Segundas oportunidades 41

Parte II, Capítulo 9

 

 

Salieron de la consulta con mejor estado de ánimo que con el que habían entrado. Se cogieron de la mano en el ascensor, mirando la primera ecografía de su hijo.

—Es maravilloso, Bill—dijo Tom muy emocionado.

No pudo resistirse y llevó una mano al vientre de Bill, acariciándoselo sobre la camiseta. Lo sentía más firme que antes, sonriendo al saber que su hijo crecería sano y fuerte en él.

—Tenemos que decírselo a nuestros padres—dijo Tom sin soltarle la mano—Llamamos a los tuyos y que se vengan a comer a casa de mis padres, y allí soltamos la noticia.

—¿No es algo precipitado?—preguntó Bill—¿Y si al bebé le pasa algo?

—¿Qué le puede pasar teniéndote a ti de padre?—preguntó Tom a su vez—Y yo pienso cuidarte y mimarte, nada malo os va a pasar a ninguno de los dos.

Se apoderó de sus labios y se los besó. Se sentía el hombre más feliz del planeta…

Entraron en el coche y mientras que Bill llamaba a sus padres y les decía lo de la comida, Tom conducía con una amplia sonrisa en los labios. Pararon en una tienda de comida para llevar e hicieron un pedido, los padres de Tom no esperaban invitados y no tendrían nada preparado. Quedaron en que se lo llevarían a la 1 en punto y volvieron al coche.

Una vez en casa de los padres de Tom se auto invitaron a comer y Trudy ya se olía algo al ver a su hijo más atento que nunca y feliz. No dijo nada, esperaría que fueran ellos mismos quienes dieran la gran noticia, que se confirmó cuando llegaron los padres de Bill.

—Mamá…papá…—empezó a decir Bill mirando a sus padres.

Toda la casa se quedó en silencio a la expectativa, pero no le salían las palabras a Bill y tuvo que ser Tom quien diera la gran noticia, llevando una mano al estómago de Bill y acariciándoselo con ternura.

—Estamos esperando un hijo—explicó emocionado.

Todos estallaron en risas y corrieron a abrazar a Bill y a Tom.

—¡Otro nieto!—exclamo Simone besando a su hijo en la mejilla.

—¿Y cómo lo llevas?—preguntó Trudy.

—Bueno…hoy peor que nunca, pero se me pasará—explicó Bill resoplando.

—Lleva toda la mañana revuelto y mareado—explicó Tom a su vez.

—Pues échate hasta la hora de comer—dijo Trudy al momento.

Tom asintió y dejando que sus padres hicieran planes para el nuevo nieto, cogió a Bill de la mano y lo llevó a su antigua habitación. Le ayudó a tumbarse y él también se acostó a su lado, atrayéndolo a sus brazos. Llevó las manos a su vientre…no podía dejar de hacerlo. Le subió la camiseta y cerró los ojos a la espera de que su hijo se moviera.

—Aún es muy pronto—dijo Bill sonriendo.

—Lo sé…pero no lo puedo evitar—murmuró Tom acariciando su vientre.

Bill asintió y cerrando los ojos él también, se quedó dormido entre sus brazos, sonriendo porque al final le iba a hacer padre.

Sus amigos fueron los siguientes en enterarse. Hicieron una cena en su piso y allí les dieron la gran noticia, que fue recibida de buen agrado.

—Si es niña, os te paso toda la ropa que Sophie no ha estrenado—les prometió Sonhia.

—Sí, esta niña crece demasiado deprisa—dijo Georg resoplando—El día menos pensado…ya me está presentando su primer novio.

Todos se echaron a reír, más al ver la triste mirada que Georg les dirigió. Su hija tenía ya casi 3 meses y crecía con bastante rapidez. Todas las noches la cogía en brazos y la acunaba para dormirla pensando que cuando fuera más mayor iba a echar mucho de menos esos momentos.

—Hey, Richard está primero—apuntó Tom siguiendo la broma.

—Claro que sí—dijo Sonhia asintiendo con firmeza—Es el niño más guapo del mundo.

—Ya trae de cabeza a las niñas de la guardería—explicó Bill riendo.

Tom se le quedó mirando asombrado del cambio experimentado. Atrás quedó esa depresión que le había recluido en las sombras, se le veía muy radiante y siempre con una sonrisa iluminándole la cara.

Los meses siguientes se pasaron con algo de rapidez. Gustav inauguró el nuevo local y en vista del estado de Bill, Janet se hizo cargo de las recepciones en su lugar. Bill trabajaba desde casa en la publicidad y demás, y Ralph ocupó su sitio de relaciones públicas en el club. Se le daba muy bien hablar con la gente y gracias a sus nuevos contactos (compañeros de clase), el club se llenaba todas las noches.

Tom seguía trabajando de DJ casi todas las noches, no quería dejar solo a Bill y estaba enseñando el oficio a su hermano Klaus. Gustav le había prometido cogerle solo los fines de semana, cuando más gente había y se encargaba de la música en las recepciones que daban en el otro local.

Habían empezado con buen pie, celebraban bodas, comidas de trabajo y despedidas de solteros. Incluso celebraron allí el cumpleaños de uno de los compañeros de guardería de Richard, llenando el local de globos de colores y Bill se encargó de contratar un payaso para que entretuviera a todos los niños invitados.

Mientras, su nuevo hijo crecía a ojos vistos en su vientre. Se notaba más pesado que cuando Richard y con más hambre, como así se lo hizo notar Georg en la fiesta a la que también habían invitado a su hija.

— ¡No llevo dos raciones de tarta!—se defendió Bill.

Pero Tom tuvo que darle la razón a Georg, la tarta era toda de merengue y Bill se había comido dos raciones seguidas de una sentada.

—Perdona…es que se me antojó—se disculpó con Tom una vez a solas.

—Si se te antoja otra cosa…ya sabes dónde me tienes—susurró Tom guiñándole un ojo.

Se sonrojó hasta las orejas, desde que se había quedado embarazado sus hormonas estaban más revolucionadas. Así explicaban esos días que pasaron en Mallorca sin salir de la cama, no pasaba una noche que no hicieran el amor, ni una mañana…

Una tarde que Bill trabajaba en casa tuvo que ausentarse. Tenía que confirmar unas invitaciones con Ralph y no le cogía el móvil. No le importó tener que ir al piso que compartía con Andreas para hablar con él, le apetecía dar un paseo tras estar toda la mañana sentado. Richard estaba al cuidado de Emily, que iba todas las tardes a estudiar a su casa mientras vigilaba las siestas de Richard. Tom había tenido que ir al nuevo local, había un cumpleaños de la hija de unos amigos de sus padres y al ser todos de 18 años querían un DJ que pusiera la música de moda.

Se despidió de Emily y ajustándose una cazadora sobre su vientre de casi 5 meses, salió a la calle. No quedaba lejos el piso donde vivía Ralph y llegó en 20 minutos. Llamó al interfono y tuvo que esperar varios minutos hasta que la voz adormilada de Andreas le abrió.

—Siento mucho despertarte—se disculpó nada más entrar por la puerta.

—No pasa nada—murmuró Andreas ahogando un bostezo.

Llevaba solo puesto unos pantalones a medio abrochar, dejando ver que no tenía nada debajo.

—Es que…tengo que hablar con Ralph y no me coge el móvil—explicó Bill carraspeando.

—Vaya, pues te has dado el paseo para nada. No está en casa—dijo Andreas resoplando.

Pero…de repente apareció Ralph en el marco de la puerta y Bill abrió los ojos como platos. Llevaba puesta una camiseta que reconoció como de Andreas y él tampoco llevaba nada debajo. Sus ojos se clavaron en él y luego en Andreas, que se había sonrojado hasta la punta de las orejas.

—Siento mucho haberos…interrumpido—murmuró Bill retrocediendo hasta la puerta.

—Bill, por favor espera—le llamó Ralph—Nosotros…

—No me tenéis que explicar nada—dijo Bill con firmeza.

—Quédate, por favor—insistió Ralph.

Asintió al ver la mirada desesperada que le dirigía. Se dirigió al salón y se sentó en el sofá mientras que Andreas desaparecía en la cocina y Ralph se ponía algo más de ropa y se reunía con él.

—Tom no sabe nada—empezó a decir Ralph.

—Tom no te juzgará—dijo Bill con firmeza.

—Lo sé, es que…mi familia no tiene ni idea y no sé cómo se lo van a tomar—murmuró suspirando Ralph.

Vio lo nervioso que estaba y se apresuró a cogerle una mano y apretársela.

—Tu familia lo entenderá—aseguró.

—Siempre he dado una imagen de rompecorazones—empezó a decir Ralph—Mi madre se exasperaba de todas las chicas que llamaban a casa preguntando por mí o mi hermano…

—Klaus lo sabe, ¿verdad?—interrumpió Bill.

—Se lo tenía que decir, somos gemelos y tenemos una relación muy especial—explicó Ralph—Digamos que lo presintió…y me ha estado encubriendo desde entonces.

— ¿Cómo?—preguntó Bill muy curioso.

—Haciéndose pasar por mí delante de mi familia—contestó Ralph en voz baja—Yo decía que había quedado con una chica cuando la verdad era que había quedado con un chico, y Klaus se dejaba ver con una chica haciéndose pasar por mí. Al principio me negué, no era justo para la chica y no quería engañar a mis padres, pero Klaus insistió diciendo que haría todo lo que estuviera en su mano para ayudarme hasta que estuviera preparado para contarlo.

Bill asintió con la cabeza, sabía lo mal que lo estaba pasando. Cuando él les dijo a sus padres que era gay, tuvo toda su comprensión y bueno, era verdad que alguno de sus amigos no lo entendió y muchos de ellos le dieron la espalda.

—Andreas es muy especial—siguió diciendo Ralph.

— ¿Desde cuándo…?—empezó a preguntar Bill.

—Desde la pasada nochevieja, ¿te acuerdas?—dijo sonriendo Ralph—Le pedí a Tom quedarme en su casa porque Klaus llevaría una chica al piso que compartimos, pero la verdad es que me había estado insinuando a Andreas y cayó esa noche.

Sonrió al escucharle, se lo imaginaba lanzándole sonrisas y miradas a Andreas que desde la barra no dejaría de quitarle los ojos de encima, deseando que pasaran las horas para poder estar a solas.

—No quiero que tengas ningún problema con Tom—dijo Ralph poniéndose serio—Le llamo yo mismo y se lo cuento, no quiero que andéis por mi culpa con secretos.

—Cuéntaselo cuando estés preparado—negó Bill—No habrá ningún problema y cuando llegue el día Tom lo entenderá y jamás te juzgará ni se enfadará.

—Lo sé, Tom es el mejor hermano que pudiera tener—murmuró Ralph suspirando—Venga, hablemos de trabajo.

Bill asintió y le comentó las dudas que llevaba apuntadas en su agenda. Ralph le confirmó el número de invitaciones y Bill lo apuntó sonriendo sin poder evitarlo. Había mirado una anotación suya hecha para dentro 24 horas, la doctora Allen le haría una ecografía y sabrían al fin si iban a tener niño o niña.

Se despidió de Ralph y Andreas y regresó a casa dando un largo paseo. Se los habían recetado, no sabía como pero estaba engordando más que cuando estaba embarazado de Richard…bueno, algo si se imaginaba. Tom le mimaba y sabiendo de sus muchos antojos siempre regresaba a casa con algún dulce que él devoraba. Como esa noche, tras la fiesta sobraría tarta y ya se relamía al pensar en la ración que Tom llevaría para los dos y se comerían juntos en la cama antes de hacer el amor…

Con esa idea en mente apuró el paso maldiciendo por lo bajo cuando se le puso rojo el semáforo. Le tocaría esperar unos minutos y no hacía más que fulminar con la mirada al semáforo para que se cambiara.

— ¿Bill?

Se volvió al escuchar que le llamaban, poniéndose tenso sin poder evitarlo. David Jost estaba a su lado y le miraba de arriba abajo tensándose él también sin poder evitarlo.

—Vaya—murmuró David carraspeando.

Su estado era más que evidente, por mucho que se cruzara la cazadora en su abultado vientre.

— ¿Qué tal estás?—preguntó David una vez repuesto de la sorpresa.

—Bien…gracias—carraspeó Bill.

El semáforo cambió pero no se movió, no podía darse media vuelta como si nada dejando a David plantado en mitad de la acera. Aunque tampoco quería estar más rato ante su firme mirada, era como si le estuviera haciendo una radiografía, se sentía desnudo ante sus ojos.

— ¿Para cuándo…?—preguntó David señalando su vientre.

—Unos 4 meses—contestó Bill.

—Tom debe estar muy feliz—comentó David.

—Los dos lo somos—apuntó Bill acariciándose el estómago—Es un niño buscado y muy deseado.

No quería que pensara que se había quedado en estado sin que ninguno de los dos lo esperara. Era lo mejor que le había pasado y no podía ocultarlo.

—Os deseo lo mejor, estoy seguro de que Richard también estará muy emocionado—dijo David, viéndole asentir— ¿Puedo llamarte cuando llegue el día? Me gustaría saber que tal ha ido todo, y conocer al nuevo bebé.

—Claro—murmuró Bill algo desconcentrado.

—Bien…te dejo, tendrás muchas cosas que hacer y yo…solo te vi ante el semáforo y dejé a mis amigos plantados—explicó señalando el restaurante que había a sus espaldas—Ah, y ya me han hablado del local de Gustav, al parecer va muy bien y algunos clientes míos están pensando en dar allí una comida la semana que viene.

—Tienes mi número, llámame y te hago una reserva—dijo Bill con mucha profesionalidad—También puedes visitar nuestra página Web, allí te harás una idea de lo que hay y cuando me llames ya tendrás una idea de lo que quieres.

David asintió y viendo que el semáforo cambiaba de nuevo para Bill, siguió un impulso y se despidió de él con un fuerte abrazo. Le soltó y dejó que cruzara la calle antes de que se le cambiara a rojo el semáforo.

No pudo apartar la mirada hasta que le perdió de vista, pensando con nostalgia en lo mucho que hubiera disfrutado Richard viendo crecer a su hijo, y en los demás que Bill le hubiera dado. Se les veía tan enamorados, que él no pudo evitar sentir algo de celos y envidia sana. Iban a formar una familia mientras que él se iba haciendo viejo y se encontraba solo.

Tuvo su oportunidad con Bill y la dejó escapar. Sabía que con Tom…Bill jamás le iba a dar una segunda oportunidad…

por lyra

Escritora del fandom

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