«Sólo abrázame» Fic Toll de Bethy
Cap. 3: Primer aniversario
Lleva tres semanas sin una llamada de Bill. ¿Será que ya no sabe que más hacer? ¿Habrá firmado? O ¿Estará molesto por mi poca memoria respecto a los lugares que visité?
Me encogí de hombros subrayando el párrafo para corregir, esta solicitud tiene que estar perfecta.
— ¿Por qué no llama? –cogí mi celular con la pantalla suspendida. Resoplé incrédulo. ¿Yo? ¿Esperando su llamada? ¿Yo?– Me preocupa que lo firme…– me respondí guardando el documento en el folder.
— Kaulitz…–llamó mi superior adentrándose a mi oficina.
— Sí, diga…–me levanté estrechando su mano.
— Veras…–tomó asiento y se cruzó de piernas– Ya llegó tu suplente. Así que hoy mismo puedes retirarte…
— Pero… aún tengo trabajo pendiente…
Él hizo un ademán negando– No te preocupes, el joven tiene buenas recomendaciones. Además despreocúpate por sí comete un error, Sofía podrá ayudarlo. Ella sabe muy bien lo que te falta…—
— ¿Está seguro?
— ¡Claro, hombre!… No quiero que tu brazo se lastime más de lo que esta…–palmeó con cuidado mi vendaje y asintió comprensivo.
— Bien… pues gracias…—
— No, agradécele a su Prometida…–le miré confuso y él estaba casi serio.
— ¿Prometida?…–asintió– ¿Hablo con… ella? –indagué nervioso. Él no sabía sobre Ria, sólo sabía lo mío con Bill.
— Sí, me llamó por teléfono y dijo que no podías esforzarte mucho. Eso lo entiendo por tus gestos que haces cada vez que intentas tomar algo…–rió levantándose y le imité – De acuerdo muchacho, te daré unos días para que te recuperes… Sofía te llamará cuando sea necesario –abrió la puerta– Te veré el Lunes…y arregla ese asunto —Dijo saliendo, me quedé de una pieza un tanto apenado.
¿Prometida? ¿Asunto?
Di un vistazo a mi ventanal haciendo memoria de cuando le insinué eso a Ria. Negué molesto, tenía que hablar con ella.
Después de despedirme de Sofía, mi secretaria. Salí con portafolio en mano y solicité un taxi. No quería manejar en plena lluvia con un brazo inmóvil. Que patético.
Llegué a casa húmedo por el rocío y Ria salió a recibirme.
— Mi amor… mira cómo has llegado…–me besó ansiosa– Mira que preparé la tina hace media hora. Creí que llegarías rápido…
— ¿Hablaste con mi jefe?
— Sí… le dije que no podías moverte mucho gracias a tu caída…–se colgó de mi cuello sonriente.
— ¿Le dijiste que eras mi prometida?
— Oh… eso… pues sí, no sabía cómo hacerle para que aceptara. Y sólo se me ocurrió eso…
Suspiré cerrando los ojos– No…no vuelvas a decirle algo parecido. Él sabe que estoy con Bill
— ¡Oh por Dios!…–desenganchó sus brazos mirándome molesta– ¿No le has dicho?
— No, así que… sólo espera unas semanas…
Ella asintió colgándose nuevamente por mi cuello. Nos besamos camino a la tina, esta vez quería disfrutar de ella ahí.
Le guie despacio por el cuarto y la tumbé sobre la cama, necesitaba un respiro. El sanitario estaba a tres metros más, era poco, pero no soportaba el roce de su pecho contra mi brazo lesionado.
Mi celular sonó en mis pantalones y con mi brazo sano aferrando a Ria y el otro encogido no podía cogerlo. O la soltaba o continuaba.
— No contestes…–gimió acariciando mi dorso desnudo.
Pero… ¿Y sí era Bill con el papel firmado?
— Puede ser Bill…–le solté buscando mi móvil.
Salí dejándola sentada echando humo por la cabeza, pero quizá ya tenga el documento.
Bill
&
— ¿Qué pasa?…
— ¿Tienes tiempo?
— Sí…–respondí mirando de reojo la puerta.
— Quiero que vengas a Playa Cristal…
— ¡¿Qué?!
— Quiero que vengas a Playa Cristal…–repitió con un tono autoritario.
— ¿Por qué ahí?
— Sólo ven y punto…
&
Me quedé parado ahí. ¿Por qué coño se le ocurre citarme ahí? Gruñí molesto, sólo se las arreglaba para hacerme perder tiempo y viajar por el estúpido papel.
Me adentré a la habitación y Ria estaba desnuda dentro de la tina. La miré sin deseo, sin ganas de estar con ella. Todo por Bill.
— ¿A dónde vas? –preguntó viendo como me cambiaba de ropa. Salió de la tina buscando su bata mirando lo que hacía– ¿A dónde carajo vas?—
— Tengo que salir…–dije amarrando las agujetas de mis zapatillas– Es importante así que tardaré…—
— ¿Más importante que yo?—
Asentí enarcando las cejas— Sí… sólo déjame resolver esto y volveré pronto…–uní nuestros labios y ella asintió resignada.
Ahora valía un soberano cacahuate mi estado y tomé las llaves del automóvil. Arranqué el motor y después de un rato ajuste el GPS para manejar a la bendita Playa Cristal.
Con un ojo veía el GPS y con otro la autopista. Parecía que estaba bizco, pero solo así sabría por dónde iba.
El gran farol se levantaba por los aires alumbrando determinado tiempo con su única luz. Me bajé del carro y caminé para ver por el mirador que estaba antes de la arena. Bill no estaba.
Aseguré el automóvil, y baje por el sendero hasta la playa. Busqué mi celular para llamarlo y apresurar esto.
&
— ¿Dónde estás?…
— En la playa más hermosa del mundo…
— ¿Estás aquí? –Asintió con un sonido– ¿Dónde?
— ¿Dónde crees? –Miré buscándolo por la arena… pero no había nadie. Ni un alma.
— No te veo…—
— Tú camina, yo llegaré…–ordenó colgando.
&
Suspiré resignado— A caminar se ha dicho…–avancé a paso lento hasta la playa, el sol dentro de un rato se ocultaría, así que la luz poco a poco disminuía su tono rojizo.
Me detuve extendiendo los brazos para disfrutar del aire que se cortaba con ellos, abrí los ojos escuchando el exquisito romper de olas, inunde mis fosas nasales con el aroma a calor, un suave aroma a algas, y a la salinidad del mar.
Sonreí recordando la última vez que había pisado el mar, y eso fue hace unos años. Caminé de aquí a allá esperando que apareciera y me abrazara para irme de una vez.
— Veo que te agrada estar aquí…
— No del todo…–me viré para verlo y me sorprendí, a menos de 5 metros estaba Bill con su traje de baño, o más bien su bermuda y su torso descubierto. No me miraba a mí, solo veía el mar y dejaba que el aire azotara contra su largo y radiante cabello.
— Pensé que no darías con el lugar…–susurró adentrándose al agua– Es un lugar muy hermoso… pero casi desconocido
—Sí…–me posé a sus espaldas contemplando la puesta que comenzaba en el horizonte.
— A pesar de que hoy trabajas… pudiste venir…–comentó escudriñándome con la mirada, me encogí de hombros.
— Tengo el brazo lastimado… así que me dieron unos días libres –dije alzando un poco mi brazo.
— ¿Te duele? –Asentí– ¿Estas usando algún Ungüento para el dolor? –Negué viendo como me tocaba sobre la ropa– Deberías decirle a tu Prometida que te aplique uno…–soltó separándose bruscamente.
¿Prometida?
— Yo…
— Que no se te olvide que Richard es mi amigo…–me refrescó doblegando mi mirada– Me llamó hace unos minutos, y se lo agradezco…
— No tenía porque…–Alzó su dedo para callarme, yo enmudecí sin rechistar y permanecimos así largos minutos.
— Esta playa es un misterio…–habló rompiendo la tensión.
— ¿Por qué ya llaman así?
— ¿Playa Cristal? –Asentí– Jamás lo he comprobado, nunca he tenido la dicha de vivir un momento tan especial como el que contadas personas cuentan…
— ¿Es una playa embrujada? –pregunte irónico. ¿Qué tenía de especial una simple playa?
— Sí estuviera embrujada no serían hermosos sus relatos…–me miró serio. Esta vez le notaba un tanto sensible.
— ¿Qué tiene de especial?
— Jamás lo he presenciado… pero cuentan… mencionan con una gran sonrisa lo afortunados que son…
— ¿Pero qué es? –insistí para apresurar su relato.
— Se dice que en indeterminado instante del Alba y Ocaso… miles de cristales rompen a la par de las olas. Cosa que se repite imprecisas veces…
— Eso no tiene sentido…–crucé de brazos incrédulo.
— No lo tiene para ti, pero estoy seguro de que es verdad…
— ¿Cómo? No entiendo…
— Algunas parejas afirman haber escuchado como las olas rompen igual que cristales, como sí el agua fuera de cristal verdadero…—
— ¿Quieres decir…que escuchan como un montón de vasos, copas, platos y todo eso se quebraran entre las olas?
— Algo así…–sonrió un tanto divertido por mi tan absurda comparación– Y más allá de eso… hay algo más misterioso…
— ¿Cómo?
— He escuchado que las parejas que han presenciado tal hecho… son privilegiadas con un “Amor Eterno”…
Exhalé aguantando la risa, este Bill cada vez más me sorprende— Este… pues…
— Una de las privilegiadas falleció hace dos años, dos meses después del fallecimiento de su marido –alcé una ceja buscando algo para atacarlo, pero no supe que decir– Hace años quise comprobarlo… quise ser privilegiado de esa forma. Anhele con todas mis fuerzas ser testigo de tal codiciado momento…–salió empapado posándose a mi lado, no le mire pero él a mí si.
— ¿Cuándo visitaste esta playa?
— ¿No recuerdas? –negué cubriendo mis ojos de los rayos del sol.
— Recuerdo el farol, pero… no sé porque vine…
— Aquí celebramos nuestro primer aniversario…
— ¿Cómo novios? –Asintió observando el oleaje– Mi emoción debió ser enorme para traerte a un lugar así…–bromeé ignorando su mirada dolida.
— Bueno…–se acercó tranquilamente y me abrazó con ganas– Yo…–
Abrí los ojos totalmente asustado, miré al mar atónito. Más que atónito. Sorprendido. Fascinado. Maravillado. Aferré a Bill al escuchar como las olas rompían igual que el cristal contra el suelo. Era como sí una cascada de cristal cayera frente a nosotros.
— Escu… ¿escuchaste eso? –pregunté con una sonrisa nerviosa en mi cara.
Era cierto… ¡Wow! Qué lugar tan extraño.
— Te lo dije…–susurró en mi oído y se separó poco a poco– Te dije que era un acontecimiento extraordinario…
Asentí aflojando mi agarre permitiendo su ida. Miré como se alejaba y noté…una pequeña sonrisa en sus labios.
Sonreía de una forma poco normal, para mí. Suspiré mirando otra vez al horizonte, sonreí sin saber a ciencia cierta porque. Negué por los aires retornando a mi automóvil.
Al llegar al mirador y busqué a Bill por alguna parte, no había nada que lo ocultara desde las alturas. Pero todo estaba solitario.
Continúa…
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