Fic M-preg de lyra. Temporada II
Capítulo 5: Cosa de dos
Decidieron no decir nada hasta el día siguiente, aprovechando cuando sus padres se hubieran acostado para hablarlo por la noche. No sabía cuánto tiempo podrá disfrutar de los brazos de Tom, quien le cogía con fuerza mientras le contaba sus planes.
—Mañana podíamos ir a ver a alguien, un especialista. Te dará algo que te hará sentirte bien-dijo Tom con firmeza.
—No me gusta tener que medicarme para sentirme bien, basta con que me abraces muy fuerte….como estás haciendo en estos momentos—susurró Bill suspirando.
Tom cerró los ojos al escucharlo. Se había colado en su habitación con mucho miedo en el cuerpo. Si su madre les pillaba en esa cariñosa actitud pondría el grito en el cielo. Una cosa era dormir juntos tal y como habían hecho tantas noches…pero de pequeños….y otra bien distinta era que le dejara descansar sobre su pecho mientras le metía mano amparado en la oscuridad.
Un gemido de Bill le hizo volver a la realidad. Suspiró y dejó de frotarle, sabiendo que si seguían así iban a tener un gran problema entre manos, en realidad dos porque él también comenzaba a sentir lo mismo gracias a los hábiles dedos de Bill.
—Será mejor que me vaya—susurró Tom con pesar.
Como era de esperar, sintió como Bill negaba con la cabeza y se aferraba más a su cuerpo, metiendo las manos bajo su camiseta para acariciarle la espalda suavemente.
—Solo 5 minutos más—protestó como un niño.
—Hasta que te quedes dormido,….no quiero empezar algo que no puedo terminar—dijo Tom con firmeza.
Bill asintió sonriendo y se acomodó mejor sobre su pecho suspirando. Cerró los ojos, concentrado en la respiración de Tom, sintiendo como el corazón le latía con fuerza resonando en sus oídos, haciéndole caer en un profundo sueño…
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Del que despertaría a la mañana siguiente en su fría y solitaria cama. Escuchó el llanto de su hija, pero recordando que Tom le prometió ayudarle y sabiendo que también estaba su madre al tanto, se dio la vuelta en la cama y trató de dormir un poco más. Pero no pudo hacerlo. Al poco rato la escuchó hacer pucheros y sonrió al imaginársela en brazos de Tom, quien le haría todo tipo de muecas raras para lograr arrancarle una sonrisa de sus labios.
Porque eso era lo que hacía con él cuando le veía triste y abatido. Así fue como comenzó su secreta relación. Una noche tras un concierto le vio en tan mal estado que no paró hasta lograr hacerle reír, apoderándose de sus labios cuando al quedarse mirándolos quedó hipnotizado.
Se mordió los labios al recordar lo que le siguió al beso…comenzaron a desnudarse el uno al otro sin separar los labios en ningún momento, nerviosos y deseando que llegara el momento…tan inconscientes que lo hicieron sin protección alguna.
Al día siguiente se riñeron por eso. Decidieron que si lo suyo iba en serio debían ser más precavidos. Él comenzó a tomar la píldora y la cartera de Tom rebosaba de preservativos….
Pero ni eso logró impedir que sucediera lo que estaba destinado a ocurrir. Se quedó embarazado, a pesar de tantas precauciones…tal vez una noche falló algo, o a uno de los dos se le olvidó….Y eso le daba mucho miedo. Que volviera a suceder de nuevo. Si casi no podía con un bebé, ¿cómo se las apañaría con dos a la vez?
Decidió poner una solución a eso sin decírselo a Tom. Sabía cuál sería su respuesta, que la próxima vez irían con más cuidado, que no hacía falta que pasara por eso…
Se levantó cansado de dar vueltas en la cama y vistiéndose bajó a desayunar a la cocina, en donde Tom se encargaba de dar de comer a su hija bajo la atenta mirada de su madre.
—Levanta más el biberón, si no cogerá aire y le hará daño a la tripa—recomendó Simone.
Tom la obedeció apretando los dientes. No le dejaba ocuparse de su hija, siempre pendiente por si la rompía o algo parecido.
—Lo está haciendo muy bien—dijo Bill en defensa de Tom.
Se sentó a su lado intercambiando una mirada. Era la hora de que su madre conociera el problema que se les avecinaba. Cogió a su hija cuando se la pasó Tom y la acunó contra su pecho dejando que fuera él quien explicara la situación.
—Mamá,…. —empezó a decir Tom en voz baja.
— ¿Si?—preguntó Simone sonriendo a su nieta.
—Mamá, Bill no se siente bien—dijo Tom sin aliento.
Simone dirigió una mirada a su hijo pequeño, recorriéndole el cuerpo con los ojos.
— ¿Estás otra vez embarazado?—no pudo evitar preguntar asustada.
— ¡Mamá!—exclamó Bill horrorizado— ¿Cómo has podido pensar eso?
—La última vez que tuvimos una charla así surgió el tema—se defendió Simone.
—Esta vez es distinto, bueno, no del todo—explicó Tom tratando de mantener la calma—Se debe al embarazo y al parto…últimamente Bill se está sintiendo…
— ¿Por qué no dejas que me lo cuente él?—interrumpió Simone mirando a su hijo pequeño fijamente.
Bill se puso nervioso bajo su mirada. Abrazó con fuerza a su hija, no sabiendo como contarle a su madre lo triste que se sentía cada vez que se separaba de su hija, pero a la vez se sentía alegre de hacerlo…
—Yo…creo que tengo una depresión—dijo en voz muy baja.
— ¿Por el parto?—preguntó Simone, aunque ya sabía cuál iba a ser la respuesta.
Bill asintió con la cabeza mientras se mordió los labios nervioso.
— ¡Era lógico, cariño!—exclamó Simone suspirando—Te quedas embarazado muy joven por no pensar en lo importante que es tomar las medidas adecuadas, y nada más nacer tu hija ya quieres volver a tu vida anterior…
—Eso no es del todo cierto—saltó Tom sin poder contenerse.
—Tom, estoy hablando con tu hermano—le riñó Simone.
Se cruzó de brazos ante las palabras de su madre, dejándola tomar a ella el mando.
—Te diré lo que vamos a hacer. Esta mañana Tom se puede quedar al cargo de Sarah y te acompaño al médico. Ya verás cómo te da toda la ayuda necesaria y se te pasa en dos días—afirmó Simone muy optimista.
Vio que su madre se levantaba ya decidida y pasando a Sarah a Tom la siguió, intercambiando una muda mirada con él. Sus planes eran todo lo contrario, dejar a la niña con la madre y acudir los dos al médico, como una pareja….pero se olvidaron que en casa solo eran hermanos.
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Una vez en la consulta, Simone le acompañó al despacho, hablando por su hijo de cuál era su estado. El médico enseguida se puso manos a la obra y abriendo un cajón sacó un recetario, en donde apuntó el nombre de unos antidepresivos suaves.
—Y acuérdate de que debes descansar. Acepta la ayuda que te brinda tu madre, deja que ella se ocupe por unos días de tu hija. Luego, quiero que cuides de ella pero poco a poco, nada de estresarte de nuevo.
—Entonces ni conciertos ni nada de momento, ¿no?—preguntó Bill cogiendo la receta.
—No del todo, alejarte de tu hija por duro que te suene es lo que te conviene. Eres muy joven, deberías poder disfrutar de la vida sin los problemas que acarrean cuidar de un bebé.
“Disfruto de la vida todo lo que puedo…..y mi hija no es ningún problema, es lo mejor que me podía haber pasado…porque es mía y de mi hermano”—pensó Bill con dolor abandonando la consulta.
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Llegaron a casa y enseguida bajó Tom a recibirlos con una dormida Sarah en sus brazos, que Bill intentó coger pero su madre se lo impidió.
—Sube a tumbarte un rato y tómate la pastilla—ordenó empujándole con suavidad hacia las escaleras antes de reñir a su hijo mayor—Debes dejarla en la cuna cuando esté dormida, no pasearte por la casa con ella.
Se la arrebató de las manos sin contemplaciones y pasó entre sus hijos, que se miraron sin comprender lo que había ocurrido. ¿Su madre acababa de quitarles a su hija?
—Te acompaño arriba—dijo Tom pasando un brazo por su cintura.
Se dejó llevar, subiendo las escaleras hasta llegar a su habitación, en donde se tumbó en la cama mientras Tom entraba en el baño y le acercaba un vaso con agua.
— ¿Qué te ha recetado?—preguntó Tom al verle el frasco de píldoras.
—Unos antidepresivos…suaves—explicó Bill.
Se recostó en la cama tras tomarse la medicina y cerró los ojos esperando a que le hiciera efecto pronto, pues se volvía a sentir triste por no haber podido tener a su hija en brazos por solos unos minutos. Tom se sentó en la cama y le acarició la mejilla, sonriendo al verle hacer lo mismo, conteniéndose para no inclinarse y robarle un beso, temiendo que les pillara su madre en esos momentos.
Como si les hubiera leído el pensamiento, Simone entró en la habitación de su hijo pequeño y echó al mayor.
—Déjale descansar a él también—dijo cogiéndole del brazo.
Tom se dejó llevar, saliendo de la habitación de Bill que su madre dejó en penumbras para que nade perturbase el descanso de su hijo pequeño.
—Vamos a la cocina—ordenó al mayor una vez en el pasillo.
Bajaron las escaleras y mientras su madre preparaba café Tom se sentó a la mesa en espera del sermón que sabía que le iba a caer.
—El médico le ha recetado mucho reposo—empezó a decir Simone—Ya sé que estáis muy unidos y todo eso, pero haz el favor de no molestarle estos días. Necesita tiempo para centrarse y comprender que cuidar de una hija no es un juego…
—Bill lo sabe, y lo está haciendo lo mejor que puede—saltó Tom en defensa de su hermano.
—Bill es muy joven y está aprendiendo una lección de la manera más dura—sentenció Simone.
— ¿Ah, sí? ¿Y cuál es?—preguntó Tom enfadado.
Simone miró a su hijo muy seriamente. Sabía que la está provocando, cosa que nunca antes había hecho, para que hablara de algo que le incomodaba. Cogió aire profundamente y suspiró antes de contestarle sin rodeos.
—A ser más responsable la próxima vez que tenga relaciones sexuales, y esto también va por ti. Espero no verte con un bebe en brazos que no sea tu propia sobrina en al menos 4 o 5 años—dijo Simone con firmeza.
Y tras esas palabras salió de la cocina sin tomar el café que tanto necesitaba.
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Los días pasaron y Bill se iba notando más animado, sin saber si era por las pastillas o los cuidados de Tom. Con la excusa de que tomar el aire le sentiría muy bien, aprovechaban para ir al parque a pasear cogidos de la mano cuando no miraba nadie, recuperando así el tiempo perdido y que tanto echaban en falta.
No tuvieron nada de trabajo en esos días. David se enteró de la situación y canceló de inmediato las entrevistas programadas en una semana, asegurando que si hacía falta más tiempo lo conseguiría.
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—Salgo un momento—avisó Simone a su hijo pequeño.
Sonrió al verle jugar con la pequeña Sarah sentado en el suelo. No se podía negar que el tratamiento le estaba haciendo mucho bien. Se le veía más descansado, incluso comía más que antes. Y las risas de su hija ayudaban más que nada.
—Vendré a tiempo de bañarla—continuó diciendo Simone.
—No te preocupes, ya lo hago yo—se ofreció Bill sonriendo.
—No te canses. Tom está al teléfono, pídele ayuda si te ves agobiado-pidió Simone.
—Lo prometo-dijo Bill asintiendo con la cabeza.
Una vez que se fue su madre siguió con los juegos unos minutos más, hasta que decidió que había llegado la hora del baño. La cogió con cuidado y entró en su habitación, dejándola sobre su cama y entre almohadas mientras lo preparaba todo. Tapó la bañera y abrió el grifo, sonriendo ante la idea que se le había ocurrido. Regresó al lado de su hija y la desnudó sin parar de sonreír. Luego hizo lo mismo y poniéndosela contra el pecho entró en el baño sin cerrar la puerta.
Se metió en la bañera y se puso a su hija en el regazo, continuando jugando con ella en el agua, riendo al escucharla a ella.
Pero sus risas fueron oídas por Tom quien tras haber terminado de hablar por teléfono subía las escaleras para ver que tal estaba. Entró en el baño y se puso de rodillas sin dejar de sonreír ante esa escena.
—Se te ve muy tierno con ella—dijo Tom suspirando.
Bill sonrió como respuesta sin dejar de hacer carantoñas a la pequeña Sarah, viendo que Tom también se apuntaba y entre los dos la bañaron de esa dulce manera….que no fue bien vista por los ojos de Simone…
— Tom, ¿puedes salir un momento?—llamó a su hijo mayor.
Tom obedeció mordiéndose los labios para no maldecir en alto. Se incorporó y cogió una toalla en donde se secó las manos mientras salía del baño para enfrentarse a su madre.
— ¿No crees que ya eres un poco mayor para eso?—preguntó Simone en voz baja.
— ¿Para?—picó Tom sin comprender.
—Para compartir el baño con tu hermano—explicó Simone sin perder la paciencia.
—No hacíamos nada malo—aseguró Tom muy calmado.
—No me refería nada, solo que me parece que ya sois mayorcitos para ciertas cosas—dijo Simone con tono frío—Y la situación ha cambiado. Tu vida sigue siendo la misma de antes, puedes hacer el gamberro con tus amigos sin pensar en las consecuencias. Para tu hermano todo es nuevo. Ahora hay una persona que depende de él, y su vida ha dado un giro de 180º. Tiene que sentar la cabeza y, temiéndolo mucho, si debe hacerlo por el bien de Sarah, lo mejor es que deje el grupo.
Escuchaba el discurso de su madre sin replicar, tragándose las ganas de contarle la verdad. Que su vida también había dado un giro enorme, que vivía a la sombra de Bill, viéndolo muy feliz cuidando de la hija de ambos mientras que a él le tocaba el papel de tío encantado.
Podía ser que la depresión postparto fuera contagiosa, porque en esos momentos sentía que iba a ponerse a llorar como un niño pequeño porque las cosas no salían como él esperaba.
Quería que su madre comprendiera que Sarah era también hija suya, que fue el fruto del gran amor que se procesaban…que por mucho que le asegurara a Bill que no le importaba quedarse en segundo plano, sentía un dolor intenso cada vez que miraba a si hija y pensaba que cuando fuera mayor y llamase solo a Bill papá, a él se le encogería el corazón…
Continúa…
Gracias por la visita.