«Sólo abrázame» Fic Toll de Bethy
Cap. 2: Segundo aniversario
— No atiendas… –pidió Ria besándome el cuello. Era costumbre que cada vez que llegaba a su casa, que prácticamente también llegaría a ser mía, nos acostáramos. Era como un vicio suyo, y quizá también mío.
El celular sonaba en mi portafolio, era la quinta vez que sonaba y no pensaba contestar hasta terminar satisfecho con ella. Rasguñaba mi espalda con saña, me besaba como sí de ello dependiera y no paraba de encantarme.
Al término de una buena sesión, caminé al baño para darme una ducha, se suponía que solo venía a casa a comer, era mí hora libre, solo una hora para descansar y comer. Comer.
Salí con toalla en cintura y Ria sostenía mi celular.
— Es Bill… ¿Contesto? –negué sabiendo sus intenciones. No era necesario– ¿No entiende?
— No… creo que no. Pero pronto se aburrirá…–me aventó el móvil dándome un beso antes de salir.
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— ¿Por qué no contestabas?
— Eso no importa… ¿Dónde te veo? –pregunté por lo bajo, Ria acababa de pasar frente a la puerta.
— En el parque de diversiones que esta al sur de la ciudad, te veré ahí en una hora…
— ¿Qué? Escucha, tengo que estar en la oficina y no saldré sino hasta las 7:00 PM…—
— Te veré ahí… y no quiero que faltes…
&
Colgó de nueva cuenta dejándome con un reclamo en la boca. ¿Qué se creía? Me vestí con ropa limpia y bajé listo para comer siquiera un poco.
— ¿Qué te sirvo?…–preguntó Ria a mis espaldas.
— Algo ligero…
No hice caso a la conversación que tenía ella con mi yo ausente, sólo me concentré en ubicar el dichoso parque de diversiones.
Entré a Google Maps recibiendo la bendita sorpresa de que había 2, uno a 3 kilómetros y otro a 5 Km. ¿En cuál sería?
Abrí y cerré imágenes para recordar alguna visita. Porque teniendo en cuenta el lugar de la primera cita, esta podría ser lo mismo. Detallaba cada fotografía pero no terminaba por reconocer alguno. ¡Son tan iguales!
— Amor… llegarás tarde…–la voz de Ria me desconcentró.
— ¿Qué?
— Ya son las 3 PM, ¿no vas a trabajar?
— ¡Mierda!… Me voy. Adiós…
Salí corriendo para montar el automóvil. Una vez ya dentro me quede quieto. ¿Ir de una vez o avisar a la oficina? Esperé unos segundos y me decidí. Arranqué tomando la desviación a la avenida principal, tenía que llegar rápido, no podía perder tiempo.
Después de casi una hora de tráfico intenso, arribe al Parque Valle Fantástico. Me detuve frente a la entrada, no reconocía ni piedras de este. Era el más cercano, el que estaba a 3 KM de casa.
— ¡Oh no!…–me toqué la frente.
Regresé corriendo al carro conduciendo más hacia el sur, sí es que se podía.
Que latoso estaba siendo Bill, no podía creer que a pesar de ya no tener nada me hacía correr como imbécil. Me estacioné sin asegurar el auto y corrí al interior. No pagué la entrada, me escurrí gracias a una numerosa familia. Busqué por doquier a Bill, quedándome parado media plaza, mirando a todos lados. Debía estar aquí. Y sí no estaba aquí. ¿Dónde?
— Donde mierda está…–caminé sin mirar al piso, di vueltas como insecto por los juegos mecánicos.
Llegué al otro lado del parque, busqué en cada fila, en cada fuente de sodas, incluso en los sanitarios. Bufé desesperado rindiéndome. Saque mi celular. Vi la hora y bueno… ya no había excusa para llegar tarde a la oficina.
Indagué entre mis contactos a Bill y pulsé Llamar.
&
— ¿Dónde estás?
— Hola… ¿Dónde estás tú?
— No sé, me perdí… –el rió por lo bajo y pude percibir que bebía algo.
— ¿Qué está cerca de ti?
— Am… un carrito de Hot Dogs y… creo una máquina de fotos…–enfoqué la cabina y sí era de fotos.
— Me refiero al juego… –rió nuevamente, su risa era suave. ¿Qué le causaba gracia?
— Es la montaña rusa…
— Ya veo… espérame ahí…
— ¿Sabes? Falté al trabajo por tu boba cita, así que apresúrate…
&
Como es de costumbre me colgó.
Miré a mí alrededor, no estaba por ninguna parte, quizá… quizá este en el otro parque. ¡Dios! ¿Y sí estaba en el primero?
— Joder… porque mierda no le pregunté donde…–mascullé recargándome en la rejilla de seguridad. Sí no aparecía en diez minutos regresaba al otro lugar– Sólo… se paciente Tom. Sólo así te divorciaras… –me susurré sobándome las sienes.
— Veo que te cuesta mucho complacerme estos últimos caprichos…—
— ¿Qué? –me giré y ahí estaba él, bebiendo una gaseosa.
— ¿Quieres?…–ofreció otro vaso con el logotipo del lugar. Él seguía bebiendo y yo aún no tomaba lo ofrecido– ¿No quieres?… Mira que la Coca-Cola siempre ha sido tu favorita…–asentí y la tomé pero no bebí.
— ¿Por qué aquí?—
— Pensé que sería bueno…–miró a los lados bebiendo– Divertirme… siquiera un rato.
— ¿Solo?
— Sí… puedo divertirme solo…–atacó mirándome a través de sus gafas. Me alcé de hombros. Allá él y su solitaria diversión.
Me desespérese y bostecé por lo bajo, él se acercó y con una pierna se recargó en la rejilla. No le hice caso, me quede ahí parado, miré la soda y las ganas me vencieron, bebí poco a poco por el popote. Suspiré mirando el lugar, no reconocía nada.
— Aquí… aquí es donde festejamos nuestro segundo aniversario…–soltó Bill con la mirada baja.
Es obvio que le gustaba sufrir.
— ¿A sí?…–el asintió– No lo recuerdo…– confesé terminando la gaseosa.
— Era de esperarse…–respondió serio alejándose para tirar el vaso. Yo aplasté el unicel, después lo tiraría. Le enfoqué y caminaba lento hacia el contendor, pero antes de llegar se regresó para arrebatarme el mío y tirarlo.
— Ya es tarde…–comente mirando la hora, esta vez mi superior me daría un sermón grandísimo.
— Lo se…debes trabajar…
— Por hoy ya…–las manos de Bill obligaban que mis brazos cedieran ante su contacto. Le dejé hacerlo. Suspiró sobre mi hombro y profundicé el contacto, sólo para complacerlo.
— Después te llamo…–dijo apartándose rápidamente caminando hacia la fila de la Montaña Rusa.
Saqué mi celular para ver la hora, vi la pantalla sin prestar atención a lo que hacía.
— ¿Segundo aniversario?…–murmuré confundido– Aquí no fue…–le busqué para que me aclarara esto.
Caminé hasta la fila y muchas cabelleras se parecían a él.
— ¡Bill! –Llamé con las manos alrededor de mi boca– ¡Bill!…–una mano a unos 20 metros se levantó por encima de las cabezas y poco a poco se acercaba.
— ¿Qué?…–gritó a lo lejos– ¿Qué quieres?
— ¿Qué aniversario festejamos aquí? –él me miró con una mueca graciosa.
— ¿Te importa?
— Yo que recuerde no fue aquí…
— Nuestro segundo año como novios…—respondió regresando a la fila, se quitó las gafas mirándome molesto.
Continúa…
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