Segundas oportunidades 35

Parte II, Capítulo 3

 

 

Despertó pronto a la mañana siguiente y se levantó con un solo pensamiento. Se vistió con rapidez observando a Tom dormir, eran las 8 y media y en unos minutos Richard reclamaría su desayuno. Pero sabiendo que Tom le escucharía y se encargaría de él mientras se ausentaba, terminó de vestirse y le dejó una nota sobre la almohada.

“No podía dormir y salí a dar un paso y comprar unos croissants. Ayer estuviste maravilloso y ahora necesitas descansar, por eso no te he despertado. No tardo, vete preparando café. Te quiero….”

Sonrió al ver como Tom se giraba e iba en su búsqueda, pero decidió salir del dormitorio antes de ceder a la tentación y acostarse de nuevo a su lado. Cogió una cazadora y tras echar un vistazo a su hijo que dormía plácidamente, salió del piso sin hacer ruido.

Echó a correr calle abajo y llegó a la farmacia más cercana. Abría en esos momentos y una vez dentro le dio algo de vergüenza. Iba a comprarse un test de embarazo y tras la carrera que se había echado y que le había robado el aliento, el dependiente le miraba extrañado preguntándose el porqué de su estado. Si le decía que se había levantado tan temprano para comprar solo el test de embarazo iba a pensar que estaba desesperado…y era verdad.

Carraspeó y decidió disimular un poco. Compró una caja de aspirinas, otra de tiritas y pasta dentífrica. Cuando le estaba diciendo cuanto era, añadió el test de embarazo en un susurro por lo bajo. El dependiente se lo puso sin decir nada y tras pagar la cuenta salió de la farmacia.

De regreso al piso compró los croissants, solo faltaría que Tom le preguntara por ellos y se le hubieran olvidado con las prisas de saber si estaba ya embarazado. Regresó al piso y halló a Tom ya levantado junto con su hijo. Dejó parte de su compra en la cocina y se excusó yendo al baño unos minutos. En el bolsillo interno de su cazadora llevaba el test y una vez encerrado en el baño lo sacó y se lo quedó mirando…recordando lo asustado que estaba la primera vez que se hizo la prueba con Richard al lado.

También estaba asustado esa vez, y no le quería decir nada de momento a Tom. Sabría lo que le diría, que era muy pronto para hacerse la prueba, que dejaran seguir su curso a la naturaleza…pero no podía, tenía que salir de dudas esa misma mañana.

Suspiró y procedió a hacerse la prueba, comprobando minutos después que era negativa. No estaba embarazado y rompió a llorar sin poder evitarlo. Deseaba con todas sus ganas darle un hijo a Tom, hacerle sentir tan feliz como se sintió él con cada día que pasaba y veía crecer a Richard…

Salió del baño una vez cesado el llanto. No podía engañar a Tom, ya no porque sus ojos estuvieran hinchados y rojos. Sentía que le pesaba todo el cuerpo y era muy difícil mentir y decir que estaba bien cuando era todo lo contrario.

Entró en la cocina y se sentó en una silla al lado de su hijo, que desayunaba con los ojos fijos en la tele. Había dibujos pero él no los hacía caso, y Tom lo notó de inmediato.

— ¿Estás bien?—preguntó sentándose a su lado.

Negó con la cabeza al tiempo que se mordía el labio. Debía contárselo, era su pareja y no debía haber secretos entre ellos. Metió la mano en el bolsillo de sus vaqueros y le paso la prueba negativa que Tom estudió con la frente arrugada.

— ¿Has salido pronto esta mañana solo para comprarla?—preguntó sin poder evitarlo.

—Si…lo siento…—murmuró Bill sin atreverse a mirarlo—Creía que tras lo de anoche, pues…

—Cariño, es pronto aún—dijo Tom pasándole un brazo por los hombros.

Asintió al tiempo que enterraba la cara en la curva de su cuello. Se sentía muy mal en esos momentos, las cosas no salían como él quería y se venía abajo sin poder evitarlo.

Desayunaron en silencio y salieron a dar un paseo. Habían quedado con sus padres en ver una guardería para Richard que quedaba cerca de su casa y en esos momentos hablaban con la encargada mientras que Richard jugaba con los demás niños que había.

—Contamos con un amplio horario—les explicaba la encargada—Abrimos a las 8 de la mañana y pueden dejar a su hijo hasta las 9 de la noche.

—Solo serían unas horas por la mañana y otras por la tarde, ¿verdad Bill?—dijo Tom sintiendo a Bill algo distraído.

—Si—contestó Bill carraspeando.

— ¿Podemos ver las instalaciones?—preguntó Simone.

La encargada asintió y dejando a Richard en buenas manos dieron una vuelta por la guardería. Contaba con una pequeña enfermería donde había en esos momentos una niña a la que la médica la estaba tomando la temperatura.

—Los catarros están a la orden del día—comentó la encargada sonriendo—Si vemos un niño que está mal, le traemos aquí para que no contagie a los demás y llamamos a sus padres.

Siguieron con la visita y quedaron encantados con lo que vieron. Acordaron llevar a Richard a partir del día siguiente. Se despidieron y fueron al centro comercial a dar una vuelta y comer allí todos juntos.

—Ya queda menos para la boda de tu hermana, ¿verdad Tom?—preguntó Simone.

—Tres meses—contestó Tom sonriendo—Gracias a Bill mi hermana ya tiene listo todo lo del menú, y Gustav les ha ofrecido el club para dar allí el baile. Es algo pequeño para alojar la cena también, pero ha sido muy amable.

Comieron mientras Tom les explicaba más detalles de la boda de su hermana, a la que estaban invitados los padres de Bill. Se quedarían de nuevo en casa de los de Tom a dormir y al día siguiente comerían todos juntos mientras que los recién casados emprendían su viaje.

—También ayudé con los preparativos—explicó Bill a sus padres—July quería ver Atenas y Robert accedió con tal de complacerla. Él prefería Escocia, pero la dejarán para más adelante.

—Tu madre y yo también queremos hacer un viaje—intervino Jörg.

—Dime donde y me encargo de todo—se ofreció Bill.

—Venecia—apuntó Simone—Queremos hacer un crucero.

Bill asintió y prometió ponerse manos a la obra nada más llegar a casa. Le divertía buscar en Internet ofertas y hacer una lista de todos los lugares que se podían ver, imaginándose como sería ir él mismo en persona, junto con Tom y Richard.

 

 

 

Terminaron de comer y regresaron al piso, donde Bill se despidió de sus padres.

—Iremos la próxima semana y nos quedaremos un par de días—explicó Tom tras abrazar a Simone.

Bill asintió y tras besar a su madre les vio partir con pena. Los veía muy poco, se sentía solo a pesar de que la familia de Tom les visitaba muy a menudo y al revés. No había día en que uno de sus hermanos fuera a verlos y llevara un regalito a su sobrino.

— ¿Cansado?—preguntó Tom una vez a solas.

Asintió, desde que supiera que no estaba en estado había pasado todo el día revuelto, como si tuviera fiebre. Dejó que Tom le llevara a la cama y se recostó en ella con los ojos cerrados mientras le escuchaba pedirle a Richard que no hiciera mucho ruido.

Permaneció acostado dejando que Tom se encargara de Richard, solo abrió los ojos cuando le llegó un sabroso aroma a sopa recién hecha. Sonrió y se incorporó en la cama, Tom le mimaba cada vez que sentía mal y se esforzaba para que pudiera descansar y todo estuviera de su agrado. Y él se lo pagaba…enfadándose consigo mismo por no poder darle un hijo.

Tiempo, le había pedido. Pero él lo deseaba cuanto antes mejor, volver a estar embarazado y sentir un bebé crecer fuerte y sano, criarlo entre los dos y ver con que amor le cuidaría también su hermano…

Suspiró y tras tomarse la sopa y como ese día Tom no trabajaba se lo pasaron en la cama, jugando con Richard hasta que se le cerraron los ojos y fueron a acostarlo entre los dos. Entonces regresaron a la cama e hicieron el amor bajo las sábanas, quedándose dormidos el uno en brazos del otro.

 

 

 

 

El tiempo pasó volando y cuando se quisieron dar cuenta, faltaba una semana para el gran día. Todos habían estado ayudando, y la casa de los padres de Tom pronto se llenó de regalos y gritos emocionados cada vez que abría uno y era justo lo que la novia esperaba.

Y no fue la única en recibir sus regalos. Sonhia hizo una fiesta para su hija cuando aún faltaba un mes para que naciera, Gustav ofreció su club a primera hora de la tarde y Bill se encargó de conseguir que lo adornaran todo en color rosa, desde los globos hasta los platos, vasos y servilletas que se usaron. Estaban todos invitados y la feliz pareja recibieron muchos regalos, ropa la mayoría de ellos.

Entre Bill y Tom les regalaron una buena colección de cuentos infantiles y algunos cd´s de nanas para que durmieran a su futura hija.

—Ya quiero tenerla en mis brazos—dijo Sonhia suspirando.

Se notaba muy gorda y torpe, y Georg estaba siempre muy pendiente de ella.

—Espero que puedas asistir a mi boda—dijo July sonriendo—Dile a tu hija que espere solo 7 días más, que luego puede venir al mundo con calma.

—No me la perdería por nada, pero…si Sophie dice que quiere nacer, pues…—rió Sonhia.

Bill las escuchaba con una amplia sonrisa en los labios, se imaginaba como sería estar él en esa misma situación dentro de un año más o menos, celebrando con todos sus amigos la llegada de otro bebé muy querido…

Tom sabía lo que estaba pensando, no había más que ver la expresión de felicidad que lucía Bill. Él también deseaba tener un hijo con él, lo deseaba con todas sus ganas, pero por muchos intentos no había aún nada. En el fondo del armario habían guardado un par de test de embarazo, pero tras lo 4 primeros negativos, Bill ya no se hacía prueba alguna. Si estaba embarazado, ya lo notaría como con Richard, cuando se sintiera indispuesto y fueran al médico para comprobarlo. Hasta entonces, no pensaban más en falsas esperanzas, luego se quedaba tirado por los suelos hasta que Tom le animaba a intentarlo de nuevo…

 

 

Y tras la fiesta del bebé, llegó la gran boda. Todo salió tal y como lo habían planeado, la novia durmió el día anterior en casa de sus padres y la mañana del gran día no había nadie que estuviera tranquilo. Todos despertaron temprano para poder tener tiempo de ir a la peluquería y tener preparado el traje o vestido que llevarían.

Bill y Tom se presentaron a media mañana a tratar de calmar los ánimos, pero un excitado Richard no ayudaba mucho. Los padres de Bill, alojados en la casa de los de Tom, trataron de que comiera y se durmiera un poco la siesta antes de la ceremonia que tendría lugar a las 6 de la tarde, pero era imposible cuando la casa se llenó de las amigas de la novia que querían ayudarla con el vestido.

A las 5 y media partían todos para la iglesia. Los últimos en salir fueron Bill y Tom, que habían estado luchando con Richard para que se dejara vestir con unos pantalones azul clarito y camisa a juego. Le habían calzado con unos zapatos de charol regalo de la hermana pequeña de Tom y una chaqueta de punto blanca por si luego refrescaba.

Bill y Tom iban los dos iguales, con sendas americanas y pantalones blancos. Mientras que Tom se había peinado hacia atrás sus trenzas, Bill llevaba el pelo liso y sujeto a los lados con dos horquillas perdidas bajo su melena. Su maquillaje era impecable, añadiendo una sombra azul que hacía que sus ojos castaños destacasen, al igual que el color sonrosado de sus labios.

La ceremonia fue maravillosa. Lloró la novia, la madre de la novia…la hermana de la novia y cuando todos se calmaron, lloró el novio también emocionado. Todos rompieron en aplausos cuando se dieron el sí quiero y se besaron, preparándose entonces para las típicas fotos familiares antes de partir hacia el club en el que Bill y Gustav había dejado todo ya preparado.

Mientras los novios salían de la iglesia y se despedían de sus amigos, Ralph y Klaus partieron los primeros para empezar a poner en marcha la gran fiesta. En el club ya se encontraba Andreas encargado de que el catering hubiera llegado a su tiempo y estuvieran bien colocadas las mesas. Ese día no se abría al público, era una fiesta privada y a las 8 y media se abrieron la puerta a los hambrientos invitados.

La cena sucedió tranquila y tras ella estalló la fiesta. Se retiraron las mesas hacia un lado para dejar espacio y los novios abrieron el primer baile. Muchos se animaron y Bill y Tom fueron dos de ellos. Estrechamente abrazados, bailaban al compás de la canción que en esos momentos sonaba como si estuvieran ellos dos solos en toda la gran sala.

Mirándose fijamente a los ojos, sonrieron y se besaron en los labios con un solo pensamiento en mente. Que ese día no terminara nunca….

 

 

 

 

Dos días después todos se recuperaban. La fiesta había durado hasta altas horas de la madrugada , y para que la otra pareja de tortolitos pudiera disfrutar y descansar, los padres de Bill se llevaron a un adormilado Richard a dormir a casa de los padres de Tom para que durmiera con ellos mientras que sus hijos seguían con su particular fiesta.

Y así lo hicieron, aguantaron hasta las 5 de la madrugada que fue cuando los novios se retiraron exhaustos. Entraron en el coche que les llevaría al hotel y una vez descansados y cambiados de ropa empezarían la luna de miel de la que Bill también se había encargado. Un crucero por el mar Egeo partiendo desde Atenas y visitando playas de aguas claras de color turquesa.

El resto de los invitados también se fueron, quedándose solo los camareros para recoger las mesas y devolverlas al catering que se las había prestado. Bill y Tom se quedaron también a echar una mano, además de Gustav, Andreas, Ralph y Klaus. Georg y Sonhia se habían retirado hacia las 2, había sido un día largo y Sonhia se encontraba realmente cansada.

O eso creían todos, no fue hasta el segundo día tras la boda mientras que la feliz pareja formada por Bill y Tom descansaban en su salón jugando con Richard cuando sonó el teléfono y lo cogió un sonriente Tom.

— ¿Hallo?—respondió sin dejar de reír.

Bill estaba recostado en el sofá con Richard sobre su regazo, que cogiendo el pelo de su padre tiraba de él encantado.

—Tom…ya viene…

— ¿Georg?—preguntó Tom arrugando la frente.

—Si, soy yo—dijo Georg entre jadeos—Estamos en el hospital, la pequeña Sophie quiere nacer ya.

—Ahora mismo vamos para allá—dijo Tom sonriendo aún más.

Colgó el teléfono y miró a Bill sonriendo, quien le miraba con una ceja alzada.

—Vamos, que Sonhia ya está dando a luz—explicó por encima Tom.

No se lo tuvo que decir dos veces. Mientras que se encargaba de vestir a Richard, Tom le preparaba una bolsa con algo de ropa. Pasarían por casa de sus padres a dejarlo, un hospital no era lugar para un niño. El parto podría alargarse y ellos se quedarían al lado de su nervioso amigo, al que encontraron paseando de arriba abajo. A su lado estaba Gustav junto con Jane.

—La madre de Sonhia está dentro con ella y su padre viene de viaje—explicó Georg a los recién llegados—Aún queda algo, iré ahora con ella, quiero estar presente en el parto.

—Dale nuestros recuerdos—dijo Bill sonriendo—Dile que todo irá bien y en unos minutos abrazará a Sophie.

Georg asintió y tras tragar con esfuerzo se reunió con su novia, de la que no se separó en las 3 horas que duró el parto. Cuando regresó a la sala de espera sus amigos no se habían movido de donde estaban y les contó entre lágrimas que su hija había pesado 3 kilos 400 gramos y medido 53 centímetros.

—Es preciosa—explicó Georg entre risas—Y tan pequeñita…

— ¿Qué tal está Sonhia?—preguntó Gustav.

—Agotada, ahora mismo descansa mientras lavan a Sophie—contestó Georg.

—Ve con ellas, nosotros nos iremos a casa y volveremos mañana—dijo Bill suspirando—Quiero ver lo guapa que es.

Todos asintieron y se despidieron, sabían que los felices padres estarán cansados y querrían disfrutar en la intimidad de su hija. Regresaron a sus casas y al día siguiente se presentaron cargados de regalos. Tuvieron que darle la razón a Georg, Sophie era hermosa y enseguida le sacaron parecido.

—Tiene los ojos de Sonhia—apuntó Tom sonriendo.

—Y la sonrisa de Georg—murmuró Sonhia acunando a su hija en brazos.

—Y también mi pelo—dijo Georg con firmeza.

—Si, que nadie se le ocurra decir lo contrario—intervino Gustav riendo.

Estuvieron unos minutos admirando a al recién nacida, que pasó todo el tiempo dormidita en brazos de su madre. Luego, cada uno se fue a su casa y trataron de descansar. En los últimos días habían vivido experiencias muy agradables.

— ¿Te lo imaginas?—preguntó Bill esa noche descansando en los brazos de Tom—Tú y yo, acunando a nuestro hijo recién nacido.

Tom asintió suspirando, bajando la cabeza y besando el pelo de su amado. ¡Claro que se lo imaginaba! Más desde que viera lo felices que eran Georg y Sonhia. Él quería también algo de esa felicidad, quería saber qué era tener su propio hijo y cuidar de él. Quería hacer realidad el deseo de Bill, que por mucho que se esforzaba no lograba lo que más deseaba…y eso les estaba pasando factura por mucho que lo quisieran ignorar…

por lyra

Escritora del fandom

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