Parte II, Capítulo 7
Y así fue, Bill solo tardó un día en dejarse convencer. Todos pusieron de su parte. Tom sintió mucho la encerrona que le preparó, pero al día siguiente fueron a comer a casa de sus padres y tras el postre sacó el tema con delicadeza.
— ¿Irnos de viaje los dos solos? —repitió Bill como si no le hubiera escuchado— ¿Y ahora?
—Si…ahora—repitió Tom con firmeza.
—No podemos dejar a Gustav tirado, y mucho menos pienso dejar a mi hijo solo—dijo Bill…sin nada de tacto.
—Gustav tiene a más gente echándole una mano—explicó Tom con calma.
—Y tus padres o nosotros nos quedamos con Richard encantados—intervino Trudy, viendo la expresión de su hijo.
—Es que…no sé, nunca me he separado de él y este no es el mejor momento para…para irnos solos Tom y yo—explicó Bill.
—Cariño, es el mejor—dijo Tom cogiéndole la mano—Lo necesitamos.
Vio la determinación en sus ojos y se sintió muy mal consigo mismo, por la manera en la que le estaba tratando cuando la culpa solo era suya.
— ¿Y si no sale bien?—preguntó en voz baja—¿Y si en vez de acercarnos, nos aleja más de lo que ya lo estamos?
— ¿Y si sale bien?—preguntó Tom siendo más positivo—Vamos a pasar los mejores días que podamos, iremos a la playa y pasaremos parte del tiempo metidos en la cama.
— ¡Tom!—murmuró Bill sonrojándose.
Su madre estaba delante y él hablando ligeramente de acostarse juntos delante de sus narices.
—Mi hijo tiene razón cariño—intervino Trudy mirando a Bill—Si estos días sirven para que te animes, vale la pena intentarlo.
Tuvo que decir que sí, no porque se lo estuvieran suplicando, sino porque realmente era lo que necesitaban. Se pusieron de acuerdo en dejar a Richard con sus padres unos días y con los de Tom otros tantos, para que ninguno de los abuelos se sintiera apartado.
— ¿Y a dónde nos vamos?—preguntó Bill algo más animado.
Habían regresado al piso y tras bañar a Richard le dieron de cenar y acostaron, quedándose ellos hablando en la cocina.
—Hablé con Gustav….—confesó Tom algo cortado—Y me dijo que dejara las cosas en sus manos.
— ¿Hablaste con Gustav de nuestros problemas?—preguntó Bill poniéndose tenso.
—Le hable de ti—aclaró Tom—No te enfades, por favor. Sabía que estás raro y le conté que…vale si, le conté que teníamos problemas y fue él quien me recomendó lo del viaje. No le digas nada por favor, solo quería ayudar y yo necesitaba hablar.
—No, no me enfado—murmuró Bill respirando hondo—Y tú tampoco lo estés conmigo…
—Bill, yo jamás me enfadaría contigo—dijo Tom con firmeza cogiéndole la mano.
—Deberías estarlo, por lo mal que te he tratado—susurró Bill.
—Estás pasando por una mala época, nada más—explicó Tom—Se nos ha juntado todo, las obras del nuevo local, el ir a por un bebé…ya verás cómo en estos días lo concebimos, y si no pues lo seguimos intentando con mucha calma. No hay prisa alguna.
Bill sintió suspirando. Sí, no había prisa pero…era lo que más deseaba en esos momentos. Darle un hijo a Tom, sentirle crecer dentro de su cuerpo…
Se fueron a la cama y no hicieron nada. Solo se abrazaron y pasaron la noche hablando de que iban a hacer esos días.
—Iremos a la playa—dijo Tom pasando una mano por la desnuda espalda de Bill—Tomaremos algo el sol, nos bañaremos en el mar…
—Dormiremos escuchando el sonido de las olas—siguió diciendo Bill—Por la mañana daremos paseos por la playa antes de que haya más gente.
Tom asintió sonriendo, Bill se iba animando poco a poco. Al día siguiente incluso se despertó de muy buen humor, siendo él quien le llenara la cara de besos. Hicieron al amor como si fuera la primera vez, compartiendo una rápida ducha antes de que Richard se despertara y reclamara su biberón de la mañana.
Ese día comieron con Gustav y Janet, escuchando los preparativos del viaje que les habían organizado.
— ¿España?—repitió Bill alzando una ceja.
—Si no te gusta…—empezó a decir Gustav.
—No, es que…lo encuentro un poco lejos, nada más—murmuró Bill algo cortado.
—Mallorca tiene unas playas preciosas de arena blanca—explicó Janet—No hace falta iros a la otra punta del mundo para estar en el paraíso, ya veréis que playa más hermosa os hemos buscado, rodeada de palmeras y con alguna cala perdida para….perderse.
Carraspeó al decir la última frase, aún no conocía mucho a Bill y Tom y podía que su broma no cayera en un buen momento.
—Eso es lo que queremos—murmuró Tom sonriendo—Un lugar paradisíaco donde perdernos.
—Aquí tenéis todo bien explicado—dijo Gustav tendiéndoles una carpeta—Ya os he hecho la reserva del hotel y todo, solo falta confirmar los días que va a ser.
Bill y Tom abrieron la carpeta y leyeron lo que su amigo les había buscado. Todo estaba en orden, les habían buscado un hotelito en la misma playa compuesto de bungalows distantes uno de otros, teniendo así toda la intimidad necesaria.
—En este folleto—dijo Janet tendiéndoselo—Os hablan de las excursiones que podéis hacer solos o con algunos de los clientes del hotel.
—Todo es precioso—comentó Bill sonriendo.
Tom intercambió una mirada con Gustav y sonrió, Bill se estaba animando cada vez más y al término de la comida volvía a ser el mismo de siempre, dejando atrás esa mirada perdida que siempre lucía.
Tuvieron dos días para planearlo todo, hacer el equipaje y el de Richard que pasaría los 3 primeros días con los padres de Bill. Luego los de Tom se harían cargo de él y se lo quedarían 2 días hasta que ellos regresaran.
—Cinco días están bien—dijo Tom asintiendo.
Tampoco quería abusar y hacer que Bill pasara más de una semana alejado de su hijo. Él también le iba a echar mucho de menos, pero era distinto.
Llegó el día de coger el avión y fueron despedidos en el aeropuerto por sus familias y todos sus amigos. Prometieron llamar nada más llegar para que supieran que estaban bien, sonrojándose cuando Ralph les sugirió que apagaran el móvil hasta que regresaran.
Se despidieron con un abrazo de todos, siendo el de Bill a Richard el más prolongado. Con su hijo en brazos, le besaba en la frente prometiéndole estar de vuelta en 4 días y traerle un regalo.
—Llámame si le pasa algo—pidió Bill a su madre—Lo que sea.
—Disfruta del viaje cariño—dijo Simone asintiendo—Le dejas en buenas manos.
—Todos le cuidaremos—intervino Georg hablando por el grupo de amigos allí reunido.
Bill asintió mirando a sus amigos. Había ido todos: Gustav con Janet, Georg con Sonhia y Sophie, todos los hermanos y hermanas de Tom, sus padres…incluso Andreas, el mejor amigo de Tom. Sí, su madre tenía razón. No podía dejar a su hijo en mejores manos.
Subieron al avión y una vez sobrevolando las nubes Tom le besó en la mejilla.
—Gracias por hacerlo—susurró contra su piel.
Bill sonrió y se acomodó mejor sobre su hombro. El avión salía a las 9 de la mañana y habían tenido que madrugar. Y entre los nervios y el remordimiento de dejar a su hijo solo, no pudo conciliar el sueño y se pasó media noche en la habitación de su hijo observándole dormir como un angelito.
Le debían una muy grande a Gustav. Mallorca era mejor de lo que habían pensado y el lugar que les había buscado….el folleto no le hacía gala. Era más impresionante verlo en persona, esas playas de arena blanca con el mar rompiendo con tranquilidad en sus orillas.
Delante del gran ventanal, Bill disfrutaba de la buena vista que tenían desde su bungalow a orillas de la playa, todo de madera y cortinas blancas.
— ¿Te gusta?—preguntó Tom abrazándole por la espalda.
—Me encanta—contestó suspirando.
—Deshagamos las maletas y vamos a bañarnos—dijo Tom tirando de él.
Fueron al amplio dormitorio y sonrieron al ver la gran cama de matrimonio que les esperaba. Se pusieron los bañadores, ambos blancos y con flores (azules para Bill, rojas para Tom) y salieron a dar un paseo por la arena, cogidos de la mano.
Fueron a la orilla y dejaron que el mar les mojara los pies. El agua estaba templada y se dieron el primer baño de muchos. Entraron en el mar y una vez zambullidos en el se abrazaron y dejaron que las olas les mecieran.
—Se te ve muy feliz—comentó Tom estrechándole con más fuerza.
—Porque lo soy…gracias a ti—susurró Bill.
Entrelazó las piernas en su cintura y se apoderó de sus labios. Tom bajó las manos y las puso sobre sus nalgas, acariciándoselas por encima de la tela del bañador, haciendo que se moviera de atrás a adelante y se frotara contra él.
—Tom….aquí no…—susurró Bill contra sus labios.
—Estamos solos—susurró Tom a su vez.
Tuvo que ceder, una mano de Tom había logrado colarse por su bañador y le sentía juguetear con su entrada, colando un dedo y luego otro más. Cerró los ojos y apoyó la cabeza en su hombro sin dejar de frotarse. Sentía una dureza pujar contra la suya, los dos estaban a punto de estallar y pasados unos minutos lo hicieron en sus bañadores, buscándose los labios y besándose entre gemidos ahogados…
Regresaron al bungalow y fueron a ducharse….cambiando de opinión al ver el jacuzzi que había en el baño. Lo llenaron y echaron sales, metiéndose entre risas. Habían llamado a recepción y le habían llevado un par de cócteles que se bebieron entre la espuma.
—Podíamos pasarnos aquí todas las vacaciones—comentó Tom con los ojos cerrados.
Se sentía muy cómodo, sentado en el regazo de Bill y apoyado contra su pecho. Sentía sus manos hacerle un suave masaje en los hombros, lo que le hacía soltar pequeños gemidos incontrolados.
—Te quedarías muy arrugado, todo el día en remojo—rió Bill besándolo en el hombro.
Alzó la cara y recibió otro beso esa vez en los labios.
—Te prometo un masaje esta noche en la cama—murmuró contra sus labios.
Bill asintió y cogiendo una toalla se secó las manos. Había dejado una cosita en el borde de la bañera que Tom no había visto, pero que sintió cuando olfateó el aire.
— ¿Estás…fumando?—preguntó girándose.
Le vio asentir al tiempo que daba otra calada a su cigarro.
— ¿Te molesta?—preguntó exhalando el aire.
—No, es que no sabía que fumaras—contestó Tom.
—Lo hago desde los 16, pero lo dejé cuando conocía a Richard—explicó Bill—Decía que no le gustaba besarme y quedarse con el sabor del tabaco, y como me castigó sin besos…
—Un buen motivo para dejarlo—comentó Tom riendo.
—Lo habría dejado igual al quedarme embarazado—dijo Bill con firmeza—Tras tener a Richard, me he fumado algún cigarro que otro cuando me he sentido nervioso.
Tom asintió, le comprendía muy bien.
—No dejes de hacerlo por mí—le pidió.
— ¿Tú no me castigaras sin besos?—preguntó Bill alzando una ceja.
Tom se giró y esperó a que diera otra calada al cigarro. Entonces se apoderó de sus labios, le dio un breve beso y cuando se separaron exhaló el humo que Bill no había tragado.
—Siempre podemos hacer otras cosas—murmuró cogiéndole en sus brazos.
Le hizo levantarse e intercambiaron posiciones, quedándose él esa vez debajo y Bill sobre su regazo, que viendo sus intenciones apagó el cigarro en el borde de la bañera y lo dejó sobre el. Se puso a horcajadas sobre Tom y se apoderó de sus labios cuando le sintió entrar. Hicieron al amor entre las burbujas del jacuzzi, moviéndose a un ritmo frenético y rompiendo a reír como dos niños traviesos al hacer que el agua se desbordara y cayera al suelo.
Aun así no pararon su juego, terminando agotados tras el orgasmo.
—Ya van dos…y aún es por la mañana—comentó Bill suspirando.
—Y nos quedan 4 días por delante—picó Tom guiñándole un ojo.
Bill suspiró resignado apoyando la cabeza en su hombro. No sabía si esas vacaciones habían sido buena idea, pensaba relajarse esos días y descansar, pero desde que habían llegado no habían hecho otra cosa que no fuera amarse con toda su alma.
Era extraño, en Alemania se sentía apático a la hora de hacer el amor, pero allí con el ruido del mar de fondo…se sentía liberado y con más ganas que nunca de hacer gozar a Tom con todos sus encantos….
Contra todo pronóstico estoy encantada con tu fic. La verdad es que pensé que al ser una historia donde Bill tenía otra pareja no me gustaría. Siempre que veía que actualizabas no me animaba a leer por esa razón hasta que la curiosidad pudo más y… vaya sorpresa. No puede parar hasta que terminé todos los capítulos y ahora necesito más. Lo que tampoco esperaba era este cambio de animo de la pareja por no embarazarse, confío en que el viaje pueda ayudar a conectarlos de nuevo y ojalá el bebé llegue ya.