Fic M-Preg de lyra. Temporada I
Capítulo 3: Secretos
Con la prueba positiva de Bill fuertemente cogida en un puño, Tom paseaba por la habitación tratando de pensar, de no escuchar los sollozos que le llegaban desde la cama en la que Bill estaba acostado hecho un ovillo llorando abrazado a la almohada.
— ¿Cómo ha podido pasar esto?—no pudo evitar preguntar.
Se dio la vuelta y miró a Bill, quien o no quería contestarle o no le había oído.
— ¿Bill?—le llamó insistiendo.
— ¿Qué quieres que te diga? No hay que ser un genio para saberlo—contestó Bill sin levantar la cabeza.
De una zancada se sentó en la cama y le tomó por los hombros, obligándole a mirarle con sus llorosos ojos.
—Pensaba que tomabas precauciones—le echó en cara.
—Tú también las tomas, ¿no?—recriminó Bill.
Le soltó y enterró la cara en sus manos gimiendo por lo bajo. Era un egoísta, echándole a Bill la culpa cuando había sido cosa de los dos.
—Se nos viene una muy gorda encima—dijo Tom contra sus manos—Solo tienes 16 años y estamos en mitad de una gira muy importante.
— ¿Me estás pidiendo que aborte?—preguntó Bill asustado.
—No—contestó Tom con rapidez destapándose la cara—No es eso…es que, me has pillado por sorpresa y no sé lo que digo.
—A mí también me ha sorprendido….podrías alegrarte, como yo…—dijo Bill en voz baja.
— ¿Estás contento por lo que ha pasado? —preguntó Tom alzando una ceja.
—Sí, y también muy asustado—confesó Bill—Pero contigo a mi lado podré con todo.
Tom sonrió y cogiéndola la cara entre sus manos le besó con ternura en los labios, que temblaban de emoción al igual que los suyos. Sin soltarle, se recostó en la cama y le atrajo a sus brazos, levantándole la camiseta con una mano para ponérsela sobre su vientre plano.
—Puedo sentirlo moverse—dijo Tom sonriendo.
—Tonto, aún es pronto para eso—rio Bill.
Llevó su mano y la puso encima de la suya, entrelazando los dedos con los suyos, sin dejar de acariciar ese vientre dentro del cual crecía lo más maravilloso que le podía haber ocurrido.
¡Un hijo de su propio hermano! No pudo evitar sonreír con los ojos cerrados, imaginándose como sería tenerlo ya en sus brazos, verlo crecer junto a la persona que más amaba en el mundo y que con tanto cariño le estaba abrazando en esos momentos.
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Sabiendo que no podían quedarse así toda la vida, por mucho que lo estuvieran deseando, se separaron y se levantaron de la cama con pereza para enfrentarse a esa nueva vida que se les presentaba por delante.
—Tenemos que pensar en lo que vamos a decir—dijo Tom mientras le ayudaba a vestirse.
— ¿No es algo pronto para hablar? —preguntó asustado Bill—Quiero decir, estoy de pocas semanas, tal vez deberíamos esperar por si….
Deja la frase sin terminar. Le da miedo decir incluso pensar que algo malo pudiera suceder que terminara de golpe con su felicidad.
—De acuerdo, me parece bien—accedió Tom—Esperaremos unos meses. Además, tienes que ir al médico, que te haga un examen completo y nos diga que todo va bien.
Bill asintió y continuó vistiéndose. Habían llamado a David para decirle que se encontraba mejor y regresarían a casa esa misma mañana. Ya estaba claro el motivo de su malestar, y lo mejor era que estuviera en casa para comenzar a preparase para lo que iba a venir.
Tras terminar de cerrar sus maletas, las dejaron en manos de los botones y entraron en el ascensor para reunirse en el hall con sus compañeros.
Mientras esperaba impacientemente a que les llevase a su destino, Bill no pudo evitar llevarse una mano al vientre y acariciárselo sobre la cazadora que Tom insistió en que se pusiera para que no cogiera fría.
—Se van a dar cuenta—riñó Tom sonriendo.
—Es que no puedo evitarlo—susurró Bill devolviéndole la sonrisa.
Las puertas del ascensor se abrieron y enseguida vieron a sus amigos, que les hicieron señas para que se reunieran con ellos. Una vez juntos los 4, salieron del hotel para subir al autobús de nuevo, deteniéndose por el camino para firmar autógrafos y hacerse fotos con las fans allí reunidas.
Diez minutos más tarde ya estaban de nuevo de viaje, sentados en el piso inferior haciendo planes sobre lo que iban a hacer en los días libres que tenían por delante.
—Podíamos descansar, irnos a la playa, por ejemplo—sugirió Georg.
—Depende de lo que me diga el médico—se le escapó a Bill.
—Es que no se encuentra bien del todo— dijo Tom con rapidez.
—Ya lo he notado, no para de frotarse el estómago—apuntó Gustav— Te debe de doler mucho.
Bill se mordió los labios mientras asentía en silencio. Tenía que tener más cuidado con lo que decía, pararse a pensar antes de hablar. Pero se encontraba tan radiante de felicidad que sentía ganas de gritar bien alto.
Sintió como Tom le rozaba la pierna con la suya, señal de que se había adivinado su pensamiento y le suplicaba que se relajase, que guardase su nuevo secreto.
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Hicieron una parada tras 2 horas de viaje y los chicos salieron a estirar las piernas. Caminaron despacio hacia la tienda de la gasolinera en donde se aprovisionaran de chucherías para hacer más ameno el largo viaje.
— ¿Ya no tienes nauseas? –preguntó Tom mirando a su hermano.
—Se me pasaron en cuanto supe el por qué—contestó Bill más animado— Tengo mucha hambre.
—Recuerda que ahora debes comer por dos—susurró Tom guiñándole un ojo.
Entraron en la tienda y comenzaron a recorrer los pasillos, hasta llegar a la caja con los brazos bien cargados de cosas.
— ¿Chocolate?—preguntó Tom extrañado al verlo.
—Se me ha antojado—contestó Bill encogiéndose de hombros.
Soltando una carcajada, Tom le cogió lo que llevaba y lo puso en el mostrador mientras sacaba la cartera y pagaba. Tras meterlo todo en 4 bolsas, salieron de la tienda y pasearon de regreso al autobús, reuniéndose con sus amigos por el camino.
— ¿Una cerveza?—ofreció Georg.
Bill negó de inmediato con la cabeza mientras que Tom aceptó la que le tendían. Antes de llevársela a los labios le miró y tras comprobar que los demás estaban entretenidos mirando el paisaje se acercó más para hablarle en voz baja.
— ¿Te importa?—preguntó en un susurro.
—Tú no eres el que está embarazado—contestó Bill sonriendo.
Tom rio nervioso y echó un trago largo de su bebida. Entraron en el autobús y se pusieron de nuevo en marcha.
Media hora más tarde Bill subió a acostarse. Se sentía somnoliento y algo pesado por la tableta de chocolate que él solo se había comido. Se descalzó y se tumbó en su cama suspirando con los ojos cerrados, sonriendo al notar como alguien se sentaba a su lado, sabiendo que era Tom si necesidad de abrir los ojos, quien le apartó el pelo de la cara y le besó en la mejilla.
—Descansa, te despertaré cuando estemos en casa—susurró cerca de su oído.
—Quédate conmigo hasta que me duerma—suplicó Bill sonriendo.
Tom accedió y tras taparle mejor con la manta se quedó observándole dormir. Sonrió al verle ponerse de costado, como ponía una mano bajo su mejilla y separa los labios suspirando.
Extendió su mano y le acarició la frente, pensando en lo valiente que era Bill. Enfrentarse sin miedo a lo que le esperaba para traer al mundo al hijo de ambos. Siempre le había tomado por un débil, pero llegado el momento iba a ver con sus propios ojos que era el más fuerte de los dos.
Sintió que ya se había dormido profundamente y decidió dejarle descansar. Iba a necesitar mucho descanso los próximos meses. Su embarazo levantaría mucha expectación, por no hablar de sus padres cuando se enteraran.
Tenía que coger fuerzas para enfrentarse a todo el mundo, con él a su lado para apoyarlo. Porque era su hermano mayor, porque le amaba con todo su corazón.
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Dos días después de regresar al apartamento escuchaba las noticias que el médico le traía recostado sobre una camilla.
—El análisis de sangre confirma que estás embarazado, exactamente de 2 semanas—le anunció el médico muy serio.
— ¿Hay algo más? Quiero decir…mi hermano se encuentra bien, ¿verdad?—preguntó Tom preocupado.
—Debido a tanto estrés causado por los conciertos y viajes tiene las defensas bajas y una ligera anemia. Unas vitaminas y más descanso le ayudaran.
—Bajaremos el ritmo, el bebé es lo primero—aseguró Bill.
—Te dejaré un calendario con las próximas visitas, no faltes a ninguna revisión—dijo el médico entregándole una carpeta—Aquí encontrarás toda la ayuda que necesites. Si tienes alguna duda me llamas. También hay una lista con algunos libros que te vendría bien leer.
Tom cogió la carpeta al ver que Bill se quedaba mirándola fijamente sin reaccionar, mirando su contenido y preguntándose si serían capaces de hacerlo ellos dos solos.
—No quiero meterme en vuestros asuntos, pero ¿lo saben vuestros padres? ¿Y el padre del bebé?—preguntó el médico.
—El padre lo sabe—aseguró Tom sin entrar en más detalles—Y nos gustaría mantenerlo en secreto por el momento.
— ¿Hasta que sea imposible ocultarlo? Vamos, sois solo unos niños, necesitáis la ayuda de un adulto. Esto es serio.
—Lo sabemos. Tenemos casi 17 años y somos capaces de cuidarnos solitos—contestó Tom enfadado.
—Si ocurre algo buscaremos ayuda, lo prometemos—aseguró Bill a punto de llorar.
—Tienes mi teléfono particular apuntado en la carpeta. Llámame por lo que sea, aunque te parezca una tontería—se rindió el médico.
Tras obtener la promesa de los dos hermanos, el médico salió de la consulta para que Bill se vistiera de nuevo. Tom le ayudó a ponerse la cazadora, frotando sus brazos al sentirle temblar.
—Los dos podemos con todo, nada malo sucederá—dijo Tom con firmeza.
Bill asintió y tras besarse brevemente en los labios salieron de la clínica camino del apartamento, paseando por la calle, fijándose en todos los niños que cogidos de las manos de sus padres se encontraban por el camino.
Se miraron a los ojos y sonrieron al leerse mutuamente el pensamiento. Los dos estaban deseando poder caminar llevando de la mano a ese hijo tan querido que estaban esperando.
Continúa…
Gracias por leer.