«Sólo abrázame» Fic Toll de Bethy

Cap. 8: El comienzo (P.1)

Boté mi bolígrafo por el escritorio, estaba molesto. Más que molesto, enojado conmigo mismo. ¿Cómo carajo acepte verme con Ria para después tener sexo? ¿En qué cabeza cabe tal estupidez? Suspiré irritado por recordar una y otra vez esa noche.

Después de verme con Bill, Ria volvió a llamarme y… joder. Terminé en la cama con ella.

No lo tenía planeado, sólo… sucedió y ya. ¡Claro! Como sí me lo creyera.

—Señor…–alcé la mirada– Ya es mi hora de salida, ¿hay alguna otra cosa que pueda hacer por usted? —

— No Sofía, ya puedes retirarte –ella asintió sonriendo por lo bajo. Sus vacaciones empezaban desde hoy, así que no podía perder tiempo.

Me dejé caer de barbilla en el escritorio y resoplé como animal. Tenía planeada una visita a mis padres en Año Nuevo y sin querer mencioné a Bill. Ellos se escuchaban ansiosos, emocionados de verlo después de tanto tiempo. Ahora sólo faltaba que él aceptara.

Cerré los ojos sin saber qué hacer. Guardé mis cosas, intenté arreglar el escritorio, ordené mis libros. Dejé que mi tiradero no se viera tan horrendo. También quería ahorrarle tiempo al conserje.

Just trust yourself tonight…–tarareé y mi celular sonó opacando mis susurros. Era la misma canción.

Bill

&

— Dime…

— Tom, quiero verte…–dijo suavemente.

— ¿Ahora?…–asintió con un sonido– ¿Dónde?

— En el lugar donde la gente mientras espera, medita bien sí viajar o no. Donde la mayoría viaja sin saber que le espera durante éste…

— ¿Qué? –reí intentando entender tales palabras.

— ¿Dónde buscas tu camino? ¿Tu destino?

— En… ¿la calle? –Él se carcajeó al otro lado de la línea– ¿Un aeropuerto?

— Tampoco te vayas tan lejos…

— ¿Entonces?

— La estación del metro, tonto…

— ¿En qué parada?

9 y Tres cuartos…–entre-cerré los ojos pensando donde carajo estaba esa.

— ¿Por dónde queda? –pregunté sin reconocerla, él solo se carcajeó obligándome a separar la bocina.

— Jamás me prestaste atención cuando te explicaba el libro…–suspiró– En la Central

— ¿Ahorita?

— Sí, te conviene…

&

Colgó dejándome pensativo, ¿me conviene? Pensé cerrando mi puerta y subiendo al elevador.

Bajé al estacionamiento y desactivé desde lejos mi automóvil. Abrí la puerta aventando mi portafolio. Arranqué el motor saliendo rápidamente para no perder tiempo.

Atravesé en menos de 15 minutos la avenida principal y arribé a la estación Central, ahí estaba. Desde lejos se veían las escaleras para bajar al subterráneo. Pero como estaba aún montado en mi automóvil tuve que buscar un buen lugar para estacionarme.

Di como dos vueltas a una misma cuadra y por fin. Un espacio disponible, lo malo era que estaba gran distancia de la estación. Me encogí de hombros y crucé la avenida.

Tardé unos segundos en bajar las escaleras y arribar a la entrada del metro.

¡Mucha gente! Busqué la mirada de Bill, o su cabellera, pero nada. Caminé por el pasillo y me detuve frente a una cafetería. Miré de aquí a allá. Ni una sombra de él.

Caminé en línea recta hasta la taquilla para después retornar lentamente a mi lugar. Alcé la mirada y reconocí los faroles que iluminaban. Los de esta estación siempre fueron los mismos, jamás fueron cambiados, eran únicos.

Bajé la mirada para buscarle nuevamente y di un paso a atrás, era como si alguien chocara conmigo, pero no fue así. Sólo fue una reacción al recordar la vez que Bill impactó conmigo por estar correteando a un tipo.

Recuerdo muy bien ese día. Fue divertido y doloroso, y… también complicado.

Ese día tuve un problema gravísimo con mi profesor de la licenciatura, tenía que presentar otra vez el examen final. Bendita suerte.

Al llegar a esta misma estación, me compré un café para soportar el tremendo sueño que cargaba, caminé a paso lento por el pasillo, mi examen fue presentado y no quería presionarme más, quería relajarme. Pero no fue así.

Un golpe me hizo caer de espaldas al suelo, el café empapó mi ropa y mochila, ¿Cómo la traía? No sé, pero se manchó de café.

Recuerdo ver un rostro maquillado, incluso me embobé al ver su mirada furiosa, furiosa por algo, quizá por mí, quizá por el incidente. Pero no fue así, recuerdo muy bien cómo me miró escasos segundos, cambiando radicalmente su mirada, se disculpó y corrió nuevamente tras un tipo de sudadera negra.

Me sacudí el pantalón y algunas personas preguntaron por mi condición, negué restándole importancia. Bajé la mirada para recoger mis cosas y unos suspiros ahogados, pequeños gritos y exclamaciones invadieron la estancia.

Busqué la razón y frente a mí, a unos diez metros de distancia, se encontraba él golpeando al sujeto de sudadera negra.

Abrí los ojos incrédulo, Bill lo había tirado sobre el suelo y le propinaba unos buenos puñetazos, le gritaba un sinfín de cosas y entre tanta pelea buscaba algo en las prendas del sujeto.

Recuerdo con exactitud la escena, recuerdo haber estallado de risa ante tal situación. Vaya giro inesperado. Sonreí divertido, él se irguió dándole una patada final y le gritó:

¡De mi nadie se burla, Imbécil!

La policía arribó tardíamente al espectáculo. Buscaban testigos y a los presuntos responsables por tal escándalo. A mí me preguntaron diversas cosas, y para ayudar, testifique a favor de él. Así fue como lo conocí.

— ¿Vas a viajar, Tom? –me exalté regresando a la realidad. Le busqué a mis espaldas. Sí, otra vez timándome.

— ¿Tú planeas hacerlo? –un bulto cayó detrás de mí y volví a girarme.

— Sí…–respondió acomodándose las gafas de sol. Estaba tan radiante y extremadamente apuesto.

Joder, Bill…

— ¿A dónde iras? –inquirí mirando sus maletas.

— No tan lejos… –metió en sus bolsillos sus manos– Encontré un departamento cerca de la siguiente parada, así que no quiero perder más tiempo…

Le miré sin entender. ¿Me estaba diciendo que se iba? ¿Se mudaba de… nuestra casa?

— ¿Te vas? –pregunté casi en susurro. Él asintió y de una maleta sacó un folder. El folder que le di con el documento del divorcio.

— Tom, creo te he hecho correr como un loco estos últimos meses. Sé que no fue nada agradable para ti. Pero pues…–bajó la mirada– Valió la pena, para mí; valió la pena siquiera pasar estos últimos días de tu compañía. Aunque para ti fue tedioso y molesto, esto tuvo un buen resultado, para ti –me miró quitándose las gafas y sonrió de lado.

— ¿Qué? –me extendió el folder, lo tomé sin comprender.

— Ya lo firme… ya todo está arreglado entre nosotros –susurró abrazándome hundiendo su cabeza en el hueco de mi cuello.

— ¿Arreglado?

— Sí…–se separó escasos centímetros para acariciar mis mejillas, luego unió sus manos sosteniendo su anillo de matrimonio. Recordé el mío que estaba en mi caja fuerte– Esto tiene que ser guardado –sonrió cabizbajo y lo metió en su bolsillo– Que tengas una excelente tarde, Tom…

Finalizó tomando sus maletas para perderse entre las filas de espera. Me quedé quieto. Clavado en mi lugar. No sabía qué hacer.

Miré a mi alrededor buscando su mirada traviesa y me dijera: «Mentira, Después te llamo«. Pero no fue así. Quería correr, gritarle que se quedara conmigo. Quería rogarle que hubiera una llamada más.

Sólo una más.

Abrí la boca contadas veces tratando de normalizar mi respiración, para calmar a mi corazón alterado. Apreté el folder entre mis manos y corrí tras él. Salté las barras de seguridad, varias personas gritaron que estaba mal. Pero para mí, lo que Bill estaba haciendo era un error. Una equivocación que podría arruinar mi vida.

Sí, egoísta de mi parte. Pero le necesito.

— ¡Bill! –grité buscando su mirada, buscándolo entre la multitud– ¡Bill! –llamé cuantas veces quise, caminé en círculos, de aquí a allá. Me metía entre las filas, me escurría por doquier.

Suspiré tomando mis sienes y quise llorar de verdad.

— ¡Tom!… –me giré y ahí estaba. Parado frente a sus cosas a un lado de las bancas– ¿Qué te sucede? –Me aproxime a él, respiré ansioso y le estreché contra mi cuerpo.

— No puedes irte…

— ¿Q-que? ¿Por qué no?

— ¡Por que no! –exclamé aferrándome más a él. No dijo nada, no me correspondió siquiera. Sólo se quedó ahí, quieto.

— ¿P-por qué no? –preguntó con la voz cortada.

— No te quiero perder Bill –afirmé mirándole fijamente. Tenía que creerme.

— Estas loco…–se soltó empujándome molesto– ¡Primero me dices que quieres el puto divorcio! ¡Que lo firmara sin perder tiempo! ¡Insistías demasiado para separarte de mí! ¡Aceptaste la puta condición, porque sólo así te lo daría! ¡Y ahora que por fin lo he firmado, dices que no puedo irme! ¡¿Quién coño te entiende, Tom?! –gritó totalmente furioso. Bajé la mirada avergonzado. Era cierto.

— Bill… me di cuenta… de que no quiero perderte.

— ¡Joder… ya firme! Ya… me perdiste –gimoteó cubriéndose el rostro. Estaba llorando.

— No llores, Bill.

— ¡¿Cómo no quieres lo haga?! ¡Me has lastimado! ¡Me has engañado! –se tumbó sobre la banca y sollozó con más fuerza. Me quedé parado frente a él, enjugándome las lágrimas me percaté de cómo la gente nos veía con lastima, con pena, varios nos ignoraban dándonos privacidad. Otros nos miraban con desagrado. Me puse en cuclillas recargándome sobre sus rodillas, él sorbía por la nariz y limpiaba su rostro.

— Bill…–zarandeé su rodillas– Bill… mírame…

— No quiero…–chilló virando su vista.

— Mírame… siquiera por última vez…–pedí con un nudo en la garganta. No quería que fuera la última.

— Cállate…

— ¿Sabes qué? –Él negó– Este puto divorcio no va a proceder –dije rompiendo el papel frente a nosotros– No quiero el divorcio, Bill. No lo quiero.

— Eso no arregla nada, hay una copia en el Registro Civil –Cerré los ojos sabiendo que era así, pero aunque estuviera, Bill firmó esta, no la otra.

— Sí, pero… –me calló con un dedo.

— No sigas…–quité su dedo besándole la yema.

— No te voy a perder, Bill –Alzó la mirada viéndome fijamente, su maquillaje estaba todo corrido. Sus parpados manchados, mejillas igual.

— Dame otra oportunidad…–cogí sus manos y les besé– Por favor…–rogué sin voz, no quería llorar frente a él. Pero no podía soportar la idea de que me abandonara.

Él me miró volviendo a entrar en llanto y se aventó sobre mí, colgándose de mi cuello. Tambaleé sobre mis pies pero pude sujetarme con una mano en el piso a mis espaldas. Cerré los ojos disfrutando el contacto. Suspiré llorando junto con él.

— Me has orillado a esto, Tom…–asentí acariciando su espalda.

— Lo se… perdóname…

— ¡Eres un idiota!

— También lo se…–me separé un poco para verle, para contemplar su belleza infinita– ¿No te iras?

El negó con un hermoso puchero y volvió a aferrarse a mí, hipó varias veces y después suspiró.

— Tom… la gente nos mira…–musitó y sonreí.

— Desde que me empezaste a gritar…

— ¿En serio? –Asentí– ¡Qué pena! –exclamó separándose y tapándose la boca

— Ignóralos…–pedí atrapando su boca con la mía. El correspondió al instante y pedí ingresar. Fundimos nuestros labios, compartimos saliva. Jugábamos con nuestras lenguas, disfruté de su piercing y gocé del momento.

— ¡Váyanse a un hotel! –gritó un chico a nuestras espaldas, obligándonos a separarnos. Bill puso una mirada furiosa y miró a mis espaldas. Posó sus manos en mis hombros para alzarse un poco.

— ¡Para eso tengo mi casa, tonto! –respondió y estallé a carcajadas. Suspiré tomando las maletas para irnos a nuestra casa. Él volvió a colocarse las gafas irguiéndose listo para irnos.

— Oye…–llamé antes de caminar, me miró atentamente– ¿Por qué aquí?

— ¿Aquí? –Asentí– Porque aquí fue donde nos conocimos…–ladeé mi cabeza enternecido– Aquí fue…

— El comienzo…–completé estrujándolo con mi brazo disponible, besé su frente reconfortado– Vamos a casa…–el asintió.

Continúa…

Gracias por la visita. Te invitamos a comentar.

por Bethy Pena

Escritora del Fandom

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