Segundas oportunidades 38

Parte II, Capítulo 6

 

Regresaron al piso y acostaron a Richard en su cuna, apenas consciente de que Tom le cambió el pañal y le ponía  el pijama. Bill se sentía algo indispuesto tras el vino ingerido y se había desnudado y tumbado en la cama cuando Tom entró en el dormitorio tras haber dejado al niño acostado.

No podía echárselo en cara, jamás le había visto beber y en su estado se le perdonaba todo. Se desnudó y acostó a su lado suspirando. Bill estaba tumbado boca abajo con los ojos cerrados, parecía ya dormido y no le quiso molestar. Se tumbó de lado y cerró los ojos…sintiendo como Bill se movía y se le acercaba, abrazándole por la espalda.

— ¿Necesitas algo?—preguntó girándose.

—A ti—contestó en un susurro Bill.

Antes de que Tom pudiera replicar, sus labios fueron apoderados por los de Bill. Le empezó a devolver el beso sin pensárselo, haría todo lo que estuviera en su mano para…»animarlo». Se dejaba besar mientras sentía como Bill gemía desesperado contra sus labios al tiempo que bajaba las manos y trataba de desnudarlo en vano.

Sonrió y le echó una mano. Se bajó los bóxer alzando las caderas y le hizo a Bill lo mismo. Una vez los dos desnudos bajo las sábanas comenzaron a moverse sin separar los labios, frotándose el uno contra el otro hasta sentirse casi preparados.

Pero la cosa no terminó allí, Bill se incorporó apoyando las manos en el pecho de Tom, bajó por su cuerpo y se tumbó sobre sus piernas. Separó los labios y cogiendo aire empezó a introducir el miembro de Tom en su cálida boca, sintiéndole ponerse tenso y soltar un grito inesperado. Nunca antes le había hecho eso, pero era como si no fuera él en esos momentos.

Siguió succionando y lamiendo hasta que Tom llevó una mano abajo y le pidió en silencio que parara. Asintió y se incorporó de nuevo, poniéndose sobre él a horcajadas y llevando una mano a su erección le hizo entrar en su cuerpo suspirando una vez le sintió dentro del todo. Entonces comenzó a mover las caderas de atrás adelante ayudado por las manos de Tom, que puestas sobre su cintura le ayudó a marcar el ritmo de las embestidas sin apartar los ojos de los suyos.

Había algo en ellos que nunca antes había visto, un brillo muy especial…fruto del vino ingerido, parecía que era otra persona. Lo había sentido cuando le besó, como si estuviera hambriento y ese fuera el primer beso que se dieran en mucho tiempo. Le dejó sin aliento, y cuando le hizo entrar primero en su boca y luego en su cuerpo usando su propia mano…fue sentir su lengua y sus dedos y casi derramarse en ellos.

Pero se pudo contener, y sin dejar de embestirle llevó una mano a ese miembro que sentía duro contra su estómago y masajeó hasta hacerle estallar entre sus dedos. Entonces aceleró el ritmo y se derramó en su cuerpo con un profundo gemido.

Sonrió al verle la cara, tenía los ojos fuertemente cerrados mientras que de sus labios escapaban gemidos incontrolados. No se pudo resistir y tras terminar de derramar su simiente se incorporó aún sin salir de su cuerpo y le estrechó con fuerza en sus brazos, haciéndole rodar por la cama y quedar bajo su cuerpo.

Se acomodó en sus piernas separadas y le embistió un par de veces más, hasta que las fuerzas flojearon y se salió de su cuerpo suspirando.

—Ha sido….ha sido maravilloso—susurró entre jadeos.

Bill le dio la razón suspirando. No entendía que le había dado, fue sentirle acostarse a su lado, el roce de la sábana contra su desnuda espalda y algo estalló en su interior. Se movió como si estuviera poseído, algo se había apoderado de su cuerpo sino no explicaba cómo había sido capaz de hacerle una felación. Siempre se habían tocado usando solo las propias manos, jamás se les había pasado por la cabeza usar otra parte de su anatomía, como su lengua.

No pudo seguir pensando, cayó en un profundo sueño fruto del vino que se había bebido y de los saciados que su cuerpo había quedado….

 

 

 

 

Pagó un alto precio la mañana siguiente. Fue levantarse de la cama e ir corriendo al baño a vaciar su revuelto estómago. Mientras se lavaba la cara una idea pasó por su mente que desechó al momento. No eran las náuseas matutinas propias de un embarazo. No, era imposible que se hubiera quedado en estado de la noche a la mañana, lo de la noche anterior había estado muy bien pero era muy pronto para saber si ya había un bebé creciendo en su vientre. Primero tenían que darle los resultados de los análisis y cuando supiera que todo iba bien en Tom y en él, irían a por ese deseado bebé con todas sus fuerzas.

Resopló y se incorporó al tiempo que accionaba la cisterna. Arrugó la frente al ver su reflejo en el espejo. Despeinado, pálido y con grandes ojeras. No volvería a beber, era la última vez que probaba una gota de alcohol. Se sentía mal la noche anterior y lo necesitó, pero esa mañana se arrepentía con toda su alma.

Se secó la cara y recogió el pelo en una cola alta. Salió del baño y una vez vestido se reunió con Tom en la cocina, sentándose al lado de su hijo que le miraba con una extraña expresión en la cara.

— ¿Mejor?—preguntó Tom poniendo una taza de té delante.

Le vio asentir al tiempo que recostaba la cabeza sobre la mesa y suspiraba. Se mordió el labio preocupado al tiempo que le pasaba una mano por la espalda tratando de reconfortarlo. Esa mañana se había despertado con él desnudo entre sus brazos, pero nada más abrir los ojos le vio arrugar la frente y levantarse corriendo de su lado para ir al baño y vaciar su revuelto estómago.

Quiso ir a su lado, pero Richard reclamaba su presencia y tuvo que ir a atenderlo. Le llevó a la cocina para darle de desayunar consciente de que Bill necesitaba algo de intimidad, quedando en alerta por si le llamaba para algo.

—Lo siento mucho—susurró Bill contra sus manos.

—No te preocupes—dijo Tom sentándose a su lado—Son cosas que pasa.

—Siento mucho lo de ayer—se disculpó alzando la cara—Nunca antes me había portado así, si hice algo que te ofendiera, yo…

—Bill, tranquilo—cortó Tom con firmeza—Ayer no me hiciste nada que yo no quisiera.

—Pero….jamás antes había hecho eso, y ahora mismo me avergüenzo—murmuró Bill desviando la mirada.

—No es nada malo experimentar cosas nuevas en el sexo—dijo Tom con firmeza.

No podía negar que había disfrutado mucho la noche anterior y lo último que quería era que Bill se sintiera culpable.

—Venga, no hablemos más del tema—dijo dando por terminada la conversación—Tómate el té y te vuelves a la cama. Hoy Richard y yo cuidaremos de ti.

Le vio asentir suspirando y él mismo le llevó el té a los labios que bebió despacio. Luego cogió a Richard en brazos y los dos le acompañaron a la cama donde se tumbó resoplando.

—Voy un momento al baño y te traigo una toalla húmeda—explicó Tom dejando un minuto a Richard sobre la cama.

Bill asintió y se ocupó de su hijo por primera vez en esa dura mañana. Logró sonreír al ver la amplia sonrisa que le dedicaba, mostrándole sus pequeños dientecitos. Le estuvo haciendo carantoñas hasta que Tom regresó y le puso la toalla con suavidad sobre la frente.

—Gracias—murmuró suspirando.

La cabeza le estaba matando, sentía una punzada tras la nuca como si alguien le tratara de taladrar el cerebro.

—Te dejamos descansar—dijo Tom cogiendo a Richard en brazos—Este niño y yo vamos a recoger su habitación y luego daremos un corto paseo hasta el super. Te dejo el móvil sobre la mesilla con el sonido desconectado, si necesitas algo me llamas.

Le vio asentir con los ojos cerrados y tras inclinarse se despidió con un breve beso en los labios. Luego salió del dormitorio y entró en el de Richard. Le vistió con un pantalón vaquero y un polo de maga larga a rayas azules y verdes que le había regalado su madre la semana pasada. Luego le calzó con unos playeros y cogió una cazadora vaquera para cuando fueran a dar el paseo.

Le dejó jugando en el suelo mientras colocaba las sábanas de su cuna y recogía la ropa usada que iría directa a la lavadora. Entonces echó una rápida carrera al dormitorio que compartía con Bill y se vistió con rapidez. Comprobó que estaba profundamente dormido y entonces regresó donde el niño, le abrigó y salieron del piso.

No se entretuvo mucho tiempo aunque Richard tiraba dirección al parque.

—Mañana, prometido—dijo Tom con pena.

Le llevó en dirección contraria y entraron en el super. Compró pan, leche, un par de potitos y zumos, y unos tomates y cebollas. Le haría una sopa a Bill para comer, y con todo en el carro se dirigió a la caja. Pagó y regresó al piso con Richard caminando de la mano.

Le dejó instalado en el salón viendo la tele y tras comprobar que Bill estaba bien se puso a preparar la comida y limpiar un poco la casa.

 

 

Estaba terminando de hacer la sopa cuando sintió que le abrazaban por la espalda.

—Buenas tardes, dormilón—saludó sonriendo— ¿Te sientes mejor?

—Mi estómago ya no da vueltas y tampoco la casa—explicó Bill entre risas.

Tom rió también y se volvió, recibiendo un beso en los labios.

— ¿Te ayudo?—preguntó Bill mirando lo ocupado que estaba Tom cocinando.

—Lo tengo todo controlado, ve al salón y juega con Richard—contestó Tom negando con la cabeza—Te estoy preparando una rica sopa.

—Mmm…….—murmuró Bill sonriendo—Me mimas mucho, Tom.

—Te lo mereces, cariño—susurró Tom guiñándole un ojo.

Sintió que se sonrojaba hasta las orejas, le dio un beso en la mejilla y fue al salón a hacerse cargo de su hijo. Lo cogió en brazos y se sentó con él sobre su regazo, abriendo un libro de cuentos y leyendo uno en donde un conejito se hacía amigo de un pájaro y recorrían juntos el mundo…

 

 

&

 

 

 

Los días pasaron y el comportamiento de Bill volvió a ser el de antes. Se concentró en las obras del nuevo local, trabajando con Sonhia en la publicidad, con Gustav en la elección del personal y con los hermanos de Tom en las reformas que querían hacer.

La doctora Allen les llamó tal y como prometió y les dio el resultado de los análisis. Todo estaba bien en Bill, solo necesitaba relajarse y tomarse las cosas con más calma.

—Lo intentaremos todas las veces que hagan falta—dijo Tom abrazándole con firmeza.

Se hallaban en la cama tras acostar a Richard. Estaban abrazados pero Tom sentía a Bill bien lejos de él. No podía evitar culparse de no poder darle ese hijo tan deseado por mucho que él le jurara que lo tendrían cuando menos lo esperaran.

Pero por mucho que se lo decía, día a día a Bill se le iban quitando las ganas de intentarlo. Ya solo dormían abrazados y le notaba malhumorado. Otra noche que lo intentaron tuvieron que dejarlo, Tom no se concentraba estando dentro de él y verle quieto con la mirada perdida. Era como si…si le estuviera violando. No pudo soportarlo más y salió de su cuerpo con cierta brusquedad.

— ¿Ya has terminado?—preguntó Bill reaccionando.

— ¿Y tú?—preguntó Tom a su vez, sonando algo duro.

Se maldijo por ello, no quería pagar con Bill la frustración que sentía. Se levantó de la cama y caminó desnudo hasta el baño, donde se lavó la cara y bebió un poco de agua de sus manos. Resopló y tras secarse con la toalla regresó al dormitorio, donde se encontró a Bill acurrucado en la cama y sollozando por lo bajo.

—Lo siento Tom—susurró Bill entre lágrimas.

Suspiró y se tumbó a su lado, atrayéndolo a sus brazos.

—No pasa nada…estamos cansados, durmamos…—murmuró besándole el pelo.

Cerró los ojos y lo intentó, escuchando los débiles sollozos que dejaba escapar Bill. Pero no pudo, tenía mucho miedo de que la imposibilidad de concebir un hijo le alejara de Bill y Richard, dos personas a las que amaba con toda su alma y consideraba «su» familia….

 

 

Al día siguiente las cosas estaban algo tirantes. Bill se despertó como todas las mañanas, sintiendo los dulces besos de Tom recorriéndole toda la cara. Pero fue sentir la mano que descansaba sobre su estómago querer ir más abajo…y ponerse tenso de inmediato.

—Richard me llama—murmuró escapando de su abrazo.

Tom le vio huir de su lado arrugando la frente. No escuchaba llorar a Richard ni nada, le había mentido descaradamente para evitar hacer el amor por la mañana. Maldijo por lo bajo y también se levantó, hallando ocupado el baño. Acercó el oído a la puerta y le escuchó de nuevo llorando.

Se separó y fue preparando el desayuno pensando que esa tarde cuando fueran al club pediría ayuda desesperada.

 

 

Y así lo hizo, aprovechó un momento que Bill estaba distraído hablando con Sonhia y dejó su cabina de DJ al mando de uno de sus hermanos. Buscó a Gustav con la mirada y le hizo una señal que entendió al momento. Se dirigieron a la puerta de servicio y subieron al despacho de Gustav, Richard dormía en su habitación mientras que Bill trabajaba un par de horas bajo la atenta mirada de Janet, que leía un libro ensimismada.

— ¿Le ocurre algo a Bill?—preguntó Gustav una vez a solas.

—Me temo que sí—contestó Tom suspirando.

Se sentó en una silla y Gustav ocupó la suya al otro lado del escritorio, esperando que comenzara a contarle porque veía tan desdichado a su amigo. Pero a Tom le costaba empezar a hablar, era un tema muy íntimo y si Bill se enteraba se podía sentir muy ofendido.

Cogió aire y decidió hablar, era mejor a ver como Bill se distanciaba.

—Bill y yo tenemos algunos…problemas en la cama—empezó a decir suspirando.

—Oh…—dijo Gustav carraspeando.

—Está obsesionado con quedarse embarazado y como no lo consigue…ya casi ni hacemos el amor, es solo…sexo, y ayer terminó llorando pidiéndome perdón—le explicó Tom.

Gustav se le quedó mirando fijamente mientras hablaba. Habían pasado ya dos semanas desde que le confesara que Bill se había hecho unos análisis, que fueron todos correctos, y por lo visto Bill ya desistía de tener otro hijo, cansado de intentarlo en vano.

— ¿Qué puedo hacer?—preguntó Tom desesperado—Tengo mucho miedo de perder a Bill y a Richard, son lo mejor que me ha pasado.

—Vete de viaje—dijo Gustav de repente.

— ¿Cómo?—preguntó Tom sin entender.

—Tú y Bill—aclaró Gustav—Tomaos unas vacaciones, las necesitáis.

—No podemos, estás metido con las obras del nuevo local y nos necesitas, y Bill se negará a separarse de Richard—explicó Tom negando con la cabeza.

—Las obras están muy avanzadas gracias a tus hermanos—empezó a decir Gustav—Y los padres de Bill y los tuyos estarán más que encantados de quedarse con Richard.

—No sé yo—murmuró Tom pensándolo.

—Diré a Janet que le terminen de convencer—dijo Gustav sonriendo—Entre ella, Sonhia y tu hermana ya verás cómo consiguen que tú y Bill paséis unos días muy relajaditos. Tú deja todo en mis manos.

Tom asintió suspirando. Era la única oportunidad que tendría para recuperar a Bill, y no la pensaba a dejar pasar…

por lyra

Escritora del fandom

Un comentario en «Segundas oportunidades 38»

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