
Fic M-preg de lyra. Temporada II
Capítulo 10: Planes futuros
Las palabras de su amigo dejaron a los dos hermanos sin respiración. Le miraron sin atreverse a decir nada, incluso la pequeña Sarah permanecía extrañadamente callada, como si supiera que se estaba hablando seriamente de ella.
Tom decidió dar el primer paso, comenzó a sonreír con esfuerzo y a negar con la cabeza, pero sus compañeros le devolvieron la sonrisa y asintieron con firmeza. Suspiró dándose por vencido.
— ¿Cómo lo habéis sabido?—preguntó en voz baja.
—No hay más que ver a Sarah, tiene tu misma boca, como ya dijera Bill en una ocasión—explicó Gustav.
—Y cuando se enfada, pone tu misma expresión—rio Georg.
Tom no pudo evitar reír con él. Se giró y miró a Bill, quien observaba en silencio sin dejar de mecer a su hija en sus brazos.
—Nos han pillado, cariño—dijo Tom cogiendo su mano.
Bill solo pudo suspirar y apretar con fuerza su mano. Era la primera vez que le llamaba de esa manera, y encima delante de sus amigos, con toda la naturalidad del mundo.
—Esto… ¿lo sabe alguien más?—preguntó cortado Gustav.
—No, ni siquiera nuestros padres—contestó Tom con dolor—No lo entenderían tan bien como vosotros.
Sus amigos asintieron comprensivos en silencio, roto por el ligero bostezo de la medio dormida Sarah.
—Es mejor que tratemos todos de dormir un poco—dijo Gustav viendo que ya era muy tarde.
—Hay que llamar a mamá primero—dijo Bill para sorpresa de todos—Estará preocupada por mi huida.
—Yo la llamo—se ofreció Tom cogiendo su móvil.
—Os dejamos—dijo Gustav dando media vuelta.
—Sí, ya hablamos mañana—se despidió Georg.
—Gracias por todo, chicos—se apresuró a decir Bill.
Sus compañeros sonrieron y salieron de su habitación, dejándoles pasar su primera noche en familia juntos de muchas.
Mientras escuchaba como Tom hablaba con su padrastro para informarle de donde estaban, Bill acostó de nuevo a su hija a su lado, ya dormida del todo. La observó sin poderse creer como era posible que estuviera en paz mientras a su alrededor se desarrollaba una guerra interior.
Sus compañeros habían adivinado su más profundo secreto, solo rezaba para que nadie más lo hiciera. Cuando su hija fuera más mayor y tuviera uso de razón, tal vez podrían contarle toda la verdad, como dos personas se amaban tanto que dejaron atrás unos lazos de hermandad que los unían y se amaron de todo corazón, dando lugar a una hija muy querida.
—Ya terminé—anunció Tom sacándole de sus pensamientos.
Apagó el móvil y lo dejó sobre la mesilla para comenzar a desnudarse. Se quedó en bóxer y se acostó al lado de su hija, a la que besó en la frente antes de besar a Bill en los labios.
Se acostaron de lado, sin dejar de mirarse fijamente a los ojos por encima de su dormida hija. Sin decir nada, Bill se giró y apagó la lámpara de su mesilla. Volvió a la posición que estaba y entrelazó los dedos con los de Tom, cerrando los ojos suspirando porque al fin los problemas terminaron.
Su madre había aceptado que su hija era suya. Sus amigos habían aceptado muy bien que fuera también hija de Tom, y les daban la mejor de las soluciones. Les ofrecían quedarse en el apartamento, donde vivirían solos los tres felices para siempre…
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Cuando abrió de nuevo los ojos ya era de día. Se estiró en la cama y se giró, sonriendo al ver como Tom ya estaba despierto y tenía a Sarah sobre su regazo. La estaba observando mientras jugaba con sus rastas, que cogía entre sus manos y tiraba y tiraba entusiasmada.
Se unió al juego y tiró a Tom del pelo, quien fingió enfadarse haciendo romper a reír a la pequeña Sarah.
—Tu papá es muy malo—dijo Tom haciendo un puchero.
Bill no pudo evitar sonreír, ahí estaba la misma expresión de Sarah. Normal que sus compañeros lo hubieran adivinado, esos labios eran iguales, y muy suaves….
Se acercó más y comenzó a besarle muy despacio en el brazo. Fue subiendo hasta su cuello, donde dejó un húmedo beso hasta que llegó a sus labios y le besó hambriento. Tom respondió al beso. Sujetó a Sarah con una mano y con la otra le atrajo por la nuca para hacerlo más profundo.
Bill se dejó hacer, hasta que algo en su interior pidió más. Solo entonces rompió el beso, era pronto para eso. Hacerlo con sus amigos al otro lado de la puerta, aun reponiéndose del susto de saber lo que habían hecho…
—Mejor dejarlo para más adelante—dijo logrando separarse con esfuerzo.
—Estoy de acuerdo—murmuró asintiendo Tom—Además, una señorita tiene hambre.
Se la pasó a Bill y se levantó de la cama corriendo. Se puso los pantalones y bajó raudo a la cocina, en donde calentó un biberón y se lo subió a Bill para que diera de comer a la hija de ambos.
Se acostó a los pies de la cama para observarlos. Nunca se cansaba de ver de esa manera a Bill, alimentando a su pequeña, suspirando al pensar cuando le darían un hermanito…
—Todo de un trago—rio Bill enseñando el vacío biberón.
Pasó a Sarah a Tom y se levantó. Tenían muchas cosas que hacer, para empezar regresar a casa y dejar las cosas claras con su madre. Luego, se trasladarían al apartamento. Tenían que comprar una cuna nueva, pues la otra se quedaría en casa de su madre para cuando fueran a hacerle una larga visita.
—Podemos estar para la hora de comer—apuntó Tom adivinando sus pensamientos.
—Sí, cuanto antes aclaremos las cosas, antes podremos vivir los tres solos—dijo Bill asintiendo.
Dejaron a la niña sobre la cama sola y comenzaron a prepararse. La vistieron y ellos también lo hicieron. Bill se encargó de llevarla en brazos mientras que Tom cargaba con su escaso equipaje.
Hicieron una parada en la cocina y desayunaron con sus compañeros, contándoles sus planes.
—Dejad lo de la habitación en nuestras manos—pidió Gustav.
—Sí, compraremos una buena cuna y más adornos—intervino Georg.
Sabían que no podían negarse, gracias a ellos se encontraban dónde estaban. Asintieron y se despidieron de ellos cuando llegó el taxi que habían llamado.
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Llegaron a casa de su madre en menos de dos horas. Como siempre, Bill llevaba a su hija en brazos y dejó el equipaje en manos de Tom. Llamaron a la puerta y contuvieron el aliento hasta que les abrió su padrastro.
—Chicos—saludó Gordon sonriendo.
Les dejó pasar y besó a su nieta en la frente. Cogió el equipaje de manos de su hijastro mayor, quien a su vez cogió a su hija en brazos cuando se la pasó Bill.
—Tu madre está en la cocina…y está muy nerviosa—explicó Gordon.
—Acostad a Sarah, mamá y yo tenemos que hablar a solas—dijo Bill con firmeza.
— ¿Quieres que yo…?—comenzó a decir Tom.
Pero Bill negó con la cabeza. Ya lo habían discutido durante el camino. Él hablaría a solas con su madre, necesitaba hacerla comprender que la decisión que habían tomado era la mejor para los tres.
Cogió aire y entró en la cocina, donde su madre preparaba la comida. Sabía de sobra que su madre estaba al tanto de su llegada, que oyó la puerta pero no se atrevió a ir a recibirlos.
—Mamá—llamó poniendo una mano en su espalda.
Simone se giró con rapidez secándose las manos a un paño. Se mordió los labios al ver a su hijo pequeño delante de él. No sabía cómo hablarle, aún preocupada porque hubiera escuchado sus duras palabras.
Pero Bill se le adelantó y dio por zanjado ese tema.
—Olvidemos el pasado, empecemos de nuevo—dijo Bill con firmeza.
—Haré todo lo que quieras, Sarah dormirá en tu habitación, y solo me ocuparé de ella cuando estés de viaje—prometió Simone.
—Mamá, nos mudamos al apartamento…los tres—explicó Bill en voz baja.
— ¿Los tres?—repitió Simone extrañada.
—Es lo mejor, ahí tenemos el estudio de grabación y los chicos nos lo han ofrecido—siguió explicando Bill—Tom se viene porque siempre hemos querido vivir juntos, ya lo sabes. Me echará una mano con la niña y todo será como antes.
—Pero yo…—comenzó decir Simone a punto de llorar.
—Será la mejor abuela que Sarah pueda tener—terminó Bill la frase por ella—Vendremos a veros cada vez que no tengamos trabajo, como siempre hemos hecho. Y pasaremos juntos más tiempo, no quiero que Sarah olvide que en esta casa es muy querida.
Simone asintió dándose por vencida. Desde el principio siempre supo que Sarah solo era su nieta, no esa hija que siempre deseó tener, y que ya era tarde para eso.
Bill vio la tristeza de sus ojos y se apresuró a darle un beso en la mejilla.
—Eres el mejor padre que Sarah pudo tener—dijo Simone abrazando orgullosa a su hijo.
Esas palabras hicieron estremecerse a Bill. No era el mejor padre, era uno de los dos que Sarah tenía, pues Tom era el otro y para él era el mejor.
Continúa…
Gracias por la visita.