Segundas oportunidades 5

Parte I, Capitulo 5

 

 

Tres días después de enterrar a Richard, Bill volvía al piso que habían compartido. Había pasado esos días en casa de sus padres sin levantarse de la cama, llorando cada vez que le recordaba…que respiraba…

Se armó de valor el tercer día y su padre le llevó el piso. Solo recogería algo de ropa, aun no tenia fuerzas para vivir él solo en el piso, ni creía que las encontrara. Casi se derrumbó al abrir el gran armario que compartían, viendo todos los trajes y corbatas de Richard. Al final tuvo que ser su padre quien le preparara una pequeña maleta cogiendo solo lo esencial mientras que él paseaba por el silencioso piso sin dejar de acariciarse la barriga, ese día estaba inquieto su hijo.

Le sentía moverse y dar patadas, como si él también extrañara que cada noche su padre le hablara. Suspiró recordando como se acostaban y Richard ponía los labios en su vientre y se lo besaba mientras le contaba a su hijo el mal día que había tenido, hasta que llegó a casa y se encontró con sus dos amores.

Se llevó una mano a la mejilla, secándose la lagrima que se le había escapado. Sintió una arcada y entró en la cocina. Sobre la repisa había una caja de galletitas saladas, las únicas que se las calmaban. Cogió una y la mordisqueó sin ganas.

—Bill, cuando quieras nos vamos—dijo Gordon a su espalda.

Se giró suspirando. Salió de la cocina y del piso sin mirar atrás. Se acomodó en el coche de su padre y pasó el resto del viaje dormitando. Últimamente se pasaba así todos los días, la doctora Allen le explicó que era normal, y que cuando no estuviera durmiendo saliera a dar un corto paseo.

 

Una vez en casa de sus padres colocó la ropa que había cogido, arrugando la frente al pensar que dentro de poco se iba a tener que comprar unos pantalones más anchos. Los que llevaba apenas le abrochaban, el bebé crecía cada día y en pocas semanas estaría más gordo si se podía.

Se sentó en la butaca que había en su habitación y puso los pies encima de un puf. Sentía hinchados los tobillos, cada vez le costaba mantenerse más tiempo de pie. Cerró los ojos y se quedó dormido sin poder evitarlo, soñando con Richard sin querer evitarlo….

 

 

 

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Tres semanas después recibió la visita de David. Recordaba que a la salida del funeral le comentó algo sobre un tema que tenían que tratar, pero no se sentía con ganas de ver a nadie ni hablar. Su madre le hizo pasar al salón en donde él descansaba tumbado en el sofá y tras servirle un café a David y una infusión a él, se retiró para que hablasen mejor a solas.

—Se te ve estupendo—comentó David sonriendo con esfuerzo.

—El bebé crece con rapidez—explicó Bill en un murmullo acariciándose el vientre.

David suspiro asintiendo, en el casi mes que no le había visto estaba mas gordito, pero sus ojos seguían apagados, y un gesto de dolor intenso le recorría la cara. Carraspeó y se sentó a su lado en el sofá, cogiéndole de la mano para sorpresa de Bill.

—Sé que no querrás hablar de esto ahora, pero Richard me dio unas instrucciones por si algún día le pasaba algo parecido—explicó David en voz baja.

Bill le miró arrugando la frente, nunca había tocado ese tema con Richard, hablar de testamentos cuando los dos eran jóvenes aún le parecía muy precipitado. Pero por lo visto Richard lo tenía todo bien pensado, como pudo descubrir a continuación.

—Nada más saber que ibais a tener un bebé, puso el piso a nombre de los dos, quería que tuvieras un hogar tú y tu hijo si a él le pasaba algo. La mitad de la empresa es mía, pero los beneficios obtenidos están en una cuenta personal a tu nombre, para que a vuestro hijo no le falte de nada.

— ¿Me lo ha dejado todo…a mi? ¿Y sus padres?—pregunto Bill sin podérselo creer.

—Retiró una parte de sus acciones a nombre de sus padres, junto con el apartamento de Nueva York que compró mucho antes de conocerte con la herencia de sus abuelos—explicó David—El resto es todo tuyo Bill, y del bebé.

—Molly hará o dirá algo—no pudo evitar decir Bill.

—No lo creo, ya hablé con Philip y él está en completo acuerdo. También me pidió que te recordara que si necesitabas algo le llamaras.

Asintió en silencio. El padre de Richard siempre había sido muy bueno con él. Cuando se sintiera mejor le llamaría, él también debía de echar mucho de menos a Richard…

Se levanto para despedir a David, recibiendo con asombro un casto beso en la mejilla. Siempre se había mostrado muy frío en su presencia, educado pero con una frialdad que en esos momentos brillaba por su ausencia.

 

 

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Dos semanas después recibió una llamada de Gustav. Hacia dos días de su última visita, el y Georg se acercaban a verle dos veces por semana. Les había dado una copia de las llaves de su piso para que le recogieran el correo y regaran las escasas plantas que tenia.

—Bill, esta mañana te ha llegado un paquete—explicó Gustav en voz baja.

— ¿Un paquete?—repitió incorporándose en la cama.

Esa mañana se había levantado algo revuelto y tras vaciar su estomago se volvió a la cama a pasar el resto de la mañana. Su madre estaba en el piso de abajo, cocinando uno de sus platos favoritos para ver si así se le levantaba un poco el ánimo.

—Es…una cuna—murmuró Gustav.

Escuchó el sollozo ahogado que le vino desde el otro lado de la línea. Georg y él habían hablado, llevaban dos días con la cuna en su apartamento decidiendo si decírselo o no.

— ¿Quieres que te la llevemos en nuestro próximo viaje? ¿O la dejamos en el piso?—pregunto Gustav.

—Mejor aquí—contestó Bill carraspeando—Aquí me hará mas falta.

—Claro…te ayudaremos a montarla—dijo Gustav tratando de animarle—Buscaremos el mejor lugar de tu habitación y en un día la tendrás instalada.

—Muchas gracias Gustav…siento tener que dejarte pero me llama mi madre—mintió Bill—Nos vemos en dos días.

Escuchó como se despedía Gustav y cortó la comunicación sollozando. Dejó el móvil a un lado de la cama y se encogió cubriéndose la cabeza con las sabanas, llevando las manos a su vientre y rompiendo a llorar hasta quedarse dormido de cansancio….recordando…

 

 

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—Solo estoy de tres meses….es un poco pronto—protestó Bill levantándose resoplando.

Estaba cómodamente tumbado en el sofá comiéndose una bolsa de patatas fritas cuando Richard volvió del trabajo y le dijo que había visto la cuna perfecta para el hijo de ambos. Ignoró sus protestas y le chantajeó diciendo que si se vestía y le acompañaba, luego le compraría una tarrina de helado para él solo.

Le ayudó a ponerse una chaqueta fina de lana que cruzó con ternura sobre su barriga incipiente y cogiéndole de la mano salieron del piso. Hacía buen día y decidieron ir andando, a Bill le convencía pasear, más si se había pasado media mañana recostado por culpa de las náuseas.

Miraron escaparates eligiendo alguna prenda de ropa para el futuro bebe, pero no comprándola todavía, les parecía muy temprano.

—La cuna es distinta—dijo Richard cogiendo a Bill se la cintura—Tardarán unos meses en mandarla y cuanto antes se encargue mejor

Bill asintió en silencio mientras pasaba él también un brazo por la cintura de Richard. La tienda estaba a la vuelta de la esquina y en ella pasaron media hora hasta que se decidieron. La cuna escogida por Richard era ideal, luego estuvieron mirando ya de paso un cochecito con el que sacarle a pasear y algunas cosas más.

Mientras Richard pagaba y quedaba con el dependiente de que se lo mandarían todo en unos meses, Bill cogía en sus brazos un oso de peluche y lo acunaba sin darse cuenta, tarareando por lo bajo. Richard si se dio cuenta y le pidió al dependiente que lo incluyera. Se despidió de él y tomando a Bill de nuevo por la cintura salieron de la tienda.

—Espera, que dejo el oso—dijo Bill tirando hacia atrás.

—Está pagado, nos lo podemos llevar—le explicó Richard riendo.

—Al bebé le encantará, es muy suave—susurró Bill hundiendo la nariz en el osito.

—Lo he comprado para ti, también te mereces algún que otro capricho—dijo Richard besándolo en la frente.

Regresaron al piso dando un largo paseo, comprando el helado que Richard le había prometido y comiéndolo los dos recostados en la cama. Pero tras el helado se quedaron con más ganas y no pasó ni dos minutos en que Bill yaciera desnudo bajo Richard, que entró en su cuerpo con sumo cuidado y le hizo el amor a un ritmo muy lento, sonriendo de placer al ver como Bill separaba los labios y gemía lánguidamente por el orgasmo….

 

 

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Al día siguiente su madre abrió la puerta y dejó pasar a Georg y Gustav, que cargaban entre los dos una enorme caja. Ya habían hecho sitio en su habitación, retirando una cómoda y acercando más la cama a la ventana. Bill quería que su hijo viera amanecer y estar muy cerca de él.

Sentado en la mecedora que David extrañamente le había comprado hacía ya varios días, se mecía acariciándose el estómago mientras sus amigos resoplaban tratando de entender las instrucciones de la cuna.

—Esto es un galimatías—gruñó Georg frotándose la frente—Dice que encajemos la pieza b usando el tornillo a2….que vete a saber tú cual es…

Desde donde estaba, Bill sonreía sin poder evitarlo. Sus amigos se tomaban muchas molestias por él, haciéndole sonreír cuando ya no le quedaban fuerzas para seguir llorando. Todos le decían que con el tiempo lo superaría, pero él no estaba de acuerdo con eso.

—Déjame a mí, tú pásame el destornillador y lee con calma las instrucciones—dijo Gustav tomando el mando.

—Ya lo hago, pero parece que están escritas en chino—murmuró Georg entre dientes.

—Chicos, dejadlo si queréis. Puedo decírselo a David cuando venga a verme—intervino Bill.

—No, deja. Entre Georg y yo la montaremos—dijo Gustav con rapidez.

No pensaba dejar en manos de David algo tan sencillo como montar una cuna. Ellos eran sus mejores amigos, los padrinos de su futuro hijo. Los encargados de cuidar de él y el padre ahora que Richard faltaba…

 

 

Dos horas después sonreían ante la cuna ya montada. La colocaron donde Bill les indicó, bien cerca de la ventana y al lado de su cama. Se levantó de la mecedora con ayuda de Georg y caminó hasta la cuna, pasando una mano sobre ella suspirando.

—También me tienen que mandar el cochecito—explicó en voz baja.

—Estaremos atentos y cuando eso te lo traemos—dijo Gustav con firmeza.

Salieron de la habitación y entraron en el baño a lavarse las manos. La madre de Bill había preparado un aperitivo y se lo comieron con ganas, habían pensado mucho esa mañana y necesitaba recuperar fuerzas.

Bill les acompañó pero apenas probó bocado, se sentía algo mareado. El niño no dejaba de moverse y le revolvía el estómago. No pudo evitar gemir por lo bajo y encogerse, esa última patada había sido muy fuerte.

— ¿Bill?—llamó Simone asustada.

—No….no es nada—contestó Bill sin aliento.

Se llevó una mano a la parte baja de su vientre, masajeando el lugar exacto que su hijo había pateado. Cogió aire y tras retenerlo unos segundos lo expulsó en un hondo suspiro. Así se lo habían enseñado en las clases de parto a las que asistía cada dos tardes con su madre.

— ¿Todo bien?—preguntó Gustav sonriendo con esfuerzo.

Asintió en silencio con los ojos llenos de lágrimas. Se disculpó y subió a su habitación. No podía evitar llorar cada vez que pensaba en las largas conversaciones que mantuvieron él y Richard. Le daba mucho miedo el momento de dar a luz, pero Richard le prometió estar a su lado cogiéndole de la mano. Ya le quedaba un mes escaso y nadie podría consolarle diciendo que ocuparía su puesto…

 

 

— ¿Seguro que está bien?—repitió Gustav en voz baja.

—Si, se acerca el momento de que el bebé nazca. Lo presiento—Contestó Simone con firmeza.

Había visto el vientre de su hijo, estaba bajo, señal de que el bebé se estaba colocando. Faltaban aún algunos días pero ella lo presentía.

—Mañana tiene una cita con la doctora Allen, no quiero asustarle ni nada pero creo que de mañana no pasa. El pequeño Richard tiene prisa por ver la cara de su padre—comentó Simone muy ilusionada.

Los G´s se miraron sonriendo y asintieron. A partir de entonces no se despegarían del móvil, cancelarían todos los planes que tenían. Su mejor amigo iba a tener a su hijo…y necesitaría toda la ayuda posible…

por lyra

Escritora del fandom

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