«Basorexia» Fic de Haruxita
Capítulo 6: El Hada y el Bombero (P.3)
El sábado siguiente se reunieron en el bosque como si nada, pero algo había cambiado. Ambos lo sabían, pese a que ninguno de los dos lo mencionara.
Ese día Val cargaba su móvil y labial en la misma mano que la correa de Pumba, dejando su diestra libre para entrelazarla con la de Nick sin impedimentos. El corazón de Val dio una voltereta cuando este no sólo aceptó el agarre, sino que le dio un amistoso apretoncito.
El veterinario andaba de un humor inmejorable, no paró de hablar de una hembra“Bosques de Noruega”durante al menos un par de kilómetros. Val, que nunca había oído de esa raza de gatos, lo acribilló con preguntas que Nick respondía con entusiasmo.
—… y todo este tiempo me tenías convencido de que eras un Doglover.
—Lo soy, pero esta gatita es realmente preciosa. Me recordó un poco a ti.
Val parpadeó repetidas veces, ¿En qué momento su amigo se había convertido en un player?
Respiró hondo —lo necesitaba para mantener bajo control esos disparatados pensamientos que le decían que Nick estaba flirteando— y jaló suavemente del hilo para desentrañar una explicación más racional que: “El hombre más tímido del planeta me está coqueteando con descaro”.
—Es toda una diva—agregó su amigo, regresando su mundo a la normalidad, una decepcionante realidad—. Se negó a beber agua corriente, ya sabes la del dispensador del pasillo. Dieter tuvo que ir a la tienda porEvian. Su dueña nos había advertido que era un poco excéntrica, pero no imaginé que fuera en serio.
—Me acabas de comparar con una gata loca, Nick Kaulitz—alegó con un sobreactuado enfado, volteando a verlo—. Nunca en mi vida me habían ofendido tanto. Espera… no, ya recuerdo. Una vez un sujeto despistado me trató de “señora”.
Intentó componer una máscara de indignación y desdén pero todo lo que consiguió fue una genuina mueca de pánico.
—¡Niiiick!—chilló en forma nada digna.
—No es para tanto, ya te dije que era toda una diva. Parecía de la realeza felina. Estoy seguro de que si se conocieran se entenderían muy bi…
Pero Val no lo dejó terminar, cogió a Pumba en sus brazos y se refugió tras las amplias espaldas de su amigo, aferrándose a su sudadera sin dejar de gritar.
El aludido no comprendía de qué iba el alboroto hasta que una mano temerosa se asomó por su costado y apuntó a unos matorrales.
La víbora —que fue lo que causó el ataque de Val— no parecía en posición de ataque, aunque Nick no podía saberlo. Sólo por precaución recogió la correa de Scotty y lo mantuvo apegado a él.
Pero intentar mantener a los tres a salvo y calmar a Val al mismo tiempo no era nada sencillo cuando el sentido común parecía haber abandonado el barco.
—¡Has algo, porDior! ¡Nos va a devorar!
—¿Que te hace pensar que tengo alguna idea de cómo actuar con una serpiente?
—¡Eres veterinario!
—¡Eso no me convierte enSteve Irving! Doctor de cachorros, ¿recuerdas? Sólo respira, despacio: inhala…
—¿Cómo alejará eso a la víbora?
—No lo hará, quiero evitar que tengas una crisis de pánico.
Un pequeño sollozo fue indicativo de que quizá era un poco tarde para tomar esa previsión, Val se aferró con una mano a su pecho, enterrando sus uñas en su camiseta y apoyando su rostro en su espalda.
—¿Qué sucederá con mi Frijolito si muero en el bosque? No puede irse a vivir con la abuela, cree que los gays somos criaturas del demonio. Bibi es un bebé aun, ya perdió a nuestros padres, no puede perderme a mí ahora.
Val estaba hiperventilando. No tenían seguridad de que la víbora fuera peligrosa, de hecho el reptil no parecía prestarles la menor atención.
Nick tomó su mano y la frotó en un intento por calmarlo. Ya que no podía razonar, le dio por su lado.
—Tranquilo, no dejaré que la serpiente te lastime.
—¿Lo juras?
La voz sonó tan pequeñita que se le apretó el pecho.
—Te protegí del fantasma acosador, ¿no? Comparado a eso una víbora no es nada que no pueda manejar.
Un suspiro hondo se oyó a sus espaldas, acallando los sollozos.
—Mi caballero cazador de fantasmas.
El veterinario habría sonreído por el ridículo mote si un húmedo beso en su mejilla no le hubiera quitado toda capacidad de reaccionar.
~*~
No supo a ciencia cierta cuanto tardó la víbora en marcharse, su percepción del tiempo se veía trastocada en presencia de Val, por no mencionar el contacto casual —que no dejaba de ser íntimo— y ese beso que evidentemente se debía al nerviosismo del momento.
Ya en la cafetería del castillo, mientras Val disfrutaba de su consabida rebanada deapfelstrudely una dulce infusión de melisa para reponerse del susto, Nick hizo acopio de todo el valor que poseía.
El asunto que debían tratar era un tanto complicado y no quería que diera pie a mas malos entendidos.
—Puedes decírmelo—Nick alzó la mirada de su taza de café ya frío. Val, que lucía considerablemente más calmado, le dirigió una linda sonrisa —algo te preocupa, has estado muy callado desde que llegamos.
—¿Tan evidente soy?
—Transparente como las aguas delSpree.
Nick carraspeó.
Distaba bastante de ser lo que Val aseguraba que era.
Agradeció a todos los dioses no ser transparente, porque si realmente fuera transparente Val sabría que cuando lo vio llegar con esos pantalones imposiblemente ajustados debió obligarse a no mirarle las piernas, so riesgo de quedarse pegado en ellas, boquiabierto.
Nick estaba convencido de que si Val sospechara siquiera los deseos que lo acometieron cuando se abrazó a él, asustado por la cercanía de la serpiente, le habría retirado la palabra y su amistad en lugar de estar tranquilamente sentado junto a él en la cafetería.
Pero no estaba en sus planes discutir —ni en ese momento ni en ningún otro— los pensamientos cachondos que acudían a él a diferentes horas del día, y que tenían al modelo en el rol protagónico.
Tal vez ello lo convertía un poquito en un hipócrita, luego del discurso anti negación que le había dado a su hermano Tom.
Con la salvedad que Nick no negaba ni sus sentimientos ni la poderosa atracción sexual que Valentino ejercía sobre él. Tan sólo los mantenía en secreto por conveniencia. No deseaba poner a Val en la incómoda situación de recordarle que él sólo lo veía como un amigo. Ni exponerse a sí mismo a un nuevo desplante del modelo, en caso de que lo pillara en un mal momento.
Dos rechazos en su vida era todo cuando su corazón podía —y estaba dispuesto— soportar.
Ante ese deprimente panorama, la petición que debía hacer no sonaba tan atemorizante después de todo.
Lo peor que podía suceder era que su amigo se rehusara.
Que fue exactamente lo que hizo.
Val se negó con encanto. Con una sonrisa un tanto triste y una voz pausada expuso sus razones.
— Lo lamento, Darling. Realmente desearía poder ayudar a tu hermano, pero temo que mi presencia puede resultar contraproducente. Encajo en el estereotipo del gay femenino y frívolo que usa maquillaje y viste a la moda. Si lo que deseas es combatir su homofobia —Nick evitó darle mayores detalles sobre el motivo que llevo a Tom a terapia— soy la persona menos indicada. Puedo darte nombres, números telefónicos, ponerte en contacto con personas que serían mucho más idóneas que yo para lo que tienes en mente.
Sin embargo, Nick no se dio por vencido. Tenía motivos ocultos en su petición, no sólo quería ayudar a Tom, sino que una parte de su corazoncito buscaba acercar a los dos chicos más importantes en su vida.
—Tú no eres superficial—refutó con seguridad—, a mí no engañas, es sólo una imagen que proyectas. En cuanto a lo femenino… perdura sólo mientras estés calmado, porque en cuanto te enfadas te conviertes en un basilisco y tu femineidad de va al garete…»
Val puso cara de circunstancias por un momento, para acabar con una coqueta carcajada.
Nick le cogió ambas manos, apelando a ese corazón de lechuga que sabía la Diva poseía, muy escondido en el fondo de su acorazado pecho—Por favor, se trata de mi hermanito. Es un buen chico, sólo está un poco desorientado.
Val se mordió el labio, Nick rogó por que ese gesto significara que estaba sopesando su petición. Por si las dudas, insistió
—Por favor.
Un revoleo de pestañas más tarde el modeló exhaló—Supongamos que accedo: ¿Qué me darías a cambio?
Mientras los demás clientes de la cafetería cotilleaban la«romántica escena»,esperando que el hombre de barba en cualquier momento sacara un anillo de su bolsillo, Nick —ignorante de los ojos puestos sobre ellos dos— barajaba las alternativas de que disponía para convencer a su exigente amigo.
Val por su parte, acostumbrado a la forma de ser “Noteenterasniporaccidente” de Nick le coqueteaba abiertamente, a sabiendas de que este ni en mil años se daría por aludido.
El veterinario llegó pronto a la conclusión de que por la parte material no llegaría muy lejos, los gustos de Val eran costosos y exclusivos, por tanto debía apuntar a otro lado.
—Bañar a Pumba—ofreció—Es uno de los servicios que la clínica está implementando.
En la mente del modelo la fugaz imagen de esas manos enjabonando a su cachorro se trocó rápidamente por una no apta para todo espectador.
“¿Por qué no me bañas a mí? Puedo ponerme orejitas y ronronearte como la gatita que tanto te gustó.”
Cuando Val le pidió subir la oferta y Nick añadió un chequeo completo el modelo se dio cuenta que si no tomaba el toro por los cuernos les alcanzaría la noche sin que Nick propusiera algo interesante.
Un poco—demasiado— influenciado por sus sublevadas hormonas envió todos sus reparos a la mismísima China y exigió un masaje.
La petición descolocó bastante al veterinario, incluso por un minuto completo pensó que Val podría estarle coqueteando. Pero con todo lo que sabía (o creía saber) sobre los coqueteos naturales de su amigo espantó esos alocados —según Nick— pensamientos e hizo de cuenta no haber visto el breve guiño que Val le dedicó.
—¿De pies?—consultó, prosiguiendo con las negociaciones.
Val estuvo a punto de darse una palmada en la frente, si no lo hizo fue sólo porque ello habría arruinado su perfecto copete.
—Un masaje de pies le consigue a tu hermano una charla de quince minutos.
Quince minutos era casi nada.
Nick sacó cuentas del tiempo que necesitaba que Val le dedicara a Tom y su equivalente en partes del cuerpo. Para cuando dio con la respuesta su rostro acabó convertido en una remolacha.
“Una linda remolacha con barba”habría agregado el modelo de ser consultado.
—Entonces. ¿Aceptas?—inquirió, disimulando una sonrisa malvada. Nick había pillado la idea
El otro hombre no tenía otra opción. No podía negarse, Tom lo necesitaba. Aunque para él fuera una tortura tocar a Val de esa forma,
En su fuero interno Nick pensaba que aquello sólo era un juego para Val.
Ignoraba cómo, pero tenía que encontrar la forma de que ese masaje fuera muy bueno… Y de paso congelar sus pensamientos si no quería que Val se diera cuenta de la erección que seguro aparecerá a poco empezarlo.
Del otro lado de la mesa Val no daba crédito a sus oídos, no creyó que Nick accediera a su petición a la primera, ni a la segunda, incluso con muchos ruegos de por medio. Se pellizcó suavemente, sólo para encontrarse con que esta vez no era un sueño.
Era desquiciadamente real. Iba a sentir —en una fecha próxima por confirmar—las manos de su amado recorriendo su cuerpo, sólo pensar en ello hizo que la temperatura subiera vertiginosamente.
Y hablando de manos, retiró las suyas —que Nick aun sostenía sobre la mesa—para que este no se diera cuenta que le empezaron a sudar.
Se reprendió en silencio. De un tiempo a esta parte había comenzado a actuar como un adolescente inexperto cuando se encontraba con Nick. Debió repetirse una y mil veces que no era mas que un inocente masaje, por una buena causa.
Pero de sólo imaginar las manos recias del veterinario presionando los puntos de tensión en su espalda todo él se hizo agua y a punto estuvo de proponer “Mi cama está dispuesta, en caso de que no desees esperar”.
Ambos quedan pensativos, pero Val era mucho mejor fingiendo de Nick.
~*~
En cuanto llega del bosque Val deja a Pumba en el sillón y se encierra en su habitación, Su corazón no late, realiza una danza tribal en su pecho.
No tiene tiempo de desnudarse siquiera, se masturba ansioso, de sólo pensar en que en unos cuantos días estará sobre esa misma cama, con Nick acariciándolo.
Sabe que en rigor no serán caricias verdaderas, pero serán lo más parecido que obtendrá de él.
Al almuerzo del día siguiente le comenta a su hermanito de forma somera su “trueque” con Nick. No puede no hacerlo, necesita que Bill no esté en casa ese día—no puede arriesgarse a que entre de improviso a su cuarto y se forme una idea errónea de lo que allí acontece—. Además planea darle el día libre al personal para que Nick se sienta mas en confianza.
Bill mena la cabeza, hay tantas cosas que pueden salir mal en ese plan. Partiendo por cómo le hará Val para ocultar la erección que es mas que probable que le provoque los toques es de Nick.
Sin contar con que…
—Val, ese idiota esta colado por…
—Nick es hetero—se apresuró a rebatir, lo último que necesitaba en esos momentos era mas dudas haciendo turismo en su cabeza.
—Piensa lo que quieras. Pero buga o no buga, Nick es un hombre. Aun no he conocido a un hombre que se te resista. ¡Y estarás desnudo para colmos!
—No estaré desnudo, al menos no completamente.
—Nada me saca de la cabeza que ideaste toda esta historia del jodido masaje sólo para seducirlo.
Las palabras de su hermano resonaban en sus oídos, de la misma manera que la mirada de lujuria de Nick días atrás no dejaba de repetirse en su memoria.
¿Y si “Su Nick”perdía el control?
Era un riesgo muy grande.
La cabeza de Val era un lio en esos momentos, por ello fueron sus hormonas las que tomaron el control nuevamente.
Ese día no sucedería en su dormitorio nada que Nick no deseara, pero…
~*~
Y fue ese bendito pero el que le regaló cuatro noches muy agitadas, y el responsable de que su hermano Bill le hiciera aquél vergonzoso regalo la víspera del día “D”.
«Si no deseas hacer un papelón ante ese idiota, úsalo antes de que Nick llegue»—Decía la nota escrita a mano.
Un dildo.
Un reluciente dildo de cristal con estrías tornasoladas.
Val no supo que le provocó más bochorno, si la idea de que Bill —su Frijolito,SU BEBÉ— hubiera entrado a un sex shop para escoger ese artilugio para él o el hecho de que se moría por probarlo.
~*~*~*~
Recién esa misma tarde Nick le tomó el peso a lo que iba a suceder entre Val y él. Estuvo a un tris de enviar un mensaje disculpándose y cancelando todo.
El trayecto entre la clínica veterinaria y el lujoso edificio de departamentos en que vivían los Trümper se transformó en una tortura.
No se había dado cuenta cuán nervioso se encontraba por el bendito masaje hasta que los mil escenarios en que él cometía un bochornoso error desfilaron en su cabeza.
Partiendo por el simple hecho de que el modelo estaba habituado a ir al spa y ponerse en manos de profesionales, en contrapartida él apenas había logrado practicar un par de veces esos días.
Su amigo estaría relajado, no habría tensión por parte de Val, ni escalofríos, ni ninguna de las reacciones que él experimentaba cada vez que lo tocaba.
No dejaba de pensar que para Val será solo un masaje mas, uno bastante amateur.
Sin embargo para él era una inaudita oportunidad de acariciarlo de la forma más íntima que jamás imaginó.
Temía cruzar la línea, ponerse en evidencia, que Val lo descubriera todo y que este le recordara su lugar de no muy buena forma. Después de todo, había comprobado en la práctica cuan cruel podía llegar a ser Val.
Aquello aun dolía, pero no era como si Val hubiera alimentado algún tipo de falsa expectativa. Su amigo fue directo desde el principio: «no me atraes». (Aunque las palabras empleadas fueron bastante más altisonantes que esas).
Confiaba en que la ducha helada que tomó antes de salir de casa y el recuerdo de la cirugía en que le extirpó un tumor a un conejo ese lunes le ayudaran a enfriarse cuando las cosas se caldearan.
Mientras más lo pensaba más se convencía de que aquella era una mala idea, solo conseguiría avergonzarse ante Val…
¿Qué tal si rompía el frasco de aceite para masajes que había comprado y manchaba el nórdico de Val? ¿Y si se convertía en un atado de nervios? O, peor aún, ¿Que sucedía si ya no podía controlarse y cometía un roce imprudente? ¿Y si…?
¿Y si se excitaba?
No sería la primera vez que le sucediera en ese cuarto, empero, ahora no podía escudarse en el absurdo supuesto de una erección matinal.
Perder el control implicaba perder a Val de forma casi automática. Y eso era algo que no podía permitirse.
«Esto es sólo un masaje»se repitió una vez más, al pulsar el botón que abría las puertas metálicas.«Hago esto por Tom, no para obtener un beneficio egoísta de ello».
Pero toda su mentalización se fue al carajo cuando las puertas del ascensor se abrieron y Val lo recibió vestido con un kimono de seda verde.
Nick respiró hondo, no había manera que Val consiguiera adivinar que ese era su color favorito, y él no se lo había dicho.
Val hizo gala de una calma envidiable cuando lo recibió esa tarde en el pent-house. No llevaba ni una gota de maquillaje y se había dejado su pelo al natural.
Se veía bellísimo.
¡¿Cómo no iba a desearlo?!
Estaba perdido.
A Nick le empezaron a sudar las manos, mientras una vocecita en su cabeza no cesaba de repetir«aun estás a tiempo de arrepentirte»
De solo pensar que Val estaría casi desnudo sobre su cama y que no había nadie en el piso mas que ellos…
El mayor de los Kaulitz estaba temblando, pocos momentos en su vida se había sentido tan nervioso como aquél. Su examen de grado, la víspera de su fallida boda, el día en que creyó que perdía a Tom para siempre.
Nick sabía que, no obstante sus supremos esfuerzos, su torpeza se multiplicaba estando nervioso. Y conocía a Val lo suficiente para aventurar que nada malo sucedería si se retractaba. Pero no podía echar pie atrás y dejar que su amigo se convenciera de que era un pusilánime que no cumplía su palabra.
~*~
Nick estaba tenso, Val lo notó apenas lo vio.
Él quería un masaje sensual, entregarse a las manos del hombre que amaba y con quién no dejaba de soñar una sola noche. Pero no de esa manera, no era eso lo que ansiaba, no quería ponerlo en aprietos, quería que fuera algo que fluyera de forma natural.
Llevó una mano hasta su rostro y le acarició la mejilla intentando transmitirle la serenidad que tantas veces obtuvo de él cuando más lo necesitó. Juraría que pudo sentir el agitado latir de su corazón a través de su camiseta, incluso notó como Nick tragó grueso.
Tal vez su hermano tenía razón, tal vez Nick experimentaba algún tipo de atracción física por él. Si ello resultaba ser cierto el nerviosismo y timidez del hombre adquirían un doble significado.
La mera posibilidad lo embargó de ternura.
Si Nick tan sólo supiera que se derretía por cada uno de sus pequeños gestos, que lo amaba no«a pesar» de sus peculiaridades, sino que precisamente debido a ellas.
—No debes temerme, pese a los rumores que circulan no soy la bruja malvada que devorará tu corazón si el masaje no es de mi agrado.
Su comentario obró la magia, Nick achinó sus ojitos es una risa ligera.
—Sé que lo harás lo mejor que puedas y eso es suficiente para mí— agregó, besando su frente y abrazándolo con cariño. No podía correr el riesgo de ceder al llamado de ese sempiternamente tentador labio inferior, que sobresalía la distancia precisa para ser tomado por sus dientes.
~*~
Mientras lo conducía hasta su dormitorio Val se dio cuenta de que se estaba comportando con timidez. Eso no le sucedía desde… desde una época que prefería no recordar
Los pensamientos de Nick no iban por sendas muy disímiles a las de su contrariado amigo. Las ganas de besarlo iban en aumento cada minuto, lo mejor era que se pusiera manos a la obra cuanto antes.
Pasó saliva, le ordenó que se quitara la bata y se recostara boca abajo en la cama. Agradeció al cielo que la voz no le temblara ni que dijera alguna barbaridad por causa de los nervios. Pero, sobre todo, que Val no hiciera uno de sus típicos comentarios escandalizadores.
Val parecía fuera de personaje esa tarde. La Diva había quedado relegada al fondo del armario.
El modelo estaba habituado a quitarse la ropa de forma mecánica, a prisa en medio de un desfile, a ser vestido y desvestido por su asistente en los photoshoots y también a quitarse la ropa de forma sensual en un contexto íntimo.
Pero quien estaba ante él era su amigo tímido —y un poco torpe—, a quien su avasalladora personalidad lo intimidaba.
No quería incomodarlo más de lo que evidenciaba.
Casi se arrepintió de dejarse tentar por sus deseos de esa manera. Pero la “mujercita esa”lo tenía para ella todo el tiempo. Él sólo había propuesto un trato justo, por algo que deseaba más que nada: Las caricias de Nick. Aunque fuera por medio de artimañas y por un breve lapso.
Pasó junto a él camino a su lecho y, dándole la espalda, se deshizo de la bata de forma brusca.
Ojalá sus fantasías en las que Nick era quien se la quitaba fueran tan fáciles de alejar.
Se aseguró de que la toalla anudada alrededor de sus caderas estuviera bien ceñida y subió a la cama.
Apretó los párpados cuando el colchón acusó el peso extra.
Nick era un niño de mamá, que no iba por la vida montándose sobre las caderas de sus amigos semi desnudos. No fue sorpresa para Val que se ubicara de rodillas a uno de sus costados.
Una caricia muy sutil en medio de su espalda lo hizo estremecer. Ignoraba cómo iba a levantarse de la cama sin antes perforar el colchón.
—Pecas —oyó balbucear a una voz muy débil.
—¿Cómo dices?
—Tienes la… Eres muy pálido, no imaginé que tuvieras pecas… tantas.
Tener a ese adorable hombre en su cama por segunda vez, y no besarlo debería ser considerado un delito.
Nadie más había prestado atención a sus pecas, todos pasaban de largo hasta su trasero.
Pero, desde luego, se trataba de Nick. El dulce y heterísimo —“Aunque quizá no tanto… Quita esas ideas inapropiadas, eso no va a suceder”—Nick.
Se obligó a alejar los pensamientos perturbadores sobre su amigo y se concentró en el presente.
—¿Vas a dejarme esperando por mi masaje?—ronroneó, mirándolo por sobre su hombro, sin el menor ápice de culpa.
El hombre se excusó con torpeza, vertió en sus manos uno de los aceites que había traído para la ocasión. Val no se quedó tranquilo hasta no asegurarse de que eran nuevos. Sólo pensar en que Nick usaría en él los mismos productos con que le hacía masajes a su novia lo descomponía
—Te recuerdo que no se hacer masajes—avisó, frotando sus manos, relucientes por el líquido perfumado—y que mis conocimientos de anatomía humana están algo oxidados.
—Empieza de una vez, antes de que me quede dormido—alegó, impaciente.
Nick había intentado practicar en casa. Lo que dijo era cierto, aparte de cuando le dio masajes en sus pie esguinzado, no tenía más experiencia.
El primer contacto de ambas manos sobre sus hombros lo obligó a morderse el interior de su mejilla para evitar dejar salir el jadeo que acudió a su garganta.
Era tal como esperaba, firme pero cuidadoso. Y ese era sólo un masaje por compromiso, Val sufrió cuando la realidad lo golpeó.—“Nunca sabrás cómo se siente que estas manos te acaricien con amor y deseo”.
No estaba resultando tan terrible como Nick temió, el obligarse a estar concentrado en realizar los movimientos precisos sin errores ayudaba sobremanera a alejar otro tipo de pensamientos de su cabeza.
—¿Nunca habías hecho un masaje antes? —preguntó de pronto Val, cuando consiguió regularizar su respiración.
—¿Tan desastroso soy?—repuso, en un tono divertido.
—No pareces el tipo de chico que haga masajes, eso es todo.—acotó, acicateado por la curiosidad,
—En realidad si, he hecho unos pocos, no muchos, no los suficientes desde luego.
Val disimuló con maestría los celos que afloraron.
«Bendita, bendita mujercita afortunada«.— Y pensar que él debió usar un ardid para conseguirlo
—¿Y le gustaron tus masajes?
Nick se encogió de hombros y le revolvió una sonrisa divertida.
—Él no estaba en posición de quejarse.
—¿”Él”?
La expresión de perplejidad de Val fue demasiado evidente, tanto que el mismísimo rey de los despistados carraspeó y se apresuró a explicar.
—Q-quiero decir… T-Tom, los masajes se los di a Tom. Y-yo no…
Nick no comprendió porqué su amigo reaccionó de esa manera, mucho menos por qué él se apresuró a explicarle. Ni siquiera sabía cómo acababa esa frase: ¿“Yo no he estado nunca con otro hombre”?
Agregó más aceite rogando porque ese momento incómodo pasara pronto. Su amigo guardó silencio largo rato, dejándolo trabajar en los nudos de sus omóplatos en paz.
Val enterró su cabeza en la almohada hasta que no pudo seguir conteniendo el aliento, maldiciéndose por ser tan evidente.—“Sólo me faltó encender un neón con el mensaje: «Estoy celoso». ¿Así o más patético?”—
El domingo Nick se había ofrecido a darle un masaje a Tom, que llegó agotado de su trabajo.
El chico estaba tan adolorido que aceptó de buena gana. Sin imaginar la verdadera motivación de su hermano. ¿Cómo sospechar, si Nick no solía tener motivaciones egoístas en sus actos?
Pero masajear a su hermanito, sangre de su sangre, cuya peor reacción fue dormirse a la mitad y roncar sonoramente el resto del masaje, no lo preparó para enfrentar la espalda desnuda, hermosa en su imperfección, del hombre del que estaba profunda y penosamente enamorado.
Ni mencionar la cercanía de su pequeño y respingado trasero (cubierto solo por una mullida toalla) y de sus largas piernas.
Se dio una colleja mental y se llamó a la seriedad. Aquello no era por su placer personal, sino para ayudar a Tom en su tratamiento. Debía hacerlo bien para que Val accediera.
La piel de Val era suave, y olía muy bien. Muy diferente a la de su hermano, que olía a frituras.
Más de una vez tuvo la impresión de no saber a ciencia cierta que rayos estaba haciendo, pero su amigo no protestaba, salvo para indicarle que se condujera con seguridad y apretara con firmeza. De lo contrario esos nudos no se desharían.
Apretó la mandíbula para alejar los malos pensamientos que acudieron a su mente ante esas palabras. Ciertamente no fue esa la intención que tuvo su amigo.
A medida que descendía en dirección a la toalla su frente comenzó a sudar. Debió para un par de ocasiones, excusándose en la necesidad de reponer el aceite aromático, para secar la humedad. La toalla era pequeña, lo que le aterraba no era llegar hasta la espalda baja de Val, sino lo que había más al sur, a continuación de la tela.
Ignoraba que tanto podía masajear sin ser considerado inapropiado.
La voz adormilada del modelo le llegó lejana, interrumpiendo la bruma de sus cavilaciones.
—Puedo quitarme la toalla si deseas.
Nick tragó grueso. Si no conociera a Val pensaría que intentaba seducirlo. Pero su amigo no lo veía de esa manera… Además estaba medio dormido, con sus ojitos entornados. Ni el tono ni la expresión de su rostro se asemejaban a las que empleaba cuando iba en plan seducción.
Sin esperar su respuesta, el modelo se apoyó en una mano, se medio incorporó y de un jalón, deslizó la toalla y la arrojó al piso.
Nick sabía que su rostro estaba completamente rojo, se apresuró en cerrar la boca aunque la impresión de que era un bobalicón Val no la borraría jamás.
Se repitió con aspereza que Val no iba en plan seducción—¿En serio, Nick? ¿Val, fijándose en ti?—pero, modorra o no, jamás dejaría de ser un cabrón juguetón.
La sonrisa adormilada y el brillo travieso en sus ojos fue mas que elocuente.
—Relájate, Darling. O tú acabarás necesitando un masaje cuando termines.
Nick sonrió, avergonzado. Bajo la toalla Val llevaba un sencillo boxer azul rey. Nada ajustado ni revelador.
—¿Estás mas cómodo ahora?—preguntó, con genuina preocupación.
Nick carraspeó para aclararse la voz antes de responder afirmativamente.
Val cerró los ojos y fingió dormirse. Situaciones desesperadas requerían medidas desesperadas y esa fue la mejor forma que encontró para no tener que levantarse de la cama una vez acabado el masaje. Sabía que la caballerosidad de Nick le impediría despertarlo.
La sesión de esa tarde había alimentado algunas de sus dudas con respecto a su amigo, Ciertas actitudes suyas que no encajaban para nada en lo que se podía considerar como “timidez”.
Val transitaba con pies de plomo, lo que arriesgaba en caso de que sus presunciones fueran erradas era demasiado valioso como para atreverse a dar el siguiente paso.
“Y aunque ellas sean ciertas, dudo que él se haya dado cuenta consciente, por no mencionar que continúa teniendo novia”— se recordó, frotando con disimulo su erección contra el colchón, en medio de las suaves caricias de Nick.
Continuará…