Fic M-preg de lyra. Temporada II
Capítulo 8: Huyendo de los problemas
Lograron convencerle para que se fuera a casa a pasar la noche, Sarah estaba bien cuidada y no podía pasar a estar con ella. Se dejó llevar por Tom y subió al coche con su madre y su padrastro. Al llegar a la casa sus amigos les estaban esperando. Recibió su apoyo y muestras de cariño, y pasaron al salón para que les pudiera contar con más calma que tal se encontraba su hija.
—David te manda recuerdos, se ha quedado en la discográfica por motivos de trabajo—explicó Gustav sentándose a su lado en el sofá.
—Los jefazos querían ponernos a trabajar de inmediato—intervino Georg—Pero David te ha conseguido unos días libres, para que estés con Sarah hasta que se mejore.
—No pienso volver a dejarla en casa, me la pienso llevar conmigo vaya a donde vaya—anunció Bill con firmeza.
—Bill, ha sido un pequeño susto, no puedes recorrer medio mundo con tu hija a cuesta—dijo Simone con ironía.
—Pues entonces me quedo en casa—sentenció Bill levantándose—Nadie volverá a separarme de mi hija.
Salió del salón resoplando y maldiciendo por lo bajo, dejando a Tom y a sus amigos con su irritante madre.
—Está cansado, no sabe lo que dijo—le disculpó Simone sonriendo.
—Solo quiere que le dejes cuidar de su propia hija—intervino Tom mirando fijamente a su madre.
—Bueno, nosotros mejor nos vamos—dijo Gustav levantándose.
—Si—añadió Georg, incómodo en ese ambiente—Os llamamos mañana.
Tom los acompañó hasta la puerta y se despidió de ellos, agradeciéndoles su visita. Nada más cerrar la puerta, echó a correr escaleras arriba, sabiendo con certeza donde se encontraba Bill.
Entró en la habitación de su hija y le vio de pie ante la vacía cuna, con un peluche entre sus brazos. Se acercó y como ya hiciera en el hospital, abrazó desde atrás su tembloroso cuerpo.
—Pronto la tendrás en tus brazos—susurró acariciando el peluche.
—Lo que dije abajo va en serio—dijo Bill con firmeza.
—Hablemos de eso mañana, ahora es mejor descansar—dijo Tom tratando de no entrar en una discusión.
Le cogió de la cintura y obligó a salir de la habitación, llevando el peluche aún con él. Le acompañó hasta la puerta de la suya, y aprovechando que ni su madre ni su padrastro estaban cerca, le dio un beso de buenas noches en los labios.
—Mañana abrazaremos a nuestra hija, y verás que contenta se pone de verte—aseguró Tom sonriendo.
—Y también de verte a ti, también es hija tuya. Que nunca se te olvide—dijo Bill con un extraño brillo en los ojos.
Se dio la media vuelta y entró en su habitación. Se puso el pijama con cansancio y se metió en la cama, para tratar de dormir abrazado al peluche de su hija que conservaba su dulce aroma.
Pero no lo conseguía. Cada vez que cerraba los ojos, veía a su hija que lloraba porque se encontraba sola. Tras dar muchas vueltas en la cama, decidió levantarse y pasar la noche en donde sintiera con más fuerza la presencia de esa hija a la que tanto extrañaba.
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Nervioso por tener de nuevo a su hija en sus brazos, Tom se levantó antes de las 8 y lo primero que hizo fue correr a la habitación de Bill, hallándola vacía. Corrió a la de su hija y se paró en la puerta frunciendo el ceño. Recostado en la mecedora, Bill dormía tapado con una manta de motivos infantiles y abrazado aún a ese peluche que era el preferido de Sarah. Un osito marrón clarito con un gran lazo rosa.
Entró del todo en la habitación, y como ya hiciera la noche anterior para desearle buenas noches, se acercó a sus labios y no paró de besarle hasta que consiguió despertarle.
—Bueno días, dormilón—saludó Tom sonriendo.
— ¿Qué hora es?—preguntó Bill levantándose de golpe.
—Las 8, tranquilo, que aún es pronto—respondió Tom incorporándose.
—Tenemos que ir a por Sarah, nos necesita—dijo Bill tratando de pasar por su lado.
—Se encuentra en buenas manos, no te alteres—pidió Tom cogiéndole del brazo—Por favor, cálmate un poco.
—Lo siento, es que….la echo mucho de menos—susurró Bill viniéndose abajo.
Tom se apresuró a abrazarle, besando su pelo con suavidad.
—Lo sé, y yo también—le consoló frotándole la espalda.
—Es verdad, además, ayer ni pudiste pasar a verla—dijo Bill con un suspiro—Siempre en las sombras, observándola como me llama papá y a ti te mira como si no te conociera…
Esas palabras hicieron mella en Tom. Tragó con dificultad abrazando a Bill con más fuerza. Lo que más quería era que su hija le llamase papá a él también, porque lo era. Su único padre, pero era un extraño para ella…
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A las 9 en punto se encontraban en el hospital, donde un sonriente médico permitió que se llevasen a la niña a casa. Bill la cogió y la estrechó en sus brazos sin parar de reír y llorar a la vez. Se la acercó y besó su suave frente, sonriendo al ver ese puchero con el que le recibió.
Pasados los minutos de embargada emoción, pasó a Tom la hija de ambos, sonriendo más al ver cómo le imitaba y llenaba de besos la cara de Sarah.
—Vamos, que no coja fría—intervino Simone señalando la canastilla.
Pero Bill recuperó a su hija y agradeció con una sonrisa la ayuda de Tom, quien le ofreció una mantita para que la abrigara bien antes de salir del hospital.
— Bill no…—comenzó a decir Simone.
Pero se calló al ver un gesto de su marido. Siempre le repetía que Sarah no era su hija, que dejara que su hijo se ocupara de ella. Asintió mordiéndose los labios y salió tras sus hijos, bajando al parking en donde subieron al coche que les llevaría a casa de nuevo.
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Los días pasaron y Bill no le quitaba ojo a la pequeña Sarah. Desafiando a su madre como nunca había hecho antes, llevó a su habitación la cuna de su hija y la acercó todo lo que pudo a su cama, así por las noches podía meter la mano entre los barrotes y coger la de su hija, comprobando que estaba dulcemente dormida y bien arropada.
Pasada una semana, David les llamó. Tenían su primera entrevista, y con ella llega la primera gran discusión con Tom.
— ¿Cómo que no piensas ir?—repitió Tom aún sin podérselo creer.
—Lo que has oído—murmuró Bill sin alterarse.
—Será solo un día, Sarah ni se enterará—le intentó convencer Tom.
—Un día es mucho para mí, y si se enterará—dijo Bill con firmeza—Eso me demuestra que no conoces tan bien a tu propia hija como yo…
—Lo haría si me la dejaras coger algún día—soltó Tom sin pensar.
—Claro que te la dejo coger, yo no soy como mamá—se defendió Bill negando con la cabeza.
—No es verdad, a los pocos minutos me la quitas de los brazos con la excusa de que tiene que dormir y te encierras en la habitación con ella—acusó Tom elevando el tono—También es hija mía, Bill…
—Calla, ¿o quieres que se entere mamá?—siseó Bill en voz baja, mirando con miedo la puerta medio cerrada de su habitación.
—Me da igual—estalló Tom sin poderse contener—Que se entere el mundo entero de lo mucho que te amo y te deseo…que se entere de que tenemos una hija en común que es lo mejor que nos podía haber ocurrido….
Tras decir esas palabras, salió de la habitación de Bill dando un gran portazo, que despertó a la pequeña Sarah que dormía plácidamente en su cuna, ajena a la discusión de sus padres. Rompió a llorar con fuerza, pero no era la única. Cogiéndola en sus brazos, Bill lloraba con ella. Porque estaba perdiendo a Tom, porque veía que nunca iba a estar de su lado….
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Sentado en el backstage, Tom se mordía las uñas nervioso. Al final Bill se había salido con la suya y no acudió a la entrevista programada. David le disculpó como pudo ante los productores de la cadena, inventándose la excusa de que cuidar de una hija estaba acabando con sus fuerzas y necesitaba descanso, una verdad muy cierta.
Pero a sus compañeros de grupo no los podía engañar. Sin quitar los ojos al guitarrista, le veían resoplar furioso y morderse las uñas con nerviosismo. Al final fue Gustav quien decidió tomar la palabra tras intercambiar una mirada con su compañero.
—Tom, Bill no va a volver, ¿verdad?—preguntó con miedo.
—No lo sé—contestó Tom suspirando—No sé qué le pasa, mi madre puede cuidar perfectamente de Sarah, lo ha demostrados todo este tiempo.
—Bill quiere cuidarla él mismo, es su hija—intervino Georg.
—Y también es…—empezó Tom a decir
Se calló a tiempo, había estado a punto de gritar a sus compañeros que Sarah era también hija suya, y que también la echaba mucho de menos. Pero tenía que morderse la lengua y dejar que el mundo creyera que solo era su sobrina, que nadie viera el dolor que sentía cada vez que tenía que quedarse en un segundo plano cuando a Bill le preguntaban cosas sobre ella, o ese desconocido padre que no había dado aún la cara.
¿Cómo se pondría la gente si supiera que ese padre estaba bien cerca, sentado al lado de su hermano, sufriendo por no poder contarlo?
Dejó de pensar en eso cuando fueron llamados. Se levantó y pasó entre sus compañeros, que solo se dirigieron otra mirada asintiendo cuando les dio la espalda.
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Tras esa larga entrevista de media hora, en la que tuvo que contestar preguntas todas ellas relacionadas con su sobrina y hermano, Tom decidió regresar a casa en vez de al apartamento con sus compañeros. Ya se había hecho de noche, pero prefería dormir en su propia cama y hablar con Bill al día siguiente, dejarle bien claro que él era también padre.
—El coche te está esperando—anunció David—No he querido molestar a Bill, pero los de la discográfica se me echan encima. Quieren saber qué es lo que va a hacer, si se incorpora al grupo o anunciamos la disolución inmediata.
—Dame unos días, hablaré con él—pidió Tom suspirando.
David asintió y le dejó volver a casa. Subió al coche que le espera y realizó todo el trayecto sin poder apartar los ojos de la carretera, como si de esa manera llegara antes. Tenía un mal presentimiento que le recorría el cuerpo por dentro, y no estaba del todo equivocado.
Cuando llegó se llevó una no muy grata sorpresa. Bill no estaba, y su hija tampoco…
Continúa…
Gracias por la visita.