Segundas Oportunidades 43

Parte II, Capítulo 11

 

Casi un mes después admiraban su nueva adquisición. Tenían el apartamento de al lado para los dos, se había firmado la compra escasos días antes y ya era oficialmente suyo.

—Los salones están pegados el uno al otro—dijo Tom pensativo—Se puede tirar la pared que los comunica y deshacernos de la pequeña cocina. Dividimos la habitación en dos, una para que jueguen los niños y la otra la dejamos como un despacho donde instalaremos el ordenador y el fax. Y el dormitorio tal y como está para Marie

—Va a ser mucho trabajo—comentó Bill suspirando—Y cuando empiecen las obras no podremos estar aquí…y yo voy a necesitar tranquilidad…

—Mi madre ya ha pensado en eso—dijo Tom sonriendo—Nos ha ofrecido irnos con ella y mi padre mientras duren las obras. Nos echarán una mano con Richard y tú podrás descansar sin preocupación alguna.

Bill escuchaba mientras pensaba que a lo mejor se habían precipitado. Estaba ya de 6 meses y medio y se tenían que meter en obras de inmediato. Había que marcharse del piso, hacer una pequeña mudanza a casa de los padres de Tom y luego otra cuando las obras terminasen y para entonces habría salido ya de cuentas o estaría a punto.

—No te preocupes por nada—dijo Tom abrazándole por la espalda—Nos podemos quedar en casa de mis padres todo el tiempo que haga falta y si te pones de parto y esto no está terminado, hay sitio en casa para tus padres también y entre todos cuidaremos de ti y Marie.

Asintió en sus brazos, Tom siempre tenía la solución adecuada a los problemas que les asaltaban. Era verdad, quería estar cerca de sus padres cuando naciera el bebé. Como cuando Richard, su madre no se separó de su lado ni en el quirófano. Claro, que esa vez era distinta. Estaba Tom, y ya se lo imaginaba cogiéndole de la mano y pidiéndole que respirara y empujara…

 

 

Empezaron con la “mudanza” esa misma semana. No había mucho que llevar, solo algo de ropa y juguetes para Richard, que no extrañara su nueva casa. Los hermanos de Tom ayudaban haciendo de todo. Cubriendo muebles para que no se llenasen de polvo cuando tiraran la pared del salón, retirando los que estorbaban y llevándolos a otra habitación…

En dos días se irían del piso por unos meses y la última noche que pasaron en el querían que fuera especial. La madre de Tom lo sabía y se llevó esa noche a Richard para dejarles la intimidad necesaria. Pero no contaban con que Ralph cayera enfermo y tuviera que sustituirle Tom a última hora.

Prometiendo regresar pronto y que le esperara despierto, Tom se despidió de Bill con un profundo beso. Gustav había recurrido a él porque esa noche había una fiesta especial y estaban todos los camareros ocupados, nadie más que él podía hacer de DJ.

Y Bill lo sabía. Dejarían esa celebración para otro día, además estando como estaba no era el momento ideal para celebrar nada. Se sentía muy pesado, había engordado 4 kilos más y la doctora Allen ya le había reñido por haberse excedido. Y no la culpaba, el otro día fue el cumpleaños de Georg y se puso las botas con la tarta.

Tan abultado como estaba, hacía días desde la última vez que Tom y él hicieran el amor. Se acordaba de los primeros meses, como sus hormonas estaban revolucionadas y lo hacían a cada hora. Ahora sin embargo, no “soportaba” que Tom le tocara, estaba algo tirante cuando se acostaban y tras contárselo a la doctora Allen lo achacaron de nuevo a sus hormonas.

Suspiró una vez a solas. Eran las 9 de la noche y Tom no regresaría hasta las 11. Habían cenado juntos y en esos momentos estaba en a cocina preparándose una taza de té que se tomó mientras leía recostado en la cama. En sus manos tenía una revista que hablaba de todo lo que tenía que saber sobre su bebé, aunque siendo el segundo estaba más que preparado. Pero siempre salía algo nuevo, como por ejemplo como dormir a tu hijo tras un mal sueño. Decía que lo acunara en brazos hasta que se volviera a dormir, y que si eso no funcionara lo metiera con él en la cama.

Suspiró sonriendo, eso era lo que él pensaba. No iba a dejar a su hijo durmiendo en su cuna él solito tras una pesadilla.

Se tomó el té y dejando la revista a un lado se tumbó en la cama y apagó la luz. Pero no daba con la postura adecuada, Marie estaba revoltosa esa noche y no paraba. Se dio la vuelta tumbándose de lado hasta que al fin Marie se cansó y decidió ella también dormir.

Sonrió y tras llevar una mano a su estómago, cerró los ojos y aunque le había dicho a Tom que le esperaría despierto, se quedó dormido de inmediato…

Pero no por mucho tiempo. Abrió los ojos de repente y se incorporó en la cama. Dio la luz y sus ojos volaron al reloj que había sobre la cómoda. Eran las 11 y media y Tom no había regresado.

Se puso muy nervioso y cogiendo el móvil marcó su número, pero tras dejarlo sonar con insistencia colgó entre sollozos. Empezó a respirar con dificultad, y por mucho que se repetía que no pasaba nada, no podía evitar empezar a sentirse mal.

Sabía que era muy tarde pero no podía quedarse quieto y esperando. Tenía que llamar a alguien y Georg fue el elegido. Marcó su número y esperó mientras se mordía el labio.

—Bill…. ¿ocurre algo?—preguntó Georg preocupado.

— ¿Te he despertado?—preguntó Bill a su vez.

—No tranquilo, estábamos viendo una película—contestó Georg—¿Va todo bien?

—No—susurró Bill rompiendo a llorar—Tom no está…

— ¿Qué no está?—repitió Georg sin entender.

—Gustav le necesitó y se está retrasando—explicó Bill entre lágrimas.

—Tranquilo, la fiesta se habrá alargado—le trató de calmar Georg—Tom cogerá el coche y en menos que lo esperes…

— ¡El coche!—exclamó Bill entre jadeos—Dile que…dile que no coja el coche…

No pudo seguir hablando, las lágrimas se agolpaban en su garganta y los recuerdos volvían a su mente. Cerró los ojos y lo vio todo, David llamando a su puerta y el corriendo a abrirla pensando que Richard se había dejado las llaves cuando salió en mitad de la noche a comprarle helado…cuando al abrió y vio a David, supo de inmediato que su felicidad se había truncado.

Y estaba pasando de nuevo, Tom no volvía como le había prometido porque algo había pasado.

Separó los labios y soltando un pequeño grito cayó sobre las almohadas desmayado…

 

 

 

Cuando los volvió a abrir…Tom estaba cogiéndole de la mano. Sonrió con esfuerzo al tiempo que una lágrima bajaba por su mejilla y se perdía.

—Tom…—susurró con un hilo de voz.

—Bill…me has dado un buen susto—no pudo evitar decir Tom.

Era verdad. Se había retrasado en el club y viendo lo tarde que era no pensó en llamarle por si estaba dormido. Pero cuando Georg le llamó contándole lo ocurrido, no dudó en salir corriendo dejando a Gustav hablando con Georg con su propio móvil.

Entró en el coche y arrancó, conduciendo con todo el cuidado del mundo al recordar lo que Georg le había dicho. Bill le había pedido que le dijera que no cogiera el coche y él sabía el porqué. Richard había muerto de esa manera, pero no entraba en sus planes irse de su lado de esa cruel manera. Le amaba mucho para morir, había una hija en camino que quería ver crecer…

Con esa idea en mente llegó al piso y entró como una exhalación, cortándosele la respiración al ver a Bill sobre la cama desmayado. Le cogió el móvil que aún aferraba en su mano y llamó una ambulancia sin pensárselo dos veces mientras se sentaba en la cama y en silencio le pedía que despertara.

No se movió de su lado hasta que abrió los ojos y le sonrió. No le dejó solo cuando la doctora Allen le examinó y corroboró que todo iba bien y su hija estaba sana y salva. Le llevaron a una habitación particular y allí le conectaron a una máquina que controlaba los latidos del corazón de su hija, que se escuchaban con fuerza por toda la habitación.

—Lo siento mucho—se disculpó Bill en un susurro—Tenía tanto miedo de que te hubiera pasado lo mismo…

—Lo sé, cariño—dijo Tom a punto de llorar él también—Y voy y te grito nada más despertar…

Se inclinó y rozó sus labios con un breve beso. La puerta de la habitación se había abierto y la doctora Allen los miraba algo cortada.

—Perdón por la interrupción—se disculpó.

Tom sonrió y ayudó a Bill a incorporarse en la cama, preparado para escuchar lo que la doctora Allen les tenía que decir.

—Bill, has tenido un ataque de ansiedad—dijo Allen yendo al grano—La tensión te ha subido y eso ha sido lo que te ha provocado el desmayo.

—Fue todo muy rápido—explicó Bill avergonzado—Abrí los ojos y al no ver a Tom…ya me puse en lo peor, me acordé de Richard y me dejé llevar por el miedo…

—Era normal—dijo Allen suspirando—Ahora necesitas mucho reposo, nada de sobresaltos y si puedes dejar tu trabajo mejor que mejor.

—Eso está hecho, no quiero que le pasé nada malo a Marie—prometió Bill de inmediato.

—Se nos ha juntado todo—intervino Tom—La compra del apartamento, las obras que empiezan en dos días, la mudanza a casa de mis padres…

—Ha sido mucho estrés para Bill—dijo Allen—Ahora ya sabes, mucho descanso cuando regreses a casa. Quiero que te quedes esta noche y mañana te doy el alta.

Bill y Tom asintieron y la doctora Allen salió para que descansaran los dos.

—Georg y Sonhia están afuera—dijo de repente Tom—La doctora Allen les informará, pero me gustaría despedirme de ellos en persona.

—Claro, puedes irte tranquilo—murmuró Bill—Me quedaré escuchando el corazón de Marie.

Tom sonrió y tras despedirse con otro beso salió de la habitación y fue a la sala de espera, donde estaban Georg y Sonhia, junto con Gustav y Janet, un enfermo Ralph y Andreas y también Klaus.

—Todo en orden—dijo suspirando.

—La doctora ya nos ha contado que Bill ahora solo tiene que descansar—dijo Sonhia cogiendo a Tom de la mano.

—Dile que está despedido—intervino Gustav tratando de relajar el ambiente.

Todos rieron con esfuerzo, lo peor había pasado y ahora solo quedaban 3 meses por delante para mimar al futuro padre.

—No he llamado a mamá y a papá—explicó Tom dirigiéndose a sus hermanos—No les quería preocupar ni tampoco a los padres de Bill. La doctora Allen le dará el alta mañana y entonces…

—Entonces se lo diremos—dijo Ralph terminando por él la frase.

—Pasaremos por el piso para coger lo último y nos trasladaremos a casa de papá—comentó Tom—Allí Bill podrá descansar mientras se hacen las obras del piso.

—Nosotras nos encargaremos luego de limpiarlo—se ofreció Janet mirando a Sonhia, que asintió de inmediato—Dile a Bill que lo deje todo en nuestras manos, que él solo se preocupe de…de nada, vamos.

Tom asintió y viendo que era hora de regresar al lado de Bill y su hija, se despidió de sus amigos agradeciéndoles que estuvieran allí a esas horas. Regresó a la habitación donde Bill le esperaba despierto y se sentó muy cerca de la cama, poniendo una mano sobre su estómago que acarició hasta que Bill se quedó profundamente dormido…

Despertó escuchando el dulce sonido del corazón de su hija. Abrió los ojos y descubrió a Bill también despierto y mirándole fijamente.

—Creí que te había perdido—susurró Bill.

—Ya pasó, no pienses más en eso—dijo Tom incorporándose.

Había pasado la noche sentado en una cómoda butaca al lado de la cama donde descansaba Bill. Se acercó y cogiéndole la mano se la llevó a los labios y besó suspirando.

—No volveré a dejarte solo, te lo prometo—susurró contra su mano.

Bill asintió sonriendo con esfuerzo, hasta que una patada de su hija le hizo gemir por lo bajo.

—Se ha despertado—explicó entre risas.

—Tendrá hambre, al igual que su padre—dijo Tom con firmeza.

Le soltó la mano y se puso en movimiento. Salió al pasillo y parando a la primera enfermera que vio le pidió que le llevara el desayuno al paciente de la 202. Regresó al lado de Bill y minutos después entraba la doctora Allen seguida de una enfermera con dos bandejas.

—Pensé que tú también querrías desayunar—explicó Allen.

Tom asintió y mientras se tomaba una taza de café escuchó las últimas indicaciones antes de que le dieran a Bill el alta.

—Mucho descanso—repitió por enésima vez Allen—No hablo de reposo absoluto, al menos no de momento. Quiero que des cortos paseos y empieces a ir a las clases de preparación para el parto. Allí te ayudarán a respirar para cuando llegue el momento, pero si estando en casa te sientes agobiado, recuerda las clases y lograrás así relajarte.

—Iremos los dos—prometió Tom.

Allen sonrió y le pasó los papeles del alta para que los firmara.

—Termina de desayunar y luego vístete con calma—dijo Allen recogiendo los papeles—Te veré antes de que te vayas.

Dio media vuelta y dejó que la enfermera que la acompañaba desconectara la máquina a la que había estado Bill conectado durante toda la noche. En la habitación se dejó de oír el corazón de Marie y Bill y Tom se miraron.

—Se echa de menos ese sonido—murmuró Bill sonriendo.

Tom asintió al tiempo que ponía una mano sobre su estómago, sonriendo al sentirse mover a su hija.

por lyra

Escritora del fandom

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