Parte II, Capitulo 8

 

 

 

Los días pasaron y disfrutaron de todos ellos. Por las mañanas se levantaban a primera hora y daban un largo paseo por la orilla. Luego desayunaban en el restaurante del hotel o pedían que se lo llevaran al bungalow. Después regresaban a la playa y tomaban el sol tumbados en la arena tras haberse dado un baño y jugado entre las olas.

Tras la comida se echaban una pequeña siesta española y las tardes las dedicaban a visitas y compras. Pero las noches eran para amarse con toda libertad. Cenaban y luego compartían el jacuzzi antes de irse a la cama.

Dormían los dos desnudos, tapados con una fina sábana que amanecía en el suelo de las vueltas que daban. El último día tuvieron el mejor despertar. El sol ya se filtraba por las cortinas medio echadas y Tom observaba como hacía que el pelo de Bill brillara. Estaba tumbado de lado observándole dormir boca abajo, con la cabeza vuelta en su dirección y una mano bajo su mejilla, suspirando en sueños y haciéndole a él también hacerlo.

Extendió una mano y la puso en su desnuda espalda, bajando hasta sus nalgas y acariciándoselas. Sonrió al verle arrugar la frente y resoplar.

— ¿Otra vez?—murmuró Bill sin abrir los ojos.

—Tenemos poco tiempo, el avión sale a las 11 y tenemos que estar una hora antes—comentó Tom resoplando—Pero…podemos aprovechar muy bien los minutos que nos quedan…

Mientras hablaba había subido la mano y le hacía un pequeño masaje en la espalda, arrancándole pequeños gemidos incontrolados. Le vio sonreír y acomodarse mejor para que no parase, pero…no quería darle un masaje, quería hacerle el amor una vez más antes de regresar a casa.

Se le acercó y empezó a besarle la espalda, aspirando profundamente cada vez que su nariz rozaba su piel. Le encantaba como olía, y eso terminó por desatarle. Dejó los besos a un lado y se le acostó al lado al tiempo que llevaba ambas manos a su cadera y le hacía girar para que se pusiera de costado.

Bill se dejaba hacer mientras se mordía los labios. Había logrado despertarlo con sus besos y estaba igual de excitado que él. Se acostó dándole la espalda como le pedía y dejó que hiciera todo el trabajo, interviniendo él solo para acoplarse a su cuerpo y alzar las caderas para que le penetrase.

Sonrió al sentirle moverse en su cuerpo, entrando y saliendo al tiempo que enterraba la cara en su cuello y se lo besaba. Llevó un brazo atrás y lo puso sobre su cadera para ayudar a marcar el ritmo, sintiendo como pasados unos minutos una calidez se extendía por su interior al tiempo que se derramaba entre los dedos de Tom, separando los labios y dejando escapar gemidos y suspiros…

 

 

Tuvieron que correr para no perder el vuelo, tardaron varios minutos en recuperarse y se les hizo tarde. Habían hecho el equipaje la noche antes y solo tuvieron que ducharse…separados para no caer de nuevo en la tentación, vestirse con la ropa que dejaron preparada y tomarse un café en el bar del hotel.

Llegaron al aeropuerto y tras facturar el equipaje fueron a esperar la hora que faltaba al bar, donde disfrutaron de un suculento desayuno.

 

 

 

EL vuelo se les pasó muy rápido y cuando tomaron tierra sus ojos ya buscaban a sus padres. Habían prometido estar a buscarlos y con ellos estaba un emocionado Richard que nada más ver a su padre le llamó entre risas.

Se apresuró a cogerlo en brazos y le lleno la cara de besos entre lágrimas.

— ¿Está bien Bill?—preguntó Jörg mirando a su hijo preocupado.

—Sí, es por la emoción—contestó Tom estrechando su mano.

—Cuánto has crecido—dijo Bill sin dejar de abrazar a su hijo.

—Cariño, que solo han pasado 5 días—comentó Simone sonriendo.

Pero le entendía, para él habían sido como 5 años y le había echado mucho de menos. Recogieron el equipaje mientras le contaban lo bien que lo habían pasado y se dirigieron todos a casa de los padres de Tom a comer, donde les esperaban Klaus y Emily.

—Bill, estás muy guapo—comentó Klaus tras saludarlo.

—Es verdad—apuntó Trudy—Tienes mejor color de cara e incluso diría que has engordado.

—Nos hemos pasado todo el día comiendo y al sol sin hacer nada—dijo Bill resoplando—Mañana mismo nos ponemos a régimen los dos.

—Habla por ti, cariño—intervino Tom besándolo en la mejilla—Pero yo te veo muy hermoso así.

Bill se sonrojó, le gustaba que le dijera esas cosas pero en la intimidad, no con sus padres y hermanos mirando…

— ¿Y Ralph?—preguntó de repente al ver que no estaba.

—Quería venir pero le salió no sé qué cosa—contestó Klaus—Mañana lo veréis en el club.

Tom asintió pensando que era muy raro, sus hermanos siempre hacían todo juntos y le era extrañó ver solo a uno cuando estaban todos reunidos. ¿Qué había pasado para que no asistiera el otro hermano? ¿Se habrían peleado?

 

 

 

Terminaron de comer y los padres de Bill les llevaron a su piso, donde hallaron la nevera llena y varios tuppers con comida en el congelador.

—Pensamos que no tendríais con ganas de cocinar—explicó Simone.

—Yo aún creo que estoy en la playa y solo tengo que llamar para que nos sirvan una suculenta comida—dijo Tom suspirando.

—Entonces, ¿lo habéis pasado bien?—preguntó Simone.

—Muy bien mamá, de verdad—contestó Bill con una amplia sonrisa.

Su madre respiró más tranquila, había notado raro a su hijo antes de esas vacaciones precipitadas y se alegraba mucho de que las cosas hubieran vuelto a la normalidad.

Sabiendo que querrían descansar, se despidieron y los dejaron a solas con el pequeño Richard, que no se bajaba de los brazos de Bill. Esa noche tampoco se quiso separar y Bill y Tom tampoco le querían dejar solo en su habitación, lo habían echado mucho de menos. Le acostaron entre los dos y se durmieron entrelazando los dedos sobre el sonriente niño.

 

 

 

 

Los días siguientes fueron un caos, la inauguración del nuevo local se adelantó y Gustav los puso a trabajar a destajo. En 3 días hicieron todo el trabajo de varias semanas y Bill se resintió la última noche. Llevaba todo el día sintiéndose mal y sin probar apenas bocado, recibiendo una regañina de Tom cuando sintió que se mareaba y tuvo que recostarse.

—Es todo culpa mía—se lamentó Gustav—No debí hacer que te esforzaras.

—No es nada, se me pasará mañana—murmuró Bill con los ojos cerrados—Ya he hablado con los del catering y los menús están ya terminados, los dejé sobre tu mesa para que los vieras.

—Sí, los vi. Has hecho un buen trabajo Bill—dijo Gustav.

—Y el que queda…—murmuró Bill resoplando.

—Pero ahora, nos vamos a casa—dijo Tom con firmeza.

—Y mañana tienes el día libre—apuntó Gustav.

No pudo negarse, Tom le ayudó a levantarse y se lo llevó a casa de inmediato, donde su hermana pequeña se había quedado al cargo de Richard. Insistió en llevarla a casa, pero viendo el estado de Bill Emily se negó y Tom le llamó un taxi a regañadientes.

Una vez a solas, le preparó un té a Bill y mientras se lo tomaba bañó y dio de cenar a Richard. Luego le acostó y se fue a hacerle compañía a Bill, que ya dormía acomodado bajo las sábanas.

 

 

Al día siguiente se despertó peor. Bill vaciaba su estómago en el baño y una duda cruzó su mente… ¿y si…? Se levantó raudo a ver si necesitaba algo y tras limpiarle la cara con una toalla, se le quedó mirando fijamente.

— ¿Qué pasa?—preguntó Bill sin entender.

— ¿Tienes aquí una prueba de embarazo?—preguntó Tom yendo al grano.

—Pues no…y no creo que…

—Vamos Bill, tienes nauseas—cortó Tom sonriendo.

—Esto no funciona así—dijo Bill negando con la cabeza—No me quedo embarazado y tengo nauseas instantáneas. Con Richard estuve tres semanas como si nada hasta que me hice la prueba para confirmarlo.

—Pero…por probar…—insistió Tom.

—Debí comer algo ayer que me sintiera mal—insistió Bill a su vez—Me vuelvo a la cama, ocúpate de Richard de por favor.

No le quedó más remedio que hacerlo, Bill pasó por su lado y entró en el dormitorio. Salió del baño y fue a ver si estaba despierto Richard, pero aún dormía como un angelito y decidió dejarle unos minutos más. Mientras, le haría un té a Bill y se lo llevaría a la cama.

Se entretuvo en la cocina mientras ponía el agua a cocer y preparaba el biberón de Richard. Cuando fue en busca de Bill…halló la cama vacía. Dejó el té sobre la mesilla y fue al baño, donde le encontró sobre el inodoro inclinado. Nuevamente vaciaba su revuelto estómago.

Esperó en silencio y cuando le vio incorporarse corrió a ayudarle, pasándole un brazo por la cintura. Accionó de la cisterna y le sujetó con firmeza mientras le ayudaba a volver a la cama. Le acostó en ella y señaló el té que le había preparado, viéndole negar con la cabeza arrugando la nariz.

—Vayamos a ver a la doctora Allen, por favor—suplicó Tom.

—Tengo…tengo miedo—susurró Bill.

— ¿De qué, cariño?—preguntó Tom retirándole un mechón de pelo.

—De no poder darte un hijo—contestó Bill en un susurro.

—Necesitamos tiempo, lo sabes—dijo Tom suspirando—No debes preocuparte, el día menos pensado te quedas embarazado y mientras…pues lo intentamos. ¡Será por intentos!

Logró hacerle sonreír. Se inclinó y le besó con suavidad en los labios haciéndole suspirar.

— ¿Vamos a ver a la doctora Allen?—murmuró contra sus labios.

Le vio asentir resignado y pudo respirar tranquilo.

—Despierto a Richard y le visto—explicó incorporándose—Podemos dejarle de camino en casa de mis padres y…

—No les digas nada, por favor—suplicó Bill—Aún no…no quiero darles falsas esperanzas.

Tom asintió y le dejó descansar mientras despertaba a Richard y le daba el biberón que le había preparado. Le cambió el pañal y vistió, preparándole una bolsa con ropa limpia por si acaso y algún cuento para que se entretuviera, aunque dudaba que se aburriera en casa de sus padres. Siempre se lo llevaban a dar un paseo y presumían de nieto con los vecinos.

Luego fue a por a Bill. Le ayudó a vestirse arrugando la frente al ver lo pálido y ojeroso que estaba. Se vistió él también y una vez todos listos cogieron el coche e hicieron una parada corta en casa de sus padres, que se quedaron encantados con Richard sin hacer ninguna pregunta por el estado de Bill tras la mirada que les dirigió su hijo.

 

 

Media hora más tarde entraban en la consulta de la doctora Allen. Nada más saber que estaban allí logró hacerles un hueco y enseguida examinó a Bill, mandando que le hicieran una analítica de inmediato.

—No nos hagamos ilusiones por si acaso—dijo Bill mirando a Tom.

Pero Tom no podía evitar hacérselas, algo se lo decía…y la doctora Allen no tardó en confirmárselo.

—Pues si Bill, enhorabuena. Estás embarazado—les informó sonriendo ampliamente.

— ¿Qué…? ¿Pero, cómo?—preguntó Bill sin podérselo creer.

—Estás de tres semanas exactas—explicó Allen—Los análisis lo han confirmado y ahora te hago una ecografía para ver cómo está tu hijo.

— ¿Tres semanas?—repitió Bill con miedo.

Tom le miró sabiendo lo que pasaba por su cabeza, y se apresuró a cogerle la mano con firmeza.

—No le has hecho daño, tranquilo—le aseguró.

— ¿Ha pasado algo?—preguntó Allen.

—Yo…nos fuimos unos días de vacaciones y me excedí…fumé y bebí sin saber que…—explicó Bill con un hilo de voz.

—Tranquilo, tu hijo está bien—le aseguró Allen—Pasa a la sala de al lado y ahora mismo lo veremos.

Asintió y se puso de pie sin soltar la mano de Tom. Se sentó en la camilla y se recostó mientras que Tom tomaba asiento bien cerca y volvía a cogerle la mano, llevándosela a los labios y besándosela. La doctora Allen lo preparó todo, le levantó el borde de la camiseta y puso sobre su estómago un poco de gel que extendió con la sonda.

—Mírale…allí está—dijo Allen al cabo de unos minutos.

—Que pequeñito—susurró Tom muy emocionado.

Bill asintió con los ojos llenos de lágrimas. Tanto tiempo intentándolo, y tenía ante sus ojos ese hijo tan deseado…

por lyra

Escritora del fandom

Un comentario en «Segundas Oportunidades 40»

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