Segundas oportunidades 44

Parte II, Capitulo 12

 

 

Terminaron de desayunar y tras ayudar a Bill a levantarse le dejó en el baño para que se arreglara mientras que él hacía una llamada. Georg y Sonhia tenían una llave de su piso y les llamó para pedirles un último favor.

A la hora se presentaron con una bolsa con ropa para Bill. Esperaron en el pasillo mientras se vestía con ayuda de Tom, y cuando salió una enfermera le indicó que se sentara en la silla de ruedas que llevaba.

Bill obedeció de mala gana, llevaba toda la noche sin moverse de la cama y le apetecía caminar un poco. Por el camino se encontraron con a doctora Allen, de la que se despidió con un fuerte abrazo y prometió llamarla si algo le afectara. Se había convertido además de su médica en una buena amiga y había cosas que podía hablar mejor con ella.

Salieron del hospital y entraron en el coche de Georg, que les llevó primero a su piso para que recogieran las últimas cosas que necesitaban y luego los llevó a la casa de los padres de Tom.

Primero subieron para que Bill se tumbara en la cama y descansara en compañía de Richard y Sonhia, mientras que Tom llevaba a sus padres aparte y les explicaba lo que había pasado esa noche. Les pidió calma, que no alterasen más a Bill de lo que ya lo estaba y una vez obtuvo sus promesas cogió el móvil y llamó a los padres de Bill.

Habló con Gordon y quedaron en verse en una hora. Irían a quedarse unos días en la misma casa mientras su hijo se recuperaba. Tom asintió conforme con sus planes y le comunicó a su madre que pronto tendrían más invitados.

Enseguida se pusieron manos a la obra y prepararon la habitación de los gemelos para los padres de Bill, que jugaba con su hijo recostado en la cama. Estaban en la antigua habitación de Tom que había sufrido unos ligeros cambios. La pequeña cama que antes estaba había sido sustituida por una grande de matrimonio donde dormían sus padres cuando iban a quedarse una temporada. En un rincón de la habitación había una cuna de viaje que usaba Richard cuando se quedaba allí a dormir y sobre una cómoda había unos cuantos peluches, cuentos y fotos en donde su hijo era el protagonista.

Sonrió al ver una en donde aparecían los tres. Fue tomada en las pasadas navidades, su hijo llevaba un gorro de papá Noel y sonreía ampliamente a la cámara mientras que Tom los miraba también sonriendo.

— ¡Papá!—llamó Richard entre risas.

Suspiró y acomodando mejor a su hijo a su lado siguió leyéndole el cuento que tenía en las manos mientras que Sonhia iba de un lado para otro colocándole la ropa que había llevado.

 

 

 

Se llevó una gran sorpresa cuando se abrió la puerta y vio entrar a sus padres. Sabía que Tom los llamaría y vendrían enseguida en cuanto se enteraran del susto que los había dado. Quiso explicarse pero no le dejó su madre, Tom ya les había contado todo y que lo último que Bill necesitaba era recordarlo.

Estuvieron hablando hasta la hora de comer y a pesar de sus protestas Bill se levantó de la cama y bajó a la cocina, donde al parecer se había reunido toda la familia.

Salieron todos a dar un paseo tras la comida. Dejando a su hijo al cargo de Andreas y los gemelos, Bill caminaba tras ellos sujetado con firmeza por Tom. Con una mano en su cintura, se abrazó a él y pasearon mientras hablaban de lo que iban a hacer esos días.

—Están las clases de preparación al parto—comentó Tom—Ya me he informado y son 3 tardes a la semana. Nos esperan en 5 días, primero quiero que descanses bien antes de ponernos manos a la obra.

—Ya he tenido un hijo, sé lo que hay que hacer—dijo Bill entre risas.

—Lo sé—murmuró Tom besándole en la frente—Pero recuerda lo que ha dicho la doctora Allen. Te ayudarán a saber cómo respirar y eso te vendrá bien si te vuelves a sentir mal. Tienes que respirar con calma y si no se te pasa…

—No me estresaré el poco tiempo que nos queda—prometió Bill—Me dedicaré a descansar como me pedís y nada de pensar en las obras de nuestra casa ni en las fiestas pendientes del club.

Tom asintió conforme con su promesa y siguieron con el paseo hasta que refrescó. Regresaron a casa y se sentaron todos en el salón a ver una película que tuvo que ser de dibujos animados por elección de Richard.

 

 

 

 

Pasaron los días y Bill se encontraba mucho mejor. Por las mañanas y tras la marcha de sus padres que se habían quedado casi una semana mientras se recuperaba, salía a dar un paseo con Trudy y Richard mientras que Tom se acercaba al piso y echaba una mano a sus hermanos. Contaban con la ayuda de unos amigos y entre todos derribaron la pared que separaba los dos pisos y empezaron con las demás obras.

Retiraron la pequeña cocina con la que contaba el apartamento y dividieron el amplio salón en dos, dejando más grande la habitación que habían destinado para los juegos de Richard y Marie. El antiguo dormitorio fue remodelado también y se convirtió en la habitación de Marie. Una vez que estuvo hecha Tom en persona se encargó de pintarla en un tono lila suave con una cenefa de ositos a media altura de la pared.

El padre de Bill también les estaba echando una mano y entre los dos volvieron a montar la antigua cuna de Richard y colocaron los muebles que necesitarían. Una cómoda, un cambiador y una mecedora donde Bill daría de comer a su hija. También llenaron la habitación con todos los regalos que la familia de Tom les había hecho y los amigos de Bill también. Estaba toda llena de peluches y en el armario que había en un rincón estaba toda la ropa que ellos habían comprado y también la que les regalaron.

Dos meses después su nueva casa estaba ya lista para que regresaran. Entre todos se habían encargado de pintarla y limpiarla y el día que Bill fue a verla se le llenaron los ojos de lágrimas. Todo estaba perfecto, tal y como él lo había pensado.

 

 

 

—Nos mudamos en una semana—dijo Tom esa noche cuando estaban a solas.

Se encontraban metidos en la cama a pesar de la hora que era. Las 9 de la noche, pero Bill no sentía bien y decidió acostarse. Tom le acompañó y dejaron a Richard jugando con Emily, que se encargaría de acostarlo en la cuna que habían trasladado a su habitación. Últimamente Bill se despertaba mucho para ir al baño y al dar la luz despertaba a Richard de paso. Le cambiaron de habitación para el bienestar de los dos y Emily se ofreció encantada para cuidar de su sobrino el tiempo que hiciera falta.

—Esperaremos en nuestra casa hasta que Marie quiera venir al mundo—seguía diciendo Tom sin dejar de abrazar a Bill.

—Creo que no—murmuró de repente Bill.

— ¿No?—repitió Tom sin entender.

Sintió que Bill se tensaba y gemía por lo bajo. Se incorporó de golpe en la cama y dando la luz se le quedó mirando. Tenía la cara sudada y se mordía el labio gimiendo por lo bajo.

— ¿Bill?—llamó asustado.

—No os quería alarmar pero…llevo de parto toda la tarde—confesó Bill jadeando.

— ¿Por qué no has dicho nada?—casi gritó Tom saliendo de la cama.

—Porque con Richard estuve horas y aún no he roto aguas—explicó Bill con calma—Llevo la cuenta de las contracciones, las he tenido cada hora más o menos, pero últimamente son más seguidas y…

Dejó de hablar cuando una nueva contracción le hizo encogerse de dolor. Tom se movió con rapidez y llamó a sus padres a gritos mientras se vestía.

—Nos vamos al hospital—explicó cuando su asustada madre entró en la habitación—Dile a papá que arranque el coche.

Su padre estaba en el pasillo y corrió a hacer lo que le pedía mientras que su mujer e hijo ayudaban a Bill a levantarse de la cama.

—La bolsa ya está preparada—señaló Tom a su madre.

Trudy asintió y se la cargó al hombro mientras que su hijo ayudaba a andar a Bill. Salieron al pasillo y Emily los miraba asustada.

—Tranquila, no es nada—la trató de calmar Bill entre jadeos.

—Cariño, quédate con Richard—dijo Trudy mirando a su hija.

Emily asintió y tras desear mucha suerte a Bill le vio bajar las escaleras gimiendo por lo bajo.

Una vez en el hospital confirmaron que estaba de parto.

—Si le queda casi un mes—dijo Tom aún sin podérselo creer.

—Marie tiene prisa por venir al mundo—explicó Allen entre risas—Son cosas que pasan. Ahora relajaos que pueden faltar aún horas. Mientras, recordad los ejercicios y ponerlos en práctica.

Bill asintió al tiempo que se mordía el labio. Cerró los ojos y empezó a respirar profundamente tal y como le habían enseñado. Lo recordaba todo, como sentado en el suelo en una colchoneta con Tom a su lado respiraban mientras se preparaban para el día del parto.

 

 

 

Mientras, en la sala de espera los padres de Tom ya habían dado la buena noticia y en unos minutos llegaron todos los amigos de los futuros padres. Los de Bill fueron de los últimos en llegar, habían cogido el coche nada más saberlo y una hora después se paseaban nerviosos por la sala de espera. Para entonces su hijo ya había roto aguas y empezado a dilatar. Una enfermera entró a la media hora de llegar ellos y les informó que se lo subían ya a la sala de partos.

Simone pidió verlo y fue llevada a la habitación donde su hijo gemía y jadeaba. Le abrazó con fuerza y le pidió que aguantara, que ya quedaba poco para tener en brazos a su hija. Quería estar con él durante el parto como la otra vez, pero esa era distinta. Tom estaría a su lado y era un momento muy íntimo.

Se despidió de los dos y regresó a la sala de espera, donde todos paseaban de arriba abajo presos de los nervios.

—Bueno Bill, ya sabes cómo funciona esto—dijo Allen ocupando su lugar.

Bill asintió desde la camilla donde estaba recostado. A su lado, Tom le ayudó a incorporarse y cuando la doctora Allen le pidió que empujara, lo hizo suavemente.

—Eso es, despacio al principio para que no te canses—le animaba Allen tras sus piernas alzadas.

Eso era fácil decirlo, pero llevaba toda la tarde de parto y a las 12 de la noche sus fuerzas se habían esfumado. Le habían administrado la epidural pero a pesar de eso sentía un dolor agudo en la parte baja.

Pero no se achantó. Empujó cuando la doctora Allen se lo pidió y rompió a llorar emocionado cuando su hija le imitó.

—Aquí tenemos a Marie—dijo Allen muy emocionada.

La sacó del todo del cuerpo de Bill y tras cortar el cordón umbilical la dejó en manos de una enfermera que abrigó y pasó a los emocionados padres.

—Que pequeña es—comentó Tom entre lágrimas.

Acostada sobre el pecho de Bill, Marie lloraba desconsolada hasta que una mano le acarició con suavidad la mejilla y se calmó.

—Oh…vaya…—escucharon que decía Allen.

— ¿Qué…qué pasa?—preguntó Bill asustado.

—Esto no me lo esperaba—dijo Allen para sí misma.

— ¿Lo qué?—casi gritó Tom.

Allen alzó la cabeza y mirando a los asustados padres sonrió ampliamente.

—Que viene otro bebé.

 

 

 

Notas finales:
si, al final son dos…¿que sera? ¿niño? ¿niña? ¿como lo llamaran?

por lyra

Escritora del fandom

Un comentario en «Segundas oportunidades 44»
  1. ¡Si! ¡Lo sabía! Habían muchas señales para sospechar que eran gemelos pero cuando la doctora les confirmó que solo era Marie lo creí. Nunca pensé que nos tendrías esta sorpresa.
    Estaré esperado el final 😀

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