
«Basorexia» Fic de Haruxita
Capítulo 6: El Hada y el Bombero (P.1)
Se despidió de Saki en el estacionamiento y se dirigió al ascensor con el clap clap de sus tacones resonando contra el asfalto.
No bien las puertas metálicas se cerraron con un suave chasquido, digitó rápidamente la contraseña y reclinó su cansada humanidad contra uno de los paneles laterales. Pumba estaba engordando demasiado, o quizás era sólo su cuerpo reclamando por la extensa jornada.
Mantuvo los ojos cerrados durante el breve trayecto al penhouse, anhelando un baño relajante y una copa… o tal vez una de las infusiones milagrosas de Hitomi.
Un fin de semana en el spa le sentaría de maravillas, pero su pequeña y consentida bola de pelos no le perdonaría que le privara de su paseo por el bosque.
Val sonrió para si. Era un excelente actor, pero no acostumbraba creer sus propias mentiras. Sus sábados le pertenecían a cierto hombre de mirada cálida y boca tentadora que protagonizaba sus sueños (ya fuera dormido o despierto). Y aunque últimamente el exceso de trabajo comenzaba a afectarle —él mismo se notaba agotado y más irritable que de costumbre— no renunciaría a uno de sus sagrados sábados con Nick, ni siquiera por un delicioso masaje con piedras volcánicas a los que era adicto.
~*~
Una familiar chaqueta colgada en el perchero del recibidor le dio la bienvenida y le hizo esbozar una sonrisa.
Tocó con delicadeza el forro de la prenda, hablándole muy bajito al cachorro.
—Papi ya está en casa, Pumba.
Al llegar a la sala arrojó su bolso sobre un arrimo y, manipulando su móvil con la mano libre, le tomó un par de fotografías al hombre que dormitaba sobre el bergere.
El cachorro era tan quisquilloso como el menor de sus padres, al único que le permitía hacer uso de su sillón era al veterinario. Ni siquiera el modelo tenía ese honor.
Valentino se permitió soñar con que esa vista lo recibiera cada día, sólo que en lugar de un sillón, fuese su propia cama la que ocupara el hombre para dormir su siesta
El cachorro no tardó en exigir ser bajado al piso para correr al sillón con su torpe andar de patitas cortas. No sin dificultad saltó a las piernas del hombre y trepó hasta su regazo.
El modelo observó enternecido cómo el pequeño bulldog inglés se dedicó a mordisquear los cordones de la sudadera hasta que su padre humano abrió un ojo y— aun medio dormido—le sonrió.
—¿Un día agotador? —preguntó Val, perdiéndose en esos ojos somnolientos.
—Una mala noche. Hubo un incendio un par de casas calle abajo—explicó brevemente. El modelo se llevó ambas manos a su boca, horrorizado—, Tom y yo fuimos a ayudar a los vecinos. Ellos están en casa de unos familiares ahora,, pero para cuando el fuego se extinguió ya era hora de ir al trabajo.
Val se preguntó si ese hombre algún día dejaría de darle nuevas razones para amarlo. No sólo su vocación de héroe jamás le abandonaba, sino que condujo hasta su casa aun arrastrando el cansancio de una noche sin dormir, sólo para estar juntos un rato.
El molesto pensamiento de que pudo ocurrir un accidente de trayecto fue empujado a un rincón oscuro de su cerebro, donde no lo inquietara.
Exhaló, intentando no dejarse abatir (otra vez). Nick era tan cálido y atento con él, mientras que su pareja llevaba más de una semana sin enviar siquiera un mísero mensaje.
Tal vez nunca encontraría a un novio que valiera la pena, pero tenía a Nick en su vida y aunque desearía que su status fuera algo mas que mejores amigos, de todas manera ello lo hacía inmensamente feliz
—¿Y tú día, que tal?— lo interrogó el veterinario, pulsando el mecanismo que regresaba el sillón a su posición original.
— ¡Oj! Rutina: —se quejó, cogiendo un cojín del sofá aledaño al bergere, lo arrojó a los pies de su amigo y se arrodilló junto a él.— pruebas de vestuario, maquillaje, ensayos, prueba de iluminación. Tres cambios de última hora al script. Conseguimos comenzar el rodaje apenas a las tres. Y aún nos quedan dos días.
—¿Y de que va el videoclip?
—Un hada que se enamora de un fantasma.
—¿Y tú eres el hada?
Val le sonrió, sin reprimir un gesto coqueto. Ignoraba de que iba el comentario de su amigo, probablemente no fue más que una pregunta circunstancial.
—¿Lo dices porque me trasvisto con frecuencia?
Esperaba que Nick lo rebatiera, que lo halagara, le dijera que su belleza era sobrenatural, etérea y que…
—Eso, y que le temes a los fantasmas. No te imagino encarnando a uno.
«Por supuesto. Cómo si Nick fuera a responder a mis coqueteos. Quita eso de tu cabeza, Valentino Trümper, no estamos en uno de tus sueños húmedos».
—¡Me atrapaste!—mintió, afortunadamente su amigo era tan despistado que no necesitaba esforzarse mucho para disimular su decepción.
~*~
Inadvertidamente en medio de la charla en que repasaban los eventos del día ambos acabaron acariciando al cachorro, que emitía gruñiditos de satisfacción debido a los mimos, a cuatro manos.
A veces las manos se rosaban «casualmente», ni Val ni Nick se disculpaban, tampoco las apartaban.
Fue un momento tierno en que el mundo exterior se detuvo y solo existían ellos (y Pumba). Al punto que ni siquiera oyeron la campanilla del ascensor.
Sólo se enteraron de la llegada de Bill cuando el chico increpó al veterinario.
—Me gustaría llegar un día a casa y no tener que ver tu fea cara. ¿Sería eso posible o es mucho pedir?
—Bibi, no seas borde. Nick solo vino de paso a saludar.
—¡Oh, pero si Nick está acostumbrado! ¿Cierto, Nick?
El veterinario abrió la boca para responder, pero en ese instante sonó la campanilla nuevamente, tensando a Val. No esperaban a nadie y sólo existía otra persona que subía sin llamar al telefonillo.
Él no tenía la clave del ascensor, Val nunca quiso dársela, pero su novio se las apañaba.
El adolescente se acomodó en el sillón, dispuesto a presenciar la escena. Lo sentía por su hermano, pero «ese veterinario idiota» —como él lo llamaba— merecía ser puesto en su lugar, aunque fuera por el insoportable novio de Val.
Pero lo que sucedió no estaba en los planes del adolescente. El empresario puso mala cara al ver al altivo maniquí arrodillado con sumisión a los pies de otro hombre. Un hombre sentado en ese sillón que él tenía vedado usar.
En un tono perentorio que no dejaba espacio a réplicas le ordenó a su novio que le siguiera al estudio para hablar en privado.
Bill esperaba cotillear por los ventanales, pero el rubio cerró las cortinas, por lo que se vio obligado a espiarlos desde su móvil.
Aunque el video carecía de sonido se notaba claramente que estaban discutiendo. Bajó su teléfono con expresión seria y le pidió a Nick que se marchara.
El adulto no estaba al tanto de la existencia de las cámaras de vigilancia, solo intuía que algo malo sucedía.
—Hazlo por Val—insistió Bill, siseando—. ¿No te basta el lio que se ha armado por tu causa?
El chico había tocado una fibra clave en el veterinario, la culpa. No había sido su intención que Val tuviera problemas con su novio. No quería abandonarlo, pero tampoco empeorar la situación, dejó al cachorro acostado en su sillón y se marchó, no sin antes dar un vistazo por acto reflejo al nivel superior, sin embargo las cortinas impedían distinguir algo más que débiles sombras.
~*~
—…y te encuentro retozando con ese hombrecito.
—¡Sólo hablábamos! Ignoraba que no se me permitía tener amigos.
—¿Amigos? ¿Me tomas por alguna clase de estúpido? Basta con ver la forma en que ambos interactúan para darse cuenta de que ustedes dos son amantes hace mucho.
—¡Andreas! ¡Estás en mi casa y no te permito…!
—¿Que diga la verdad? Tintín, por favor. Si se comportan de esa forma en frente de tu hermano, no es muy descabellado imaginar lo que sucede en el dormitorio.
Con esa voz baja y peligrosa que sólo usaba cuando estaba muy cabreado, Val le ordenó al rubio que se marchara, pero este parecía empecinado en continuar con la discusión
—No me obligues a llamar a Markus—Advirtió el mayor de los Trümper—, te aseguro que él no será tan civilizado como yo.
El empresario conocía muy bien los “métodos de persuasión” que empleaba el guardaespaldas del maniquí, había que ser idiota o suicida para atravesarse en su camino.
—De acuerdo, hoy te saliste con la tuya. Hablaremos mañana cuando hayas entrado en razón. Ese hombrecito debe salir de esta casa y de tu vida.
—Creo que no he sido lo suficientemente claro—repuso, de brazos en jarras, con una mirada glacial—. Te marchas y no regresas, ya no eres bienvenido en esta casa.
—¿Estás terminando?
—Sí lo que deseas es un rompimiento formal: Si, nuestra relación ha terminado.
El aludido cerró sus manos en dos apretados puños, sin conseguir asimilar haber sido desplazado por un vulgar veterinario de barrio.
—¡No puedes cortar conmigo—increpó con saña—, teníamos un acuerdo!
—El cual sólo yo cumplí. Merezco algo mejor que ser tratado como un escort, Andy.
El rubio lo recorrió de pies a cabeza con una mirada despectiva.
—Por supuesto que no lo eres, «cariño». Un escort sería hábil y complaciente. El sexo contigo es como follarse una escultura de hielo, una hermosa e insípida escultura de hielo.
Los ojos almendrados del modelo se transformaron en dos ascuas que amedrentaron a su —ahora— ex novio y lo hicieron recapacitar. Provocar a Valentino Trümper cuando se encontraba en ese estado no era nada sabio.
~*~
Val suspiró aliviado al regresar a la sala y averiguar que Nick ya se había marchado, no tenía presencia de ánimo para fingir que todo estaba bien.
Bill, quien en todo momento estuvo inquieto, quedó algo mas tranquilo al corroborar que su hermano se encontraba en una pieza (al menos físicamente). Por un instante temió que el rubio perdiera los papeles y lo golpeara.
Val se acurrucó en el sillón apenas Andy se marchó. El adolescente no precisó preguntar si se sentía bien, saltaba a la vista que no era así. En cuanto se sentó junto al adulto este se abrazó a él con fuerza y musitó con la voz quebrada: «Mi vida se desmorona a mi alrededor sin que pueda hacer nada para evitarlo, Frijolito».
No era momento de sacar a relucir que él mismo le advirtió que enredarse con Andreas no era buena idea. Los regaños debían esperar hasta que su hermano se encontrara mejor.
~*~
Se despertó alertado por el humo que rodeaba su cama.
Su primer pensamiento racional fue: «¡Fuego!»
El segundo: ¡Bibi!
Pero no parecía un incendio común, no percibía alza de temperatura alguna, además los sensores no se habían activado.
El inconfundible sonido de tres reflectores encendiéndose sucesivamente lo distrajo y guió su mirada hacia el centro de su habitación… ¿O debería decir, escenario?
No tuvo ocasión de cuestionarse por qué su dormitorio se trasmutó en un club, su cama en una mesa —coctel incluido— y su pijama en un sexy pantalón de cuero con chaqueta a juego. Toda su atención estaba puesta en el hombre que realizaba piruetas en el caño frente al cual él estaba sentado, al ritmo de un tema electrónico que Val no conocía.
El stripper (porque no podía ser otra cosa, el traje de bombero que lucía era sólo una barata excusa para exhibir sus muy trabajados músculos) no sólo era muy hábil, además tenía una fuerza considerable para sostenerse paralelo al piso agarrado de la barra de metal sólo por sus dos manos.
Val bebió la mitad de su copa de un sólo trago, su garganta reseca por el erótico espectáculo.
No le agradaba el sudor (propio o ajeno) pero las diminutas gotitas que escurrían suavemente por el torso del desconocido le atraían de manera irresistible.
Se puso de pie, sin cuestionarse qué fuerza superior a su voluntad lo empujaba hasta el escenario.
Subió con agilidad, pese a sus tacones, y se plantó con los ojos brillando de lujuria ante el bailarín.
—Quítate el casco—Ordenó, en un tono de alguien que está acostumbrado a ser obedecido sin replicar.
El hombre bajó del caño, se cruzó de brazos y respondió en un tono travieso: «no».
La posición obligó al modelo a tragar un jadeo, los músculos en tensión se le antojaban apetecibles al tacto.
Y eso fue precisamente lo que hizo.
Con delicadeza, paseó la punta de sus yemas apenas sobre la caliente y pringosa piel del bailarín.
—Quítate el casco— Insistió, intentando taladrar con su mirada la gruesa cubierta de acrílico que le impedía ver el rostro del hombre que hacía su cuerpo bullir.
—No te agradará lo que encuentres bajo el—replicó esta vez el bailarín. Val no supo dilucidar si sus palabras ocultaban una advertencia o una velada amenaza.
Pero la curiosidad era mayor que su prudencia, con sus propias manos descubrió la cabeza del misterioso bailarín y arrojó el molesto artilugio a un lado.
Tragó grueso al encontrarse con un par de cálidos ojos marrones y un hermoso rostro cuyo sonrojo podía asegurar que no se debía sólo al ejercicio reciente.
—Has descubierto mi sucio secreto, ahora deberé matarte.
El semblante del modelo palideció, lo último que esperaba luego de semejante declaración era que su amigo se echara a reír.
El veterinario/bailarín se puso serio y tomó el rostro de Val entre manos, con delicadeza.
—No esperaba que te enteraras de esta manera.
El cerebro de Val trabajaba aceleradamente en procesar la información. Ese hombre seguro de sí y que exudaba erotismo por cada uno de sus poros no encajaba de ninguna manera con la imagen del tímido y balbuceante Nick que conocía.
Y lo deseaba, ahora más que nunca.
La expresión maliciosa en el rostro del bailarín le dio una pista de que este había adivinado sus pensamientos.
Con la misma agilidad empleada en sus recientes piruetas en el caño, Nick lo alzó en sus brazos, lo cargó a través del laberinto de mesas y finalmente lo arrojó sobre la cama.
Habían regresado a su dormitorio, el humo y los reflectores ya no eran visibles, todo lo que a Val concernía era el brillo predador en la mirada de Nick.
Nick iba a devorarlo y Val no pudo más que extender sus brazos hacia él y ordenarle que se diera prisa.
La piel ardiente de Nick contra la suya acabó de encender su cuerpo por completo. El traje de cuero, retransfigurado en pijama, descansaba sobre la alfombra junto al escueto disfraz de bombero. Val rodeó las firmes caderas del bailarín con sus largas piernas, recibiendo la rotunda dureza de este en su interior.
Nick lo tomaba con decisión, tal como Val lo deseaba, cómo si el hombre siempre hubiera estado al tanto de sus anhelos mas ocultos.
La ferrea mano en su muslo lo estaba enloqueciendo, así como los gruñidos de Nick en cada embestida.
Le gustaba así, salvaje, glotón. Ávido por obtener todo de él.
Y Val no tuvo reparos en entregarlo todo.
Apenas unas cuantas embestidas más — tan sólo un par, si Nick volvía a morder su cuello de aquella manera canina— lo separaban de la liberación…
Cerró los ojos y se aferró a esa amplia espalda, enterrando sus uñas en ella.
Pero su burbuja de placer fue desgarrada por una voz proveniente de algún lugar recóndito, que se elevó acusatoria: «¿conque, solo amigos, eh?».
Val abrió los ojos, jadeando asustado. Abrazando a la almohada, que presentaba humedad producto de su saliva y una acusatoria mancha de fluido preseminal.
Se sentó desmadejado en la cama, intentando aquietar su corazón, y asimilar que su ardiente encuentro sexual con Nick no fue más que un sueño.
Un delicioso sueño, arruinado por su ex novio
—¡Bendito Andreas, hijo de tu madre! —chilló, frustrado. Por lo visto, su ex se encargaría de arruinar sus momentos felices con Nick, no importaba si ellos eran parte de un sueño.
~*~
Un penetrante aroma a aloe vera anunció el arribo de su hermano al comedor.
En casa Val abandonaba todas sus máscaras, por lo que al adolescente le bastó ver su rostro para saber que pasó una pésima noche. Debería hacer magia con el maquillaje para poner algo de vida en esa apariencia de espectro que portaba.
Era el peor momento para un interrogatorio, pero Bill no podía dejarlo pasar, verlo tan a mal traer lo llenó de dudas que lo estaba carcomiendo.
—¿No te acabaste enamorando de Andy, o si?
El adulto le dirigió una mirada confusa, como si no comprendiera el motivo de su pregunta.
—No te ves aliviado por haberte deshecho de él.
—No es Andy quien me preocupa, Frijolito—aclaró, agregando una generosa porción de crema a su café.
El adolescente hizo un mohín en ademán de “¿entonces?” Val presionó el puente su nariz entre el pulgar y el indice, con gesto cansado y se tomó un momento antes de responder.
—La de Andy fue mi segunda relación seria. Ambas resultaron increíblemente desastrosas. Entre ellas solo tuve polvos casuales, nada realmente importante. ¿Entiendes el punto?
Las mañanas no eran su momento del día, máxime estando medio dormido aun.
—No me odies Val, pero ni pajolera idea de lo quieres decirme.
El adulto suspiró hondo y dejó los rodeos a un lado.
—Creo que esto no es lo mío.
—¿Esto? No entiendo. ¿A qué te refieres con «esto»?
—No estoy hecho para la vida en pareja. Yo… no quiero gastar mi vida siendo un novio trofeo, lo cual parece ser lo único que los hombres buscan en mí.
—Si tú te rindes, entonces no hay esperanza.
—¿Bibi?
—Eres inteligente, con clase, dejas a todo mundo suspirando a tu paso. Si tú no puedes encontrar el amor verdadero… ¿Qué queda para el resto de nosotros? —preguntó, apartando su tazón de cereal, perdido todo apetito.
—¡Frijolito, no puedes pensar así! Lo mío es cuestión de mala suerte… y en parte mi responsabilidad por tomar malas decisiones. Pero la historia no tiene por qué repetirse.
—¿Por qué alguien habría de querer algo serio conmigo, para empezar? Sólo se acercan porque piensan que soy un polvo fácil.
Se mordió la lengua, no quiso que se le escapara eso.
—¿Y lo eres?
Se encogió de hombros con indiferencia.
—A veces, cuando tengo ganas.
No había tenido sexo con otro chico en más de dos meses. El pensamiento de que las únicas caricias que había recibido en ese tiempo provenían de sus extraños encuentros con Bob Marley lo deprimió aún más.
—Eres muy joven aun, Frijolito—afirmó, acariciándole con cariño la mano que tenía junto a los cereales—, tienes apenas 16. No puedes darte por vencido sólo porque yo fracasé.
—No fracasaste, sólo tropezaste con dos de los mas grandes imbéciles de Alemania—Se mordió el labio, indeciso sobre la conveniencia de exteriorizar lo que rondaba su cabeza en ese momento—¿Qué hay de Nick? —preguntó finalmente—Ese idiota besa el piso por donde pisas. No digo que sea un buen candidato, pero…
La reacción de Val distó mucho de lo que el chico esperaba. Su hermano sonrió levemente y musitó con tristeza: «¿Crees que no me he dado cuenta? Pero el cariño de Nick es de otra especie, no es amor de pareja. Él sólo… es una persona encantadora, que trata a todo mundo con gentileza. Somos muy cercanos, pero eso no significa otra cosa. Además tiene novia.»
—No te costaría mucho quitarla de en medio—sugirió, como si nada. Realmente debía estar muy preocupado de que su hermano se sumiera en un nuevo estado depresivo como para insinuar que se liara con el hombre que tanto detestaba.
—¿Me estás arrojando a los brazos de Nick?—preguntó su hermano, incrédulo.
—¡Por supuesto que no! ¡Ugh! ¡No has entendido nada! Sólo digo que no sería la primera vez que juegues con un hetero sólo para pasar el rato.
La expresión de Val se endureció.
—Esos tiempos quedaron en el pasado. Yo jamás le haría algo tan bajo a Nick, es de las pocas personas decentes que he conocido.
“Sin contar con que estás enamorado hasta los huesos de él” pensó el chico.
—Sueñas con él cada noche, te mueres por follar con él. ¿Vas a negarlo?
El maniquí se pasó ambas manos por el rostro, cansado de esa charla.
—De acuerdo, digamos que lo seduzco. ¿Y luego qué? ¿Cómo consigo verme al espejo a la mañana siguiente? ¿Cómo voy a lidiar con sus ojitos avergonzados cuando despierte a mi lado la mañana siguiente y recuerde la locura que le orillé a cometer? ¡¿Cómo le explico que no fue sólo sexo si una vez cometí la estupidez de gritarle que no me interesaba ni como polvo casual?!
Bill no sabía —porque su hermano nunca le contó lo sucedido cuando se quedó a dormir—, pero en ocasiones en que su autocontrol fallaba Val recurría al recuerdo de Nick en su cama, su mirada huidiza y una desusada incomodidad entre ellos. Aquel pequeño capricho los había distanciado —aunque sólo de forma momentánea, para alivio del modelo—, y Val no quería repetir la experiencia.
—No puedo jugar con sus sentimientos como si él no me importara—le recalcó, tragándose las lágrimas que se negaba a derramar—. ¿Todo para qué? ¿Un desahogo momentáneo?
Bill maldijo de nuevo a Nick. Como él lo veía, el hermano de Bob Marley no se merecía el amor de Val.
—¿Entonces, que harás ahora?
—Irme al trabajo. Necesito tener la mente ocupada para no pensar.
~*~*~*~
Val tenía muchos asuntos rondando su cabeza ese día: su rompimiento, el nuevo sueño con Nick (que lo dejó cachondo y deprimido a partes iguales), mas la conversación con Bill.
Lo «usual» en esas circunstancias era ir al club el fin de semana, escoger a un chico atractivo para saciar las ganas y liberar el estrés. El lunes regresaría al trabajo como nuevo, con buena cara y mejor ánimo.
Pero él había madurado en los últimos meses. El sexo sólo por el sexo ya no lo satisfacía. Anhelaba estar con alguien que, aparte de desearlo, fuera capaz de amarlo, valorarlo y no estaba dispuesto a aceptar menos que eso a cambio de su amor y entrega.
Quería una pareja de verdad, no sólo compañía o sexo ocasional.
Suspiró por enésima vez esa mañana, sus ojos almendrados fijos en un punto indeterminado del espejo ante él.
Su mente se encontraba muy lejos (en el bosque de Grunewald concretamente). En sus pensamientos Nick lo cogía de la mano y —de una manera casi infantil— corría con él hasta un imponente roble en donde lo acorralaba, con su absoluta colaboración.
Nick estaba sonrojado, de esa forma que lo hacía ver tan adorable y que Val amaba, sus ojos marrones brillaban con determinación, la misma que empleó al besarlo.
Sumido en su ensoñación el modelo no notó la cercanía del director hasta que este se aclaró la garganta, trayéndolo de regreso al mundo real.
El rostro del modelo retomó a la expresión ceñuda con que había llegado al estudio esa mañana.
—Eso es lo que quiero. —informó el recién llegado.
Val alzó una ceja en señal de interrogación, sin comprender a que se refería exactamente el hombre.
—Esa expresión de arrobamiento de hace un momento—aclaró el hombre—, es sublime. Exactamente lo que tu personaje debe transmitir.
Abrió la boca para responder una pesadez. No estaba de humor para mas improvisación, el hombre había cambiado el enfoque de la historia dos veces mas esa mañana. Val detestaba la gente que no planificaba y se dejaba llevar por ideas repentinas, le parecía poco serio y nada profesional.
—Esa es la imagen que el hada debe proyectar, candidez sin dejar de lado la pasión por su gran amor.
Val se enfurruñó cuando el director, ajeno a sus pensamientos, continuó divagando en voz alta.
—…naciste para encarnar ese papel, nadie más que tú podía conseguir plasmar tal…
¿Acaso el sujeto se burlaba en su cara?
¿En qué forma, ponerlo a la par de un alma desdichada que la única vez que conoció el amor este no estuvo a su alcance, podía considerarse un halago?
Deseó enviar todo por el caño: la filmación, su trabajo, a ese director impertinente. Especialmente a ese director impertinente.
Sin embargo no lo hizo, ante todo —incluyendo su mal temperamento y sus tragedias personales— era un profesional.
«The show must go on», se dijo, como tantas otras veces en el pasado, para envalentonarse y concluir esa bendita filmación.
Pondría un fragmento de su maltratado corazón en cada de escena de ese videoclip. Cada vez que lo viera en el futuro, recordaría que aquella no fue una actuación. Sino un vistazo a su alma doliente.
~*~
Cerca de la doce se retiró a su camerino para un cambio de vestuario. La alerta de notificaciones comenzaba a fastidiarlo, cogió su móvil para silenciarlo cuando vio de quien provenían los mensajes.
Su corazón se estrujó aun más, no estaba preparado para hablar con él.
Despistado o no, Nick lo conocía lo suficiente para intuir de inmediato que algo andaba mal y no deseaba dar un penoso espectáculo, otro más.
Le respondió de forma concisa con una pequeña mentira maquillada de verdad. “Estoy muy ocupado con la filmación”. Pero Nick insistió, acompañándolo de una invitación a almorzar.
Su estómago gruñó ante tan apetitosa propuesta, apenas había picoteado una ensalada de frutas entre escenas. Solo necesitaba ordenarlo y la filmación se detendría por el tiempo que él considerara necesario, sin embargo…
—Te prometo que no haré preguntas. Sólo quiero verte, asegurarme de que estás bien y de que te alimentas adecuadamente.
«Él sabe de mi rompimiento. Mi Dior”
Ignoraba cómo, quiza el rumor se filtró a alguna web de chismes… Pero Nick no era asiduo a la prensa amarillista.
No importaba el cómo, lo cierto era que Nick estaba al tanto.
Se llevó dos dedos al puente de su nariz, ¿podía sentirse más patético?
Tarde o temprano debía enfrentar a su amigo. Pero no tenía fuerzas para hacerlo en ese momento.
—Agradezco la invitación—se excusó—, pero de verdad estoy muy atareado con la filmación. ¿Lo dejamos para otro día?
La réplica del veterinario no le sorprendió.
—Como desees, pero no olvides que cuando estés en condiciones de hablar, o si solo necesitas un abrazo, o un hombro, allí estaré.
¡Si tan solo Nick comprendiera que su amabilidad y ternura lo hacían aún más miserable!
—Debo regresar al plató, un par de arneses esperan por mí.
—¿Cómo es eso?
—Van a suspenderme a cinco metros del piso, volaré por todo el estudio.
—Eso se oye peligroso, ¿no usas un doble?
—No si quiero que mis escenas resulten exactamente como yo deseo.
—¿Alguna vez te han dicho que eres demasiado obsesivo?
—Prefiero pensar que soy perfeccionista.
—Por eso el resultado siempre es de primera.
Se sonrojó con libertad, a sabiendas de que el hombre no podía verlo. Los halagos a su atractivo fisico eran frecuentes y estaba habituado a ellos, pero un elogio a su trabajo era doblemente placentero.
—Nos vemos Nick.
—¿Esta noche?
—No lo creo—respondió con un pucherito de tristeza, sacando cuentas mentales—estamos retrasados, y hoy es el último día de filmación, así nos quedemos hasta el alba
—Cuídate mucho, e intenta comer algo. Comida de verdad, no alfalfa.
Val meneó la cabeza, las comisuras de sus labios elevadas en una sonrisa que se negaba a dejar aflorar, en ocasiones Nick podía ser un adorable cabrón.
—Se llama quinoa, y es muy saludable.
Su amigo repitió «cuidate» una vez más y colgó.
~*~*~*~
Isabella Cicionne tenía 34 años, comenzó su carrera como aprendiz de costurera en el taller de Charlotte Trümper, hasta que la mujer puso sus ojos en ella.
La (por ese entonces) adolescente, no tenía una pizca de talento, era incapaz de diferenciar colores y texturas, pero era voluntariosa y perseverante. La señora Trümper tuvo la suficiente visión para colocarla en el sitio apropiado y pronto la chica de origen mediterráneo mostró su valía.
17 años más tarde era la asistente personal de Valentino Trümper, y una de las pocas personas de su confianza.
Confianza que estaba a punto de traicionar.
—El señor Trümper se encuentra en medio de la filmación—insistió con dureza al terco desconocido plantado ante ella—, no puede ser interrumpido.
—Sólo serán quince… diez minutos. Por favor. —insitió el hombre, señalando el paquete en sus manos, que la mujer observó con desconfianza.
—Démelo, yo se lo haré llegar.
El hombre se negó, no se fiaba de que su paquete no acabara en el contenedor de basura del callejón. La mujer no se fiaba del hombre, aunque su rostro se le hacía vagamente familiar.
—Por favor, es importante que vea a Val, él sabe quién soy.
—¿Tiene idea de cuántas personas se acercan a diario usando el mismo argumento?
El hombre suspiró desalentado, pero en lugar de marcharse—como la mujer esperaba— metió la mano a su bolsillo trasero y sacó su cartera.
~*~
Val fue descendido y liberado de los arneses para un breve descanso en lo que retocaban su peinado y maquillaje. Estaba agotado, sin embargo según sus cálculos no acabarían la jornada de grabación antes de medianoche. Su unica satisfacción era que por fin el video parecía bien encaminado. Luego de repetir la última escena 28 veces, por fin su peluca consiguió ondear de forma natural.
Al llegar a su camerino se encontró con una gran sorpresa.
—¿Qué haces tu aquí?—inquirió asustado, un puñado de trágicas posibilidades vinieron a su mente al ver al sujeto sentado en su diván junto a Pumba.
—L-lo siento, no quería molestarte en tu trabajo—se apresuró el otro hombre en responder, avergonzado—S-sólo estaba preocupado por ti.
Disipados sus temores, el maniquí respiró aliviado y se permitió disfrutar de la sorpresa por partida doble.
Porque la visita del veterinario tuvo un ingrediente inesperado: La mirada que Nick le dio al verlo vistiendo ese sexy atavío, y que le recordó poderosamente a la que tenía en su rostro la mañana en que se conocieron.
Val había recibido miradas lujuriosas de hombres y mujeres durante años, al punto de tornarse molestas en ocasiones.
Que Nick —su Nick, su exasperantemente hetero Nick— le dirigiera una de esas miradas encendió una llamita… Una hogera en su pecho
Su amado era el ser más trasparente en el planeta, esa inaudita reacción sólo tenía una explicación posible: su arribo lo pilló desprevenido y no le dio tiempo de disimular siquiera.
Valentino Trümper sabía muy bien como lucía Nick Kaulitz cuando ardía en deseo y no había espacio para dudas, esa expresión era auténtica.
Podía ser la peluca, el traje, sus piernas desnudas, o todo el conjunto. No estaba por la labor de averiguar pequeñeces, porque esta vez no había excusas ni confusión posible. Esta vez Nick sabía perfectamente que la persona ante él no era una chica.
Val sonrió ante los ímprobos esfuerzos del veterinario por quitarle esa ávida mirada de encima y a la vez controlar su sonrojo y ese adorable tartamudeo que le acometían cada vez que se ponía nervioso.
Enternecido por la timidez y el bochorno de Nick, Val se apiadó de él y optó por fingir que no se había percatado de nada.
—Por un momento temí que Pumba hubiera tenido un accidente mientras yo colgaba en el aire—confesó, sentándose con elegancia en un diván.
—Ha estado muy entretenido mordiéndome los cordones de las zapatillas—comentó, indicando al cachorro echado a sus pies.
Val dejó escapar un pequeño suspiro, ese hombre era capaz de relegar su cansancio a un segundo plano con su sola presencia.
—Fue una linda sorpresa, pero debo hacer la pregunta de rigor. ¿Cómo supiste donde me encontraba? No recuerdo haberte dado el nombre del estudio.
El otro hombre alzó sus cejas jugando al misterio, pero su carita de niño travieso arruinó el efecto.
—Tengo mis fuentes.
—¿Debo preocuparme por una fuga de información en mi círculo cercano? —bromeó, formándode una idea mas o menos acertada de la respuesta.
Su ama de llaves sentía debilidad por su querido Nick. La mujer aparentaba ser fría, sin embargo tenía un instinto infalible para catar a las personas.
Controlarse de cubrirlo de besos en cuanto su amigo le reveló el motivo de su incursión en el estudio. —“Te traje el almuerzo, necesitas alimentarte adecuadamente o acabarás desmayado en medio del set”—fue un poco más dificil.
En honor a la verdad, si tenía bastante apetito, pero empecinado en repetir cada toma hasta conseguir la perfección, apenas se había dado el tiempo de probar bocado. Sin embargo lo que se le antojaba probar al modelo en esos momentos era mil veces más apetitoso que esa olorosa… ¿Lasaña casera?
—¡Nick, no me digas que tú cocinas!—exclamó, batiendo palmas fascinado.
—Soy excelente descongelando comida en el microondas—bromeó el hombre, con encanto—La compré en una pequeña trattoria familiar a la que voy con frecuencia. Algún día te llevaré, hacen unos gnocchis al pesto deliciosos.
Esta vez no hubo fuerza en la tierra capaz de contenerlo. En un parpadeo estuvo sobre el veterinario, abrazándolo sin prestar atención a que su gesto pudiera malinterpretarse.
—Eres un ángel, Nick Kaulitz.
A Val no le importó que su complicado peinado de fantasía se estropeara, o que las flores de su faldín perdieran pétalos. Su única aprensión era que el corsé estuviera lo bastante ceñido para retener a su corazón que amenazaba con arrancar de su pecho.
Estaba luchando por no crear una tormenta en una gota de agua, la atracción física que él despertaba en Nick no era novedad. Su amigo lo encontraba sexy, eso lo sabía de antemano. Que casi hubiera babeado al verlo no tenía que significar nada más que eso. En nada cambiaba el hecho de que él tenía una novia de la que estaba muy enamorado.
En cuanto a la lasaña…
Compartir comida tenía para los Trümper un significado especial, era una forma de demostrar amor. Sus padres primero, Val y Bill luego, celebraban las fechas importantes cocinando para su familia.
Pero Nick no era un Trümper…
—¡Mírate, estás tan delgado!—lo molestó este, picándole las costillas con un dedo.
…y la lasaña solo era lasaña.
El maniqui intentó escapar de sus brazos pero Nick lo sostenía con fuerza.
Hizo un esfuerzo supremo por evitar la risa que las cosquillas le provocaron a pesar suyo y conservar parte de su dignidad.
—No estoy demasiado delgado, tengo un cuerpo estilizado —se defendió, intentando ignorar el delicioso aroma de la loción de Nick—Debo ser ágil y grácil, por mi trabajo. —y agregó, sólo porque deseaba ver esa linda sonrisa una vez más—sería poco profesional si los arneses no pudieran soportar mi peso y la estrella se desplomara en medio del plató como un saco de papas
—Serías una hermosa estrella fugaz.
Por su bien Val se tomó el comentario sólo como un inocente gesto de galantería.
La situación completa era de por sí bastante extraña para empeorarla deteniéndose a buscar segundas intenciones en cada palabra o gesto de Nick, un hombre demasiado simple como para tener dobleces.
Finalmente venció en el forcejeo y consiguió apartarse justo a tiempo, los tentadores labios de Nick estaban demasiado cerca. Luego del ardiente sueño húmedo de la noche anterior no confiaba mucho en su autocontrol. En su cabeza no cesaba de repetirse la escena final de su sueño, y Val anhelaba hacerla realidad.
Salvo la parte de Andy, desde luego
—Debes comer—ordenó Nick entrando en modo guardián, como cuando lo cargó en su hombro por todo el bosque.
Secretamente Val consideraba esa faceta sumamente sexy.
Nada como un Nick estricto y mandón para que Val se derritiera.
«¿Si me rehúso a comer, apretará mi nariz y me dará la comida en la boca, como a un niño malcriado? Quizá hasta me baje las pantaletas, me doble sobre su regazo y me dé de nalgadas»—pensó, mordiéndose el labio, disimulando una sonrisa maliciosa.
El ex novio del modelo se equivocó en una de sus acusaciones: Val era ardiente, sólo precisaba el catalizador apropiado para su lujuria.
~*~
Nick cumplió su palabra, almorzaron en paz, sin preguntas indiscretas ni mención alguna a lo ocurrido la noche anterior en el pent-house.
Val lo agradeció, necesitaba un respiro, hablar sobre cosas cotidianas, una deliciosa comida casera.
Empero, intuía que esa visita no tenía como objetivo último alimentarlo, para ello podría haber enviado un delivery. Se notaba a leguas que Nick estaba preocupado por su charla inconclusa de esa mañana, sobre Andy y su ruptura.
Val intentó hacerse a la idea de que debería hablar de ese tema desagradable tarde o temprano. Pero se rehusaba, no le gusta exponer sus sentimientos, su dolor. Ya lo había hecho dos veces y se prometió no hacerlo nuevamente. Todo lo que deseaba era arrancar esa página de su vida y seguir adelante. Vestir la mejor de sus falsas sonrisas hasta que ya no fuera necesario fingir más.
Pero Nick era tan gentil que hacía muy difícil decirle que no.
Esa tarde, sentados juntos en el sillón, él cogió su rostro con ambas manos con delicadeza —de la misma manera que lo hizo en su sueño— y Val se desmoronó
Saber que Nick nunca sería suyo en una forma pasional ni amorosa dolía. Pero lo sentía tan cercano y cálido que no era de extrañar que su corazón estuviera profundamente confundido.
Ni hablar de sus hormonas, que se encontraban a flor de piel por causa del bendito sueño del bombero.
Necesitaba más de Nick con desesperación. Su cuerpo hormigueaba por recibir otro de esos abrazos apretados, más mimos… más besos (aunque sólo fueran castos besos en su cabeza para consolarlo por su desastrosa vida sentimental).
Cuando el destino repartió las cartas a él le tocó Nick como amigo… pero Nick era un amigo muy de piel, y el maniquí decidió aprovecharse de ello para obtener su dosis de caricias necesaria para no subirse por las paredes de deseo reprimido.
Y si para ello debía mostrarle sus heridas, pagaría el precio. La llamita que se encendía en sus entrañas cada vez que Nick lo abrazaba lo valía con creces.
—¿Puedo cobrarte la palabra? —pidió, sabiendo de antemano que la respuesta sería afirmativa.
~*~
Amaba cuando esas manos grandes pero cuidadosas acariciaban su piel con suavidad. Eran manos cálidas, que sólo sabían entregar amor.
Cerró los ojos, entregándose a ellas con placer y absoluta confianza. Su cuerpo erizado ante el mero roce piel con piel.
Ronroneó de gusto, acurrucándose contra el pecho de Nick, arrullado por los latidos de su corazón, que aquietaban el ritmo del suyo propio
Frotó su nariz contra su camiseta, aspirando su aroma, llenándose de él, embargado por la sensación de seguridad y protección que este evocaba.
El brazo que rodeaba su espalda y lo aferraba al cuerpo del hombre que amaba era firme, mas no posesivo. Todo lo que él necesitaba para sentirse confortado y no juzgado.
La sensación de abrigo y confort lo envolvía como una tibia manta mientras Nick susurraba palabras de cariño y prodigaba tenues besos en su cabello y frente.
Val deseó poder quedarse en el cobijo de esos brazos por siempre. Congelar el tiempo, que el planeta detuviera su loca carrera a ninguna parte y ellos tuvieran la eternidad a su disposición para estar uno en brazos del otro.
Cualquier pensamiento infausto fue desterrado. Sólo había espacio para el ahora, un ahora en que habían conseguido capturar la felicidad en la simple y perfecta forma de un abrazo.
Val estaba en una confortable burbuja, ebrio de cariño y mimos. La única cosa buena que tuvo su relación con Andreas fue que el rompimiento le dio una excusa para dejarse malcriar impunemente por Nick.
~*~
Cuando Isabella entró al camerino, casi una hora más tarde, porque el director buscaba desesperadamente a su estrella, se encontró con una escena tan íntima que estuvo a punto de regresar por donde vino.
A ojos de cualquiera que no supiera que sólo los unía una profunda amistad, pasarían como una pareja en pleno cortejo.
Val acariciaba la corta barba de Nick con delicadeza, mientras ambos compartían un tierno beso esquimal.
Nick lo tenía abrazado de tal forma que Val casi estaba sentado en su regazo.
Con la delicadeza que siempre empleaba al mimarlo, lo tomó de la barbilla y dejó un besito en la punta de su nariz, seguido de otro en su frente.
Val lucía completamente arrobado por las leves caricias de su amigo. Sus ojitos almendrados brillaban de una forma en que la mujer no veía en mucho tiempo.
Desgraciadamente la filmación debía reanudarse y la asistente debió interrumpir el trance en el que ambos estaban sumidos con un suave knock knock en la puerta. Luego de desviar las miradas de ambos a la recién llegada, Val se acurrucó nuevamente contra el pecho de Nick y se acomodó allí, como un gatito
No estaba dispuesto a separarse de su amor, así la filmación se retrasase un día completo.
Pero la voz de la cordura habló por boca de Isabella: Ambos tenían compromisos que cumplir.
De mala gana Val dejó a su amigo en libertad, después de todo lo había monopolizado por mucho tiempo.
Le costó un gran esfuerzo separarse de él, pero ambos debían regresar a sus respectivos trabajos. Podía someterse a una nueva sesión del poder sanador de los abrazos de Nick al día siguiente.
—Se ha hecho tarde, debes irte.
—¿Seguro que te sientes mejor?
—Como nuevo. Deja de preocuparte tanto, vas a malcriarme.
El hombre sonrió de manera sincera, con esa forma tan peculiar, con el labio inferior sobresaliente. Labio que Val en sus sueños mordía con apetito.
—No me puedes culpar por eso, cuando te conocí ya eras una Diva malcriada.
Val fingió indignación, mientras que por dentro las ganas de merendárselo a base de besos y mordisquitos llegaron a un punto insostenible.
Nick debía marcharse ya, antes de que el ambiente de intimidad que se había generado durante la última hora diera paso a un desliz imperdonable de su parte. Como confesarle su amor imposible o apoderarse de esos tan anhelados labios.
Val regresó al trabajo con todos sus sombríos pensamientos exorcizados por los achuchones milagrosos de Nick. Al despedirse le prometió a este que al día siguiente, o cuando tuviera tiempo hablarían con mas calma.
Val sabía que «Hablar» era sólo una forma de decir. Pero si «hablar» incluía besitos y caricias, él se sacrificaría por Nick.
~*~
Esa noche no tuvo sueños húmedos, no supo si achacar el cambio a su cansancio o a que sus hormonas se habían aplacado un poco.
El resto de la semana recibió mensajes de Nick a diversas horas del día, a veces eran tan breves como «Cuídate» o «¿Estás bien?», pero aun así Val era estúpidamente feliz al leerlos.
Pero nunca tanto como por las tardes, cuando se abrazaba a su pecho y se dejaba acariciar.
Una parte de si desaprobaba aprovecharse de la inocencia de Nick para mitigar su calentura. Pero otra —más grande y ruidosa— le recordaba que la mirada de deseo no fue parte de su imaginación.
Si Nick estaba ahí para consolar a un amigo en desgracia, eso le daría y a cambio conseguiría más carantoñas. Val no lo consideraba engaño, él efectivamente se encontraba afectado por su ruptura, sólo que no acostumbraba a exteriorizar sus emociones.
Estaba más que consciente de que esta estrategia contravenía su sentido discurso sobre su valiosa amistad con Nick. Pero en cuanto se dejaba acunar en sus brazos, el resto del mundo dejaba de existir y no sentía el menor remordimiento por ello. No se estaba lanzando, no pretendía seducirlo, ni mucho menos implementar un plan maquiavélico para que rompiera con su novia. Solo eran caricias, que además Nick le prodigaba con gusto.
Caricias que no hicieron más que inflamar aún más su deseo y acrecentar su frustración, en un par de semanas la excusa del duelo por el rompimiento ya no sería creible y se quedaría sin su dosis diaria de mimos.
~*~
Ajeno a las tribulaciones de su amigo, Nick estaba feliz. No sólo porque por fin Val había puesto término a esa relación tóxica que lo estaba enfermando física y emocionalmente, sino que ello le dio la oportunidad de demostrarle, al menos en parte, el amor que sentía por él.
Nick tenía una gran necesidad de entregar cariño, era parte de su naturaleza. Lo hacía a diario con su hermano Tom, tanto con mimos como con acciones más mundanas, como asistir una vez por semana a la consulta de la psicóloga.
En cuanto a Val, el periodo de duelo tras su ruptura parecía haberlo tornado algo más emocional y receptivo al contacto físico. Nick no sabía cuándo duraría aquello, pero mientras lo hiciera, él se encargaría de envolverlo en una nube de mimos y afecto.
Continuará…