojos cerrados, sintiendo el aroma de Tom impreso en ellas. Había recibido una llamada suya cuando terminó de trabajar, y mientras hablaban haciendo planes para la tarde que les esperaban no pudo evitar meter una mano bajo las sábanas.

No estaba en su cabeza masturbarse, y menos hacerlo con la voz de Tom al otro lado. Le dio mucha vergüenza que lo notara cuando se le escapó un gemido incontrolado, pero en vez de reírse o burlarse, Tom le animó a que se siguiera tocando mientras él hacía lo propio. Dejó a un lado su timidez inicial y ya no se cortaba tratando de que no saliera nada de sus labios. Se puso a gemir y jadear contra el móvil, escuchando la respiración entre cortada de Tom tan cerca de su oído que no pudo controlarse más tiempo y acabó derramándose en su ropa interior.

Esperó un minuto en silencio hasta que Tom le confirmó que él también había disfrutado mucho entre jadeos. Entonces se dieron las buenas noches y procuraron dormir sin conseguirlo. Se sentía muy solo en esa cama tan grande, echaba mucho de menos algo de calor humano, más en esa noche tan fría y solitaria.

Al final le venció el sueño y solo fue despertado por el llanto de su hijo, que le anunciaba que ya estaba hambriento. Al menos, había podido aguantar hasta las 9 de la mañana y se levantó con rapidez antes de que el llanto se convirtiera en un mar de lágrimas.

Le dio de desayunar y tras tomarse un café con tostadas, dejó a su hijo en la alfombra del salón mientras ponía una lavadora y trabajaba en el ordenador. Subió todas las fotos que le habían pasado la tarde anterior, sonriendo al reconocer a Ralph y Klaus tonteando con las camareras. Había también una de July y Robert, y luego alguna más de ellos con Georg y Sonhia además de otras sueltas de ellos dos bailando muy pegados. No se sorprendió de verse a sí mismo en casi todas. Salía al fondo trabajando, paseando entre los invitados preguntando que tal iba la noche y si necesitaban algo. La que más le llamó la atención fue una hecho a última hora de la noche, en la que salía abrazado a Tom moviéndose al compás de la última canción.

Recordaba cual era y la tarareó mientras trabajaba…

 

«You know I love you, I always will
My mind’s made up by the
Way that I feel
There’s no beginning
There’ll be no end
´cause on my love you can depend”

 

 

Pasó el resto de la mañana muy entretenido entre actualizar la página Web y poner una lavadora más y luego tender la ropa, la mayoría de su hijo. No había más que bodys, pijamas y camisetas que se manchaba cada vez que le daba de comer. No sabía cómo se las apañaba para terminar con medio plato de puré sobre la camiseta a pesar de los baberos que le ponía, de los cuales había unos 5 tendidos en ese momento.

Cuando tuvo un hueco preparó la bolsa con lo necesario, añadiendo un pijama extra y más pañales para esa noche que volvería a pasar su hijo fuera de casa. Luego hizo la comida para los dos y cuando Sonhia y Georg fueron a por él se lo tuvieron que llevar dormidito. Se despidió con un suave beso para no despertarlo, viendo con pena como sonreía en sueños al sentir la más mínima caricia suya.

—Mañana iré a por él—susurró dirigiéndose a Sonhia—Bueno, iremos….Tom y yo…

Sonhia sonrió y se despidió de él con un fuerte abrazo, deseándole toda la suerte del mundo. Suspiró una vez a solas, mirando en el reloj de la cocina que faltaba casi una hora para que Tom llegara. Le había llamado esa mañana para decirle que a lo mejor se retrasaba, su madre le había pedido que pasara esa mañana por casa y al final se quedó a comer con sus padres.

Fue al baño a peinarse, alisando algún que otro mechón rebelde de su pelo. Se aplicó algo de maquillaje, dio un toque de color a sus jugosos labios y se puso rímel en las pestañas. Se miró en el espejo asintiendo, el jersey negro de cuello alto que llevaba le quedaba genial y ya se imaginaba a Tom sacándoselo por la cabeza…

Sintió un escalofrío recorrerle la espalda, el mero hecho de pensar que su cuerpo iba a volver a ser recorrido por los expertos dedos de Tom le hacía estremecerse entre risas.

Pegó un pequeño grito sin poder evitarlo cuando escuchó que llamaban a la puerta. Corrió a abrir sin ver antes quien era, topándose con la persona que había puesto en peligro la custodia de su hijo.

—David…—saludó con tono frío.

—Venía a felicitarte las navidades—explicó David sin atreverse a entrar.

No había más que ver su gesto para saber que no era bien recibido. Había cometido un error preso de un ataque de celos que le dio al saber que era otro el elegido, que Bill no sentía nada por él…y cuando se encontró por casualidad con los padres de Richard cantó como un canario, contándoles la clase de vida que llevaba el padre de su nieto y con quien se estaba viendo.

— ¿Querías algo?—preguntó Bill cruzándose de brazos.

—Sé que tu perdón es algo que jamás tendré, pero hace unos días estuve repasando una carpeta antigua que tenía en el despacho, y me topé con esto—explicó mostrándole un sobre—Es de Richard, me lo entregó un día haciéndome prometer que te lo mandaría el día de Navidad para que te llegara a casa junto con el resto del correo.

Bill miraba el sobre que le tendía, reconociendo su nombre escrito con la letra de Richard. Se había quedado de repente sin respiración y los ojos los tenía llenos de lágrimas.

—Llevo dos días comiéndome la cabeza sin saber qué hacer con la carta—siguió diciendo David—Si te la doy abriré una herida que ha tardado mucho tiempo en cicatrizar, pero tampoco puedo tirarla o no dártela, era el deseo de Richard que la recibieras el día de Navidad y…espero que entiendas que lo hago con mi mejor intención, que no quiero hacerte más daño del que ya te he hecho.

Terminó de hablar y al ver que Bill no se movía, dejó el sobre en su mano, que acarició suspirando antes de dar media vuelta y dejarle a solas con el pasado.

Una vez a solas, cerró la puerta y caminó a su habitación como un sonámbulo. Se sentó en la cama y abrió el sobre con dedos temblorosos, sintiendo que por la mejilla ya le resbalaba una lágrima.

«Mi amor, son nuestras primeras navidades con nuestro hijo. Estoy muy nervioso, no me creo todo lo que nos está pasando, es como si fuera un sueño y tengo miedo de abrir los ojos y que se esfume toda esta felicidad que estoy sintiendo. Porque me has hecho el hombre más feliz del mundo, porque llevas en tu vientre a nuestro hijo creciendo sano y fuerte…

Te veo dormir con una amplia sonrisa en los labios, de los que me he apoderado sin que te enteraras y besado con pasión. Tengo que irme a trabajar pero aún me da tiempo de observarte dormir un poco más, ver como sonríes en sueños mientras tu mano reposa sobre tu vientre abultado pidiendo a nuestro hijo que no sea tan travieso y te deje dormir un poco más….porque va a ser niño, lo presiento. Va a ser muy guapo y heredará tu lunar bajo el labio, ese que tanto me gusta besar…

Tengo que irme, solo quiero que sepas que te quiero mucho y quiero que seas el padre de todos mis hijos, a los que veremos crecer y formar sus propias familias…

Me voy a trabajar mi Bill, sigue durmiendo y soñando con nuestro pequeño…no sabes cuánto amor me llevo…(*)»

Rompió a llorar con más fuerza al tiempo que se tumbaba en la cama encogido todo lo que podía, llorando amargamente sin nadie que le consolase. Enterró la cara en la almohada, manchándola de las lágrimas negras que le bajaban por la cara entre sollozos incontrolados. Aspiró profundamente y reconoció el olor de Tom en las sábanas que no había dado tiempo a lavarlas esa mañana…

Se levantó de un salto y cogiendo una esquina de la colcha tiró con ella con fuerza. Deshizo la cama esparciendo por el suelo sábanas, mantas y almohadas, haciendo que se cayera la carta sin que se diera cuenta. Retrocedió unos pasos sin dejar de llorar, hasta que su espalda chocó con la cómoda, haciendo caer varias fotos.

Se volvió y con los ojos llenos de lágrimas distinguió una de Richard entre las caídas. La cogió y tiró al suelo con una rabia intensa.

— ¿Por qué te fuiste sin tanto me querías?—gritó a la solitaria habitación—Me dejaste solo con un hijo creciendo en mi vientre, te pedí que no corrieras con el coche y mira el caso que me hiciste…

Dejó de hablar al ser consciente de las atrocidades que estaban saliendo de sus labios. Se llevó la mano a ellos y echó a correr sin dejar de llorar por el camino. Salió a la calle sin molestarse en dejar cerrada la puerta del piso, sin haberse abrigado a pesar del frío. Corrió y corrió sin ver a la gente que se giraba asustada al verle en ese estado, llorando sin poder ser consolado.

Solo quería ir al único lugar donde podía hablar con Richard, pedirle perdón por haberle traicionado metiendo en esa cama que habían compartido los dos al primer extraño que hizo aparecer una sonrisa en sus labios…

 

 

 

 

notas finales:

(*)»no sabes cuanto amor me llevo»….esta frase de despedida la tome de la pelicula Ghost.

por lyra

Escritora del fandom

Un comentario en «Segundas oportunidades 30»
  1. Oh mi corazón 💔💔💔💔 no puedo imaginar todo el dolor que sintió Billy al leer esa carta…..
    Mi pobre nene, el pasado siempre se opone a su felicidad….
    Un capítulo bastante triste 😢😢😢

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