«Sólo abrázame» Fic Toll de Bethy
Cap. 1: Propuesta de matrimonio
Abrí los ojos tratando de ubicar a ciegas mi celular, tantee el buró pero no estaba ahí. Me enderecé un poco y la melodía cesó. Suspiré dejándome caer sobre la almohada, el sueño seguía presente. Bostecé con ganas estirando mis brazos, con mi mano evité que el sol siguiera dándome en plena cara. Miré el reloj y ya eran las 9:00 Am, hoy no trabajaba así que podía dormir un poco más.
Abrí y cerré mi boca varias veces, jugué con mis labios adormilados y reparé en Ria, que seguía durmiendo a mi lado. Acaricié su rostro y cubrí su pecho desnudo con las sabanas. Volví a bostezar pero mi celular volvió a sonar haciendo que Ria se moviera un poco incomoda.
— Apaga eso amor… –murmuró tapándose el rostro y volví a buscar el dichoso móvil.
Me senté tratando de ubicarlo, hasta que una lucecita alumbro mi bolsillo del pantalón. Caminé hasta el soportando el frio que azotaba contra mi torso desnudo.
Bill
Cerré los ojos disgustado, ¿ahora que quería? Enfoqué la pantalla y la llamada termino. Me encogí de hombros regresando a la cama pero nuevamente sonó el teléfono.
Bill
Atendí fuera de la habitación, no quería que Ria escuchara.
&
— ¿Qué sucede? –pregunté serio.
— ¿Dónde has estado?…–pregunto ignorando mi pregunta.
— Estoy donde quiero estar…–ataque molesto– ¿Qué sucede?
— Dime dónde has estado, no has llegado a dormir desde aquel día. No porque este esperando a que regreses, es solo que no te has cambiado de ropa… –dijo con un tono bastante bajo. Como sí se sintiera expuesto.
— Estoy en un hotel, pero no te preocupes… puedo comprarme ropa –me recargué en la pared cansado.
— Pero…
— ¿Pero qué?
— Yo… –balbuceó un sinfín de cosas medio extrañas y calló por unos segundos– Te veré en el Restaurant L’amour…
— Me queda muy lejos, ¿no puede ser en otra parte?
— No, te veré ahí y punto…
&
Colgó dejándome en una pieza a mitad del pasillo, me gire para ver sí Ria seguía dormida, cosa que así fue.
Llevaba ya tres días en su casa, y aún no compraba ropa. Qué tontería. Por suerte ella me lavó dos veces la muda, así que no estaba sucia del todo.
Bajé a la cocina y serví un vaso de jugo, tenía que salir rápido antes de que se despierte y quiera salir a desayunar. Terminé mi jugo y regresé para vestirme en silencio.
Tomé las llaves del carro saliendo a la cochera para ir al dichoso restaurant, el tráfico estaba demasiado concurrido a esa hora, a pesar de ser media semana las avenidas se inundaban a lo bárbaro. Di vuelta por la avenida principal para entrar al estacionamiento.
— ¿Qué carajo?… –golpee el volante molesto. ¿A quién se le ocurre cerrarla a esta hora?
Chaquee la lengua y salí de reversa, tenía que encontrar otro lugar. Tres automóviles más avanzaban detrás de mí, no podía ver claramente pero tenía que salir rápido.
Después de una larga pérdida de tiempo, llegué al restaurant con el celular al oído. Ria me llamó preocupada, pensó que tuve una emergencia. Aunque no lo es, es importante.
— Buenos días señor, ¿puedo ayudarlo? –me giré al mesero que me hablaba.
— Busco a Bill Trümper…
— Por aquí, por favor… –tendió la mano hacia el frente guiándome una mesa para dos en el fondo.
Lo primero que vi fueron dos platos servidos, dos desayunos. Uno que él ya tenía y el otro frente a un asiento vacío. Bufé molesto, ¿pretendía desayunar conmigo? Le observé y tenía puestas sus gafas, seguramente quería cubrir las ojeras de estos días en vela.
— Aquí estoy… –me anuncié ganándome su atención, a pesar de que no veía sus ojos supe que le sorprendí.
— Hola… ¿gustas desayunar?
— No, gracias… Ok, ¿te abrazo o qué? –pregunté yendo al grano.
— ¿Quieres hacerlo rápido? –miró a otra parte picando su ensalada.
— Es para eso que me citaste, ¿no? –alcé mis brazos confundido.
— Sí, pero pensé que tenías hambre… se nota que no has comido bien –respondió indiferente.
Miré el plato y mis tripas rugieron, realmente tenía hambre. Pero no iba a ceder.
— ¿Por qué aquí? –pregunté interesado sentándome curioso ignorando olímpicamente el plato.
— ¿No recuerdas? –negué tratando de hacer memoria.
No dijo nada por largos minutos, solo comía y bebía. Nada más. Me recargué impaciente sobre el respaldo y me miró.
— Aquí es donde… donde me propusiste matrimonio…–respondió casi en susurro. Suspiré cansado de su insistencia– Pero creo eso ya no te importa…–asentí levemente.
— No recordaba este lugar…
— Era de esperarse… –respondió frio levantándose poco apoco y se posó a mi lado. Le miré mover las manos pidiendo que me levantara.
Obedecí para terminar más rápido esto, nos miramos, alzó sus brazos aferrándose a mi cuello. Me quedé quieto dándole su tiempo, no me moví.
— Te pedí que me abrazaras…
— ¿Qué?
— Sólo abrázame… –repitió aferrándome más. Rodé los ojos y sin ganas posé mis manos sobre su cuerpo. Una en su cadera y la otra en su espalda. Sólo para complacerlo más, le estrujé escasos segundos.
Suspiró en mi oído separándose lentamente.
— Después te llamo… –dijo dejándome parado entre tantos comensales que disimulaban ver nuestro abrazo.
Continúa…
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