Solos los tres 6

Fic M-preg de lyra. Temporada II

Capítulo 6: Recuperando el tiempo perdido

Los días pasaron y Tom veía como Bill se iba recuperando. Siempre que le veía lucía una sonrisa en los labios, más ancha cuando llevaba en brazos a la hija de ambos. Hasta parecía que se había puesto de parte de su madre. Le obedecía en todo lo que se refería al cuidado de su hija. No la cogía si su madre se lo decía, no la despertaba aunque se muriera de ganas….no le amaba porque ya no se acordaba…

Le echaba mucho de menos. Ya ni paseaban juntos por el parque, siempre estaba con ellos Andreas o su madre, como si le diera miedo quedarse a solas de nuevo.

Le notaba raro, y temía preguntárselo. ¿Qué había cambiado?

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—Tom, ¿puedes hacerte cargo de Sarah?—le preguntó una mañana.

— ¿Vas a salir?—preguntó Tom a su vez cogiendo a su hija en brazos.

—Sí, mamá se fue a hacer unos recados y se me olvidó que necesito algo—murmuró Bill sin mirarle a la cara.

— ¿Te acompañamos?—se ofreció Tom con una sonrisa.

—Solo me retrasarías, además, hace frío y Sarah está un poco constipada—se excusó Bill—Volveré antes de comer.

—Pero…

No siguió hablando. Bill cogió la cazadora y salió sin despedirse ni mirarle. Se quedó observando desde la ventana mientras la pequeña Sarah dormitaba en sus brazos. ¿A dónde iba Bill a escondidas?

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—Bill Kaulitz—llamó la enfermera.

Se levantó de inmediato y la siguió por el largo pasillo. Le abrió la puerta de una consulta y le pidió que se fuera desnudando tras el biombo colocado en una esquina.

—Sobre la silla verás un camisón de papel—le informó con una sonrisa.—Póntelo y espera tumbado en la camilla

—Gracias—murmuró Bill devolviéndosela con esfuerzo.

Pasó tras el biombo y se desnudó sin prisas, pensando en lo bien que le hubiera venido tener a Tom al lado. A su madre no podría contarle nada, pondría el grito en el cielo y le diría cual era el mejor remedio: no hacerlo.

Pero no podía esperar más. La cuarentena tras el parto hacía meses que había pasado, y echaba mucho de menos a Tom. Pero también tenía miedo a otro embarazo no deseado. Con Sarah ya era suficiente…o al menos de momento. Claro que quería tener más hijos con Tom, pero era muy joven aún y tenían una brillante carrera por delante. Y Sarah era también muy pequeña, requería de sus cuidados las 24 horas del día y si casi no podía con un bebé con dos…

Suspiró y desnudo del todo se puso el informal camisón. Salió de detrás del biombo y se tumbó en la camilla tal y como le habían ordenado. Se quedó mirando al techo mientras esperaba, cruzando las manos sobre el vientre, pensando si hacía lo correcto.

—Buenos días—saludó el médico entrando.

—Buenos días—contestó incorporándose.

El médico le sonrió y acercó un taburete a la camilla, abriendo la carpeta que tenía en las manos.

—Según las pruebas que te hicimos, todo va muy bien. Tu cuerpo se ha recuperado tras el parto y todo está en su sitio de nuevo—explicó leyendo.

—Y la depresión postparto ya se me ha pasado—aseguró Bill con firmeza.

—Se te ve más animado. Incluso que has engordado—asintió el médico.

La puerta se abrió y entró la misma enfermera llevando una bandeja en las manos que dejó a su lado.

—¿Preparado?—preguntó el médico enfundándose en unos guantes.

Asintió y se tumbó de nuevo en la camilla. Contuvo el aliento al sentir que le cubrían con una sábana y alzaban sus piernas que pusieron separadas sobre los estribos de la camilla.

—Solo sentirás una ligera molestia mientras te coloco el DIU, si te hago daño me lo dices y paro—pidió el médico.

Asintió de nuevo y cerró los ojos al sentir que le estaban preparando. Sabía de sobra lo que diría Tom en cuanto se lo contara. Que no era necesario, que esa vez irían con más cuidado. Pero la vez anterior también fueron cuidadosos y Sarah fue el resultado. Podía fallar de nuevo el método empleado por uno de los dos. Además, no podía seguir tomando la píldora toda la vida.

—Esto casi está—dijo el médico pasados unos minutos—¿Alguna molestia?

—No—contestó retorciendo nervioso la sábana con las manos.

Respiró aliviado cuando le dijo que se podía volver a vestir. Se incorporó con cuidado, gimiendo por lo bajo sin poder evitarlo.

—Ahora estarás molesto unas horas, pero es normal—explicó el médico al escucharlo—Descansa esta tarde y mañana no sentirás nada.

Le dio las gracias y se vistió tras el biombo de nuevo. Salió del consultorio y llamó a un taxi para que le llevara a casa. No se sentía con fuerzas para ir andando.

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—Por fin has llegado—dijo Tom al verle entrar por la puerta.

Miró la hora en el móvil y vio que se había retrasado. Su madre y Gordon charlaban mientras comían en la cocina y Tom había salido a recibirle.

—Corre, que se te enfría—le riñó Tom con una sonrisa.

Pero negó con la cabeza. Sentía el estómago revuelto y si no se tumbaba en esos momentos se caería al suelo.

—No me siento bien, me voy a acostar un momento—dijo casi sin voz.

—¿Qué te ocurre?—preguntó Tom asustado.

—Nada, solo me duele el estómago—murmuró Bill sin mirarle.

Subió las escaleras despacio, suspirando aliviado cuando entra en su habitación y cerró la puerta. Se descalzó con trabajo y quitándose solo la cazadora se tumbó con cuidado. Se echó de costado encogiéndose todo lo que podía. Estiró una mano y se tapó con la manta que ya dejó a un lado preparada.

—Bill, tu hermano me ha contado que no te sientes bien—dijo Simone entrando.

—Es…el estómago—repitió Bill con esfuerzo.

Simone vio el estado de su hijo pequeño y enseguida le puso una mano en la frente, pero no le sintió caliente. Aun así no se conformó y le puso el termómetro, que revela que tuvo unas décimas de fiebre.

—No es nada, habrás cogido frío, o la pequeña Sarah te ha contagiado—explicó Simone.

—Será eso—susurró Bill forzando una débil sonrisa.

—Duerme un rato, cuando despiertes y si tienes ganas te subo una sopa caliente—dijo Simone sonriendo.

Bill asintió y cerró los pesados ojos. Enseguida se quedó dormido, pensando que tras unos días de descanso, él y Tom recuperarían el tiempo perdido.

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— ¿No es un poco pronto para viajar?—preguntó Simone.

—Mamá, llevo dos semanas encerrado en casa—protestó Bill haciendo un puchero—Me apetece dar ese concierto, y sé que Sarah estará bien atendida.

—No lo digo por eso, ¿estás del todo recuperado?—insistió Simone.

—Sí, solo fue un ligero catarro, y me llevo las pastillas por si me da un bajón—explicó Bill.

—Y yo no me moveré de su lado. En cuanto vea que se fatiga yo mismo le bajo del escenario—aseguró Tom a su madre.

Simone cedió a regañadientes. Sus hijos rieron al ver que les da permiso y corren a abrazarla y besarla antes de que cambiara de idea. Subieron a hacer su equipaje sin dejar de reír por el camino. Llevaban mucho tiempo alejados de los escenarios y también lo echaban de menos.

—Tom—llamó Bill a su hermano en voz baja.

Tom se acercó su lado y le interrogó con la mirada, viendo como sonreía Bill de una forma muy pícara.

—Esta noche….te espero en mi habitación—susurró Bill antes de desaparecer en la de su hija.

Tom gimió sin poder evitarlo. Creía que Bill le había olvidado, pero estaba claro que lo deseaba tanto como él.

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Tras hacer el equipaje, pasaron la mañana jugando con Sarah hasta que llegó el coche que les mandaba la discográfica.

—Solo serán tres días—dijo Bill abrazando fuertemente a su hija—La abuela cuidará de ti, y cuando venga te traeré una cosita.

Tom observaba la tierna despedida. Con su hija en brazos, Bill le besaba la frente sonriendo ante los pucheros que le hacía la niña. Se acercó a su lado y besó la mejilla de su hija observando que nadie estaba mirando, aprovechando la situación para rozar de paso los labios de Bill.

—Te amo—susurró antes de dejarle.

El cuerpo del cantante fue recorrido por miles de escalofríos. Asintió sonriendo y entregó su hija a su madre y se despidió de ella y Gordon. Tom le imitó y en unos minutos se pusieron en marcha a la discográfica.

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En ella se reunieron con sus compañeros, que escuchaban embobados como Bill les contaba las últimas monerías de Sarah, fotos incluidas.

—La echarás de menos—dijo Gustav viendo como había crecido la niña en una fotografía.

—Solo serán tres días, y mamá la cuidará muy bien—contestó Tom por él.

—Sí, tres días—repitió Bill con una sonrisa.

“Junto con sus tres noches”—pensó suspirando.

—En marcha—anunció David frotándose las manos—Llegaremos a las 8 al hotel, podéis descansar bien antes del concierto de mañana.

No pudo evitar soltar una carcajada. ¡Descansar! Eso no entraba en sus planes.

—Está nervioso, aún tiene las hormonas disparadas—disculpó Tom el extraño comportamiento de Bill.

Subieron al autobús y se pasaron todo el viaje contándose como les había ido esas semanas que no se habían visto, viendo con más atención las fotos de la pequeña Sarah.

—Cada vez se parece más a Tom—bromeó Georg sin saber.

Los hermanos se pusieron tensos y rieron nerviosos la broma de su amigo. El más pequeño recogió las fotos, estudiando la que su amigo tenía en sus manos. Llevaba razón. En esa en particular se veía como ese gesto era el mismo que el de Tom. El mismo brillo en los ojos, sus mismos labios…

Cuando su hija fuera mayor, ¿sería una copia andante de Tom?

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Tras casi 5 horas de viaje llegan por fin al hotel. Dejaron el equipaje en manos de los botones y se dedicaron a firmar autógrafos ante el numeroso grupo de fans allí reunidas. Todas querían hacerse una foto con el cantante, al que habían echado mucho de menos tras su retiro obligatorio.

Después de contentarlas, entraron en la recepción y David les entregó las llaves de sus habitaciones. Se dirigieron a ellas y quedaron en salir a cenar los 4 juntos, como en los viejos tiempos.

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Ya a solas en la suya, el cantante se dio prisa en arreglarse. Podía ser que estuvieran los 4, pero él solo tenía ojos para Tom. Se vistió pensando en él, maquilló sus ojos con una ligera sombra azul porque sabía que era la que más le gustaba a su hermano y se dio un poco de cacao a los labios para hacerlos más apetitosos.

Sonrió pasándose la lengua por ellos, pensando que en unas horas Tom se los besaría con toda la pasión acumulada en su interior.

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La cena transcurrió muy animada. Rieron y charlaron en las 2 horas que duró, hasta que los bostezos hicieron acto de presencia y decidieron regresar al hotel, cansados aún del viaje.

Por el camino Bill aprovechó para llamar a su madre y preguntar si Sarah ya se había acostado. Sonrió al escuchar cómo le explicaba lo bien que había cenado y que nada más acostarla se quedó profundamente dormida con el pulgar en la boquita.

Se despidió de ella y se lo contó a Tom, quien aprovechando que estaban solos en el asiento de atrás le acarició la mejilla con ternura.

—Tenías una pelusa—puso como excusa al ver que Gustav se giraba.

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Llegaron al hotel y se dieron las buenas noches. Entró cada uno en su habitación sin parar de bostezar, solo los dos hermanos se dirigieron una última y significativa mirada.

“En 5 minutos en tu cama”— le dijo Tom guiñándole un ojo a su hermano.

“Te espero ansioso”—contestó Bill suspirando.

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Se dio prisa en prepararlo todo. Corrió al baño y colocó todo tal y como lo había planeado. Se desnudó y recogiéndose el pelo esperó la llegada Tom….

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Tras esperar el tiempo necesario, Tom cogió la llave electrónica que a escondidas le pasó Bill y salió de su habitación. Caminó deprisa por el pasillo, se paró ante la de Bill y tras comprobar que no había nadie, abrió la puerta y se coló.

Su mirada se dirigió a la cama, pero alzó una ceja extrañado al verla vacía.

— ¿Bill?—llamó mirando el baño.

—Adelante—contestó Bill.

Entró en el baño sin acabar de comprender, quedándose en la puerta al ver la escena. Diminutas velas adornaban cada rincón del reducido baño, al igual que el borde de la bañera en donde cubierto de espuma le esperaba Bill.

Sonrió ampliamente al verle tan guapo, con el pelo recogido en una cola alta que dejaba escapar unos sensuales mechones que adornaban su reluciente cara. Sus ojos se fijaron en la sonrisa que lucían sus labios. Ya se había fijado en ellos durante la cena, como se movían mientras hablaba y reía…la forma en la que relucían bajo la luz de las velas…

— ¿Vienes?—llamó Bill tendiendo una mano.

No se lo tuvo que pedir dos veces. Se desnudó con rapidez dejando caer la ropa al suelo del baño. Se quitó la gorra y cogiendo una coleta se sujetó el pelo en un moño alto al igual que Bill.

Se metió en la bañera poco a poco, ocupando el sitio que le dejó Bill tras él, sonriendo cuando se acomodó contra su pecho suspirando.

—Te echaba de menos—susurró Bill levantando la cabeza y ofreciéndole los labios.

—Yo también—contestó Tom con voz ronca apoderándose de ellos.

Le abrazó con fuerza y comenzó a besarle con suavidad, pero llevaban mucho tiempo deseándole y sin separar los labios le hizo girar en sus brazos, sintiendo como se sentaba a horcajadas en su regazo, poniendo las piernas alrededor de su cuerpo, haciendo que sus entrepiernas se rozaran hambrientas…

Comenzaron a frotarse sin parar de gemir, explorando con veloces manos el cuerpo de su contrario. Haciendo más profundo el beso, Tom entró en la boca de Bill mientras le acariciaba las nalgas y separaba, colando un dedo dentro…

Sentir como Tom jugaba dentro de él le hizo contener el aliento. Se aferró más a su cuerpo, gimiendo contra sus labios al sentir más dedos dentro hasta estar preparado en menos de un minuto exacto. Tom lo sintió, y listo él también, dirigió su erección a su entrada, acariciándosela para hacerle sufrir un poco más, sonriendo al ver como bajaba una mano y él mismo le hacía entrar.

—No seas malo—logró decir Bill con dificultad.

Separaron los labios y se quedaron mirando mientras comenzaban a moverse los dos a la vez. Las caderas del cantante se elevaban lo necesario mientras que la pelvis de Tom se alzaba con ellas. Los ojos miraban fijamente a los de su contrario mientras que ambos gemían con los labios separados.

El ritmo de las embestidas se tornó más veloz. Sin dejar de entrar y salir de Bill, Tom se mordió los labios al sentir los primeros espasmos del orgasmo. Bajó una de sus manos con la que guiaba sus caderas y encerrando en su palma la erección que Bill frotaba contra su estómago le hizo derramarse a la vez que él, soltando los dos un profundo gemido de placer.

Se dejó caer exhausto sobre el pecho de Tom, sintiendo el corazón agitado. Cerró los ojos al sentirle salir de su interior y sonrió cuando le pasó una mano por la sudada cara, apartando el pelo que le estorbaba.

—Ha sido magnífico—susurró Tom besando su mejilla.

—Si—confirmó Bill con un suspiro.

Se quedaron sin moverse unos minutos hasta que sus respiraciones volvieron a ser normales. Solo entonces salieron de la bañera y se secaron mutuamente sin dejar de mirarse a los ojos.

Apagaron las velas y recogieron el baño. Con sendas toallas ajustadas a sus finas caderas, caminaron hasta la cama cogidos de las manos. Solo entonces se despojaron de sus prendas y retirando las sábanas se metieron debajo para seguir amándose.

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Cansados tras esa segunda vez en la que volvieron a hacer el amor a un ritmo más pausado, Tom abrazaba muy fuerte a Bill, quien echado sobe su pecho dormía plácidamente con una sonrisa en los labios.

Cerró él también los ojos suspirando. Por fin lo habían logrado, dejaron atrás todos los problemas que se les presentaron desde que tuvieron esa preciosidad por hija….ya podía dormir en paz…las cosas volvían a ser como antes….habían recuperado el tiempo perdido…

Continúa…

Gracias por la visita.

por lyra

Escritora del fandom

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