Parte II, Capítulo 2
Una hora después disfrutaban de una agradable velada en compañía de Georg y Sonhia, a los que se unieron la hermana de Tom y su prometido para tratar temas de la boda. July quería que Bill le echara una mano con el menú que iban a servir, usando el mismo catering que les llevó los canapés a las fiestas que hicieron en el club de Gustav.
Cogieron el portátil de Sonhia y sentados los tres en la cocina concretaron el menú mientras que Georg y Robert hablaban de los regalos que darían a los invitados, discutiendo si ofrecer puros como o algo más personal.
—La mayoría de mis invitados vienen de fuera de la ciudad y había pensado en algo típico de Alemania—comentó Robert.
—Es una buena idea. Tal vez un llavero y una pluma, no sé…—opinó Georg.
Siguieron hablando mientras que Tom se encargaba de Richard. Como hacían muchas visitas a Georg y Sonhia, tenía un cesto con sus propios juguetes y cuentos y en esos momentos hacían una carrera de coches. Richard gateaba por el suelo escapando del coche de Tom, salió al pasillo y agarrándose a la pared se levantó y dio unos pasitos.
Desde la cocina le llegaba la voz de su padre y hacia ella se dirigió con lentitud. Tom le observaba sonriendo, viendo como caminaba sin la ayuda de nadie. Escuchó unos «Ooohhh» cuando Richard se asomó a la cocina y soltó una risa pícara.
—Pa….pá…—llamó a Bill.
Lo siguiente que escuchó fue levantarse a un emocionado Bill, que cogió a su hijo en brazos y besó con amor.
— ¿Ya dice sus primeras palabras?—preguntó Sonhia emocionada.
—Es la primera vez que dice papá tan claramente—explicó Bill sentándose con Richard en su regazo.
—Yo ya quiero tener a mi hija en brazos—comentó Sonhia suspirando.
— ¿Hija?—repitió July alzando una ceja.
—Oh vaya, lo íbamos a decir en la cena—murmuró Sonhia chasqueando la lengua—Lo supimos esta tarde y se me ha escapado.
—Es una buena noticia—dijo Bill besándola en la mejilla.
— ¿Y qué nombre la vais a poner?—preguntó July cogiéndola de la mano.
—Sophie—contestó Sonhia sonriendo.
—Precioso—murmuró Bill.
Tom dejó de escuchar, no había podido evitar hacerlo. Solo se acercó para ver si Richard decía algo más y no se esperaba esa conversación. Regresó al salón, donde explicó a los demás que Richard había llamado a Bill papá.
Siguieron con los planes de boda hasta que Richard protestó pidiendo su cena. Bill se levantó a calentársela, había preparado un puré de verduras a la hora de la comida y lo sirvió en un plato que metió en el micro ondas mientras que Sonhia apagaba el ordenador y July entretenía a Richard.
—Pa…pá—llamó Richard desconsolado.
—Un minuto, enseguida cenarás—trató de calmarlo July.
Pero nada, Richard estaba hambriento y solo quería estar en brazos de su padre. A Bill no le quedó más remedio que cogerlo y mecerlo en sus brazos mientras que July se encargaba de la cena. La sacó del micro ondas cuando estuvo lista y dejó sobre la mesa.
—Mira, ya dejó de llorar—observó sonriendo.
Bill asintió suspirando. Acomodó mejor a su hijo sobre su regazo y le puso el babero que Sonhia le tendió. Cogió una cuchara y le dio de cenar en silencio.
—No le hagáis mucho caso, hoy está cansado y solo quiere comer e irse a dormir—explicó Bill.
—Los niños son así—dijo July sonriendo—Robert y yo queremos tener familia numerosa, pero ir con calma. No sé cómo se las apañó mi madre con todos nosotros, más cuando vinieron Klaus y Ralph.
Esas palabras hicieron que Bill dejara de dar la cena a su hijo y se las quedara mirando.
—Tom y yo queremos tener un hijo—les confesó en un susurro.
— ¡Oh, Bill!—exclamaron a la vez Sonhia y July.
—Siempre he querido tener un hijo con Tom pero también me gustaría esperar un poco más por Richard—dijo mirando a July.
—Tom será el mejor padre—dijo July asintiendo—Cuidó de mis hermanos pequeños cuando mi madre trabajaba y no hay más que ver lo bien que se entiende con Richard.
—Lo sé, y por eso le amo más cada día—confesó Bill sonrojándose—De momento no queremos decir nada para no teneros en vilo, pero…necesitaba hablarlo con alguien…
—Sabes que puedes confiar en nosotras—dijo July con firmeza al tiempo que Sonhia asentía con la cabeza—No diremos una palabra.
—Puede que hasta dentro de un año nada, pero bueno…no dejaremos de intentarlo y que sea cuando Dios quiera—explicó Bill suspirando.
Sonhia y July sonrieron al tiempo que Georg llamaba a Sonhia con un gemido lastimero.
—Será mejor que cenemos antes de que a alguien le dé algo—comentó Sonhia resoplando.
—Pobre Georg—dijo July entre risas.
Se levantaron y mientras que las chicas ponían la mesa con ayuda de sus novios, Bill cogió a un adormilado Richard y acostó en la cama de matrimonio de Georg y Sonhia, mirando ilusionado la pequeña cuna blanca que tenían en un rincón montada. Faltaban unos 3 meses pero Sonhia no quiso esperar más a montarla y cada noche se acostaba sin dejar de mirarla.
Arropó a su hijo suspirando y se giró para salir de la habitación, descubriendo a Tom apoyado en el marco de la puerta. Le había estado observando y Bill lo sabía.
—Mi madre guarda la cuna de Richard en el desván—explicó Bill en voz baja.
Tom asintió, le había pillado mirando la cuna con una tierna expresión en la cara y sabía lo que pensaba… ¿cuándo llegaría el día en que su propio hijo dormiría en la antigua cuna de Richard?
Pasaron una agradable velada y se despidieron a las 11, Sonhia estaba cansada y Richard se había despertado. Quedaron en verse en el club al día siguiente para ultimar los detalles de la boda y se despidieron.
Una vez acomodado a Richard en su sillita, Bill se despidió de la hermana de Tom y Robert, entrando en el coche y viendo desde allí como se despedía Tom de su hermana. Sintió algo de envidia sana, se les veía muy unidos y pensaba en él mismo. Hijo único, sin nadie con quien hablar aparte de sus amigos. En cambio Tom venía de una familia numerosa y muy unida, sus hermanos menores acudían a él o a July cuando necesitaban algo y ellos ayudaban encantados.
Y eso era lo que él quería. Tener al menos un hijo más con Tom, un hermanito o hermanita del que Richard cuidaría con mucho amor y ayudaría cuando se lo pidiera.
— ¿Soñando otra vez despierto?—preguntó Tom entrando en el coche.
Le había pillado de nuevo, tras despedirse de su hermana con un fuerte abrazo se giró y vio que Bill les miraba pero sin verles, con la mirada perdida en la lejanía. Últimamente lo hacía mucho, se distraía con facilidad y sabía el porqué.
— ¿Bill?—le llamó al ver que no le contestaba.
—Pensaba…que esta noche es ideal para hacer el amor—contestó Bill en un susurro.
Tom asintió sonriendo y puso el coche en marcha. Llegaron a casa y tras acostar a los dos a Richard y lavarse los dientes, se fundieron en un profundo beso mientras caían desnudos en la cama. Se taparon con las sábanas y empezaron a frotarse bajo ellas.
Con Bill bajo su cuerpo, Tom jadeaba contra sus labios. Le sentía hambriento, como ponía las manos en sus nalgas y se las empujaba desesperado contra su cuerpo. Eso no hacía más que excitarle, y cuando sintió que ya estaba listo para entrar en él, extendió una mano y buscó en la mesilla a tientas.
—No…Tom, no te pongas nada…—gimió Bill contra sus labios.
Dejó de besarlo y alzó la cara, mirándole con una ceja alzada.
—Dejemos que la naturaleza obre a su antojo—susurró Bill lamiéndose el labio inferior.
Le volvía loco que hiciera eso, y dejando a un lado el condón que había dejado preparado se concentró en lo que tenía entre manos….o bajo su cuerpo más bien. Sintió como Bill separaba más las piernas y las alzaba rodeándole la cintura con ellas. Puso las manos bajo sus caderas y las elevó lo necesario hasta rozar su entrada. Cogió aire y le penetró con suavidad sonriendo al escucharle suspirar.
Se le quedó mirando mientras le embestía una y otra vez, jadeando a la vez que él. Le sentía raro, como más…»desatado». La lujuria brillaba en sus ojos y cuando estaban ambos cerca del orgasmo vio como se apoderaba de sus labios, llegando incluso a morderle el inferior. Aceleró las embestidas al sentir su lengua juguetear con su piercing labial, sintiendo como alzaba las caderas y bajando una mano terminó el primero contra su estómago.
—Tom….—gimió Bill con los ojos cerrados.
Asintió y terminó dentro de su cuerpo con dos últimas embestidas, dejándose caer sobre su agitado pecho entre jadeos. Sintió como le pasaba las manos por la espalda llenándosela de escalofríos y él también gimió desesperado, revolviéndose bajo su contacto.
—Espera…no te salgas aún—susurró Bill aprisionándole entre sus piernas.
Asintió de nuevo y se quedó quieto aún dentro de su cuerpo mientras que sus respiraciones se normalizaban.
—Ha sido…fantástico—dijo Tom suspirando.
—Si—susurró Bill imitándole.
Tenía los ojos cerrados, rezaba pidiendo haberse quedado embarazado esa noche…