«Sold out» Fic TOLL de Tkapitan
Introducción
«—Tenemos que hacerlo, Gordon. Tienes que hacerlo.
—Simone, lo que me estás pidiendo va totalmente en contra de la moral de un psicólogo. No lo haré, y menos si no es con el consentimiento de mis pacientes.
—¿Moral? ¿Me estás hablando aquí de moral? ¿Y les llamas pacientes? ¡Por el amor de Dios, Gordon! ¡Son nuestros hijos!
—Y lo que quieres hacer es una locura.
—¡Locura es que quieras que encierren a Tom en un manicomio!
—¡No es un manicomio! Es un centro terapéutico, no una penitenciaria mental para locos, ¿vale? Y allí le atenderán bien y hasta yo mismo seguiré su caso, créeme. Sólo será un tiempo.
—Un año y con mucha suerte, Gordon. Me niego rotundamente a que mi hijo tenga que pasar por todo eso, allí solo y lejos de nosotros. No otra vez, me niego. Seguro me odiará más de lo que ya lo está haciendo—Simone comenzó a llorar desconsoladamente.
—Es por su bien, por el nuestro y por el de Bill. La hipnoterapia no es factible al 100 % y no le durará ni un día si sigue viendo a Bill en esta casa. Volverá a recordarlo todo al momento. Es más, ¿te imaginas del desastre si se llega a dar cuenta de que le hemos hecho tal cosa? Esto es muy complicado.
—Por eso debes de borrarle la memoria también a él, a Bill. Ambos… ambos se han de olvidar entre ellos, como siempre fue. Nunca debí de… Nada de esto hubiese ocurrido, entonces. —Su labio comenzó a temblar mientras miraba a Gordon directamente a los ojos en modo de súplica.
—¡Maldita sea, Simone! ¡Deja ya de atormentarte por el pasado! Fueron las circunstancias y eras aún muy joven. Pero es cruel e irresponsable lo que me pides, y más viniendo de… unos padres. Encima son gemelos… —se puso una mano en la frente frotándosela y otra apoyada en la cadera. Caminaba nervioso por el piso.
—Cruel es que una madre tenga que ver la asquerosidad que vio —frunció el ceño, poniendo cara de asco y abrazándose así misma mientras frotaba sus brazos como si quisiera quitarse el escalofrío del cuerpo —. Y luego ver como casi les pierdo para siempre…
—He hecho pocas hipnosis y no estoy seguro de…
—¡Hazlo! —Simone se le echó encima en un grito ahogado cortándole el discurso, agarrando la camisa de su marido por el pecho y estirando de él —. Hazlo, porque si no lo haces acabarán con su vida. Bill se matará y por consiguiente Tom, si no es que le mata él antes mientras estamos discutiendo qué o no hacer. ¡Ya lo intentó, Gordon! ¡Sabes que Tom iba a matar a Bill!
Gordon enmudeció.
—Le borrarás los recuerdos a los dos y… les separaremos —sollozó hipando y mirando al suelo, viendo como sus lágrimas caían sin cesar—. No quiero… no quiero que ninguno sufra más… —apoyó la frente en el pecho de Gordon, aún manteniéndole agarrado por la camisa.
—Está bien, Simone… lo haré… Pero ellos han de estar de acuerdo en exponerse, si no, no funcionaría. Sólo es efectiva si uno mismo se deja hacer por voluntad propia.
—Miénteles si hace falta… —susurró.
—Me ganaré el infierno por esto, si no es que Dios me perdona algún día.»
Gordon/Bill
En la consulta. 11:38 AM
—Así que quieres estudiar moda, ¿eh? Vaya, me hubiese gustado que me ayudaras en mi consulta algún día. Se gana bien. —Gordon alzó una ceja mirando a Bill desde la silla de su despacho prestándole una inquieta atención.
—También si logro hacerme un modisto famoso, ¿no? Tendré mi propia firma y muchos, ¡muchos compradores! ¡Ya lo verás! Empezaré mis primeros pasos aquí en Hamburgo, luego en toda Alemania y luego seré mundialmente famoso. —Bill estaba entusiasmado, como un crío que planea ir al mayor parque de atracciones existente.
—No es que me entusiasme la idea, porque podrías aspirar a más estudiando otras cosas, pero si eso es lo que deseas… adelante. —Gordon movía el bolígrafo tamborileándolo sobre el papel que tenía en frente de la mesa.
—Ajám, eso es lo que más deseo. Podré hacerme yo la ropa a mi gusto y tendré un ropero enorme. Ya verás como no te decepcionaré. Tendrás un hijo famoso —se cruzó de brazos en su silla con una ceja alzada, sonriendo con orgullo.
—Un hijo famoso y caprichoso, ¿eh? —el hombre sonrió.
—Eso dicen que somos los hijos únicos. Unos caprichosos porque lo tenemos todo sólo para nosotros, vaya cliché —rodó los ojos molesto.
Gordon perdió toda la sonrisa, pero intentó recuperarla de forma forzosa.
—Sí… eso eres. Un hijo único un poco mimado…
—Hum, vale, pues me voy ya. —Bill se levantó de su silla acomodando su cara chaqueta de cuero en su cuerpo.
—Recuerda que no puedes ir a casa hasta la noche, por la fumigación, ya sabes.
—Ecccccs, ni en mil años entraría en casa con esos bichos correteando por ahí —sintió un escalofrío —. Ah, y papá, a ver si pones una foto tuya, mía y de mamá en tu mesa. Se supone que todos los padres con despacho tienen una foto familiar, menos tú —le sacó la lengua de manera infantil pero sin malas intenciones. Caminó hasta la puerta y salió de la consulta.
Gordon esperó a que su hijo se marchara para abrir el cajón de su mesa. Sacó tembloroso una foto escondida entre sus carpetas y sus ojos se cristalizaron.
Era una foto de los cuatro juntos, él, su esposa y sus dos hijos gemelos: Bill y Tom. Todos sonreían como una familia feliz.
Gordon/Tom
En la consulta 15:20PM
—¿Con todos los gastos pagados? —Tom alzó una ceja sin acabárselo de creer.
—Ni hablar, la comida y las facturas tendrás que pagarlas tú cuando empieces el trabajo en München. Tienes que aprender a mantenerte tú solo —Gordon apoyó los codos en la mesa de su despacho, entrelazando los dedos.
—Pero München está jodidamente lejos de Hamburgo, Gordon. Está justo en la otra punta —rebufó tirándose en la silla con las piernas abiertas.
—Lo sé, pero es el único lugar donde tengo un apartamento propio y ya encontré a un amigo que te dé trabajo. Y preferiría que me llamases papá —carraspeó.
—Esta casa también es vuestra y aquel piso es un puto cuchitril—apretó los labios y miro al suelo por la indirecta.
—Ni hablar, Tom. Ya tenemos comprador para la nuestra, ya hablamos de eso. Necesitamos el dinero de esta casa para irnos a Estados Unidos. Y como no quieres venirte… —Gordon miró atentamente a Tom esperando su respuesta.
—¡Por supuesto que no! Ahí con los yankis, puaj. Y tener que aprender el idioma y todo ese rollo; qué palo. Estoy bien en Alemania, aunque no tenga amigos que me importen una mierda. Total, ni acabé los estudios, así que tampoco es que me importe empezar a currar. Mejor, vida independiente, por fin —se cruzó de brazos, molesto pero seguro de su decisión.
—Bueno, es donde me han dado un trabajo perfecto y tres veces más remunerado que aquí. Entonces, si lo tienes todo claro hoy mismo partimos.
—¿Ya? Joder, vaya ganas de quitarme de encima —enarcó ambas cejas.
—No es eso, Tom. Pero mañana mismo tu madre y yo tenemos que coger el avión. Tengo que empezar ya, no me dieron más opciones.
—¿Y no voy despedirme de la vieja? No la he visto en todo el día, por cierto.
—Esa boca, Tom. No llames vieja a tu madre. —Gordon le echó una mirada de reproche.
—Ya, ya, vale… Igualmente, me la resbala —alzó un hombro —. Está bien, supongo que tengo que hacer ya mismo las maletas, aunque no será mucho tiempo. No es que tenga gran cosa que llevarme — se levantó dispuesto a volver a casa para empezarlas.
—Sí, cuanto antes mejor. —Gordon se levantó de su silla agrupando algunos folios que tenía a mano.
Tom se le quedó mirándole seriamente.
—Vaya ganas que tienes de que me largue, insisto. O eso parece, lo que no me sorprendería. Mejor vida estando vosotros dos solos sin hijos.
—No, para nada. Realmente ojalá esto no tuviese que ocurrir.
El hombre no le miraba, no podía. Tom notó una extraña tristeza en su voz, aunque no quiso preguntar más.
Abrió la puerta del despacho y miró a su padre de mala gana.
—Espero que al menos tú me eches de menos, aunque de mi madre, lo dudo. Se vuelve a desquitar de la responsabilidad de su único hijo —se lo dijo con rintintín, con cierto asco, y cerró la puerta de un portazo.
Gordon escuchó como los pasos del chico se alejaban, entonces se acabó de derrumbar en la silla y comenzó a llorar.
Continúa…
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