Somos tres 6

Fic M-Preg de lyra. Temporada I

Capítulo 6: Reposo

Solo oía gritos a su alrededor, no fue consciente de lo que le sucedía. Cerró los ojos con fuerza y se dejó llevar sin remedio, sumergiéndose en esa oscuridad que con suavidad le acogió.

No sintió como Tom corría a su lado y girando su cuerpo con cuidado le hizo descansar sobre su regazo, poniendo su cabeza en él y sus manos en su vientre que acariciaba con las mejillas bañadas de lágrimas.

— ¡Que alguien haga algo!—gritó sin dirigirse a nadie en particular.

Al momento se vio rodeado por los miembros del equipo de seguridad que le ayudaron a levantarse y coger en sus brazos a Bill, saliendo con él del escenario seguido de sus compañeros, dejando atrás los gritos de las fans que lloran histéricas desde que su ídolo se cayera delante de ellas sin poder hacer nada por impedirlo.

—Allí, en el sofá—indicó David con el susto reflejado en el rostro.

Tom obedeció y lo dejó con cuidado donde le indicaban, cogiendo un cojín que colocó bajo sus piernas para mantenerlas elevadas.

—La ambulancia está aquí al lado, ya viene la ayuda—explicó David a su espalda.

Asintió sin mirarle, solo concentrado en hacer reaccionar a Bill, quien se había puesto muy pálido de repente y respiraba jadeando.

—Bill….por favor…—llamó entre lágrimas sin dejar de acariciar su vientre.

—Dejen paso, por favor—pidieron los enfermeros.

Se separó de él con mucho esfuerzo, quedándose a un lado mientras dejaba que se ocupasen de Bill.

—Nos lo llevamos—dijo uno de ellos tras comprobar su pulso acelerado.

Le tumbaron sobre una camilla y tras taparle y asegurarle echaron a correr hacia la ambulancia que les estaba esperando con el motor en marcha.

Tom corría tras ellos seguido de los demás y el productor, que les señalaba un coche que les esperaba con el motor ya en marcha. Subieron a el y partieron raudos tras la ambulancia, cuya sirena resonaba por toda la ciudad para que le dejaran paso a esa vida que amenaza con apagarse ante sus ojos.

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Paseando por la sala de espera no pudo evitar morderse las uñas, pensando que era una manía que odiaba Bill. Decidió dejar de hacerlo y continuó con su paseo sin poder ocultar su gran nerviosismo.

—Debe de haber algo que podamos hacer—dijo Georg a su compañero en voz baja.

—Solo ofrecerles nuestro apoyo—murmuró Gustav con pesar.

Dejaron de hablar cuando las puertas se abrieron y salió el médico que trataba al cantante. Tom corrió hacia él pero no le salieron las palabras para preguntar por él.

—Se encuentra bien, y también el bebé—le tranquilizó el médico con una sonrisa—Solo ha sido un ligero desmayo debido a tanto estrés acumulado. Unos días de reposo y nada de sobresaltos hasta que llegue el día del parto.

—Lo haremos…le ataré a la cama si es preciso…—logró decir entre lágrimas.

El médico asintió y sabiendo que en esos momentos lo que más deseaba era estar al lado de su hermano, le indicó la puerta en donde una enfermera le llevaría hasta la habitación en la que descansaba su joven paciente con tranquilidad.

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Sintiendo una ligera molestia abrió los ojos con pesar fijándose en la cara que tenía ante sus ojos, llevándose de inmediato las manos a su vientre abultado.

— ¿El bebé…?—preguntó con voz ronca.

—Solo escucha—dijo Tom sonriendo.

Le obedeció sin saber a qué se refería, escuchando solo un sordo sonido que provenía de una máquina que había al lado de su cama. Se miró el vientre y vio que tiene una cinta negra alrededor de el con unos cables que conectaban con esa máquina desde la que salía ese dulce sonido.

— ¿Es…?—preguntó entre lágrimas.

—El corazón de nuestro hijo…late con fuerza…—contestó Tom de la misma manera.

Le miró sonriendo y acercándose a sus labios le besó con mucha ternura, aprovechando esos escasos minutos de intimidad de la que gozaban. Se sentó en la cama al lado de Bill, entrelazando los dedos con los suyos que descansaban sobre el vientre donde iba creciendo su hijo con salud y fuerza.

— ¿Qué me pasó—preguntó al cabo de unos minutos.

—El médico ha dicho que ha sido por el estrés—explicó Tom preocupado—Debimos parar mucho antes, no esperar a que te pusieras malo.

—Llevaba todo el día con molestias pero no dije nada porque sabía que te ibas a preocupar—susurró Bill agachando la mirada—Solo quería dar la que sabía que iba a ser mi última actuación, despedirme de las fans….

Tom asintió mientras le limpiaba las lágrimas que le bajaban por las mejillas. En el fondo le entendía, los próximos meses se los iba a pasar sin salir de casa, necesitaba despedirse públicamente.

—A partir de ahora olvídate del grupo…sé que suena duro, pero nuestro hijo es lo primero—dijo Tom con firmeza.

—Lo sé. No quiero que le pase nada, y me sacrificaré para que así sea—prometió Bill también con firmeza.

Dejó de hablar cuando se abrió la puerta y entró una Simone rota de dolor, que corrió a abrazar a su hijo pequeño que rompió a llorar sin poderlo evitar.

—Mamá…—sollozó contra su pecho.

—Sabía que te estabas excediendo…—susurró Simone.

Incómodo ante esa escena, Tom se levantó de la cama y se apoyó en la ventana, dándoles la espalda, cerrando los ojos al escuchar como Bill le decía que estaba muy asustado…

—Todo va a salir bien—aseguró Simone con firmeza—Hemos hablado con el médico y nos ha dicho que necesitas reposo, así que te vienes a casa. Déjame que cuide de ti.

Asintió limpiándose las lágrimas, alzando la mirada y fijándose en Tom, o más bien en su espalda.

— ¿Y Tom?—preguntó mirando a su madre.

El aludido se giró y forzó una sonrisa, dejando que fuera su madre quien contestase por él, porque lo que se moría por decir era que él era quien debía cuidar de Bill, porque el hijo que esperaba era suyo, era su deber de hermano y padre.

—Claro que también puede venir. Sin él a tu lado, es como si te faltase algo—dijo Simone asintiendo con la cabeza—Tiene que cuidar de su sobrino…

Eso cayó como un jarro de agua fría, haciendo que Tom se mordiera los labios para no gritar desesperado. Tenía que acostumbrarse a que la gente dijera eso delante de él, que se refirieran a su propio hijo como su sobrino.

Miró a Bill, quien le dirigió una mirada de dolor al escuchar las palabras de su madre. Quería decirle lo que pensaba cuando estuvieran a solas, pero recordando su estado decidió callar su dolor y mostrar su mejor sonrisa, forzada, eso sí.

—Claro que cuidaré de mi sobrino…y de Bill también—logró decir con esfuerzo.

Simone asintió orgullosa y comenzó a hablar de los futuros planes, sin dejar meter baza a ninguno de los padres.

—Podemos decorar un rincón de tu habitación para el bebé, poner una cuna y una cómoda blanca sobre la que le podrás cambiar…bueno, habrá que saber que va a ser antes de comprar las cosas, hay que elegir bien los colores….

—Mamá, deja eso para más tarde—dijo Tom al ver como Bill arrugaba la frente con pesadez.

—Perdona, tienes razón. Deja todo en mis manos, no te preocupes de nada—dijo Simone a su hijo pequeño.

La llegada del médico logró callar a la madre de los gemelos, quien se sentó en la cama y tomó la mano de su hijo pequeño para consolarle de las noticias que le traían.

—Me alegra verte ya despierto, como ya sabrás solo ha sido un ligero desmayo, un aviso de tu cuerpo para que te tomes ya un merecido descanso—le explicó abriendo la carpeta de su historial—Tienes la tensión muy alta y eso no es bueno, tendrás que guardar reposo por un tiempo, luego quiero que des paseos con calma, tampoco es bueno que te pases todo el día en cama.

Bill asintió conforme, preguntándose cómo iba a pasear sin la presencia constante de paparazis en busca de una buena foto en su estado.

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Pasó esa noche en el hospital con la compañía de Tom….y su madre. No sabía cuándo encontrarían un momento a solas para hablar, para hacer sus planes. Al día siguiente recibió el alta y se vistió con la ayuda de Tom mientras su madre le guardaba las cosas en una pequeña bolsa.

Se sentó con esfuerzo en la silla de ruedas que le llevaría hasta el coche ahogando un gemido.

— ¡Bill!—gritó Tom sin querer al ver como apretaba los labios.

Simone corrió a su lado asustada, pero vio como sonreía y se miraba el vientre, haciendo que Simone rompiera a reír con él.

— ¿Una patada?—preguntó entre risas.

—Y muy fuerte—contestó Bill jadeando.

—Señal de que está todo bien—dijo Simone asintiendo con la cabeza.

Tom suspiró aliviado, no pudo contenerse y le puso una mano en el vientre, que Tom cogió y dirigió al lugar exacto en el que había sentido esa dichosa patada, esperando pacientemente hasta notar otra.

— ¿Lo has notado?—le preguntó emocionado a Tom.

Tom solo pudo asentir, sintió que estaba a punto de llorar por ver como su hijo se hacía notar, que vieran que estaba creciendo sano y fuerte dentro del mejor padre que pudiera tener.

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Tras un corto viaje hasta casa de su madre, subió las escaleras apoyado en Tom mientras Simone le abría sonriendo la puerta de su habitación.

Se quedó sin habla al ver los cambios que se habían producido en ella. Tal y como le dijera en el hospital, en la esquina de la derecha descansaba la misma cuna que ocupó él cuando fue pequeño, revestida de una sábana blanca con un conejito marrón bordado en la mitad.

A su lado estaba la cómoda blanca de la que también le hablaron, sobre la cual había unas cestas de mimbre llenas de productos infantiles, pañales y cremas. Sobre una mecedora que estaba colocada al lado de la ventana descansaba un gran oso de peluche y unos cuantos más sobre el suelo.

Observaba cada detalle sin perder la sonrisa, tragando con dificultad las lágrimas que sintió acumuladas en su garganta.

— ¿Cómo…?—preguntó emocionado.

—Llamé a Andreas y a los muchachos, y mamá ya tenía la cuna preparada desde hace semanas—explicó Tom.

—La mayoría de los peluches son regalos de tus fans—le hizo saber Simone.

Asintió con la cabeza y entró del todo en la habitación, cogiendo uno de los peluches que le tendía Tom para que no se agachase a por el y se sentó en la cama poniéndolo en su regazo.

—Es mejor que te dejemos descansar—dijo Simone al cabo de unos minutos.

Le ayudaron a tumbarse y cuando su madre les dejó a solas aprovecharon la primera oportunidad que se les presentó para gozar de su intimidad. Inclinado sobre Bill, Tom le besó con pasión en los labios mientras acariciaba su vientre, en espera de otra señal de su hijo.

—Está dormido—dijo Bill sonriendo.

—Y tú debes hacer lo mismo. Descansa, te lo mereces. Te vendré a despertar para la hora de comer—se despidió Tom besando su frente.

Le tapó mejor con una ligera manta y tras correr las cortinas para que la luz no le molestara salió de la habitación y le dejó dormir.

Una vez a solas, se acomodó mejor en su cama y cerró los ojos, tratando de hacer lo que el médico le había dicho. Relajarse, vaciar su mente, dejar atrás los problemas y solo concentrarse en lo que tenía delante.

Una nueva vida que luchaba por venir al mundo…

Continúa…

Gracias por leer.

por lyra

Escritora del fandom

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