Somos tres 7

Fic M-Preg de lyra. Temporada I

Capítulo 7: Nacimiento

Los días pasan tranquilamente y por fin obtuvo su merecido descanso. Se pasaba las mañanas durmiendo y tras comer en la habitación con Tom bajaban y daban un paseo corto por los alrededores de la casa, solos o acompañados por Andreas, quien pasaba la mayor parte del tiempo en casa haciéndole compañía cuando Tom tenía que acudir a algún evento en nombre de los dos.

Las noches seguían siendo solitarias. Esperaban a que su madre y Gordon se hubieran acostado y entonces Tom se colaba en su habitación y se metía bajo las sábanas con cuidado, atrayéndole a sus brazos para que se durmiera apoyado en él mientras le acariciaba el vientre, durmiendo de esa tierna manera al hijo de ambos, soñando con poder hacerlo con él en brazos.

Pero el amanecer llegaba muy rápido y siempre que abría los ojos se encontraba solo. Se daba la vuelta con esfuerzo en la cama, buscando a Tom con la mirada, sabiendo que hacía horas que le había abandonado.

No podía evitarlo y se ponía a llorar, pensando si así iba a ser el resto de sus vidas, ocultar lo mucho que se amaban, que ese hijo no era solo suyo sino de ambos.

Pero se tragaba las lágrimas por el bien de Tom, para no preocuparle más de lo que ya estaba por si algo salía mal, no dejándole dar ni dos pasos por temor a que se volviera a desmayar.

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Pero esa tarde ya no podía soportarlo más. Habían estado sus compañeros de grupo para enseñarle el premio que les otorgaron al grupo revelación del año, que no pudo ir a recoger debido a su avanzado estado. Ya de 8 meses apenas se sostenía en pie más de 15 minutos sin cansarse. Por miedo a que se le adelantara el parto, el médico le ordenó reposo absoluto hasta que diera luz.

En la última revisión la ecografía mostró que el bebé ya se estaba preparando para nacer, situado en la posición adecuada y con muchas ganas de ver la cara de su padre. Eso y que solo sería uno, que no habría gemelos.

Eso decepcionó un poco a Bill, quien deseaba que su hijo pudiera contar con un hermano que le quisiera y cuidara tanto como lo hacía el suyo.

Esa tarde con el premio en sus manos celebraban una pequeña reunión en la que recibió algunos regalos para el futuro bebé y algunos más para él, pero ese premio que el grupo había recibido era el mejor de todo, una recompensa a tanto trabajo y sufrimiento.

—Así celebramos también tu cumpleaños, que no pudimos por estar fuera—dijo Gustav sacándole de sus pensamientos.

Le sonrió agradecido. El cumplir años ya no era tan especial como antes, solo se preocupaba del bienestar de su hijo, no de cómo lo iba a celebrar y a quien iba a invitar. El regalo que más ilusión le hizo el día que cumplió los 17 años fue el tener a Tom al lado, celebrando con él el día de su propio nacimiento, brindando por el próximo que celebrarían con su hijo soplando las velas de la tarta.

—Todo el mundo preguntaba por ti, hace meses que no te ven y están intrigados—explicó Georg entre bocado y bocado.

—Les aseguramos que tanto tú y el bebé estibáis bien, pero no entramos en dar detalles—aseguró Gustav.

—Me imagino que se interesan por mi bien, pero prefiero conservar esto en privado, ciertos detalles que no saldrán a la luz hasta que yo quiera—dijo Bill sonriendo.

—Como decir si es niño o niña—picó Andreas con una sonrisa.

—Ni nosotros lo sabemos, queremos que sea una sorpresa—contestó Tom por Bill.

— ¿Y ya sabéis que nombre le pondréis?—preguntó Gustav interesado.

—Si es niño, quiero que se llame Tom—dijo Bill muy serio.

Todos sonrieron encantados ante la idea de un pequeño Tomi correteando por el salón.

— ¿Y si es niña?—preguntó Andreas.

Los hermanos se miraron y sonrieron. Ese era un tema sobre el que no se ponían de acuerdo y discutían a menudo por él. Pensaban en nombres de niña y todos les gustaban, no era como en el caso de que fuera un niño, en donde Bill dejó bien claro que se llamaría como su padre.

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La velada continuó hasta que se hizo de noche y el cantante se comenzó a adormecer. Se despidieron de él con un abrazo, esperando verle de nuevo antes del parto, que sentía muy lejano aún, no como el futuro padre.

—Mañana vengo y vemos una peli—se despidió Andreas abrazando al cantante.

—Mamá tiene que salir y estaremos solo, así podremos ver una de miedo—dijo Tom sonriendo.

—Pues la verás tú solo, yo quiero una romántica—dijo Bill con firmeza.

—Tú mandas—se rindió Tom levantando las manos.

—Cuida muy bien de mi sobrino—dijo Andreas frotando su vientre.

Se despidió con un beso en la mejilla y tras chocar la mano con Tom, se fue silbando a su casa que estaba a solo un par de manzanas.

Por fin solos y tras despedirse de su madre, acompañó a Bill a su habitación y le ayudó a desvestirse y a ponerse una de sus camisetas que usaba para dormir, sonriendo al ver que le quedaba muy bien.

Le abrió la cama y le arropó con cuidado, ayudándole a ponerse de costado con una almohada entre las rodillas para que estuviera más cómodo.

— ¿Mejor?—preguntó al oírle resoplar.

—Los pies me están matando—gimió Bill por lo bajo.

Antes de que se pudiera negar, Tom ya le había cogido uno y se lo masajeaba con suavidad, escuchándole gemir con los ojos cerrados.

— ¿Qué más te preocupa?—preguntó sabiendo que había algo que le inquietaba.

— ¿Aparte de todo?—preguntó Bill arrugando la frente—Me da miedo el parto, tener a mi hijo en brazos y no saber cómo cuidarle….

—No te preocupes, cuando llegue el momento sabrás que hacer, tu instinto te lo dirá—le consoló Tom sonriendo.

Continuó con el masaje hasta que le escuchó respirar con suavidad. Se había quedado dormido de inmediato. Le soltó el pie y arropó mejor, besando sus labios y acariciando su vientre hinchado para dar las buenas noches tanto al padre como al hijo.

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—No me marcho tranquila—dijo Simone a su hijo mayor.

Esa mañana el pequeño se había despertado revuelto, con dolor de estómago y sin ganas de comer nada.

—Te llamaré si se pone peor, pero no es nada grave. Solo una pequeña indigestión, ayer comimos demasiados dulces—tranquilizó Tom sonriendo.

—Tienes el número de emergencias en la puerta de la nevera, si ves que no se le pasa llamas a una ambulancia y nos vemos en el hospital—explicó Simone.

— ¡Mamá! No exageres…

Simone abrazó a su hijo no muy convencida todavía y salió de casa con un mal presentimiento,

Tom suspiró aliviado cuando al fin logró que se fuera. Cerró la puerta y cogiendo un paquete de galletas y un vaso de leche se lo subió a Bill, quien continuaba en la cama con los ojos cerrados.

—Servicio de habitaciones—bromeó al abrir la puerta.

Eso consiguió arrancarle una sonrisa y a que abriera los ojos para observarle.

—No he pedido nada—siguió Bill la broma.

—Tal vez haya algo en el menú que le abra el apetito—dijo Tom con una pícara sonrisa.

Vio como deja sobre la mesilla la comida que le había traído y frotándose las manos se puso de rodillas en la cama mientras echaba las ropas a un lado.

—Tom….ni se te ocurra….

—Se me está ocurriendo—cortó Tom poniéndose serio—Llevamos semanas sin hacerlo….deja que te ayude a relajarte de la mejor manera posible, solo eso….

Viendo como se lo pedía y tras sentir la respuesta involuntaria de su cuerpo, Bill asintió con la cabeza mientras se mordía los labios por lo que iba a suceder.

Soltando un pequeño grito, se acomodó entre las piernas que Bill separó levemente y metiendo la mano por sus bóxer liberó ese miembro que hace semanas que no estaba entre sus dedos. Se acercó despacio y cerró sus labios en torno a el, logrando que Bill suspirase y cerrase los ojos.

Comenzó a succionar despacio, pasando la lengua por todo el, sin dejarse un centímetro de piel. Sintió cómo se iba relajando cada vez más, como sus manos le tiraban del pelo desesperadas haciéndole sonreír y succionar con más fuerza.

El orgasmo no tardó en llegar y liberando su miembro de la boca dejó que se derramase entre sus dedos, sonriendo al verle cerrar los ojos con fuerza y morderse los labios para no gemir alto.

Le acomodó la ropa y se echó a su lado, besándole en la frente mientras le retiraba a un lado el pelo con la mano.

— ¿Relajado?—preguntó sonriendo.

—Demasiado—contestó Bill en un suspiro.

Rompió a reír y le atrajo a sus brazos sin dejar de acariciarle la espalda que volvió a sentir tensa a su contacto.

—Ayer me fijé en que estabas triste—dijo Tom de repente.

Se giró en sus brazos y alzó la cabeza para mirarle fijamente a los ojos.

—Quiero que todos sepan que tú eres el padre—susurró Bill con firmeza.

—Bill…sabes que no puede ser. No me importa que todos crean que es mi sobrino, yo sé que es mi hijo, y eso nadie puede cambiarlo-dijo Tom también con firmeza.

—Si te importa….y te hace daño-insistió Bill.

—Si—cedió Tom suspirando—Pero no hay nada que hacer. Solo verlo crecer fuerte y sano, que sepa lo mucho que le amamos.

Bill asintió sabiendo que eso era lo más importante. Su hijo, no los sentimientos de sus padres.

— ¿Dónde vas?—preguntó Tom al sentirle moverse.

—Necesito ir al baño…otra vez—contestó Bill riendo.

Riendo con él, Tom se levantó de inmediato y le ayudó cogiéndole del brazo y tirando con suavidad. Una vez en pie le ayudó a caminar y antes de que entrase en el baño escuchó el timbre de la puerta.

—Ese es Andreas—apuntó Tom.

—Baja a abrir y luego sube a por mí—dijo Bill entrando solo en el baño.

Sin cerrar la puerta, bajó corriendo las escaleras y saludó a su amigo, quien le enseñó la película que llevaba en sus manos.

—El diario de Noa—leyó Tom el título—A Bill le encantará.

—Podemos coger algo para picar mientras la vemos—dijo Andreas señalando la cocina con una mano.

—Mira ver si Georg dejó algo—bromeó Tom riendo.

Pero la sonrisa se le borró de la cara cuando escuchó una voz que le llamaba.

—¡T-tom….!

Tirando el dvd que llevaba en las manos, echó a correr escaleras arriba, entrando en el baño donde Bill se apoyaba en el lavabo para no caer.

Corrió a su lado y cogiéndole por la cintura trató de hacer que se soltase y se apoyase en él, pero Bill negó con la cabeza, viendo como sus nudillos se ponían blancos al apretar con fuerza el borde del lavabo.

— ¿Qué ocurre? ¿Es el bebé?—preguntó Andreas asustado.

—Creo que ya viene…..baja y llama a una ambulancia, el número está en la puerta de la nevera—dijo Tom recordando las sabias palabras de su madre.

Su amigo echó acorrer escaleras abajo y se concentró en ayudar a Bill.

— ¿Puedes caminar despacio?—susurró a su oído.

Pero vio con horror como negaba con la cabeza mientras un gemido escapaba de sus labios. Ahogó un grito cuando ve que se le doblaban las rodillas y trató de sujetarle, pero pesaba mucho para él solo y le dejó resbalar al suelo con cuidado, bajando con él y quedándose sentado a su lado.

—Tendrás que dar a luz aquí—dijo Tom haciendo que su voz no delate el miedo que sentía en esos momentos.

—La ambulancia ya viene—avisó Andreas entrando corriendo en el baño.

—Llegará tarde….me tienes que ayudar—pidió Tom sin dejar de sujetar a Bill.

—Dime que tengo que hacer—logró decir Andreas tras tragar con esfuerzo.

—Ponte detrás de él, que se apoye en ti—dijo Tom levantándose.

Andreas ocupó el lugar que le había indicado, cogiendo los hombros de su amigo y frotándoselos tratando de ayudarle.

Tom se colocó de rodillas a los pies de Bill, viendo con los ojos abiertos como bajo su cuerpo se formaba un charco de un líquido viscoso…y con algo de sangre.

—Has roto aguas—dijo casi sin voz.

Bill asintió apretando los dientes. Una fuerte contracción lo había provocado y el dolor le recorrió el cuerpo sin dejarle hablar siquiera.

Cogiendo con suavidad las piernas de Bill le hizo levantar las rodillas mientras tiraba de sus pantalones y bóxer hacia abajo.

Andreas sintió que el futuro padre se ponía tenso y comprendiéndolo estiró una mano y cogió una de las toallas que había a su derecha, tapándole con ella las piernas y así conseguirle algo de intimidad.

Agradecido por el gesto de su amigo, Bill trató de relajarse y concentrarse en traer al mundo a su hijo, que por lo visto tenía algo de prisa. Se recostó de nuevo contra su pecho, sonriendo al sentir como tras coger otra toalla y humedecerla con el grifo de la ducha se la pasaba por la cara y los resecos labios.

Tras desnudar a Bill de cintura para abajo, Tom le separó más las piernas, mordiéndose los labios al ver que había mucha sangre, pensando si eso era normal….

—Cuando tengas otra contracción, trata de empujar—dijo con firmeza.

Esperaron en silencio, escuchando solo los jadeos y gemidos que cobraron volumen cuando un dolor intenso recorrió el cuerpo del parturiente y le hizo gritar de dolor sin remedio.

— ¡Empuja!—gritaron a la vez Tom y Andreas.

Y eso fue lo que hizo. Cogió aire y empujó con todas sus fuerzas, desterrando al fondo de su mente el gran dolor que sentía, como si le abrieran en dos con un afilado cuchillo.

— ¡Ya le veo la cabeza!—exclamó Tom entre lágrimas.

Andreas sonríe y se limpió las lágrimas con una mano, secando con la toalla las de su amigo que cansado tras la contracción se dejó caer en su regazo jadeando.

—Un empujón más y todo termina—animó Tom cogiendo su mano.

—No sé si podré…..estoy agotado…..—dijo Bill entre jadeos.

—Imagina que estás en medio de un concierto….no puedes dejar a tus fans a medias—trató de animar Andreas.

Eso hizo que rompieran a reír los tres y lograsen relajarse un poco, hasta que una nueva contracción les puso en alerta.

—Un poco más…—dijo Tom poniendo las manos entre sus piernas—Más….los hombros ya salen….vamos Bill, ¡empuja!….

Y lo hizo con todas sus fuerzas, lanzando un grito desgarrador…porque se lo había pedio Tom,…porque su hijo quería conocer a sus padres….

—Ya….ya le tengo….—dijo Tom nervioso con su hijo en sus manos.

—Tienes que hacerle llorar—susurró Bill con un hilo de voz.

Cerrando los ojos con esfuerzo se dejó caer exhausto sobre su amigo, quien le retiró el pelo de su sudada frente y se la besó sin dejar de llorar. Pero no sintió ese beso, ni escuchó llorar a su hijo…solo se dejó llevar por esa oscuridad que le envolvía con suavidad…

Ya no sentía dolor….ya no escuchaba nada…ni a su hijo…ni a Tom llorando porque veía que se iba delante de sus ojos…..

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Se sentía flotar. Su cuerpo era ligero como una pluma y no sentía nada más. Se estiró con cuidado, tratando de mover las piernas pero sin conseguirlo. Arrugó la frente y no pudo evitar soltar un leve gemido.

—Bill….

Escuchó que le llamaban, reconoció esa dulce voz, pues era la de Tom, la persona a quien más ama en todo el mundo. Quiso contestarle, decirle que no se preocupase por él, que se encontraba bien en ese lugar en el que estaba.

Pero separaba los labios y no emitía ningún sonido, trataba de levantar una mano pero no lo conseguía…trató de sollozar frustrado pero Tom se lo impidió….

—No te esfuerces—dijo Tom poniendo los labios sobre los suyos—Estás muy débil, perdiste mucha sangre y nos distes un buen susto. Duerme,…me quedaré contigo.

Separándose con esfuerzo de sus labios, se quedó a su lado cogiéndole de la mano, besándosela con ternura hasta que el calmante le hizo caer de nuevo en un profundo sueño.

Solo entonces le soltó y salió de la habitación suspirando, reuniéndose en el pasillos con su amigo.

— ¿Qué tal se encuentra?—preguntó Andreas emocionado.

—Ha abierto los ojos y sonreído…

—Tu madre está de camino, la llamé hace unos minutos y en menos de una hora llega. Gordon la fue a buscar y se han metido en un atasco—le explicó.

—La necesitará cuando despierte—murmuró Tom frotándose la frente.

—Siéntate y descansa, has hecho un gran trabajo-dijo Andreas sonriendo.

—Todo ha sido obra suya, yo solo me he quedado mirando…además, quiero volver por si se despierta….

Andreas asintió y tras abrazarle le dejó volver al lado de su hermano.

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Solo pasaron 10 minutos hasta que abrió de nuevo los ojos. Estaba de espalda y se giró de inmediato cuando le escuchó suspirar.

—Buenas tardes, dormilón….la pequeña Sarah preguntaba por su padre—dijo Tom llevando a su hija en brazos.

Bill logró sonreír al ver esa tierna escena. Tom con su hija en brazos, tan pequeña entre sus manos. Trató de incorporarse, pero como ya ocurriera antes las piernas no le respondían.

—Es por la anestesia—explicó Tom—Todavía no se te ha pasado. Perdías mucha sangre y tuvieron que operarte de urgencias, pero tranquilo….podrás tener más hijos….

—De momento me conformo con Sarah—logró susurrar Bill.

Tom asintió sonriendo y cogiendo con una mano el mando de la cama se la subió un poco hasta dejarle medio sentado. Entonces le puso en sus brazos a su hija recién nacida, sin perder en ningún momento la sonrisa.

— ¡Es tan pequeñita!—logró decir entre lágrimas.

—Es hermosa….como tú, mi amor—dijo Tom besándole en la frente.

Se quedaron mirando a esa niña que continuaba dormida, sin saber que siendo tan pequeña ocupaba un lugar inmenso en dos corazones que latían enamorados.

Unos golpes en la puerta hicieron que Tom corriera a abrir dejando que Bill se quedase a solas con su hija y la estudiase de la misma manera que había hecho él mientras esperaba a que despertara.

Salió de la habitación y se encontró con una gran sorpresa.

— ¡Chicos!—exclamó al ver a sus amigos.

Georg y Gustav abrazaron al emocionado hermano, quien tras reponerse vio al productor a dos pasos.

—Vinimos en cuanto nos llamó Andreas—explicó David estrechando su mano.

— ¿Qué tal están los dos?—preguntó Gustav.

—Bill y la pequeña Sarah se encuentran perfectamente—anunció Tom más emocionado si se podía.

— ¡Una niña!—exclamaron todos a la vez.

Tom asintió y les explicó lo que había pasado, como llegó la ambulancia tras el parto, justo a tiempo de llevarse a Bill que perdía mucha sangre y se había desmayado. Ya en el hospital le operaron de urgencias y pararon la hemorragia, con cuidado de no dañarle y que pudiera tener más hijos en el futuro.

Viendo que ya llevaba mucho tiempo fuera, se despidió de sus amigos que le mandaron muchos recuerdos para el afortunado padre y regresó corriendo a su lado, sonriendo ante la escena que se desarrolla ante sus ojos.

Se acercó a la cama mientras sonreía al ver como Bill daba de mamar a su pequeña hijita.

—No sé cómo ha sucedido…abrió los ojos y me miró….la acerqué a mi pecho y ella sola se enganchó…—explicó Bill entre lágrimas.

—Te dije que no te preocuparas, que llegado el momento sabrías lo que tenías que hacer—dijo Tom a punto de llorar él también.

—Contigo a mi lado, ya nada me da miedo….ni nuestra pequeña hija….—susurró Bill emocionado.

Tom asintió y se inclinó para besar sus labios, acariciando con su mano el rubio cabello que su hija había heredado de ambos, pensando que si cuando supo que había dejado embarazado a Bill hubo un momento en que le pareció lo peor que le podría haber pasado, en esos momentos se arrepentía,…

Pues era lo más maravilloso…

Ahora tendrían que afrontar el futuro de otra manera…mirar hacia adelante con mucha ilusión….sabiendo que en ese momento sus vidas habían cambiado radicalmente….

Que a partir de entonces eran tres y no dos…

F I N

Y así termina la temporada I, los invito a leer el resto de la serie Somos Tres.

Es el principio de una nueva vida, en la que tendrá que enfrentarse a numerosos problemas hasta conseguir lo que más quiere. Poder vivir con su hija, con su hermano al lado, como una familia unida….

por lyra

Escritora del fandom

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