Fic M-preg de lyra. Temporada II
Capítulo 11: Al fin solos
Decidieron quedarse una semana en casa mientras ponían en marcha sus planes. Durante ese tiempo, Bill dejó a su madre actuar con libertad, que pasara con su nieta el máximo tiempo posible antes de separarse irremediablemente. Tom le admiraba cada día que pasaba. Le veía como se separaba de Sarah lo necesario para que su madre se fuera despidiendo de ella, aceptando cada consejo que le daba sobre el cuidado de una hija y preguntando todas las dudas que aún le quedaba.
Los chicos llamaban cada dos por tres, lo que hacía reír Bill, querían dejar la habitación a su gusto, pero sin que les ayudara a elegir nada. Solo le preguntaban si quería la cuna cerca de la ventana, o si prefería en su lugar una cómoda mecedora que habían encontrado en una casa de antigüedades.
Pero no era el único que opinaba. Sabiendo que Tom quería, y debía, participar en la decoración de la nueva habitación de Sarah, Bill le pasaba el móvil para que eligiera el nuevo empapelado, a saber: osos o flores.
Al final se decantaron por los osos, con la excusa de que si algún día tenían otro y era un deseado niño, no habría que modificar muchas cosas. Aún podían escuchar los suspiros de sus compañeros cuando se lo dijeron, entusiasmados con la idea de ver a un pequeño Tom o Bill tocando algún instrumento mientras que su hermana mayor le hacía los coros a su padre.
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La semana se terminó y tras hacer el equipaje a conciencia, los hermanos se dispusieron a abandonar la casa de su madre llevándose con ellos a su querida hija.
Las despedidas se eternizaron, más cuando sin venir a cuento Bill rompió a llorar abrazado a su madre, sollozando contra su pecho lo mucho que la iba a echar de menos. Y Simone no se quedó corta. Lloraba sin soltarle, suplicando de nuevo que la perdonara, como si así decidieran en el último momento quedarse en casa.
Pero no podían, la decisión ya estaba tomada.
Separándose de su madre con esfuerzo, Bill le dio un último beso y se despidió de su padrastro estrechando su mano.
—Llamadnos cuando necesitéis un canguro—pidió Gordon sonriendo.
—Sois los primeros de la lista—contestó Bill de la misma manera.
Se dio media vuelta y se despidió de una persona que también les iba a echar mucho de menos, a los tres. Esa no era ni más ni menos que Andreas.
—Me había acostumbrado a teneros cerca…a los tres—dijo Andreas abrazando a su amigo.
—Sabíamos que las cosas tenían que volver a lo que eran antes—suspiró Bill en los brazos de su amigo—Ya sabes que la puerta de nuestra casa siempre estará abierta para ti, y que Sarah quiere verte lo antes posible.
—Lo haré, tengo que vigilar que clase de chicos se acercan a mi sobrina—rio Andreas en voz baja.
Bill asintió y le besó en la mejilla. Suspiró y se dirigió al coche que la discográfica les ofreció para la mudanza. La pequeña Sarah ya iba cómodamente sentada en su sillita de viaje, bien tapada con una mantita rosa que su abuela le tejió en el último momento.
Se giró antes de entrar en el coche y se despidió de su madre de nuevo alzando una mano. Sonrió al ver que le devolvía el saludo y se sentó al lado de su pequeña, esperando a que Tom terminara de despedirse de su amigo también y se reuniera con ellos.
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El viaje transcurrió sin ningún contratiempo. Sarah se lo pasó casi todo durmiendo bajo la atenta mirada de sus padres, que entrelazaron sus manos y suspiraron emocionados. Porque estaban a punto de comenzar una nueva vida, porque eran ya una verdadera familia….
Llegaron al apartamento a la hora de comer. Tuvieron que parar en el camino para que Sarah comiera, pues se despertó empachosa y solo quería estar en los brazos de Bill. Pararon en una apartada gasolinera y le dieron el biberón hasta que sació su hambre y se calmó.
Una vez en marcha de nuevo, llegaron en menos de una hora y fueron recibidos por sus ansiosos compañeros.
—Os estábamos esperando hace rato—dijo Gustav sonriendo.
—Sarah, no quería ponerse en marcha de nuevo—explicó Tom de la misma manera.
—Pues que se vaya acostumbrando, cuando estemos de gira no vamos a parar cada dos por tres por ella—dijo Georg muy serio.
—Ya paramos para que tú vayas al baño, así que no veo la diferencia—intervino Bill rompiendo a reír.
Todos le imitaron, incluso Sarah, que a pesar del largo viaje no estaba cansada en absoluto.
Terminaron de saludarse y tras dejar en el recibidor el equipaje, siguieron a sus amigos escaleras arriba. Llegaron a la que antes fue la antigua habitación del guitarrista y la abrieron haciendo un redoble de tambores.
— ¡Chicos!—fue lo único que pudieron decir los hermanos.
La habitación estaba irreconocible, nadie diría que antes la ocupaba un guitarrista en cuyas paredes había solo posters de un tal Samy de Luxe. Ahora, en su lugar había unos cuadros de grandes ositos de peluche que sonreían y parecía que te miraban allá donde fueras.
La cuna estaba al final en un rincón, dejando la ventana para la mecedora de la que tan orgullosamente habían escuchado hablar durante toda la semana. A su lado, estaba una gran cómoda blanca que hacía las veces de cambiador. En otro rincón, había unos grandes cestos de mimbre llenos de pañales unos y de peluches otros. Un pequeño armario estaba a su lado y dentro descubrieron ropas nuevas que los tíos Gustav y Georg habían comprado entusiasmados.
—Os habéis portado—dijo Tom cuando puede articular palabra.
—No ha sido nada—le quitó Gustav importancia.
—Habéis hecho un magnífico trabajo—alabó Bill—Está todo tal y como me lo había imaginado.
Los chicos sonrieron orgullosos. La verdad era que había sido una semana muy dura y larga, no sabían que una niña tan pequeña diera tanto trabajo y en eso envidiaban las fuerzas y el valor Bill. Si les hubiera tocado a ellos pasar por esa experiencia, siendo tan jóvenes y en mitad de una exitosa carrera, no creían que hubieran sido capaces de atender a una hija y trabajar a la vez.
Aunque Bill siempre contó con la ayuda de su querido hermano. Les miraban en esos momentos, como observaban cada detalle de la habitación llevando a Sarah en brazos….como el guitarrista cogía a su hermano por la cintura y le susurraba algo al oído mientras le besaba el cuello distraído…
Sintiéndose incómodos en tan entrañable escena, decidieron dejarles a solas unos minutos y bajar para seguir con la comida.
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Al cuarto de hora se les unió Tom solo, explicando que a Sarah le entró sueño y Bill la estaba cambiando y poniendo uno de los nuevos pijamas que les habían comprado.
—Debe de estar exhausta—comentó Georg bostezando.
—Y Bill también, aunque no lo quiere decir—les confesó Tom—Esta semana ha estado pendiente de Sarah y de mamá a la vez, consolándola cada vez que se venía abajo porque no iba más a ver a su nieta.
—Puede venir a verla siempre que quiera, solo que….—empezó a decir Gustav carraspeando—Vamos, que espere a que nos hayamos ido, si no a ver cómo le explicamos que la niña duerme en tu habitación y tú con Bill.
—Es verdad, en eso no habíamos pensado—dijo Tom cayendo en la cuenta.
—No te preocupes, no os lo queríamos decir tan pronto, pero David ya nos ha mirado otro apartamento para los dos—comentó Gustav.
—Sí, está muy cerca y puede que a finales de mes ya nos instalemos—explicó Georg asintiendo.
—Muchas gracias, por todo—dijo Tom con firmeza.
Dejaron de hablar cuando se les unió Bill, llevando en sus manos el aparato de escucha a través del cual velaba el sueño de Sarah.
—Ya se quedó dormida—anunció con una sonrisa.
Se sentaron todos y comieron juntos como en los viejos tiempos, bromeando sobre si cuando tuvieran otro y salía igual de ligón que su padre les iba a dar muchos quebraderos de cabeza,
—Ya le daré yo una buena charla—rio Tom guiñándole un ojo a Bill.
—Miedo me da lo que le vayas a decir—contestó Bill echándose a temblar.
—Solo le diré que se reserve para alguien especial, como yo hice por ti—susurró Tom inclinándose hacia él.
Le cogió la barbilla con una mano y le atrajo hasta sus labios, que se apoderó de los suyos por unos breves segundos.
No quería alargar más esa muestra de afecto delante de sus amigos, aún conmocionados por saber que dos hermanos estaban enamorados. Se separaron y los miraron avergonzados, viendo en sus ojos comprensión….y una envidia sana también,
A la hora la comida fue interrumpida por los sollozos de Sarah, haciendo levantar Bill. Le oyeron llamar a la niña mientras subía las escaleras y al momento su voz les llega alta y clara por el receptor que dejó en la mesa. Se quedaron en silencio escuchándole arrullar a Sarah, cogerla riendo en sus brazos y mecerla con suavidad mientras que en voz baja le iba cantando una nana especial.
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La primera noche transcurrió con muchos nervios. Después de acostar y dar las buenas noches a Sarah, se despidieron de sus amigos y se metieron en la nueva habitación que iban a compartir de ahora en adelante solos los dos.
También había sufrido alguna que otra modificación. La cama de Bill había desaparecido y en su lugar había una grande de matrimonio. La miraron sonriendo y sabiendo que sus amigos ya no les sorprendería nada, se desnudaron el uno al otro y se metieron en la cama para hacer el amor bajo las sábanas.
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A las dos semanas sus compañeros se despidieron de ellos y al fin solos recorrieron con tristeza el apartamento. Era una bobada, pues al día siguiente tendrían ensayo y los volverían a ver, pero llevaban viviendo juntos bastante tiempo y les iban a echar mucho de menos.
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–6 MESES DESPUES–
Por el apartamento solo se oía una pequeña voz chillona que llamaba ilusionada a su padre.
—Papi…papi…—llamaba la pequeña Sarah.
—Ya voy cariño—reía Bill corriendo hacia ella.
La cogió en sus brazos y la besó en la mejilla con ternura, riendo cuando Sarah se abrazó a él con fuerza y le devolvió el beso.
— ¿Ya han venido los abuelos?—preguntó Bill a Sarah.
La pequeña Sarah asintió con la cabeza sin dejar de reír emocionada. Bajó con ella las escaleras y saludó a su emocionada madre, que nada más ver a su nieta la cogió en brazos de su hijo, que se la tendió entusiasmado.
—Mi niña cumple hoy un año—dijo Simone besándola con fuerza.
Bill la oyó y no pudo evitar dirigir una mirada a Tom, sonriendo al recordar como ese día tan especial Sarah venía al mundo en mitad de su baño, con la única ayuda de un nervioso amigo que lloraba y lloraba sin poder hacer nada, dejando todo el trabajo del difícil parto en manos del otro padre, sin saber que lo era.
— ¿Ya estamos todos?—preguntó Georg saliendo de la cocina—Se va estropear la tarta.
—Si dejaras de mirarla, podría aguantar un minuto más intacta—le riñó Gustav saliendo tras él—Parece un niño pequeño, le he visto meter el dedo al menos tras veces y luego chupárselo con descaro.
—Chivato—acusó Georg.
—Tragón—se defendió Gustav sacándole la lengua.
Los demás rompieron a reír, preguntándose si alguna vez se iban a llevar bien esos dos, más ahora que compartían apartamento los dos solos.
—Abrid paso—anunció Andreas.
Entre él y el padre de los hermanos, entran en casa llevando una gran bicicleta rosa que hizo que Sarah gritase al verla emocionada. Con la ayuda de Gordon la metieron en el vestíbulo y Simone montó a su excitada nieta.
—Mamá, te dije que era muy cara—protestó Bill haciéndose escuchar sobre la voz de Sarah.
—Es mi nieta, y le compro lo que me da la gana—dijo Simone con firmeza.
Estaba a punto de contestarla cuando una mano a su espalda le frenó. Se mordió los labios resoplando y llevando su mano atrás entrelaza los dedos con los de Tom.
Sabían que su madre le daría a la hija de ambos todos los caprichos que pidiera, para eso era su única nieta….de momento….
Lograron bajar a Sarah de la bicicleta, prometiéndola que luego podría jugar con ella, pero que antes había una pequeña fiesta. Entraron en la cocina y se sentaron delante de la mesa, en la que Bill se había esmerado poniendo toda clase de dulces y refrescos mientras Tom iba a recoger a sus padres a la estación.
Con Sarah en el regazo, y sentado bien cerca de Tom, Bill se inclinó y entre los tres soplaron y apagaron la vela en forma de osito rosa que estaba encendida en lo alto de una gran tarta. Todo el mundo rompió en aplausos, incluso la homenajeada, que saltando en el regazo de su padre les hacía reír a carcajadas.
—Gus…Gus…—llamó Sarah a su tío Gustav.
Gustav se apresuró a cogerla en brazos y la hizo volar por la cocina, mientras que los demás cortaban y repartían la tarta.
Distraídos como estaban, no se dieron cuenta de que los dos hermanos se habían escabullido y una vez a solas en el pasillo se fundieron en un profundo beso mientras se recorrían con las manos el cuerpo.
—Quiero otro—susurró Tom contra los labios de Bill mientras le subía la camiseta y le acariciaba con suavidad el estómago.
—Pronto, muy pronto—prometió Bill en otro susurro.
— ¿Pronto?—repitió Tom como si no le hubiera oído bien.
—Muy pronto—susurró Bill asintiendo con la cabeza.
Siguieron besándose entre risas, imaginándose que dentro de unos años tendrían una gran familia…
F I N
Y así de dulce termina la parte II, mañana empezamos con la III y última, mas larga y con mucho amor…y drama…
muchas gracias a todas las que me leeis, a las que me comentais, a las que me animais a que siga porque añoran un capitulo mas. Aunque no comente todos o casi todos los comentarios, los leo todos y si alguien me pregunta en ellos algo o tiene una duda, yo siempre se la aclaro encantada
Temporada III: Y fueron felices
Una nueva alegría, un golpe del destino…. ¿logrará Tom mantener unida a su familia? ¿Qué Bill supere el dolor y puedan ser felices para siempre?