«Solo y sin ti» de lyra
Capítulo 8. Dulces sueños
No pudo evitar quedarse dormido, ¿cómo no hacerlo si Tom le estrechaba con fuerza en sus brazos? Cuando dieron por terminado ese largo y profundo beso, sus labios se separaron y él solo pudo cerrar los ojos suspirando, acomodándose en el pecho de su hermano y cayendo dormido de inmediato.
Cuando abrió los ojos se encontró con los de Tom. Echado a su lado de costado, le había estado observando mientras dormía con una sonrisa en los labios, la primera que lucía tras tanto sufrimiento pasado.
—Buenos días—saludó bostezando.
—Dirás mejor buenas tardes—corrigió Tom extendiendo una mano.
Rozó con ella su mejilla, retirándole un mechón de pelo que le cubría parte de sus dulces labios. Se inclinó sobre ellos y los rozó con los suyos, sonriendo al sentir como los separaba y le permitía volver a explorar su boca.
Ahogando un gemido contra sus labios, rodó hasta dejarle debajo. Se acomodó sobre él, haciéndose sitio entre sus piernas que separó con una rodilla con delicadeza sin separar sus labios en ningún momento.
Comenzó a frotarse contra su sexo, jadeando por el esfuerzo, pero detuvo los movimientos de su cadera cuando le sintió ponerse tenso bajo su cuerpo.
Maldijo contra sus labios y poco a poco los fue separando de los de Bill, al que miró con una expresión de profundo arrepentimiento.
—Lo siento, he ido muy rápido—dijo bajándose de su cuerpo.
Se sentó a su lado en la cama, viéndole suspirar incorporándose.
—Solo dame tiempo…ahora yo no puedo…no puedo…—comenzó a decir Bill—Simplemente, no puedo…lo siento….
—Por favor, no te disculpes—cortó Tom poniendo una mano en su rodilla—Hay tiempo para eso.
Se quedaron mirando en silencio. Ambos sabían que no había que precipitar las cosas. Habían tenido muy buen comienzo y tenían toda la vida por delante, que compartirían a partir de ese día.
— ¿Es muy tarde?—preguntó Bill de repente.
Tom se giró al momento y cogió su móvil que dejó sobre la mesilla. Lo abrió y miró la hora en la iluminada pantalla.
—Casi las 2—le informó.
— ¡Las 2!— gritó Bill—Hemos dormido toda la mañana, nos hemos saltado la comida y en 4 horas hay que actuar.
—Perdona, pero eres tú el que ha dormido casi 6 horas—rio Tom al ver su asustada expresión.
—Estaba muy cansado del viaje. ¿Y tú no has dormido nada?—preguntó Bill, aun sabiendo de antemano su respuesta.
Tom solo negó con la cabeza. Bien era cierto que cerró los ojos, pero no pudo conciliar el sueño. Tenía miedo de abrir los ojos y ver que estaba solo, de que pasado el tiempo Bill se arrepintiera y le dejara sin despedirse siquiera.
Como si le hubiera leído la mente, Bill le cogió la mano y se la llevó a los labios, besándosela tiernamente.
—Nunca me arrepentiré—susurró contra su piel.
Entonces le tocó a Tom ponerse tenso. Sitió miles de escalofríos que le recorrían el cuerpo y solo pudo esbozar una de sus dulces sonrisas como respuesta.
—Será mejor que nos movamos antes de que venga David a llamarnos—dijo Tom suspirando.
—David…—escuchó susurrar a Bill.
—Vaya… ¿ha pasado algo?—preguntó Tom mordiéndose los labios.
—No, nada…hablamos durante el viaje y cuando estaba desayunando terminamos la conversación—explicó Bill por encima—Se preocupa mucho por mí, es un cielo, pero…
Dejó la frase sin terminar, no hacía falta que siguiera. Él no era Tom, solo fue su sustituto por una fatídica noche.
Se levantó de la cama suspirando, estirándose de camino a la puerta.
—Bill—llamó Tom desde la cama.
Se volvió a mirarle mientras que se ahuecaba el pelo con un gesto coqueto, lo que le arrancó una carcajada a Tom.
—Durmamos juntos esta noche—pidió Tom poniéndose serio—Solo dormir, te lo prometo.
—Espérame despierto—susurró Bill sonriendo.
Se llevó una mano a los labios y le lanzó un beso antes de abrir la puerta y salir de su habitación. Con el ánimo subido, entró en la suya a cambiarse de ropa y arreglarse. Quería ponerse guapo, por las fans que irían a verle esa noche…por Tom, que no le quitaría los ojos de encima para el resto de su vida…
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Paseando nervioso por el hall, David Jost miraba la hora que era en su móvil. Se estaban retrasando, y como siempre la culpa era del cantante. Todos ya estaban abajo, incluido Tom, y le esperaban sentados en un amplio sofá con una cansada expresión en la cara.
Cuando se abrieron las puertas del ascensor y le vio aparecer por la puerta, no pudo evitar correr a por él y cogerle del brazo con rudeza.
—Dos horas—dijo en tono muy serio—Dijiste que estabas listo hace dos horas.
—Perdona, cambié de opinión tras colgar—se disculpó Bill tratándose de soltar.
—No te he visto desde el desayuno y te has saltado la comida—siguió David en sus treces—Te llamo todo preocupado y me dices que te estás peinando. ¿Dónde has pasado la mañana?
—En la cama, con Tom—se le escapó a Bill resoplando.
— ¿Cómo?—casi gritó David.
—Fui a verle porque como tu bien dijiste, él me ayudaría mejor que nadie—se apresuró a explicar Bill—Hablamos, estaba cansado del viaje y me quedé dormido a su lado.
—Perdona, es que lo has dicho en un tono que…he llegado a pensar una estupidez—se disculpó David riendo nervioso.
Bill le imitó, suspirando aliviado cuando al fin le soltó el brazo. Se sentó al lado de Tom mientras esperaba a que el coche les fuera a buscar.
— ¿Ha pasado algo entre David y tú?—susurró Tom girándose.
—Me reñía por haber tardado en arreglarme—contestó Bill sin querer contar del todo la verdad.
—No le hagas caso, está muy guapo—dijo Tom guiñándole un ojo.
Solo pudo sonreír mientras sentía que se estaba poniendo colorado. Suspiró de nuevo aliviado cuando David les llamó. El coche ya había llegado y les esperaba en la puerta. Salieron del hotel y tras dedicar un tiempo a las fans allí congregadas, subieron al coche y partieron hacia el programa en el que actuarían.
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Media hora después esperaban en el backstage a ser llamados. El cantante se miraba al espejo dando los últimos retoques a su pelo y maquillaje, mientras que el productor paseaba de arriba abajo sin apartar los ojos de él.
Le veía a través del espejo, lo que le ponía nervioso. Ya habían dejado las cosas claras, se disculpó por haberle usado y él le dejó claro que…que sentía algo por él. No lo entendía, solo se acostó con él una noche y por despecho, como ya le dejara bien claro, ¿por qué le miraba como si le fuera la vida en ello?
—Salís en 10 minutos—les avisó el regidor.
Se pusieron en marcha de inmediato. Dejaron que les colocaran los micrófonos y una vez listos salieron al escenario. Esa noche tocaba “1000 Meere”. La había elegido Bill minutos antes de salir del hotel, estaba planeada “Ready, Set, Go”, pero quiso cambiarla y encima cantarla en alemán.
Nadie le preguntó el por qué y David menos. Se apresuró a “contentarle” y a los pocos minutos de salir al escenario los labios del cantante se separaron y dejaron escapar su dulce voz, que el productor escuchaba emocionado con los ojos cerrados.
Nunca antes se había fijado en lo bonita que era su voz. Nunca antes…hasta que una noche le tuvo entre sus brazos y a su oído suspiró…desde entonces, y muy a su pesar, solo soñaba con una cosa….en volverla a escuchar…
Continuará…