Parte II, Capítulo 13
— ¿Cómo que viene otro?—preguntó Tom a punto de desmayarse.
—Suele pasar, uno de los bebés tapa al otro y en las ecografías solo se ve uno—explicó Allen con una amplia sonrisa—Bill, deja que se lleven a Marie y la laven, tienes que concentrarte en tu próximo hijo.
—Pero…pero…—decía Bill sin podérselo aún creer—No tenemos cuna para él, ni ropa ni nada…
—No pienses en eso ahora—dijo Allen riendo—Tienes un hijo que quiere nacer ya, piensa solo en eso.
Tom fue el primero en reaccionar. Cogió a su hija de los brazos de Bill y se la pasó a una de las enfermeras para que se encargara de lavarla y vestirla con uno de los pijamas que habían llevado.
—Vamos Bill, que ya casi está—le animó cogiéndole de la mano.
—Estoy muy cansado—susurró Bill incorporándose.
Llevaba el pelo recogido en una coleta baja y varios mechones se le habían soltado, pegándose a su sudada cara. Tom lo advirtió y se los retiró con una mano mientras le pedía que respirara con calma.
— ¿Sientes las contracciones?—preguntó Allen al verle arrugar la frente—Son muy seguidas, no han pasado ni 10 minutos desde Marie y va a nacer ya tu otro bebé.
No sabía si sentirse aliviado, según él necesitaría al menos un mes para recuperarse de ese parto y ya le estaban pidiendo que empujara de nuevo. Mejor así, no le gustaría estar más horas de parto esperando a que saliera.
—Ya le veo la cabeza—dijo Allen sonriendo—Cuando te diga coge aire y empuja con todas tus fuerzas…. ¡ya!
Y así lo hizo Bill. Cerró los ojos y empujó con las pocas fuerzas que le quedaban. Sentía a Tom apretándole la mano mientras le animaba a que empujara y respirara. Sentía a su hijo saliendo de su cuerpo con lentitud hasta que separando los labios emitió un grito de dolor y le sintió salir del todo entre sollozos incontrolados.
—Y aquí tenemos… ¡un niño!—anunció Allen entre risas.
—El pequeño Tomi—murmuró Tom besando a Bill en la mejilla.
Bill asintió con los ojos cerrados dejándose caer en la camilla. Jadeaba tratando de recuperar el aliento, sentía que se iba a desmayar de un momento a otro pero no quería hacerlo hasta ver a su hijo con sus propios ojos.
Esperó con paciencia mientras que la doctora Allen hacía la misma operación que con Marie. Cortó el cordón umbilical y puso al niño en la toalla que una enfermera le pasaba, y nuevamente pusieron al bebé sobre el pecho de Bill que abrió los ojos nada más sentirlo.
—Tomi…—susurró emocionado.
Tom se inclinó para ver mejor a su hijo. Era más pequeño que Marie, e igual de rubito que ella. Lloraba desconsolado hasta que Bill acarició su mejilla y pudo calmarlo.
Mientras, la doctora Allen terminaba su trabajo y daba los puntos de sutura necesarios. Cuando terminó dejó que las enfermeras se ocuparan de Bill y se levantó del taburete donde había permanecido esa media hora que había durado el parto.
—Enhorabuena a los dos—les felicitó con una amplia sonrisa—Llevaremos a Tomi a la incubadora, es algo pequeño y su peso estará por debajo de lo normal. Pero solo serán dos días por precaución, mientras podréis disfrutar de Marie.
Bill asintió y dejó que se llevaran a su hijo. Estaba realmente cansado y ni se enteró que le cambiaban de la camilla a una cómoda cama que trasladaron a su habitación. Tom le acompañó y una vez instalado fue a la sala de espera a dar la buena noticia.
Nada más atravesar la puerta todos le rodearon y sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas.
—Hemos…hemos tenido una niña—explicó entre risas—Y también un niño.
— ¿Un niño?—repitieron todos a la vez.
—Sí, esperábamos gemelos sin saberlo—dijo Tom como explicación.
—Era lógico—dijo Trudy asintiendo—Tus hermanos y tú mismo…ya me parecía raro que Bill fuera a tener un bebé solo.
—De ahí que estuviera más gordo—explicó Tom—No era porque le perdieran los dulces, era porque Tomi estaba escondiéndose tras su hermana.
— ¿Tomi?—repitió Simone emocionada.
—Bill quería llamar así a nuestro hijo—dijo Tom con firmeza.
— ¿Y cómo está él?—preguntó Sonhia.
—Ahora descansa, y están limpiando a Marie…—empezó a decir Tom.
Pero como si le hubieran escuchado, la doctora Allen entró en la sala llevando un bebé en brazos que Tom se apresuró a coger. Marie iba envuelta en una mantita rosa y llevaba un pijama del mismo color con conejitos bordados. Tenían uno igual en blanco que se imaginó que habrían puesto a Tomi.
Pensar en eso le hizo acordarse de lo que dijo Bill en el quirófano…
—Necesito vuestra ayuda de nuevo—dijo sabiendo que todos ayudarían encantados—Cuando salga Bill del hospital y vayamos a casa, me gustaría que todo estuviera ya preparado. Necesitaremos otra cuna, algo de ropa en azul, otro cochecito…
—Deja todo en nuestras manos—intervino Ralph.
—No te preocupes por eso, vuelve con Bill y dile que le queremos—dijo Gordon.
—Ah, y llamad a Emily—dijo Tom antes de volver con Bill—La pobre no ha podido venir, y seguro que Bill querrá ver a Richard cuando se despierte.
Trudy asintió y tras besar en la frente a su nieta dejó que su hijo regresara al lado de un dormido Bill. Viendo que ya no hacían nada allí, todos regresaron a sus casas mientras pensaban en esa sorpresa tan grata que habían tenido. ¡Dos bebés!
Estuvo cuatro días en el hospital mientras se recuperaba. El dolor que sentía no era nada cuando veía a sus hijos juntos a los pies de su cama. En dos cunitas separadas, Marie dormía vigilada por su hermano mayor Richard y Tomi se tomaba su biberón de manos de su padre, al que se le caía la baba.
— ¿Eres feliz?—preguntó Bill en voz baja.
Tom asintió con los ojos llenos de lágrimas. Esperó a que su hijo se hubiera tomado todo el biberón y entonces le cogió en brazos para que expulsara el aire, dejándolo luego sobre el regazo de su otro padre.
—Me has hecho el hombre más feliz del mundo—murmuró antes de apoderarse de sus labios.
—Y tú a mí—susurró Bill tras el beso.
Llamaron a la puerta y sonrieron. No habían parado de recibir la visita de sus amigos y familia, y en esos momentos July y Robert entraban cargados con bolsas de regalo. Todo era ropa, más para Tomi que para Marie.
—Dinos si te hace falta algo—dijo July cogiendo a su sobrina en brazos.
—Creo que ya tenemos suficiente—apuntó Tom.
Se había escapado unas horas al piso y admiró todo lo que habían hecho sus amigos. Sus padres habían logrado devolver el cochecito de bebé que habían comprado y cambiarlo por otro equipado para llevar dos bebés. Sus hermanos habían comprado otra cuna a juego con la de Richard y los padres de Bill se habían encargado de la ropa que necesitarían, en tonos azules, verde y blanco.
Sus amigos también habían colaborado y en un rincón se amontonaban dos tronas, un lote de biberones y pañales extras, baberos y demás utensilios que iban a necesitar.
El día que les dieron el alta decidieron ir a casa de los padres de Tom. Bill necesitaba aún descansar y alguien que le echara una mano con sus tres hijos. Emily se encargaba de Richard, Trudy de Marie y Simone de Tomi. Y mientras, Bill descansaba en la cama entre los brazos de Tom, que le miraba con dulzura mientras dormía plácidamente.
Necesitó más tiempo del pensado en recuperarse, pero pasado casi un mes decidieron que ya habían abusado de los padres de Tom y regresaron a su propia casa. Bill aún no la había visto y cuando entró por la puerta no podía creerse lo que veía. Todo estaba limpio y en su sitio, nadie diría que allí había habido una obra y lo que antes era un piso de dos dormitorios contaba ahora con tres dormitorios, salón amplio, dos baños, sala de juegos, cocina e incluso despacho.
—Tenemos que hacer una comida para celebrarlo—dijo Bill de inmediato—Y agradecer a nuestros amigos las molestias que se han tomado.
Tom asintió conforme, sino fuera por ellos estarían perdidos.
Acompañó a Bill y le guio por el piso. En su habitación estaban las cunas donde dormirían de momento los niños. La de Richard seguía donde siempre y allí nada había cambiado. La foto de su padre presidía la habitación y jamás dejaría de hacerlo.
Pasaron su primer día en familia muy entretenidos. Bañaron, dieron de cenar y acostaron a los niños los dos solos. Los próximos días tendrían la ayuda de las hermanas de Tom y sus amigos, todos sabían que 3 niños daban mucho trabajo y Bill aún necesitaba descanso.
Cuando se acostaron en su propia cama estaban exhaustos. Se abrazaron y durmieron hasta que se despertó con hambre uno de los gemelos, al que dieron de comer y durmieron hasta que se despertó el otro por el mismo motivo.
—Podían ponerse de acuerdo—comentó Tom levantándose de la cama.
Bill rio acomodándose en las almohadas. Recibió a Tomi y le estuvo calmando mientras que Tom le preparaba el biberón y se lo llevaba. Se lo dio sin dejar de mirarlo, acomodándolo contra su pecho y suspirando. Había echado mucho de menos tener un bebé en sus brazos, y en esos momentos eran dos los que podía estrechar y mimar.
Poco a poco fueron haciendo vida normal. Bill trabajaba desde casa mientras que Emily se encargaba de los bebés. Richard estaba en la guardería y por las mañanas reinaba algo de tranquilidad en la casa.
Cada dos por tres tenían alguna visita, y la de ese día dejó a Bill sorprendido…
Llamaron a la puerta y se levantó a abrir de inmediato. Emily cambiaba el pañal a Marie y Tomi dormía plácidamente en su cunita. Abrió la puerta…y se quedó sin habla al ver quien era.
—David—dijo carraspeando.
—Espero no molestar—murmuró David.
—No…es que no te esperaba—dijo Bill dejándole pasar.
—Sabía que habías tenido ya a tus hijos, pero pensé que estarías muy ocupado y por eso retrasé mi visita—se explicó David.
—Siempre hay algo que hacer, cuando no llora Marie es Tomi—dijo Bill entre risas.
Le indicó el camino y le llevó a la habitación de los niños.
—Ella es Emily, la hermana pequeña de Tom—les presentó.
David sonrió y se acercó a la cuna donde dormitaba Tomi.
—Dos bebés, ¡vaya!—exclamó.
—Nos enteramos cuando Tomi estaba naciendo—explicó Bill sonriendo.
—Yo me enteré por Philip—murmuró David.
—Sí, me llamó a los pocos días y estuvo a verlos—dijo Bill, omitiendo el hecho de que Molly solo le mandó sus recuerdos.
—Eres muy amable llevándoles a Richard cuando te lo piden—comentó David.
—Es su nieto, tienen el deber de verlo crecer—dijo Bill quitándole importancia—Cuando sea más mayor querrá conocer como era su padre y yo solo puedo contarle una parte. Philip y Molly le hablarán de cómo era él de niño y lo mucho que se le parece.
David asintió y tras unos minutos decidió dar la visita por terminada. Bill le acompañó a la salida y le invitó a volver otro día que estuvieran Tom y Richard. David asintió aunque tampoco prometió nada. Se despidió de Bill con un fuerte abrazo y le dejó que siguiera trabajando.
Con el paso de las semanas, Tomi y Marie ocuparon su habitación. De momento la compartían para que fuera más fácil cambiarlos y darles de comer en mitad de la noche, pero con el tiempo tendrían que darle a Marie su propia habitación. Richard y Tomi podrían compartir la misma, o usar la sala de juegos como tal. Mientras, él desde su pequeño despacho llevaría las riendas del club de Gustav, cuya siguiente fiesta a celebrar era su propia boda con Janet.
Tras acostar a sus hijos, esa noche fue muy especial para Bill y Tom. Sería la primera vez que hicieran el amor desde que sus hijos nacieron y estaban los dos hambrientos. Fue apartar las sábanas de la cama y caer en ella fundidos en un profundo beso mientras se desnudaban.
Rodaron por la cama para ver quien quedaba encima, ganando Tom como siempre. Se acomodó encima de Bill con una amplia sonrisa y tras varios minutos de preliminares le alzó las caderas con ambas manos y le penetró arrancándole un pequeño gemido.
Se movieron con lentitud sin apartar los ojos de los de su contrario, acelerando el ritmo cuando la pasión los embargó y no parando hasta que el orgasmo estalló y los dejó exhaustos.
—Tom….oh….Tom…—gemía Bill con los ojos cerrados.
Le sentía derramarse en su interior y no podía estar más excitado. Le había echado mucho de menos.
Tom sonrió y tras salir de su cuerpo se acostó a su lado y le atrajo a sus brazos. Bajó una mano y la llevó a su estómago, vacío en esos momentos.
— ¿Quieres ya otro hijo?—preguntó Bill bostezando.
—Esperemos unos años—contestó Tom acariciando su estómago—Necesitas reponerte, eso o esta vez soy yo el que…
—Me encanta llevar tus hijos dentro—dijo Bill al momento—Sentirlo moverse y crecer sanos y fuertes. Pero sí, esperemos unos años más. Tomi y Marie nos tienen bien ocupados.
Tom asintió y bajando la cara le besó en los labios a modo de buenas noches. Bill sonrió y se acomodó entre sus brazos con los ojos cerrados. No podía evitar pensar en lo feliz que era, y los buenos momentos compartidos con Richard,
Jamás le olvidaría, una parte de él vivía en su hijo mayor que cada día que pasaba se iba pareciendo más a su padre.
Al igual que Tom y Marie, cuando sonreían eran la viva imagen de Tom.
Suspiró en sueños, ¿quién le iba a decir que el destino iba a ser tan cruel para arrebatarle lo que más amaba en el mundo? ¿O tan bueno con él, que le dio una segunda oportunidad y la supo aprovechar?
_____FIN____
Hermosa historia, es una dicha poder leerla aqui 😘
Gracias!!!!