Notas: Segunda parte de la serie SOMOS TRES…aunque por el titulo y resumen ya habréis adivinado.… Porque lo habéis pedido…..porque era necesaria….porque me apetecía escribirla.…

Fic M-preg de lyra. Temporada II
Capítulo 1: En mi soledad
Tras pasar casi una semana en el hospital, le dieron el alta y regresó a la casa de su madre con la pequeña Sarah en brazos.
Nada más salir del hospital fue recibido por una lluvia de flashes. Había muchos periodistas reunidos a las puertas, y también un gran número de fans. Se detuvo lo justo para que todos sacaran la codiciada foto del líder de Tokio Hotel saliendo del hospital llevando a su hija recién nacida en brazos, hasta que decidió tomar protagonismo y rompió a llorar para alegría de unos, por escuchar esa voz que sonaba tan dulce como la de su padre.
Sin evitar sonreír, acunó a su hija, atrayéndola más hacia su pecho para que se calmase, besando su frente para que siguiera durmiendo.
Decidieron dar por finalizada esa improvisada sesión de fotos, y tras contestar por enésima vez que se encontraba muy bien y agradecerles su presencia, caminó hasta el coche en donde le esperaban su madre y su padrastro.
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Sentado atrás no dejaba de observar como dormía su pequeña hija en esa canastilla que le regalaron sus compañeros de grupo. Se la veía tan tierna…y cada vez que hacía un puchero le recordaba a Tom,…lógico que hubiera sacado algo de él…como sus dulces labios…
—No puedes dejar de mirarla—rio Tom.
Levantó la mirada y le devolvió la sonrisa, entrelazando los dedos con los suyos aprovechando un momento en que su madre se giró para hablar con su padrastro, pero teniendo que soltarle cuando quiso ver como dormía su nieta.
Se movió en el asiento y no pudo evitar morderse los labios y cerrar los ojos al sentir una punzada de dolor.
— ¿Bill?—llamó Tom preocupado.
—No es nada…el médico me dijo que era normal que sintiera alguna molestia, que se pasarían—calmó Bill en voz baja.
Cogió aire profundamente y lo soltó en un hondo suspiro. Enseguida una sonrisa apareció en sus labios al ver ante él la casa en donde viviría con su hija…y Tom…
—Vamos, quiero que veas los cambios—dijo Simone emocionada.
— ¿Cambios?—preguntó Bill mirando a su hermano.
Tom se encogió de hombros por respuesta y le ayudó a bajar del coche, cogiéndole del brazo para que se apoyase en él al caminar. Traspasó la puerta llevando a su dormida hija en brazos y subió las escaleras llegando a su habitación y nada más ver el rincón donde antes estaba la cuna fue testigo de esos cambios que mencionó su madre.
— ¿Y la cuna?—preguntó al no verla en la habitación.
—Está en la habitación de invitados que hemos decorado para la pequeña Sarah—explicó Simone con una sonrisa.
— ¿No va a dormir conmigo?—preguntó Bill confuso.
—Cariño, necesitas descansar y recuperarte enseguida. Un hijo da mucho trabajo y en estos momentos no te puedes hacer cargo. Déjame a mí… ¿vemos su habitación?—preguntó Simone sin darle opción a contestar.
Tom le cogió por la cintura y salieron al pasillo, donde la puerta que comunicaba con la que ya no era la habitación de invitados estaba abierta, dejando ver un empapelado de ositos. Entró en ellas sin evitar arrugar la frente, viendo la cómoda blanca que antes estaba en su habitación y la mecedora que estaba junto a la ventana.
— ¿No te gusta? Se puede cambiar, ponlo a tu manera—dijo Simone sin dejar de sonreír.
Fue a contestar cuando Sarah reclamó su presencia. Comenzó a llorar hambrienta y Simone le indicó la mecedora con una mano, en la que se sentó sin decir nada, solo preocupado por atender a su hija y calmar su llanto.
Levantándose la camiseta, se la acercó al pecho y dejó que se alimente de él mientras comenzó a mecerse suavemente, sin poder evitar tararear una nana por lo bajo.
Tom sonrió al ver esa tierna escena y se le acercó. Sentándose en el suelo y poniendo con suavidad una mano sobre el rubio cabello de su hijita,
Pasados unos minutos la niña sació su hambre y separándosela del pecho se la entregó a Tom para que la acostase, sonriendo al ver como la cogió dulcemente y la besaba en la frente.
— ¿Y qué pasará cuando la tenga que alimentarla?—preguntó Bill mirando a su madre—Os despertaré a todos, es mejor volver a llevar la cuna a mi habitación.
—Bill, ya sabes que se te pasará en unos días y habrá que probar con biberones…de eso ya me encargo yo—apuntó Simone.
—Yo también puedo hacerlo….-empezó a decir Bill.
—Necesitas descansar, aún estás débil—cortó su madre firmemente.
Resopló enojado y se cruzó de brazos. Su madre no entendía que era su hija y que debía estar a su lado.
Tras acostar y arropar a su hija, Tom se dio la vuelta y ayudó a Bill a levantarse con cuidado, saliendo de la habitación y dejando que su madre se ocupara de la hija de ambos.
Entró en la suya y le ayudó a acostarse. Le descalzó y tapó con una manta, aprovechando que estaban solos para apoderarse de sus labios.
—Bill, no te enfades—dijo al ver que no le respondía al beso—Es mejor así, ya sabes que necesitas….
—Descansar…lo sé perfectamente—cortó Bill con brusquedad.
Viendo que en esos momentos era imposible hablar con él, Tom le besó por última vez y salió de la habitación, cerrando la puerta con cuidado y dejándole sumido en un mar de preocupaciones.
Una vez a solas dio rienda suelta a esas lágrimas que sentía acumuladas en la garganta. Levantó una mano y se limpió la mejilla suspirando.
¿Es que nadie entendía lo mucho que iba a echar de menos a su hija? Había estado en su vientre 9 meses, y se había acostumbrado a ella, a sentir cada uno de sus movimientos. Y de repente no estaba.
Se encontraba solo….muy solo…
Continúa…
Gracias por la visita.