Administración: Nos han solicitado que revisemos algunos fics de Pink Girl que tienen link a la caída thf, y estamos colgando aquí los que hemos podido rescatar completos. Los one-shots, o Mini-Fics que están enteros en la web de ella, tienen el link correspondiente. Respetamos a la autora y le damos los créditos a ella.
Fic TWC de Pink Girl
Capítulo 1
Por Bill:
—Mamá, no quiero ir. —En realidad no queríamos ir.
Al fin el verano había llegado, eran las tan ansiadas vacaciones. Por mi parte había hecho muchos planes. Quería viajar a algún país extranjero, ir a la playa, a algún campamento, conocer gente, chicas, divertirme, todo lo que se hace en vacaciones de verano.
Pero no, no sería así este año, a mis dieciséis años aún no me dejaban tomar las dediciones por mí mismo, lo que yo quería a mis padres le importaba un comino.
Cuando ellos pensaron en separarse, Tom y yo entramos en una etapa de rebeldía. Es que las discusiones hacían que el ambiente en la casa sea inhabitable e insoportable. Así que yo me refugié en la música, me encerraba en mi habitación escuchándola y también salía a la academia. En cambio Tom, mi hermano gemelo, paraba casi todo el día en la calle, seguro con amigos o chicas. Tenía una fama de ser mujeriego, de haber tenido como veinte novias, pero la verdad eso no me importaba. Casi nunca nos llevábamos bien, todo debido a que nuestras vidas e intereses eran distintos y pocas eran las veces que compartíamos algo, como nuestro cumpleaños claro; pero teníamos amigos diferentes y gustos diferentes incluso looks y aspectos distintos, a veces no nos creían hermanos gemelos pues él tenía rastas rubias y yo tenía el cabello teñido de negro, lacio y suelto, además de nuestra manera de vestir, yo era el que sabía de moda, Tom vestía de una manera tipo gangster. En fin, si tendría que describir en todo lo que nos diferenciábamos no acabaría nunca, así que como éramos tan diferentes, preferíamos andar cada quien por su lado.
Mis padres habían tomado la sabia decisión de reconciliarse, darse una oportunidad o algo así y Tom y yo nos emocionamos pues era lo que más deseábamos, una familia unida. Ellos aprovecharían las vacaciones para ir a un retiro de parejas, se habían contactado con una organización de ayuda a parejas. Genial todo bien, Tom y yo pensamos en tener las vacaciones más alocadas, cada quien por su lado sin papá y mamá en casa. Podría traer a amigos a la casa, buscar una novia, algo y él haría lo suyo también. Pero no esperamos la decisión de mis padres. Ellos no querían dejarnos solos, así que no se les ocurrió otra mejor idea que mandarnos todas las vacaciones a la casa de la ABUELA.
Cuando lo dijo no podía creerlo, oí a Tom maldecir tanto que acabó castigado en su habitación todo un día. Le supliqué a mi mamá que me internara en algún campamento juvenil, en los niños exploradores, en algún retiro religioso, yo que sé, cualquier cosa, pero que no me mande a la casa de la abuela. Es que eso era lo peor, la abuela vivía prácticamente en el último rincón del planeta, totalmente desconectada de la vida moderna, de la tecnología; ya saben, una abuela viviendo totalmente a la antigua en una granja a las afueras de la ciudad. Fue la peor noticia del inicio del verano, de mi vida en sí.
Días después de tanta discusión no nos quedó otra cosa que empacar, iría con mi hermano al fin del mundo a aburrirme todas mis tan ansiadas y esperadas vacaciones. Realmente la idea era desagradable.
—Bill, ya hablamos, sube al auto por favor —dijo Simone, mi madre, insistiendo con lo acordado. Pero yo estaba pensando en qué más llevar, pues si pasaría cerca de un mes en el más remoto lugar de este planeta tendría que llevar provisiones. Así que empaqué muchos libros, revistas, películas, CDs de música, y llevé mi laptop, ipod, celular, cámara y si algo me olvidaba no me lo perdonaría.
Subí al auto y Tom vino tras mío empujándome al entrar.
—Quita, imbécil —dije molesto, siempre él así de fastidioso.
—Qué quejoso eres, permiso. —Me empujaba hasta pegarme contra el vidrio del auto.
—¡Ahh! ¡Joder, ya déjame!
—Tom, deja a tu hermano en paz —intervino Jörg, nuestro padre, quien subía a la parte delantera de auto. Mi madre conduciría.
—Chicos, sé que están molestos por esta decisión, pero créanme que la pasarán bien, la abuela los atenderá como mucho cariño, saben como es ella — «Claro, pero del cariño no sólo se vive», pensé.
—Eso no es lo que nos molesta —dijo Tom—. Arruinan mis planes, esto no se los perdono —habló poniéndose sus audífonos para escuchar su fea música.
Tom de seguro tenía planes con chicas en el verano, de seguro tenía una novia, pero su vida privada no era de mi incumbencia.
—Ya verán que la pasarán bien —dijo mi madre y bufé resignado, qué me quedaba, ya estábamos en el auto rumbo a ese lugar así busqué en mi mochila alguna revista para entretenerme en el camino.
¡Qué cosa más aburrida!, que te manden de vacaciones donde tus abuelos, y junto a tu hermano para estar en el medio de la nada. Es que por desgracia mis abuelos vivían a media hora de un pueblo que se llamaba Oberhaverbeck, ¡rayos!, ni siquiera podía pronunciarlo. Una vez por semana interactuaría con otra gente que no sea mis abuelos, la situación era aburrida y hasta patética.
El viaje se hizo largo y terminé quedándome dormido con la revista en mano.
Un sobresalto me despertó, habíamos llegado a un sendero que no era una pista asfaltada, era un camino pedregoso o algo así. Había muchos baches. Al abrir mis ojos e intentar moverme sentí un peso en el hombro, al mirarlo, era Tom, estaba durmiendo apoyado en mí, «qué se ha creído”. Intenté empujarlo, pero algo hubo en mí que me lo impidió. Así que con cuidado le saqué los audífonos para que esté más cómodo. El muy sinvergüenza se pegó más a mí y sentí su aliento en mi cuello, provocándome cosquillas. Sonreí y decidí dormir otra vez apoyando mi cabeza en la suya. Total, íbamos a estar un mes los dos juntos debía tratar de llevarme bien con él.
—¡Llegamos! —La voz de mi madre nos despertó—. Chicos bajen, ya llegamos, su abuela los espera. —Escuchar eso nos molestaba más.
En la puerta de una casa de madera estaba la abuela Zelma junto a su esposo, mi abuelo Hans. La última vez que los vimos fue hace dos años aproximadamente, pero fue sólo por un fin de semana, fue un viaje que hicimos toda la familia, aun así recuerdo que el primer día fue divertido, pero al día siguiente todos estábamos de acuerdo con regresar y así lo hicimos aquella vez.
—Tom, ayúdame con esto. —Le pedí que me ayudara con mis maletas.
—Sácalas tú, ¿acaso eres débil, Bill? Jajaja, débil Bill —bromeó de la manera más estúpida, lo miré serio y lo empujé después de sacar mis maletas.
La abuela se emocionó al vernos y los cuatro entramos a la casa. Era amplia, rústica, tenía un olor familiar a… a casa. Aunque los abuelos eran de criar muchos animales, así que era prácticamente una granja.
—Mi nieto, cómo has crecido, Bill —dijo mi abuela, abrazándome como si fuera un peluche—. Qué cosas las de ustedes, pero si eras rubio; mírate, te has pintado el cabello y ¡santo cielo! Esos ojos y uñas. —Me miró con el ceño fruncido.
—Abuela, se llama moda, así es la moda. —Se había dado cuenta de que estaba maquillado y tenía una hermosa manicura en mis uñas.
—¡Qué dices! En fin, ya arreglaremos eso. —Oh no, no arreglaríamos nada, así soy y si no lo aceptan en su mundo retrasado pues se las verían conmigo—. ¡Santo cielo! Mi otro nieto, ¿cómo estás Tom, cariño, ese cabello es real?
—Sí abuela, se llama rastas —dijo Tom con la voz pesada.
—Ya veremos como cambiamos eso. —No pude evitar reír ante la mueca de disgustó que puso Tom.
Así pasamos todos a la casa, la abuela había preparado una comida para todos, quién sabe cuantos animales tuvo que matar para nuestra llegada.
Mis padres hablaron con ellos del tiempo que nos quedaríamos dándoles a mis abuelos la potestad total sobre nosotros, así como números de teléfono y algo de dinero por cuidarnos.
Antes de irse, ellos dejándonos en cuidado de los abuelos, nos ayudaron a meter las maletas a las habitaciones que se supone que nos darían. Al llegar a la habitación Tom y yo nos percatamos que era sólo una, compartiríamos el cuarto, había dos camas separadas por una mesa, una ventana que daba a la nada, y un armario.
—¡No!!!! —exclamé al verlo—. Se supone que iba a tener una habitación independiente.
—Ni creas que estoy contento por saber esto, Bill.
—Ya chicos —intervino mi madre—. Es lo que hay y tampoco es para tanto, se harán compañía. —Genial, como si fuera gran compañía estar con Tom.
Dejamos nuestras cosas ahí y salimos para despedirnos de nuestros padres.
—Cariños, pórtense bien, ¿sí? —Miraba serio a mi madre, realmente me estaba arruinando la vida.
—Ya mamá, vete de una vez antes que me arrepienta —dije abrazándola. Tom abrazó a nuestro padre y luego todos nos despedimos. Subieron al auto y se marcharon. Así sin más. Era ya la tarde y Tom y yo entramos resignados a la casa a desempacar nuestras cosas.
Ya en la habitación abrimos nuestras maletas sobre nuestras camas y yo empecé a sacar mi ropa para acomodarla en el único armario que había.
—Bill, tengo más ropa que tú —me dijo sacando sus enormes jeans y poleras, y claro su colección de gorras.
—No es verdad, sólo que tu ropa ocupa más espacio, dudo que la abuela tenga una plancha para planchar mi ropa así que usaré el armario para acomodarla.
—Oh sí, qué gracioso, quiero el armario también.
—Pues mala suerte, yo lo vi primero. —Y fue corriendo hasta el armario metiendo toda su ropa ahí. Molesto hice lo mismo y metimos los dos todo como podíamos, empujándonos y maldiciéndonos el uno al otro.
—¡Que no! —grité empujándolo al ver que su ropa ocupaba más espacio.
—¡Que sí! Bill, ya déjame.
—Ok, mira. —Me detuve y lo miré—. Ese lado es tuyo y este lado es mío, ¿está bien? —pregunté señalando los extremos del pequeño armario.
—Bueno, me parece justo. —Así ambos acomodamos nuestras ropas en ese armario.
Después de eso saqué de mi mochila, mis tesoros, celular, laptop, ipod, y mi cámara. Caminé por la habitación buscando el tomacorriente para cargar la laptop y poner algo de música, había descargado tantos videos y bajado música y libros, de todo para pasar un buen rato. Tom, quien terminaba de acomodar su ropa, notó que buscaba el tomacorriente y agarró el cargador de su ipod y se puso a buscarlo también. Y por desgracia él lo encontró primero cerca de su cama.
—¡Ahh! Quita Tom, quiero cargar la lap —grité empujándolo.
—Pues quiero cargar el ipod, además lo encontré primero.
—Pero yo lo busqué primero, ya déjame —Me sujetó de las muñecas y empezamos a forcejear.
Caí de espaldas en la cama con él encima de mí. Y él se subió a la cama. Lo empujé, pero me agarró de las muñecas.
—Tom, ya basta, déjame. —Intentaba zafarme de su agarre.
—Oh sí, Bill, yo pondré el ipod ok, y te dejo. —Pero repentinamente lo empujé tomándolo de los hombros, le di la vuelta y ahora yo estaba arriba, le sonreí divertido y lo aplasté con mi cuerpo.
—No, te gané —dije aplastándolo más—. ¿Ah? ¿Qué te parece? —Empecé a moverme sobre él para molestarlo—. Claro que gané.
—Ahh… Bill —Eso me sonó a un gemido, me pareció raro, pero seguí moviéndome sobre él hasta que vi que su mirada se tornó un tanto rara, me miraba intensamente y lo empujé por última vez para separarme.
—¿Qué pasa, Tom? —Me seguía mirando y un pequeño rubor apareció en sus mejillas.
—Nada… pon a cargar tu lap, después cargaré mi Ipop —dijo tratando de alejarse de mí.
—Gracias —dije pegándome a él ahí en la cama y lo abracé como jugando.
—Ya, no te me acerques… —Él se puso serio y se levantó bajando de la cama.
Bajé de la cama y conecté la lap y no apareció ninguna luz que indique que cargaba batería.
—¡Mierda! —exclamé—. No hay luz ¡qué mierda pasa aquí! —Tom empezó a reír burlándose de mí.
Ambos salimos de la habitación y buscamos a mi abuela quien nos dio la genial noticia de que sólo había luz en las noches a partir de las seis pm, «para qué quieren luz si es de día» fue lo que nos dijo, ¡ahh! Era la peor cosa que nos pudiera pasar, Tom y yo maldecimos tanto que mi abuela amenazó con dejarnos sin cena así que regresamos a la habitación, resignados.
Llegada ya la noche, después de cenar, decidimos ir a dormir, no había que más hacer en este lugar y preferimos subir a nuestras habitaciones que estar con los abuelos en la sala, además teníamos sueño después del viaje y mañana sería otro día.
—Tom… —lo llamé cuando ya ambos estábamos acostados en nuestras camas.
—¿Hmm?
—Trataremos de llevarnos bien, ¿te parece?
—Eso quiero, pero tú eres complicado.
—No más que tú, claro está. —Me miró y le sonreí.
—Bueno, trataremos Billy. —Me devolvió la sonrisa.
Y se durmió. Yo me quedé pensando un rato más. Había luz eléctrica y decidí prender la lap para ver algunos videos que había guardado. El tiempo pasó mientras más videos veía hasta que un sonido me sacó de mi concentración. Tom, mi hermano, se movía mucho en su cama. Me saqué los audífonos y lo miré.
—Humm… —Empezó a hacer soniditos algo raros.
—¿Tom? –—llamé.
—Humm, Bill, ahh… Bill —Mi nombre, lo dijo y tenía una cara… «Pero qué estás soñando», una sensación rara recorrió mi cuerpo.
—Bill… —gimió…
Continúa…
Gracias por la visita.
