Les dejo el enlace a mi DA en donde porán encontrar las manips que he realizado para sta historia.

http://haruxita.deviantart.com/gallery/

«Blame it Tom Kaulitz» Fic de Haruxita

V: Feigheit

Si creyó que con la adopción de Pumba se había librado de las llamadas a horas inapropiadas, era porque aún no conocía bien al modelo.

Bizqueó intentando enfocar los números en su móvil, sólo para responder con voz adormilada—Val, son casi las cuatro de la mañana.

Lo sé. No te llamaría si no fuera de vida o muerte.

El veterinario rodó los ojos: la Drama Queen estaba al teléfono, sin duda.

Algo que sí aprendió, casi apenas conocer a su amigo, fue que sus conceptos de «urgencia» estaban un tanto trastocados. En especial cuando se referían al pequeño cachorro.

—¿Que le sucede a Pumba esta vez?

Hace unos sonidos guturales extraños, como si tuviera el pecho congestionado. Es posible que sea pulmonía.

Nick lo dudaba, había conocido primogénitos que eran cuidados con menos celo que ese cachorro.

Como la única manera de que el otro chico le permitiera volver a dormir era siguiéndole la corriente, le pidió que acercara el móvil al perro.

Quiso darse de cabezazos contra la pared cuando reconoció el sonido.

Por un momento evaluó seriamente la posibilidad de apagar su móvil por las noches. Sólo la imagen mental del modelo conduciendo a exceso de velocidad para tocar su puerta, de madrugada, en pijama y con Pumba en brazos, lo disuadió de hacer tal cosa.

—Está roncando.

¿Qué? ¿Sólo eso? ¿Estás seguro?

—Muy seguro. Y duerme muy a gusto, me atrevería a agregar. «Algo que yo ya he olvidado como se hace».

Hummm… bueno, tú eres el médico —. agregó, aunque a oídos de Nick sonó mas bien como un desconfiado «si tú lo dices».

—Tranquilo, Pumba está bien. Descansa, o mañana amanecerás con ojeras.

¡No digas eso! ¡Dior no lo permita!

El veterinario sonrió levemente al colgar el móvil, Valentino Trümper era todo un caso.

***

—¿Por qué estás haciendo el trabajo de química con Jachram?

—Porque es mejor que yo en ciencias y necesito una buena calif…

—¿Qué dijiste?

Tom estrujó el bordillo de su larga camiseta entre sus dedos y jugueteó con el piercing en en su labio con nerviosismo. A juzgar por el tono de voz y el ademán de llevarse una mano a su oreja esa era una pregunta retórica, recurso que Uwe sólo empleaba cuando algo lo cabreaba.

—E-está bien hacerlo, po-porque no estoy colaborando con ella, me estoy aprovechando para que me haga el trabajo y…

—En primera, Tomichu —puntualizó, dándole golpecitos en el pecho con el índice—, esa mierda NO ES MEJOR QUE NOSOTROS,EN NADA. ¿Te quedó claro?

El chico de rastas asintió enérgicamente, algo amedrentado por la vena que palpitaba en el cuello de su “hermano”.

—Y segundo, Samira Jachram está en la lista.

—¿Qué? ¡Pe-pe-pero si ella nunca se mete con nadie! —Deseó haberse mordido la lengua o atragantado con su propia saliva, la furia que brillaba en los ojos del otro chico hubiera amilanado a alguien con bastante más coraje que él—. L-lo siento, Uwe, y-yo no quise…

—Ya que le tienes tanta simpatía, tú te encargarás de ella.

—¿De qué estás hablando? –chilló, sólo por hacer tiempo, sabía bien de qué iba y no era de su agrado.

Jachram está en tu lista ahora.

—Sí, Uwe.

Bajó la cabeza, más que como acto de sumisión, para evitar que su “hermano” viera la expresión de terror en su cara.

***

—¿Estás seguro que no le va a doler?

—Pumba ha pasado por procedimientos bastante más invasivos que una convencional vacuna. Si no vas a guardar silencio deberé pedirte que salgas. No deberías estar aquí dentro en primer lugar, lo distraes. «Y a mí me crispas un poquito los nervios».

El moreno acarició una de las patitas delanteras de su “bebé” y, con un suspiro de resignación, se alejó unos cuantos pasos de la camilla.

Habían pasado un par de semanas desde la última vez que el modelo visitara la clínica y remeciera los cimientos de su simple y ordenado mundo.

En más de una ocasión estuvo tentado de descolgar el póster de la pared, empacarlo y guardarlo en algún rincón de su cochera. Ya no podía mirarlo sin que una sensación extraña lo invadiera. Si bien Val le restó importancia con un despreocupado «muchos se han confundido con esa fotografía, es bastante gracioso», él no le encontraba la gracia por ninguna parte.

De suyo era vergonzoso su nada artística fijación con esa imagen, como para colmos descubrir que todo ese tiempo fue un hombre, un amigo suyo para más inri. Por muy atractivo que este fuera (luego de lo ocurrido no le quedó más remedio que reconocerlo).

Pero el póster seguía en su lugar y piadosamente Val no había vuelto a sacar el tema a colación, porque él aun no acababa de digerirlo y no sabía cómo enfrentar aquello.

—Este pequeño está listo –comunicó, rascando a su paciente tras la oreja.

—¿No será necesario un chequeo, sólo para estar seguros?

—Podría hacerlo. Tardaría alrededor de una hora, luego de la cual te diría que está en perfecto estado de salud, que es lo mismo que te he repetido cada día desde que te lo llevaste a casa.

—No me culpes por querer ser un padre responsable –replicó, bajando la mirada y estirando notoriamente su labio inferior.

Cuando el otro chico hacía esos pucheros Nick no podía enfadarse. Aunque supiera que no eran más que una vil estratagema para manipularlo.

***

No bien Bill cumplió trece años su hermano le dio «la charla».

En realidad el modelo siempre fue bastante relajado con él. En la medida que el chico fue desarrollándose y las dudas iban surgiendo, Val se esmeraba por responderlas de la forma más abierta posible, por lo que «la charla» se redujo a una pequeña clase de sexo seguro, la entrega de su primera caja de condones y una botella de lubricante de buena calidad. Bill comprendió que aquello último significaba claramente «no vuelvas a usar mis costosas lociones para pajearte».

A partir de aquél día los condones pasaron a formar parte de su lista de artículos de aseo personal y recibía una nueva caja cada mes. Val no hacía gran aspaviento sobre ello, salvo repetir: «cuídate».

Bill sólo respondía:«¡lo hago!» y, fastidiado, cambiaba el tema. Tal vez su hermano se hubiera quedado un poco más tranquilo si supiera que esos preservativos –al menos la mayor parte— los usaba para evitar salpicar la colcha cuando se masturbaba.

El moreno debía ser uno de los alumnos con menor actividad sexual de su clase, pero eso no le molestaba mayormente. Lo que a Bill realmente le jodía era que el inspirador de sus pajas y protagonista de sus sueños húmedos sin excepción, lo veía poco menos que como un torpe hermano menor.

Eso sí que era descorazonante.

***

Desde que el tiempo había pasado de «fresco» a «borrascoso», el café del mediodía lo tomaban en el interior del castillo. Era una de las pocas cafeterías en la ciudad en que los canes eran tan bienvenidos como sus dueños.

Apenas ubicaron su mesa de costumbre, Nick se apartó para que su amigo pasara primero, pero este se quedó en su lugar dando cómicos saltitos, alternando en uno y otro pie. Se diferenciaba de sus saltitos de entusiasmo porque no estaba sonriente ni batía palmas.

— Okey, esta danza no es por el frío. ¿Ocurre algo malo?

—Aun no

—¿Cómo es eso?

El modelo le mostró una sonrisa de disculpa y, poniendo una mano enguantada en su brazo, se inclinó para susurrarle al oído—: Debo ir al servicio, ¿podrías cuidar a Pumba un momento?

Nick hinchó los carrillos, aguantando la risa.

—Ve, yo me encargo.

—Gracias, eres un ángel —Le dio un beso de labios suaves y nariz congelada en la mejilla— ¡Y ordena por míííí! –canturreó, alejándose lo más rápido que la situación le permitía.

—¡Ve tranquilo, yo me encargo!

Cargó a Pumba antes de que este fuera tras su flamante “papi” y tomó asiento. La mesera no tardó en acudir y tomar su orden,

—Para mí, lo mismo de siempre –pidió, más ocupado de cuidar del cachorro que de atender a la chica.

—¿Y tu novio?

Su sonrisa bonachona se congeló en el acto, carraspeó antes de poder preguntar.

—¿Cómo dices?

—Que cuál es la orden de tu nov… —ante su rostro demudado la chica debió caer en cuenta de su error, porque intentó enmendar sus dichos con más diligencia que efectividad—. Lo siento, yo creí… como siempre andan juntos y se les ve tan cariñosos.

—No somos pareja, sólo amigos —aclaró, un poco incómodo.

—No te preocupes —agregó la mesera en tono de confidencia—, se nota que él está enamorado. Si se lo pides ten por seguro que aceptará.

Apfelstrudel, streuselkucheny dos capuchinos por favor —pidió, de forma cortante, dando por concluida la conversación.

El resto de la tarde tuvo que esforzarse para que su amigo no notara su turbación. Él no consideraba que actuaran en forma especialmente «cariñosa«, mucho menos como para alentar las disparatadas especulaciones de parte de la mesera. Aunque su última frase «se nota que él está enamorado» era la que más le escaldaba.

En secundaria sus amigos solían bromear afirmando que no se daría cuenta que una chica flirteaba con él aunque ella se abriera la blusa y pusiera sus pechos ante su nariz. Él se reconocía despistado y un poco «lento» cuando de ligar se trataba pero, mientras más vueltas le daba al asunto, más le costaba creerse aquello de que Val estaba siquiera interesado en él de esa forma. Ya ni mencionar «enamorado». Esa sola idea era ridícula rayando en lo risible.

Aunque por otro lado… cuando estaban juntos el otro chico se comportaba de forma bastante juguetona, todo sonrisas y parpadeos. ¿La chica de la cafetería estaría en lo cierto o Val actuaba con todo mundo de la misma manera?

Un suave tirón en su muñeca lo regresó al presente. Scotty jalaba la correa y varios metros más adelante el causante de sus requiebros agitaba un brazo con entusiasmo —¡Hey, remolón, te estás rezagando! ¡El que llega último paga los cafés el próximo sábado!

Nick no tenía cómo adivinar que no llegaría a pagar esa cuenta, porque no habría más sábados en el parque con Val.

***

Natalie había comprado un par de entradas para «Sueño de una noche de verano», para la función correspondiente al día de su aniversario. Enfrascada en el trabajo, la fecha solía caerle encima y casi nunca tenía tiempo de planificar algo especial. Este año iba a ser la excepción; pensaba darle una sorpresa a Fred, amante de la literatura inglesa y en especial de Shakespeare.

Desgraciadamente la sorprendida fue ella.

Estuvo a punto de romper los tickets, pero no habían costado baratos y el que ella no estuviera de humor para ir no implicaba que alguien más no pudiera aprovecharlos.

La primera en su lista fue su hermana Pauline, por desgracia la menor de las hijas de esta volaba en fiebre al momento de recibir la llamada.

Su segunda opción andaba con una expresión sombría desde comienzos de semana, cosa inusual, porque él no era de los que se dejaban abatir fácilmente. Natalie no quiso entrometerse, él era demasiado reservado como para contar sus problemas, por lo mismo pensó que quizá romper un poco con la rutina lo animaría un poco.

***

Mientras se recogía el cabello ante el espejo se repitió por enésima vez que aquello no era una cita, que los únicos motivos por los que había invitado al modelo eran:

1) Su lista de amistades se vio drásticamente diezmada luego del rompimiento del compromiso.

Y

2) Antes se comía su propio hígado que invitar a Tom, el comportamiento de su hermano había empeorado considerablemente en las últimas semanas, tornándose casi insoportable.

***

Bajó del taxi y le tendió la mano a su acompañante para ayudarlo a descender. No comprendía la fascinación de su amigo por los tacones, parecían infinitamente incómodos y no era como si -por su estatura- los necesitara.

Le ordenó al chofer que aguardara con el taxímetro corriendo en lo que se tardaba en despedirse. Los estacionamientos en los alrededores del teatro eran escasos por lo que salía más expedito recurrir en automóvil de alquiler para movilizarse.

Había sido una velada fuera de lo común, sin duda. Nick no era muy adicto a las tablas -él era mas de cine, especialmente de terror- pero mentiría si dijera que se había aburrido. No se podía negar que Val era una buena compañía, a pesar de algunos pequeños contratiempos.

—Me gustó mucho la obra. -aseveró el chico. Acomodando su copete con sus manos sempiternamente enguantadas.

—Te dormiste apenas comenzó el primer acto.

—Pero fue una gran siesta —La descarada sonrisa de Val conseguía que todas sus faltas le fueran perdonadas—. Gracias por la invitación, luego de la semana de locos que tuve necesitaba bajar un poco las revoluciones. Lo pasé muy bien… el tiempo que conseguí mantenerme despierto.

—Yo también. Pese a los ronquidos.

El modelo tuvo la osadía de fingirse ofendido.

—Yo no ronco… mucho.

—Harían un gran dueto, Pumba y tu.

—Pasaré por alto esa ofensa sólo porque los ronquidos de mi bebé son adorables.

—Que descanses, Val.

—Igualmente, y gracias de nuevo.

Val, que todo el rato estuvo jugueteando con un dedo en la solapa de la chaqueta de Nick, al despedirse le dio los —a estas alturas, reglamentarios- dos besos, uno por mejilla.

Nick no subió al auto hasta que su amigo entró al edificio, al llegar a la puerta este se volteó y se despidió con un juguetón gesto de su mano.

De regreso en el auto aun traía la sonrisa boba que se le quedaba cada vez que se encontraba con el otro chico. Algo de su incombustible alegría se le contagiaba siempre.

Se arrellanó en el asiento y dictó su dirección al chofer, la respuesta que este le dio lo descolocó.

—Pensaría que eres un caballero o un estúpido. Pero como ya no existen los caballeros, supongo que sólo eres un estúpido.

—¿Perdón?

—Ese pedazo de mujer estaba pidiendo a gritos que la llevaras a la cama

Se dijo que no importaba cuantas veces se dieran ese tipo de confusiones, nunca conseguiría acostumbrarse. Se apresuró en sacarlo de su error.

—No somos pareja, sólo somos amigos —explicó, fastidiado. ¿Qué acaso todos los taxistas eran unos metiches o a él le tocó un cotilla en suertes?

Evitó convenientemente mencionar que Val no era una chica, la situación ya era bastante embarazosa sin ese antecedente.

—Es lo que dije. Eres un estúpido.

***

Val llegó de un inmejorable humor a su apartamento. Se fue directo a la sala, al bergere en que el cachorro de buldog gustaba dormir la siesta.

—¿Cómo está el bebé de papi? -inquirió, entre carantoñas.

—Yo estoy bien. Gracias por preguntar. -intervino una voz, algo resentida, desde el sofá

Dejó a Pumba en su sillón, abrazó a Bill por los hombros y lo besó repetidas veces en el pelo y en el rostro.

—¡Déjame! ¡Me vas a manchar con carmín!

Val cesó su efusivo «ataque» pero no lo soltó, muy por el contrario se sentó en el sofá con su hermano bien sujeto.

—¿Qué tal la obra?

—Humm… Maravillosa.

La enorme sonrisa del modelo hizo sospechar a su hermano.

—Val, últimamente han salido mucho ustedes dos.

—¿Tú crees? No me había dado cuenta.

—¿No has vuelto a las andadas o sí?

—No sé a qué te refieres.

—¡Por Dios! ¡Conozco esa mirada! —Esta vez la sonrisa del adulto se desplegó en toda su extensión, una sonrisa sincera y chispeante.—. ¡No otra vez! ¿Dónde quedó aquello de «es un buen sujeto»?

—¡Lo es!

—¿Entonces porque juegas al gato y al ratón con él?

—¿Quien dice que estoy jugando con él?

Esas palabras no le agradaron nada al chico.

—Val, dime que no es lo que estoy pensando.

—¿Y si lo fuera, qué tiene de malo?

—Qué soy yo quien luego debe recoger los pedazos y recomponerte. Hay un motivo por el que no tienes pareja y lo sabes muy bien.

—Nick es tierno y amable, y tan despistado que es probable que ni siquiera se haya dado cuenta de que siente algo por mí.

—Peor aún.

—No te comprendo. ¿Que no eres tú el que siempre se queja de que enamoro a la gente para luego alejarla?

—Esto es diferente.

—¿En qué es diferente?

—No me agrada que utilices a la gente, pero tampoco que te expongas. No quiero que te lastimen de nuevo.

—Frijolito, no tienes de qué preocuparte, no pienso involucrarme. Sólo… no tiene nada de malo que le permita quedarse cerca, ¿O sí?

—No, Val —susurró, tragándose el nudo que se había formado en su garganta.

Bill le dio un beso en la frente y lo abrazó con fuerza. Maldiciendo por enésima vez al innombrable por haberle roto el corazón, algo de lo que su hermano aún no se reponía del todo, pese a haber pasado tanto tiempo.

Rogó para que el veterinario no la jodiera. De verdad parecía un buen sujeto, pero si lastimaba a su hermano el mismo le arrancaría el corazón con una cuchara de helado, aunque se viera fatal en traje a rayas.

***

El viernes, cuando atendía al segundo paciente del día, recibió un mensaje del modelo. Lo citaba para esa tarde en un pub al que habían ido en un par de ocasiones, la palabra EMERGENCIA estaba escrita en capitulares y se repetía al inicio y al final.

Como cada vez que sucedía algo parecido, sonrió y le restó importancia. De todas maneras se apresuró en enviar la confirmación, sólo para evitar la lluvia de mensajes que le seguirían a ese si no acusaba recibo.

Aun así Val llamó a media tarde para recordarle la hora y el lugar. Hablaba muy rápido y se reía más de lo habitual. No perdió ocasión de recordarle que se trataba de una emergencia.

***

—¿Vas a salir con ese maricón de nuevo? —preguntó su hermano, al verlo bajar las escaleras de dos en dos, tarareando “Crying”.

—No me gusta que te refieras a Val en esos términos. En esta casa no se permiten los comentarios homofóbicos, Tom —le recordó, tal vez iba siendo hora de colgar un nuevo letrero en la sala, junto al de «No Fumar» que colocó el otoño pasado.

—¡Huy, sí, defiende a tu puta! Se nota que te mueres por él. Dime una cosa, tengo curiosidad. Cuando te lo tiras, ¿gime como perra en celo?

Nick fingió no oír eso último y se limitó a despedirse de su hermano con un seco—: La cena está en el horno, intenta no acabarte mis cervezas en mi ausencia.

Cada vez Tom se oía más como Jorg, de alguna manera él se sentía culpable de no hacer suficiente para evitar que él chico repitiera la historia y se convirtiera en una réplica potenciada de su homofóbico padre.

***

Cuando llegó al pub el modelo ya esperaba por él, con Pumba en su regazo. Un puñado de grullas de papel cubría casi por completo la superficie de la pequeña mesa, ordenadas en formación como si fueran jets en la cubierta de un portaviones.

No había tardado tanto como para que el otro chico estuviera aburrido, ¿acaso estaba nervioso?

Parecía inaudito, Val se caracterizaba por estar siempre en control de la situación, la única vez en que lo vio un poco fuera de su elemento fue el día de la adopción del pequeño cachorro. Pero esa era una simple reunión de amigos, ¿por qué habría de estar inquieto?

—¿Y bien? —interrogó, en vistas que el modelo no había abierto la boca en cinco minutos. Todo un record viniendo de él.

—¿Y bien, qué?

—¿De qué se trata esa «emergencia» tan importante? Nos vimos anoche y no mencionaste nada al respecto. ¿Le sucede algo a Pumba?

Val dio un respingo y abrió desmesuradamente los ojos, cogió una nueva servilleta que pronto engrosaría la flota de grullas.

—¡No! ¡Pumba está bien! ¡Pumba está excelente, de hecho! Se trata de mí, bueno, de nosotros…–soltó de forma atropellada, estirando sus labios en una sonrisa mecánica que se disipó casi de inmediato—. Todo ha sido tan repentino. No es mi culpa, son cosas que pasan, los imprevistos suceden cuando menos lo esperas, por eso son… imprevistos.

Nick no estaba muy seguro de lo que ocurría allí, de lo que si estaba casi seguro era que -por inaudito que pareciera-, el otro chico estaba nervioso y de paso lo estaba contagiando a él.

—No es algo que yo haya planeado —prosiguió el modelo, y repitió un par de veces más «no es mi culpa». Se oía tan miserable que el veterinario se preguntaba qué cosa podía ser tan terrible para tenerlo en ese estado.

Moría de curiosidad, pero no se atrevió a interrumpir el largo rodeo que parecía conducir a ninguna parte.

Finalmente el chico pareció más resuelto, llevó una mano al cachorro, que dormitaba contra su pecho, con la otra cogió el antebrazo de Nick, sobre la mesa.

—Sé que esto es completamente inapropiado y no debería pedírtelo, es demasiado pronto y…te parecerá irresponsable y precipitado. Pero te juro que lo he pensado mucho y eres mi único candidato. Confío en ti, además tú adoras a Pumba y… Mi Dior, no pensé que pedir esto fuera tan difícil.

El corazón de Nick comenzó a bombear al doble de su velocidad normal. No podía ser cierto.

¿No podía, verdad?

De pronto vio todo con claridad. Como una brillante marquesina desplegándose sobre la cabeza de Val.

Y entró en pánico.

En el par de meses que llevaban tratándose le había cogido mucho afecto al otro chico, al ser una persona de piel él estaba acostumbrado a demostrar ese afecto de forma física, achuchones, amistosas collejas, palmaditas en la espalda. Lo hacía con todo el mundo, su hermano, sus amigos, inclusive Scotty y, más recientenente, Pumba. Aparentemente ese trato cariñoso había sido confundido con… algo mucho mas serio.

Por supuesto que no era culpa de Val, todo el mundo a su alrededor parecía ver esa relación de amistad con otros ojos. Incluyendo su hermano, que lo conocía de casi media vida. ¿Podía acaso culpar a su amigo por confundirse?

Tragó saliva, mas que nunca odió su falta de elocuencia en situaciones límites. Apreciaba a Val. Más que eso, le guardaba mucho cariño, y por lo mismo no deseaba lastimar sus sentimientos. Era evidente que al chico le costó mucho abrir su corazón, prueba de ello era ese tremendo rodeo que dio.

Le sonrió con cariño y le cogió la mano, que aun estaba posada en su antebrazo. El otro chico correspondió con una sonrisa leve y estrechándole la mano con fuerza.

—Val. M-me siento honrado que me h-hayas escogido. Y aunque es poco el tiempo que nos conocemos nos complementamos bien -quizo patearse, no debió usar una palabra tan comprometedora como «complementarse». Los ojos almendrados del otro chico brillaron con intensidad. Estaba oscureciendo en lugar de aclarar. -. Q-quiero decir que es increible que nos entendamos pese a ser tan diferentes. Yo… lo que intento decir es: me siento honrado pero no puedo aceptar.

De pronto sintió como si tuviera el estómago relleno de piedras. La mirada del joven modelo perdió su brillo y aunque este se esforzó por esbozar una sonrisa de portada, resultaba notorio que la negativa le había sentado fatal.

—¿No hay forma en que pueda hacerte cambiar de opinión? -preguntó, con voz pequeñita, asiéndose a la mano que aun le sostenía.

Tragó grueso, hubiera dicho que si sólo para verlo sonreír de verdad. No le gustaba verlo de esa manera, como si la luz que siempre irradiaba se hubiera apagado.

—L-lo siento, a-a mí me gustan las mujeres. Sólo las mujeres. Te quiero mucho, pero no en el sentido que tu esperas.

—Un segundo. ¿Que acabas de decir?

—Que te quiero mucho, pero sólo como amigos. No puedo ser tu novio, pareja o como ustedes le llamen. A mi me gustan las…

El semblante del modelo cambió drásticamente, se irguió en su asiento, retiró su mano con brusquedad y le sonrió de una forma que no le había visto ni siquiera cuando se conocieron. Había algo aterrador en esa sonrisa fría y sin alma.

—Admito que conseguiste engañarme con tu pose de sujeto decente, pero en el fondo eres solo un cerdo como todos los demás -su tono era pausado y trasuntaba veneno en cada palabra. -. Dime, ¿qué te hizo llegar a esa brillante conclusión? ¿La ley universal que dice que a los gays nos atraen todos los hombres que se cruzan en nuestro camino o sólo una infundada confianza en tu poder de seducción?

Nick comenzó a hundirse en su asiento, la había cagado en grande y no veía forma de salir de esa. Lo peor era la forma en que Val le hablaba. Estaba muy ofendido, y con razón.

—Lamento decepcionarte -prosiguió-, pero no me fijaría en alguien como tú ni para el polvo de fin de semana. Por favor. ¡Sólo mírate! ¿Sabes siquiera lo que es una escaladora?

Nick había oído que Val era una diva insufrible, algo le decía que lo estaba viendo en acción.

—V-Val, lo siento, fue todo un mal entendido.

—Yo lo siento aún más. No pude estar más equivocado contigo.

—Espera ¿Qué era lo que me ibas a pedir?

—Este fin de semana debo viajar a Milán a regrabar un comercial, todo porque la estúpida asistente del director estropeó su ordenador vertiéndole café encima. Necesito que alguien cuide de Pumba en mi ausencia, es muy pequeño aun y no quiero llevarlo conmigo en un viaje tan agotador.

—¿Y Bill?

—Bill es un adolescente, tiene bastante cuidando de sí mismo y evitando las palizas que le da el salvaje de tu hermano.

Era todo: el chico dulce que aprendió a conocer en esas semanas se había ido, mejor dicho, él lo había espantado con sus temores y su enorme boca. Eso se ganaba por prestar oído a las tonterías de Tom.

Sin más que agregar, el modelo se puso de pie con el cachorro en brazos y cogió su bolso, en eso llegó el mesero con su orden.

—Justo a tiempo —y con un nueva sonrisa, más grande y falsa que la anterior, Val cogió la copa y la derramó en la cabeza del veterinario—. Que tengas buena tarde.

***

Mientras conducía de regreso, rogando porque no lo detuviera la policía de tránsito -el olor a vodka era tan penetrante que lo arrestarian sin someterlo a alcoholímetro alguno. -. No cesaba de recriminarse su estupidez y falta de tino.

¿En que rayos estaba pensando?

Val podía tener a sus pies a quien deseara con solo batir sus largas pestañas. Por supuesto que jamás se fijaría en alguien como él -un vulgar veterinario de barrio- con segundas intenciones.

Había perdido su amistad por atender a cotilleos de vieja, sin asidero alguno en la realidad. Pero no era tan hipócrita como para negar su parte de culpa, tenía miedo. Estaba aterrado de que la gente pensara que él también era gay.

Tras su actitud aparentemente relajada y «open mind», muy en el fondo aún conservaba parte de las enseñanzas de su padre. Tal vez no llegaba al extremo violento de su hermano, pero aun persistía un desagradable remanente que se dejó entrever esa tarde en el bar.

***

Al escuchar el sonido del ascensor Bill se asomó al recibidor, Geo debía recogerlo pero aun era temprano, ni siquiera se había cambiado de ropa. Se sorprendió al ver llegar a su hermano aferrándose al cachorro en una forma anormal.

—Val. Tan pronto de regreso, ¿qué…?

—Ve a tu cuarto, Bibi. -terció el adulto, evitando su mirada.

—¿Estás bien?

—Bibi no me hagas repetirlo, por favor.

En cuanto quedó a solas puso al cachorro dormido en su bergere, se desplomó sobre el sofá y dejó que las lágrimas que contuvo durante todo el camino a casa rodaran libremente.

¿Cómo se pudo equivocar tanto con Nick?

Una humeante taza de té de manzanilla fue puesta en la mesita frente a él.

—Creí ordenar claramente que te fueras a tu cuarto.

—Lo que haces sólo cuando no quieres que te vea llorar. Bébelo, te hará sentir mejor.

—Dudo que algo consiga hacerme sentir mejor. -pese a la réplica bebió un sorbo del fragante brebaje- Humm, esta rico, ¿qué le pusiste?

—Cuatro gotas de brandy.

Val lo miró, no era el momento de discutir sobre su acceso libre a la licorera. Bebió un segundo sorbo y dejó el resto del té en la mesilla. Bill se sentó junto a él y lo instó a descansar su cabeza en su regazo.

—¿Fue Kaulitz?

—No sé de lo que hablas.

—Val, no me intentes engañar. Pasas toda la tarde arreglándote y regresas menos de dos horas después de marcharte. Es obvio que saliste con el hermano de«Bob Marley» y algo no salió bien.

—Eres demasiado perspicaz para mi propio bien.

—¿Qué sucedió?

—Terminó el cuento de hadas, eso sucedió. Quien dijo que los caballeros ya no existían estaba en lo cierto. ¿Por qué tuvo que hacerlo, Bibi? Era todo perfecto hasta que abrió la boca.

—¿Qué te dijo?

—No quiero hablar de eso.

—¡Vamos!

—Creyó que me iba a declarar y me rechazó. ¿Puedes creerlo? Usó un montón de frases de buena crianza, pero eso no cambia el fondo del asunto. -y agregó, como escupiendo las palabras- Héteros, son todos unos ególatras de mierda.

—¿De dónde sacaría la idea de que estabas interesado en él?

—No te burles.

—No lo hago. Los he visto juntos en un par de ocasiones, es un negado total, ni en mil años se hubiera dado cuenta que te gustaba.

—Eso ya no importa ahora. Nick Kaulitz es agua pasada.

Se secó las lágrimas con un par de movimientos enérgicos, se incorporó y tras coger su bolso hurgó en el hasta dar con su móvil.

—¿A quién llamas?

—A Andy.

—Val. No lo hagas, sólo empeorarás las cosas. ¿Que nunca has oído eso de «nunca tomes decisiones cuando estás enfadado o con el estómago vacío»?

—Dudo que se puedan poner peor.

El mas joven de los Trümper fue más rápido y se hizo con el aparato antes que su hermano acabara de marcar.

—No te dejaré.

—Dame ese teléfono.

—No pienso. ¿Acaso estás loco? Andy no te quiere.

—Ni yo a él. Será la unión de dos personas con intereses comunes. ¿Y desde cuándo crees en el romance?

—¡Val! Hablas como si se tratara de la fusión de dos empresas. Y a mí no me importa el romance, pero tengo el suficiente sentido común para saber que aceptar la propuesta de Andy no te hará feliz.

—Ser feliz dejó de ser una opción.

—Te lo advierto, en cuanto vea a Kaulitz, voy a matarlo —farfulló el adolescente, arrojando el móvil sobre el sofá, en vistas de que nada conseguiría dilatando la situación.

Bill agregó a Nick Kaulitz a su lista de personas indeseables, por encima de Wolfgang Joop e incluso del mismísimo Tom Kaulitz.

Se dijo que el veterinario corría con suerte de que no supiera su dirección. Aunque se planteó seriamente la idea de torturar a «Bob Marley» para obtener la información.

***

—¿Así que Val quería meterse en mis pantalones?

Se dejó caer en el sofá en que se encontraba su hermano viendo televisión y le hizo una llave cogiéndolo del cuello.

—La próxima vez que inventes tonterías sobre alguno de mis amigos te fracturaré todos los huesos. Sé cómo hacerlo, soy médico.

—¡De animales!

—Por cómo te comportas tengo mis dudas de que seas humano.

—¡Oye!

—Por culpa de tus comentarios malintencionados un buen amigo no quiere saber nada más de mí. Espero que estés satisfecho.

—¿Tu novio marica te botó? ¿Y eso qué? —ante le desidia del de rastas Nick intensificó el agarre.

—Me cansé de tus tonterías. Algún día, quizá pronto, tus supuestos amigos te darán la espalda y te quedarás solo. Porque yo no seguiré perdiendo a la gente que quiero por tu culpa. Cuando vuelvas a meterte en problemas, no me llames, esta vez no iré en tu ayuda.

—Espera, ¡no puedes hacer eso! ¡Eres mi big bro!

—Y te has aprovechado de ello para que salve tu egoísta trasero una y otra vez. Se acabó, Tom, el lunes a primera hora avisaré en la secundaria. La próxima vez que te metas en lios llamarán a papá.

—¿Esto es por el par de maricas, verdad? ¡Ellos te pusieron en mi contra!

—Deja las llaves en la percha de la entrada antes de irte. -ordenó, soltándolo- Ya no eres bienvenido en esta casa.

—¡No es mi culpa que te hayas calentado con esa perra y que cuando él se cansó no haya querido saber más de ti!

Superado, Nick le dio una bofetada, partiéndole el labio al pasar a llevar el piercing.

—Dame la llave.

—Estás loco.

—¡Dame la maldita llave! —Con dedos temblorosos Tom la quitó de su llavero y la arrojó a sus pies—. No vuelvas a entrar a esta casa.

Tom lo miró con odio y escupió saliva sanguinolenta en la alfombra

—Antes que tener un hermano maricón, prefiero no tener ninguno.

Continuará…

Feigheit: Cobardía.

por Haruxita

Escritora del Fandom

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