«Basorexia» Fic de Haruxita
Capítulo 7: ¿Adivina quién viene a cenar? (P.2)
Einstein postulaba que el tiempo era relativo y empleó a una mujer hermosa para ejemplificarlo.
A Valentino Trümper no conseguía embelezarlo mujer alguna (aunque lo contrario sucedía con frecuencia), sin embargo la aseveración de su compatriota le hacía bastante sentido. El tiempo no fluía de la misma manera dependiendo de la compañía. Una reunión de media hora con su agente parecía extenderse por toda la eternidad, (el sujeto era un verdadero fastidio, pero el modelo se rehusaba a reemplazarlo en tanto hiciera un buen trabajo).
Con su amado Nick en tanto el tiempo era aún más variable: los cinco minutos —tal vez ocho— que al hombre le tomaba ir desde el estacionamiento hasta su recibidor nunca transcurrían lo suficientemente rápido, pero en cuanto se encontraba en sus brazos este detenía su marcha. Podrían comenzar a llover gatos, las verduras rebelarse o los zombies implantar un nuevo orden mundial y Valentino no se enteraría. Porque cuando el otro hombre lo mimaba todos los fragmentos de su corazón se recolocaban en el sitio correcto y nada más parecía tener importancia.
~*~
Nick Kaulitz era su tercera persona menos favorita del planeta, la lista la encabezaba por años Wolfgang Joop, Andy Brahl fue ascendido al segundo lugar recientemente.
Todos los hombres en la lista eran tipos relacionados directamente con su hermano, más que con él propiamente. El motivo era sencillo, si él tenía algún lio con alguien lo solucionaba de forma directa, a veces incluso sin emplear violencia.
Por supuesto, siempre había una excepción que venía a confirmar la regla, y ese no era otro que Markus Schönfeld.
Sus problemas con su ex-amor platónico parecían no tener fin, el dialogo no funcionó y cuando se atrevió a implementar medidas extremas estas sólo empeoraron su mala relación.
El hombre había pasado de ser “el amor de su vida” a un vergonzoso recordatorio del tiempo perdido persiguiendo un anhelo infantil.
Bill lo evitaba como la peste cada vez que le era posible, al punto de convertir a Geo en su conductor designado. Cuando su amigo no estaba disponible y no le quedaba otra alternativa más que recurrir al adulto ni siquiera le dirigía la palabra, con las justas lo miraba.
La encarnizada y absolutamente injustificada ojeriza que manifestaba el guardaespaldas por Bob Marley no hizo sino inclinar la balanza en contra del primero.
El idiota de su amigo… —¿no era absolutamente delirante como podía cambiar el estado de las cosas, de forma vertiginosa, en el transcurso de apenas unas cuantas semanas?— había resultado ser una gran sorpresa.
Mientras más lo conocía, más se acaba de convencer de cuán equivocado estuvo sobre él todo el tiempo.
De acuerdo, el chico tenía el cerebro saturado de ideas preconcebidas sobre los gays y la homosexualidad en general —Ideas erróneas, prejuicios, estereotipos o como se les quiera llamar— y le había hecho pasar bastantes malos ratos en el pasado, pero no le cabía ni sombra de duda que éste había cambiado de manera abismal. Bastaba ver la forma en que se había comportado con él durante esos días en que andaba con el corazón roto (aun no sanaba del todo, pero ya lentamente empezaba a cicatrizar).
Bob Marley seguía siendo un idiota, pero era un idiota que se esforzaba por reformarse y se había ganado su afecto a pulso.
~*~
Aunque lo deseara —lo que no era el caso— Val no podría ocultar su euforia.
Conocer los verdaderos sentimientos de Nick hacia él cambió completamente el enfoque que tenía de su amistad y acabó con las cortapisas que él mismo había establecido para mantener una prudente distancia emocional.
La inexistencia de aquella novia imaginaria, que había llegado a detestar sólo por el hecho de «robarle» el amor (y los besos y caricias de Nick) aunado a esas rotundas palabras «está tan colado por ti, que lleva dos semanas deprimido porque no va a pasar su cumpleaños contigo»
Si había algo que no le faltaba a Valentino Trümper era determinación, una vez que se fijaba un objetivo iba a por todas hasta conseguirlo, habría abordado a Nick mucho antes si las circunstancias no hubieran sido tan complejas.
Cuando recién comenzaron a tratarse él transitaba por una etapa complicada en su vida, no creía que algo como una pareja estable fuera posible para él. Sus relaciones eran breves y superficiales, fingía estar bien con ello. Luego conoció a Nick y tuvo que aceptar que tal vez su esquema no era el ideal, que una conversación trivial y un paseo por el bosque podían hacerlo feliz.
En eso se parecían, Nick y Pumba, antes de conocerlos no se había dado cuenta de que su vida estaba incompleta, ahora no podía vivir sin ellos. Junto con Bibi, eran su familia, sus amores.
Todas sus cuitas autoimpuestas —»es solo un buen amigo, no puedo involucrarme con él», «yo no estoy hecho para relaciones serias, ni él para sexo casual»— se fueron por el caño en el momento en que averiguó que sus sentimientos eran correspondidos. Que su dulce Nick era, en efecto,suyo.
Ya no existían motivos para actuar con cautela, le confesaría a su amado veterinario sus sentimientos y se aseguraría de hacerlo claramente para que no hubiera ningún tipo de malos entendidos.
~*~
Val no sólo había interrumpido su viaje a América —impetuosa decisión que podría costarle perder un jugoso contrato— sino que se había dedicado en cuerpo y alma a organizar la cena en honor de su amado Nick.
Su hermano disponía de menos de una semana y, aunque a simple vista podía parecer que una simple comida para cuatro personas en casa era pan comido, él se había esmerado porque esta resultara perfecta.
Bill estaba celoso por la dedicación y el cariño que su hermano ponía en cada detalle. ¡El idiota de Kaulitz ni siquiera era su novio! (y probablemente nunca lo fuera) Pero el chico no era el más indicado para criticar. Él también había cometido tonterías estando enamorado. Por lo menos Val era correspondido, de una forma increíblemente torpe y pasiva, pero correspondido a fin de cuentas.
El chico se había hecho un ovillo en el sillón de la sala, enfurruñado y triste. Nada de eso estaría sucediendo si él no hubiera abierto la boca. Pero Val se había oído tan triste y preocupado del otro lado de la línea —el veterinario también, pero el hombre lo traía sin cuidado— y Bill jamás dejaría que su hermano sufriera si estaba en sus manos cambiar ello.
—¿Sabes que eres la persona que más amo en el mundo? ¿Verdad? —afirmó su hermano sentándose a su lado. Acto seguido besó su coronilla y despejó los mechones que caían por su frente.
—Es lo que siempre me dices —farfulló enfurruñado, aun sin levantar la cabeza de entre sus rodillas.
—Deberé hacerlo a diario, para que no lo olvides. —agregó el adulto, sin dejar de acariciarle su cabeza con cariño.
—¿Tú… tú me dejarías por él?
—Mi Dior, Bibi. ¿Qué estás…?
—Si ustedes se casan y se van a vivir juntos. ¿Qué va a suceder conmigo?
Su hermano sonrió y desvió la mirada, señal de que tal pensamiento había cruzado por su cabeza en más de una ocasión.
—Frijolito, es sólo una cena. Yo…
—¡Pero te le vas a declarar! —Gimoteó con un pequeño puchero—. No viajaste miles de kilómetros sólo para cantarle el jodido“Zum Geburtstag viel Glück”.*
—Si me conoces a tal punto, deberías saber que jamás dejaría que nadie se interpusiera entre nosotros, ni siquiera mi pareja.
—Pero cuando se casen van a querer privacidad y… y luego adoptarán bebés y yo saldré sobrando.
—Frijolito. ¿No crees que te estas adelantando un poco? A Nick le gusta tomarse las cosas con calma, demasiada calma —agregó bajito, casi para sí mismo— ¿Quién dice que, en unos años, no serás tú el que se vaya de casa y me deje para irse a vivir con su pareja?
El chico lo miró con incredulidad.
—Sí, cómo no. Cómo si eso fuera a suceder alguna vez —y agregó con acritud— para que eso sucediera, algún pobre idiota se tendría que enamorar de mí y eso jamás pasará.
No lo creía posible, pero ahora no sólo estaba deprimido, sino amargado.
De verdad que no era justo. ¿Por qué la alegría de su hermano tenía que traer aparejada su desgracia?
Amaba a Val, pero desearía que existiera una forma en la que ambos pudieran ser felices.
~*~
Trümper le mordió la lengua con tanta fuerza que la saliva de ambos adquirió un regusto metálico. A Tom la brutalidad de su amante no hizo sino excitarlo aún más.
El condenado moreno se sentía más estrecho que cualquier chica con la que hubiera follado en el pasado. Estaba seguro de que esos arañazos en su espalda dejarían marca. Podía oír las bromas de Trümper en la piscina, la siguiente vez que fuera a nadar. “¿Te peleaste con un gato, Bob Marley?”, y el respondería: “Con una gata en celo, más bien”.
El jalón en sus bolas fue un claro indicativo de que estaba a punto de…
Tom nunca odió tanto el sonido que hacía su móvil al descargarse como esa madrugada.
Aquél fue el sueño húmedo más detallado y caliente que había tenido hasta el momento. ¡Si tan sólo el jodido aparato hubiera aguantado unos segundos más él se podría haber corrido, en el sueño y en la vida real!
Frustrado y atenazado por la culpa que lo embargaba tras cada sueño, fantasía o caricia compartida con el moreno, se masturbó para quitarse la erección que cargaba. No obtenía placer de ello, apenas una burda liberación.
Aunque estaban trabajando en ello.
No, su terapeuta no estaba al tanto de sus actividades onanistas, ni de cuán cercana se había tornado su relación con el moreno. Había cosas demasiado vergonzosas que simplemente no le podía contar a la mujer.
Sin embargo Pauline no era estúpida, debía colegir muchas de ellas de esos largos monólogos en que Tom no hacía más que hablar del moreno.
El consejo que más le oía a su psicóloga era. “Si tus actividades con este chico son consensuadas, no debes sentir culpa por aquello que te proporciona placer, Tom».
Pero decirlo era infinitamente más sencillo que ponerlo en práctica. Aun convivía con esa maldita voz en su cabeza que, cada vez que gemía el nombre de Trümper contra su almohada, le repetía lo asqueroso y pervertido que era y cuán decepcionado se encontraría su padre si se lo viera.
Limpió el semen de su abdomen y los vestigios de sus sábanas con los pañuelos que ahora siempre mantenía en su mesita (esa pañuelera se vaciaba muy rápido), e intentó volver a dormir.
Había tenido una mala tarde y necesitaba evadirse de la realidad por un par de horas.
Al sentir los parpados pesados rogó no soñar con su «Mauschen» nuevamente.
~*~
Su hermano había llegado temprano ese día, no despertó sus sospechas porque con «el marica mayor» en América no había nada que lo retuviera fuera de casa.
Nick volvía a sonreír, luego de semanas en que su humor se había apagado por culpa del corazón de hielo de Valentino Trümper, Tom vio en ello una señal positiva. Debió saber que era demasiado bueno para ser cierto, la infatuación del adulto por el modelo era crónica.
—¿Que quieres para cenar?—interrogó, dejando sus bocetos sobre sillón.
—Hoy descansarás de la cocina, comeremos en el centro comercial.
—¿Y eso por qué?
—Necesitas ropa nueva.
En otra época la idea le habría entusiasmado, nunca se tenían suficientes gorras y había unas zapatillas a las que le había echado el ojo. Pero ahora intentaba encargarse de sus propias cuentas, para aligerarle la carga a su hermano (su padre cumplió su palabra y no había aportado un centavo desde que se fue de casa).
Luego de rehusarse repetidas veces y llegar a la conclusión que— de algún modo extraño—su hermano parecía feliz de gastar dinero en él, se dejó arrastrar al centro comercial.
No fue hasta que estuvieron de regreso en casa, bien entrada la noche, que Nick soltó la bomba.
Era demasiada información que asimilar. Mientras Trümper y él estaban en el cine, «La Señora Trümper» regresaba a Alemania y visitaba a su hermano en la clínica. El haber estado a un pelo de rana calva de encontrarse con éste en el pent-house pasó a segundo plano, desplazado por la invitación doble a cenar.
Tom no creía en las coincidencias. Apenas dos días atrás se le había escapado información vital sobre los sentimientos de Nick, ante Trümper y ahora pagaba las consecuencias de semejante desliz.
Aquella no era una inocente invitación a cenar. Apostaría sus rastas en ello.
~*~
—¡¿Que mierda hiciste, Trümper?!
Bill intentó abrirse paso entre las brumas de la inconsciencia y recordar, efectivamente, que rayos había hecho para que la persona del otro lado de la línea se hubiera convertido en un energúmeno.
—Humm… ¿Bob Marley? ¿Qué hora es?
—Siete y veinte.
—¿De la… —bostezo— tarde?
—De la mañana. Concéntrate, idiota.
—Estoy de vacaciones, déjame dormir.
Se dio el gusto de colgar y cerrar los ojos treinta segundos antes de que móvil sonara nuevamente.
—¿Qué demonios?
—Trümper, pon atención, ¡esto es importante!
—¿No puedes esperar hasta que mi cerebro despierte? —Ligero ronquido—como a las doce.
No, no podía.
El idiota de Bob Marley se aseguró de despertarlo encendiendo su equipo de sonido al volumen máximo.
Iba a matarlo lentamente, luego de averiguar que rayos era aquello tan urgente que Kaulitz tenía que contarle y que no podía esperar hasta que sacara el sueño.
—Ya me despertaste, ¿qué rayos sucede?
—Es lo que quiero saber. ¿Qué demonios le dijiste exactamente a tu hermano?
—¿Por qué?
—Porque nos invitó a cenar a TU CASA este sábado.
—¿A qué te refieres con «nos»?
—Eso, » Nos». A Nick y a mí.
—¿A ti? ¿Por qué te invitaría a ti?
—Eso es lo que quiero que me expliques.
~*~
Pese al cabreo de Tom, (o precisamente por ello) le cayó a Bill de visita esa tarde.
Se había acostumbrado a verlo casi a diario, sin necesitar otro motivo más que el pasar tiempo juntos.
Tom ignoró la vocecita en su cabeza que le decía que eso era exactamente lo que su hermano hacía con el maricón mayor.
Había una gran diferencia, Nick estaba enamorado del modelo, en cambio él…
Él sólo padecía una fuerte obsesión con Bill, tenía sueños húmedos con él y le ponía recordar las ocasiones en que se habían acariciado de mentiras.
Tom ya no se pajeaba con la misma frecuencia que hace unos meses atrás, lo achacó a que la terapia estaba funcionando. Aunque demasiado lenta para su gusto, sus noches de insomnio ahora las pasaba suspirando al rememorar esos suaves labios con sabor a frutas.
¿Cuán marica podía sonar eso?
Bill estaba de mal humor esa tarde, a él tampoco le agradaba la idea de la cena.
Ambos se mostraron bastante fatalistas al respecto, no veían cómo ello pudiera resultar bien. Desde luego, ambos tenían sus propios temores acechando que no podían confesar al otro, a pesar del grado de complicidad que habían desarrollado en los últimos meses.
Mientras que a Tom le preocupaba sobremanera que el modelo rompiera nuevamente el corazón de su hermano—en ocasiones su candidez podía rayar en la idiocia—, las inquietudes de Bill eran mucho más personales. Una sola mención de Bob Marley sobre su «ex» y no habría internado suficientemente alejado para que la ira y decepción de Val se aplacara.
Durante los últimos meses había tejido una red de mentiras que se fue tornando cada vez más enmarañada y de la cual no era nada sencillo salir.
Markus creía que Tom era su novio y que iba en serio con él. Tom creía que en algún lugar de Berlín existía un «chico» llamado Markus, con el cual tuvo bastante más que un simple tonteo. En tanto que a sus amigos les había hecho creer que tenía un novio misterioso del que estaba locamente enamorado.
Todo esto a espaldas de su hermano, por supuesto.
Toda la situación se había convertido en una bomba de tiempo, que amenazaba con estallarle en la cara la tarde del sábado.
No era de extrañarse que esos días durmiera poco y mal.
Hasta el mismísimo Bob Marley se lo dijo ese día, con su sutileza característica. —Te ves como mierda. ¿Qué rayos hay de malo contigo?
A veces el temor hacía que la gente actuara de forma extraña, esa tarde a Bill lo dotó de unos cojones impresionantes.
Se levantó del escritorio y se sentó en la alfombra junto a Tom, provocando que el pobre chico cerrara su croquera bruscamente. A Bill le intrigaban esos misteriosos dibujos, pero no era el momento de indagar en ellos, tenía un asunto realmente importante entre manos.
Se mordió el labio antes de hablar en tono confidencial.
—No te he dicho toda la verdad…
~*~
—No es lo que piensas, no es una cita.
Le repitió Nick a su amiga, por vigésima vez esa semana.
Natalie parecía pasar por alto el hecho de que tanto Tom como el hermano pequeño de Val también estarían en la cena. Sin contar con que él estaba muy lejos de las ligas de Val.
La mujer lo miró con incredulidad y regresó a su café.
Quizá no fue buena idea mencionarle la invitación, pero hasta los clientes se habían sorprendido con la intempestiva llegada del maniquí la clínica y no le quedó más remedio que saciar la curiosidad de su amiga.
~*~
Como era de esperarse, Bob Marley no reaccionó de buena manera. Al menos fue lo bastante cuerdo para no alzar la voz, todos sus reclamos y epítetos los realizó a media voz.
—¡¿Me estás diciendo que tu ex y el gorila abusivo son la misma persona?! ¡¿Que ustedes follaban en esta misma cama?! —Graznó, golpeando con el puño el borde del colchón en que ambos estaban apoyados— ¿Por eso es que ese degenerado me detesta?
Bill bajó la mirada. ¿Tan mal se veía la historia vista desde fuera?
—No exactamente.
—¡¿Cómo que «no exactamente»?! —de haber sido una caricatura al chico de rastas le habría salido vapor por las orejas, así de furioso lucía— ¡Ese sujeto es un maldito pedófilo! ¿Qué edad tenías cuando te dio tu primer beso?
—Doce*. Pero las cosas no son como parecen.
—Trümper, ese pervertido se aprovechó de ti, ¿cómo puedes defenderlo? ¿Tu hermano lo sabe?
—No lo estoy protegiendo —alegó, enojado. ¿Quién rayos se creía Bob Marley para meterse en su vida, después de todo?— Val no sabe nada, porqueno pasó nada. Todo fue una gran mentira. —confesó finalmente.
—¿A qué te refieres con «todo»?
—Todo. Nunca fuimos novios, él jamás me tocó (a pesar de todas las veces que yo se lo pedí). Para él sólo soy el crío molesto que está obligado a cuidar.
Bill se secó las lágrimas que empezaban a nublar su vista con fastidio. no sólo había quedado como un llorón ante Bob Marley, además arruinó su maquillaje y para colmos ahora tenía un feo manchón negro en el dorso de su mano.
Kaulitz era el mayor de los idiotas, su idea de consuelo fue darle una dolorosa colleja.
—¡Au! ¡¿Que mierda?!
—Eso es por involucrarme en tus mentiras. ¿Para qué jodidos me hiciste pasar por tu novio?
Bill suspiró, intuyendo que esa parte le sentaría a Tom como patada en los huevos.
Le contó de la seudo extorsión de Markus, sus condiciones para quedarse y cómo él intentó cumplirlas pese a tener el corazón roto.
A pesar de lo enfadado que se vio un momento atrás, Tom le dio un amistoso empujoncito con el hombro y le habló con una voz tan calma que casi sonó dulce.
—No te mortifiques por él, ese tipo es un imbécil, ¿necesitas más pruebas? —Bill suspiró y se esforzó en fingir una pequeña sonrisa.—Al menos algo bueno has obtenido de todo esto.
—¿Qué cosa?
—Yo. —respondió, inflando su pecho, ufano.
La carcajada espontánea no tardó en aflorar.
Definitivamente hablar con Bob Marley fue una sabia decisión, no sólo se quitó un enorme peso de encima, sino que el chico le dio todo su apoyo.
De todos sus amigos, Bob Marley era el único que estaba enterado de su desafortunado crush por el guardaespaldas, y así continuaría hasta el fin de los tiempos.
~*~
Se estiró en la cama con la elegancia y sensualidad de un felino.
Luego de un par de días bastante agitados en que su mente y corazón libraron una batalla campal, finalmente la cordura había logrado imponerse y aquietar las aguas. Sus alborotadas hormonas acatarían la voz de la razón, por mucho que le pesara.
Cogió nuevamente la pequeña cajita, con la que había estado jugueteando la noche anterior y se colocó la joya que esta contenía. La esclava le iba un poco grande porque el destinatario del obsequio tenía brazos fuertes y recios, de muñecas mas gruesas en comparación a las suyas. Brazos que al modelo hacían suspirar de sólo imaginarse siendo acunado por ellos.
Recorrió la inscripción con sus dedos, el peculiar patrón geométrico cuyo significado oculto sólo él conocía. Las dos palabras que resumían sus sentimientos por Nick y que, a su pesar, aún debería guardarse un tiempo más para sí.
Sus planes al coger el avión de regreso a casa eran declararse ante el introvertido veterinario en una cena romántica. Acabar la velada con una torrida sesión de besos en el sofá de la sala, luego de asegurarse de que al hombre le quedara muy en claro la seriedad de sus intenciones.
Planes que debió posponer de forma indefinida dados los últimos acontecimientos. Primero su dulce hermanito recordándole punto por punto sus propios argumentos en contra de abordar precipitadamente a un hombre tan introvertido como Nick Kaulitz, y luego lo ocurrido esa tarde…
Aun tenía un par de días libres en su agenda, —puesto que se suponía que debía estar en N.Y. —, por lo que esa tarde almorzaron juntos, como se había vuelto costumbre.
Al salir de su auto agradeció a Dennis el abrirle la puerta, sin embargo se quedó a mitad de la frase porque quién estaba de pie en la acera y le tendía la mano para ayudarle a bajar no era su chofer.
Desde que su amado veterinario llegó a su vida muchas cosas habían cambiado en ella, Val se sentía en confianza para mostrarle más autentico, espontáneo. Inclusive se había dado permiso para relajar el control sobre sus reacciones corporales. El coqueteo mecánico y casi obligado que realizaba en todo lugar, porque se suponía que era parte del personaje, se trocaba en su presencia por una sonrisa espontánea y un sonrojo casi adolescente. Junto a él se olvidaba de sus imposturas de Diva y se convertía sólo en un chico enamorado.
Y, como todo chico enamorado, su impulsividad estuvo a punto de jugarle en contra.
Tras el almuerzo —en que exageró un poco cada anecdota de su viaje, sólo porque deseaba verlo reir a carcajadas—, acercó a Nick a la clínica. Eran tan sólo unas cuantas cuadras que el hombre solía recorrer a pie, pero por alargar un poco mas su compañía accedió.
Su impulsividad —aunada a su entusiasmo desbordante y sus hormonas fuera de control—lo impelió a actuar un tanto mas osado que de costumbre. Tal vez no debió accionar el vidrio polarizado que los separaba de los asientos delanteros, quizá su mano presionando su rodilla de forma algo ansiosa lo puso tenso, o la manera demasiado íntima en que acarició su barba al despedirse.
Tal vez demorarse deliberadamente en besar cada mejilla no fue una buena idea.
Lo cierto era que —cual fuera el motivo, tal vez un poco de todo— nada le quitó la impresión de que Nick se habí escabullido de prisa en cuanto abrió la puerta del auto.
Val suspiró nuevamente, moviendo su mano con suavidad, arrancándole destellos a la joya en su muñeca.
Su amado Nick no estaba listo para saber la verdad.
Por mucho que le pesara tendría que guardar sus anhelos (y los besos que se moría por darle, de una buena vez) en el armario.
Nick no era un hombre con el que quisiera correr riesgos por un tonto atarantamiento. Sin embargo se aseguraría de que la espera valiera la pena —la pena, las noches de dildo en que se corría estrujando la almohada y jadeando su nombre, las mañanas en que su cama se le antojaba demasiado grande, los sábados en que deseaba ser arrinconado contra un acebo y fingir que le preocupaba ser picado por hormigas sólo para hacer mas dulce la conquista del beso—. Esperaría, no porque la paciencia fuera una de sus virtudes (el mundo sabía que carecía de ella), sino porque estaba empeñado en que, cuando dijera las dos palabras que traía atragantadas en el pecho durante meses, Nick no saliera huyendo sino que le respondiera sin titubeos «yo también».
A Val no le agradó que sus maravillosos y cachondos planes se aguaran, pero no quería que su amado Nick pusiera pies en polvorosa.
~*~
«¡Esto es tonto! No sé para qué debo arreglarme tanto. ¡Ni que fuera una jodida cita!» — Farfulló Tom, para sí, encerando con esmero cada una de sus rastas.
Como si no bastara con tener que aguantar a la «noviecita» de su hermano y tener que comportarse.
No quería parecer un homeless o ser confundido de nuevo con un maleante por el estúpido conserje. Le importaba tres pepinos lo que «La Señora Trümper» pensara de él —Nick le había pedido encarecidamente que se comportara—, pero el moreno también estaría allí y Tom estaba seguro que luciría de infarto.
No era una cita, al menos no suya, pero era lo más cerca que estaría alguna vez de tener una con su pesadilla húmeda.
~*~
—Al menos podrías disimular.
Nick le sonrió al reflejo de su hermano en el espejo y se desabrochó el primer botón de la camisa, la invitación decía «semi formal» despues de todo. —¿Disimular que?— preguntó, fingiendo no comprender por donde iban los tiros.
—Que ese tipo te pone baboso. Se va a dar cuenta si no tienes cuidado en esa estúpida cita.
~*~
«Esta es la cita más bizarra en qué estado —se quejó Bill, acabando de maquillarse—, ¡y ni siquiera es mía!»
Detestaba hacer mal tercio, para colmos Bob Marley también estaría allí, tendría que irse con cuidado con lo que le dijera al idiota de Nick. Bueno, por el chico de rastas y porque se lo había prometido a su hermano.
No era su puñetera cita, pero ahí estaba, vestido para matar. Si de él dependiera se habría puesto lo primero que encontrara en su armario, pero su hermano había recalcado todo el condenado día que debía «vestirse decentemente».
Sólo deseaba que esa estúpida cena acabara pronto, y que su tonto y enamorado hermano no la cagara. El veterinario le traía sin cuidado, lo que no quería era ver sufrir nuevamente a Val por su culpa.
~*~
—¡Desde luego que no es una cita!
Comentó entre risas a a su hermanito, con los ojos brillando de entusiasmo.
—Y por esa «no cita» cambiaste el estilo de peinado. —acusó Bill acabando de ajustarle los broches del elaborado cinto que sólo usaba en ocasiones especiales. Mientras la suave voz del adulto tarareaba bajito una dulce melodía.
—Sólo necesitaba un ligero cambio Bibi, nada drástico —no le estaba permitido, por imposiciones del contrato con la agencia—, sólo refrescar un poco mi look.
¿Qué no podía desear un cambio sólo por el gusto de hacerlo?
~*~
—Corta el rollo enano, te dije que no es una cita.
Afirmó, de excelente humor, aun sin decidirse por alguna de las tres corbatas que había comprado para la ocasión.
¡Por favor! Para que fuera una cita su amigo debería estar interesado en él, ya fuera de forma física o romántica, (ni se diga sexual) lo cual no era, ni remotamente, su caso.
~*~
—Mi Dior, si no es una cita ¿entonces, por qué estoy tan nervioso? —Cuestionó a su imagen en el espejo de pie.
Lucía majestuoso, impecable y seguro de si. Aunque sus rodillas le temblaban como hace mucho no lo hacían.
Se había arrepentido y cambiado su determinación tres veces más esa mañana. Su cabeza aun era un lio, ni hablar de su estómago, apenas picoteó una ensalada de frutas al almuerzo, porque el batallón de mariposas que allí habitaba estaba en pie de guerra.
~*~
Debía sentirse estúpido, o al menos abochornado por experimentar mariposas en el estómago de la anticipación.
Ya no era un crío que enfrentaba un mix de emociones ante su primer enamoramiento. Era un hombre adulto que aprendió de la peor manera a ser cauteloso cuando de asuntos sentimentales se trataba. Y la de esa tarde no era una cita romántica con su interés amoroso, era una cena en familia con motivo de su cumpleaños.
Cena en la que estarían presentes el hermano pequeño de su Val… amigo: Un chico que no lo podía ver ni en pintura, y su propio hermanito: Un encantador adolescente con problemas conductuales, que sabía ser increíblemente irritante cuando se lo proponía y que, sólo como antecedente, no estaba de acuerdo con aquella celebración.
Si, esa noche no tenía visos de cena romántica por ningún lado.
Pero de todas maneras él no había parado de tararear «Crazy» desde la tarde en que el vendaval Trümper pasó por su oficina poniendo toda su vida de cabeza y haciendo que su corazón quisiera salirse de su pecho.
~*~
Antes de salir de casa Nick se encargó de repetirle que «fuera amable» con los chicos Trümper y que, dentro de lo posible, mantuviera su lengua mordaz en reposo.
Podía manejarlo, llevaba un tiempo sin insultar al moreno (salvo los esporádicos «marica» que ahora cargaban una connotación muy distinta a la de otrora). En cuanto al modelo… Su «novio» se había encargado de quitarle su costumbre de putearlo a base de regaños y collejas.
No habría problema con ello, era pan comido.
Pero al subir al ascensor Tom ya llevaba un humor de perros.
Nick se la pasó mirándose en el retrovisor cada vez que se topaban con una luz roja. Su cabello lucía perfecto y su barba parecía de catálogo, pero aun así su hermano no estaba satisfecho. Tom sabía que era por Val, porque el «maldito modelo» era jodidamente fijón.
En su cabeza imaginaba a Val como un ogro capaz de despreciar a su hermano por una mechita fuera de lugar.
En un acto impulsivo, poco antes de llegar al pent-house, Tom atacó el perfecto moño de su hermano, logrando que se soltara un mechón que un nervioso Nick no alcanzó a componer a tiempo.
Tom confió en que verlo llegar desarreglado de esa forma fuera suficiente para que el modelo se saliera de sus casillas, abandonara esa impostura de hombre civilizado y dejara salir a la perra que llevaba dentro. Era la única táctica que se le podía ocurrir para que su hermano se desencantara de él de una vez por todas.
~*~
Al oirse la campañilla del ascensor, Val le pidió a Bill que lo acompañara a recibir a los invitados, como acordaron más temprano.
El maniquí era un atado de bien enmascarados nervios, que se dispararon en cuanto las puertas metálicas se abrieron y ambos Kaulitz salieron por ellas.
Durante esa mañana elaboró un largo listado de valederas razones por las cuales no era aconsejable permitirse caer en tentación, al menos no antes de tiempo, listado que olvidó en el momento en que vio a Nick vestido de traje.
Nick llevaba el mismo traje que usó para el lanzamiento de «Temptation«, no traía corbata, el primer botón iba desabrochado y un mechón se había escapado de su moño.
Se mordió el interior de la mejilla para no dejar escapar un jadeo, su hermanito debió adivinar el trance que atravezaba porque le pellizcó el costado con sus afiladas uñas.
Dolió, pero era justo lo que necesitaba para enfriar sus pensamientos y abocarse a su labor de perfecto anfitrión
Fue un momento tenso e incómodo para los cuatro, aunque ambos chicos fueron previamente aleccionados por los adultos siempre cabía la posibilidad de que uno (o los dos) decidieran hacer de las suyas.
El modelo agradeció a Dior el que ambos se comportaran.
Como el de rastas previó, al tratarse de una cena semi formal Nick y él no eran los únicos vestidos acorde a la ocasión.
Tras la bienvenida le dio un vistazo y un parco saludo al anfitrión.
No sabía si estar decepcionado de que su plan malvado no funcionara o contento por su hermano, que se veía aliviado de que su mechón impertinente no desatara una catástrofe.
Luego dirigió su mirada al moreno y dejó de prestar atención a lo que sucedía a su alrededor.
El jodido Trümper iba vestido como un sueño húmedo (no le cabía duda que soñaría con ese atuendo esa noche y las siguientes).
Jeans ajustados, camisa y chaqueta de cuero, completamente de negro. Incluyendo las botas de tacón que agregaban más de cinco centímetros sobre los que ya le sacaba. No le importó la diferencia de estatura, es más, lo hubiera escalado con gusto.
Nick le dio un ligero aventón con el hombro, el gesto era claro «sé gentil».
—Eto… Linda chaqueta.
—Gracias.
La condenada «señora Trümper» amagó una sonrisa.
Que lo hizo ruborizar a pesar suyo.
¡Cómo detestaba a ese sujeto!
Acto seguido, Val carraspeó y le tocó su turno a Bill, quién tenía mas experiencia que Tom en reuniones sociales de adultos, este hizo su parte dándole la bienvenida al festejado.
El aire se podía cortar con un cuchillo, para aligerar el ambiente Val sugirió/ordenó a Bill que le mostrara el piso a Tom, este no perdió un segundo, lo jaló de la camiseta y desapareció en dirección al nivel superior.
~*~
A Bill le hizo gracia el tour por el piso porque Tom lo conocía casi completo. El moreno no dejaba de realizar comentarios del tipo «y esta es la cava, es un buen refugio cuando alguien necesita ahogar penas de amor», el otro chico sólo rodaba los ojos y amagaba una sonrisa de medio lado.
Ambos chicos se encontraban en el mismo predicamento, ninguno de ellos deseaba estar en esa cena ni que los planes de Val se concretaran. Pero Bill tuvo que reconocer que, a pesar de todo, no se la estaba pasando tan mal, los comentarios mordaces del chico de rastas lo mantenían divertido y con la mente alejada de lo que sucedía en el recibidor en ese preciso momento.
Para finalizar el recorrido subieron a uno de los pocos lugares que Tom aun no conocía: la terraza. El chico quedó anonadado con lo que encontró allí, no imaginó que fuera tan grande y hermosa, de no ser por la vista no se daría cuenta que estaba en el techo de un edificio y no es una casa en las afueras. Había un mini gimnasio a un costado, una jardinera, tumbonas y mucho verde por doquier.
—¿No se supone que tienes piscina? ¿Dónde está?
Bill sonrió misterioso y accionó un control remoto, un panel removible se colapsó mostrando la piscina que se ocultaba bajo este. Bill explicó que en invierno era vaciada y cubierta, de la misma manera el techo se plegaba.
Agregó que en realidad la piscina no la usaban mucho porque en verano pasaban las vacaciones fuera. La mención de la palabra “vacaciones” entristeció a Tom, significaba que Bill pronto viajaría y no lo vería en varias semanas.
—¿Vas a extrañarme, Bob Marley?
—¡Claro! Como a un grano cuando te deshaces de él.
Bill golpeó su pecho con el puño no tan fuerte, canturreando: “Vas a echarme de menos “— y agregó, ya más serio— De todas maneras no creo que este año estemos fuera mucho tiempo.
—¿Por qué?
Bill hizo el ademán de «dah»
—Por tu hermano, idiota. Ya viste el alboroto que se armó cuando Val viajó a América.—se quejó, haciendo una mueca de desagrado. Por inercia cogió una de las rastas de Tom y jugueteó con ella entre sus dedos.
—¿No se te quita esa mala costumbre?—reclamó, recobrado su rasta de regreso, luego de ser olisqueada por su «novio».
—Ya no huele a frituras, ¿cómo le hiciste?—preguntó de vuelta, obviando su comentario.
—Descubrí un producto químico, se llama shampoo.
El moreno rodó los ojos y le dio un suave empujón en el hombro —Idiota
—Estamos bajo sumario sanitario.—mintió.
—¿Qué es eso?
Tom bufó.
—De verdad eres una niña bien, que no se entera de nada.
—¡Hey! Ya me burlaré cuando bajes a cenar y no sepas que tenedor usar para la ensalada.—el de rastas puso una cómica cara de espanto. Cuando su hermano le habló de la cena nunca mencionó nada sobre cubertería especial. —¡¿Vas a explicarme o tendré que googlearlo?!
—Pues googleaglo—espetó, enfadado. Ahora resulta que haría un papelón ante la «Señora Trümper».
—Me da pereza. ¡Anda Bob Marley, no seas pesado!—Tom bajó la mirada hacia la pálida mano en su pecho, que estrujaba su camiseta y le daba jaloncitos.
No era la primera vez que Trümper usaba ese gesto, y estaba probando ser brutalmente efectivo.
Tom exhaló teatralmente y cogiendo la mano invasora por la muñeca la desenganchó de la prenda.
La expresión de Bob Marley cambió por una de completo desagrado en un parpadeo. Bill no creía que fuera par tanto, solía ser aún más exasperante con el de rastas y este no reaccionaba de esa manera.
—¿Qué ocurre?
—No voltees, pero el gorila nos está espiando.
Bill ya temía que el guardaespaldas hiciera algo semejante. ¿Por qué contentarse con observarlos a través de las cámaras si podía acecharlos y amedrentar a Tom con su presencia?
Y hablando del rey de Roma, es sonrisa estilo Joker no auguraba nada bueno…
—¿Qué tal si lo cabreamos un poquito?—propuso.
La veta vengativa de Bill estuvo más que dispuesta a oír lo que su amigo tenía en mente.
—¿Qué sugieres?
—¿Tu qué crees?
Bob Marley no sería Bob Marley si no le reclamara por traer tacones, como si fuera culpa de Bill que el otro chico todavía no se desarrollara.
Bill supuso que a la distancia la escena debió verse muy graciosa, Tom empinándose de puntitas y él inclinándose hasta que sus labios finalmente se encontraron.
Bill tenía que reconocer que Bob Marley no besaba nada de mal, quizá lo habían hecho tantas veces que ya se había acostumbrado y, poco a poco, ambos se habían adaptado a las exigencias del otro.
Al hacer memoria el moreno se da cuenta de que no ha besado a otro chico desde que terminó con su ex. De hecho no ha tenido sexo con nadie en todo ese tiempo.
Ese último pensamiento era de suyo bastante perturbador.
El beso fue corto pero intenso, las manos inquietas del de rastas apretando su trasero agregaron un ingrediente extrañamente excitante.
El beso acabó con el otro chico mordiéndole el labio inferior y jalando, lo que dejó a Bill un poco en las nubes.
Olvidando completamente que se trataba sólo de una pantomima para molestar a Markus, el moreno intentó retomarlo con la total anuencia de Tom, pero «algo» mejor dicho «alguien» jaló bruscamente a este de la sudadera, separándolos.
Tom reaccionó con violencia, dando medía vuelta y empujando con ambas manos al guardaespaldas en el pecho, aunque no consiguió mover ni un centímetro a la mole de músculos.
En un movimiento fluido el guardaespaldas le arrancó la gorra de su cabeza y la arrojó con saña por el borde de la terraza hacia la calle.
—No se permiten gorras en la mesa. La cena se servirá en quince minutos—agregó, sin quitar su mirada acerada del enfurecido adolescente que mascullaba “¡Esa era mi gorra favorita, imbécil!”.
Cómo el chico no se amilanara, el adulto lo cogió de la camiseta y lo alzó hasta que sus pies perdieron contacto con el piso.
Asustado por lo que este pudiera hacer a continuación, (nunca lo había visto tan descontrolado) Bill debió improvisar una sangre fría que estaba muy lejos de poseer en esos momentos.
—¡Markus, baja a Tom ahora! —Como el hombre no obedeciera tuvo que tentar su suerte—Me obedeces a mí, o a mi hermano. Sólo que Val no se conformara con un simple llamado de atención.
El sujeto pareció reaccionar y soltó a su amigo, de mala gana.
Bill abrazó a un Tom muy pálido, por un instante de verdad temió que Markus lo arrojara al vacío, y todo por su obstinación de involucrarlo en sus mentiras.
Tenía que aclarar cuentas con Markus, ese comportamiento matonezco no podía continuar.
—¿Bob Marley, podrías adelantarte?—pidió, su barbilla aun temblando por el susto—yo bajo enseguida.
El de rastas miró de Bill al gorila y de regreso. Bill podía leer el miedo en sus ojos.
—Estaré bien—aseguró. Aunque luego del reciente despliegue de brutalidad de parte del otro hombre no sabía que esperar de él.
Apenas el otro chico desapareció escalera abajo el moreno se plantó, de brazos cruzados, ante el que fuera su gran amor. Markus había cambiado tanto en tan poco tiempo que Bill ya no sabía que sentía por él
—¿Que mierda pensabas hacer con él?
—Sólo quería asustarlo un poco.
—¿No se supone que lo ibas a dejar en paz?
—Si tu deseo es estar con ese delincuente no voy a interponerme, pero eso no significa que le vaya a hacer la vida sencilla mientras él esté en esta casa
Bill meneó la cabeza. ¿Cómo pudo ser tan ciego?
—Te lo advierto, Markus, si le vuelves a poner un dedo encima le cuento todo a Val. ¿Cómo crees que reaccione cuando sepa que has estado acosando al hermano pequeño de su adorado Nick?
Bill esperó que el hombre argumentara, que amenazara con develar su tonto enamoramiento, sin embargo algo de decencia debía quedarle porque guardó silencio.
~*~
Ya a solas, Val se sintió con libertad para saludar apropiadamente al «chico del cumpleaños».
Nick, que esperaba su acostumbrado saludo francés —un beso por mejilla—, fue tomado por sorpresa por el estrecho abrazo que Val le dio. Cuando salió de su asombro respondió con gusto, deseando no tener que separarse.
El corazón del maniquí palpitaba acelerado contra el pecho de su amado, nada inusual, al menos cuando Nick estaba cerca. Pero esta vez había un ingrediente adicional: la certeza de que sus sentimientos eran totalmente correspondidos le hacia desear tirar la prudencia por la ventana y besarlo de una vez.
Nick había prescindido de su usual loción para después del afeitado y en lugar del suave olor a pino —que Val había llegado a asociar con el hombre— esa tarde olía a un suave perfume amaderado, el que no ayudaba en nada a combatir los deseos de desarmar el pulcro moño y hundir sus dedos en el largo cabello oscuro.
Si conseguía llegar al final de día sin que Nick descubriera su secreto sería solo debido a una combinación del despiste crónico de este y sus grandes dotes actorales.
Val era paciente, y frío. Sabía que las cosas que realmente valían la pena en la vida se conseguían con trabajo arduo. Él no era el top model más cotizado del viejo continente sólo merced a su deslumbrante belleza andrógina, tras su éxito había disciplina y no pocos sacrificios personales.
Por lo tanto, esperar para obtener los anhelados frutos no le era ajeno. Sin embargo, ¿no había esperado suficiente ya?
Tan solo un beso, ¿qué de malo podía haber en un pequeño e inocente beso?
Los labios carnosos de Nick eran tan tentadores… Empero, se sabía incapaz de detenerse una vez hubiera comenzado.
Y aquella era su respuesta.
Tendría que seguir aguardando el momento indicado, enviarle las señales adecuadas a Nick para que comprendiera, sin necesidad de expresarlo con palabras, cuan deseado (y amado) era.
Las ganas de asaltar sus labios, acicateadas por el escalofrío que las caricias del otro hombre en su espalda, eran tan potentes que contenerse dolía.
Val se apartó dentro del abrazo y acomodó el mechón rebelde tras la oreja del otro hombre, demasiada tentación para su voluntad cada vez más débil.
Nick le agradeció, algo abochornado, todas las molestias que debió tomarse para esa cena.
Val, a su pesar, dejó escapar un «no es molestia, es un placer» que afortunadamente Nick no tomó a mal.
Se humedeció sus labios y le sonrió con gula.
¿Un beso en la frente era lo bastante fraternal para no prestarse a malos entendidos? Nick los empleaba para achucharlo.
¿Un beso esquimal?
Un simple y nada sexual beso esquimal. Intercambiando su aliento, cerca de su boca, frotando su piel…
Un intempestivo golpe en su retaguardia puso fin a sus cavilaciones.
—¡Scotty!
—Espero que no te moleste que lo haya traído, la invitación era extensiva a todos los Kaulitz y como hoy no fuimos al bosque, le debía una salida.
Val se agachó a acariciar al can, agradeciéndole silenciosamente su proverbial interrupción. Había estado a punto de caer en tentación.
—Scotty es bienvenido, al igual que el resto de tu familia. —Aseguró, besando la peluda coronilla del labrador.
~*~
Su amigo lo esperaba en el rellano de la escalera, mordiéndose el labio con nerviosismo. El machote badass deEllen Keyreducido a un chico apocado e inseguro. Le inspiró tanta ternura que Bill no se contuvo y le dio un besito en la mejilla.
—¡Hey! Te dije que estaría bien: “Perro ladrador, no mordedor”. —comentó.
—¿De verdad estuviste enamorado de ese pelmazo todos estos años?
Bill bufó. —Es una herida aún abierta. ¿Quieres dejar de escarbar en ella, por favor?
Tom hizo de nuevo ese gesto de jugar con el piercing de su labio, momento en que el moreno se dio cuenta de un error que pudo poner sus escarceos en la terraza en evidencia.
Con el pulgar limpió los restos de gloss de labios del otro chico.
~*~
La cena se desarrolló en silencio. Nick algo cohibido por la presencia de los adolescentes, se guardó los comentarios sobre la comida para sí, aprovechó muy bien el tiempo, no perdiéndose el menor movimiento del anfitrión. La forma en que tomaba la copa y bebía pequeños sorbos de vino le tenía hipnotizado. Val cogía pequeños bocados y comía con delicadeza, completamente lo opuesto a su hermano sentado en junto, pero Nick no prestaba atención a Bill.
Quien sí se dio cuenta de ello fue Tom, pero el de rastas conocía la forma desvergonzada de engullir alimentos del moreno. Una vez lo vio tragarse una rebana de piza en tres rápidas mordidas. Una rápida asociación de ideas acabó con un serio atragantamiento por lechuga.
~*~
—Nick me ha dicho que eres un dibujante excepcional. —comentó el modelo, una vez el ambiente se relajó un poco, luego del susto pasado.
Tom mira a Nick con pánico, y luego a Bill. Tiene miedo de que Nick haya mencionado cierto mural en su recámara
Nick menea la cabeza con disimulo y le arroja un salvavidas, relatando un par de historias sobre Tom, de cuando dibujaba en las paredes de su casa siendo muy pequeño y cómo está convencido de que será un gran artista algún día.
Tom se ruborizó ante la insinuación de Bill de que le encantaría ver sus dibujos. Conoce a Bill lo suficiente para poder distinguir cuando está de joda, siendo irónico o cuando su interés es auténtico. Esta vez es lo último y Tom sabe que está perdido porque antes prefiere besar a un bagre que mostrarle sus croqueras a Bill.
Si Bill creyó estar a salvo, se adelantó a los hechos. No le agradó que Nick lo interrogara sobre sus planes a futuro. No porque los tuviera, tan sólo era su costumbre odiar todo lo que provenía del mayor de los Kaulitz.
—Yo voy a ser una estrella— aseguró, altivo—Sexo, drogas y rock & roll.
Tom pensó que gustoso se ofrecía de voluntario para la primera parte. Val se encargó de dejar en claro que la segunda parte no estaba permitida, en ninguna de sus formas. A Nick la tercera le pareció sumamente interesante.
Tom se rascó la nuca, haciendo memoria, nunca lo había visto cantar en la secundaria, el moreno ni siquiera se había apuntado para el festival de las artes el otoño pasado.
Bill tuvo que confesar, algo avergonzado, que padecía pánico escénico. Tom se hace el firme propósito de conseguir que Bill cante para él.
Cuando las preguntas de los Kaulitz se sucedieron él intentó desviar el tema.
—¿Podemos hablar de otra cosa? A nadie le interesa mi sueño frustrado—gruñó con resentimiento.
Pero Nick seguía con el dedo en esa tecla: —Yo no diría eso, los sueños de los niños siempre son importantes.
Ambos adolescentes reclamaron ante el apelativo.
—¡Hey! Hace rato dejé de ser un niño.—terció el moreno, a Tom le constaba cuán «no niño» era.
—Bibi, cuando tengas treinta años y hayas conquistado el mundo; aun serás mi bebé. —Intervino el anfitrión, mirándolo con cariño— Cuando tengas cuarenta y escribas tus memorias; seguirás siendo mi bebé. Cuando tengas cincuenta y…
—Ya entendí la idea, gracias. Y Val: te odio. —agregó con una gélida sonrisa.
—Y yo te amo.
Tom sintió un picor extraño en su pecho cuando el mayor de los Trümper tomó al moreno de la barbilla con esos fantasmagóricos dedos huesudos y remató sus palabras con un piquito.
Sabía de familias algo efusivas con sus muestras de afecto (El mismo «padecía» tener al monstruo de los abrazos por hermano) pero los besos en la boca era algo ewk! ¡Ellos dos eran hermanos, por todos los…!
Por la reacción tan natural del moreno al recibir esa caricia Tom adivinó que se daba con relativa frecuencia entre los Trümper.
La peregrina idea de que el modelo había besado a su hermano más veces que Nick le provocó una risita espontánea que le hizo acreedor de la siguiente mirada asesina de Bill.
—Y a ti también te odio, Bob Marley.
Los adultos compartieron una sonrisa cómplice. Aunque ambos sonrieron por diferentes motivos.
Val sabía que entre los chicos había cierto tipo de relación clandestina.
Hasta donde Nick sabía, Tom no había visto a Bill desde ese fatídico San Valentín. Por lo que le elogiaba estar llevando la velada con tanto aplomo pese a su atormentado enamoramiento.
A mediodía Hitomi había ido a casa de los Kaulitz por el pastel que Tom horneó.
Tom deseó hacer un agujero y esconderse porque Nick no había parado de elogiarlo en toda la noche. Casi prefería cuando la conversación no giraba en torno a él y los adultos se daban miraditas de gato a la carnicería cuando creían que ellos no se daban cuenta.
Bill le dio una mirada significativa, y Tom supo por qué. Él lo acompañó a comprar los ingredientes, pero nunca esperó poder probar el pastel.
El moreno no se cortó un ápice. —Está delicioso, parece que todo lo que sea manual se te da bastante bien, Bob Marley.
Tom las vio negras para no atorarse, nuevamente. Si Trümper supiera quetan biense le daban los «trabajos manuales» cuando él estaba involucrado.
~*~
Bill respiró aliviado cuando Val dio la cena por terminada y se retiraron a la sala.
El ambiente se había vuelto un poco tenso, o al menos esa era su impresión.
Sabía lo que vendría a continuación…
—Nick. ¿Me acompañas al estudio?
Y ahí partió el mayor de los Kaulitz tras el contoneo de caderas de su hermano, como un manso borrego.
Se suponía que su hermano era listo. ¿Cómo rayos nunca antes se dio cuenta de que el otro idiota babeaba por sus huesitos?
Los ojos del moreno se perdieron escaleras arriba. Meneó la cabeza, refrendando el gesto con un chasquido reprobatorio. Tom, a su lado, tampoco estaba de acuerdo con lo que ambos adivinaban sucedería a continuación en el piso superior. Los adultos pronto desaparecieron al interior del estudio, para ninguno de los chicos pasó desapercibida la forma en que sus manos se buscaron y encajaron sin necesidad de mirarse.
Bill suspiró.
Durante casi una semana hizo todo lo que estuvo en sus manos para disuadirlo de cometer semejante tontería, solo esperaba que Val hubiera recapacitado. De lo contrario, más le valía al idiota de Kaulitz no arruinar su segunda oportunidad o el mismo le arrancaría las bolas y las cocinaría al ajillo.
Y hablando de tonterías, había una que tenía que remediar sin demora…
Con resignación regresó su atención al chico de rastas, lo cogió de la camiseta y, con un guiño de complicidad, lo remolcó por el pasillo en dirección a su cuarto.
—Ven conmigo, disponemos al menos diez minutos.
—¿Para qué?
—Voy a follarte—respondió sin inmutarse.
—¡¿Qué?!
Tom se detuvo en mitad del pasillo, deseando haber oído mal. Bill no agregó palabra, pero la mirada divertida que le dio le recordó que si no se tomara de forma tan literal las palabras de su amigo su corazón sufriría menos sobresaltos.
~*~
Val cerró las cortinas, deseaba entregárselo a solas. Aunque ya no habría ninguna declaración acompañando el obsequio, de todas maneras deseaba que ese momento permaneciera íntimo.
Su corazón latió acelerado al abrir el primer cajón de su escritorio. El pequeño paquetito en su interior estaba cargado de tanto significado que debió tragar grueso y cogerlo de una vez.
Aun estaba a tiempo de arrepentirse. Dentro de unos minutos podía ser demasiado tarde. Todo lo que tenía que hacer era sincerarse y esperar a que el obtuso hombre que había robado su corazón no mal entendiera su gesto, como tenía por costumbre.
Se acercó a Nick con el paquetito en sus manos peleando la batalla entre sus sentimientos y la prudencia.
Estaba nervioso, y eso no era una buena señal. No acostumbraba estar nervioso, no sabía como manejarlo. Había tanto en juego, deseaba fervientemente hacer lo correcto, pero tenía miedo. Al punto que el mismísimo rey de los despistados notó su contrariedad.
La suave caricia en su mejilla, con que este pretendía calmarlo sólo empeoró su batalla interna.
—¿Estás bien? Empalideciste de pronto.
Debió improvisar una excusa, una fruslería.
—Creo… creo que voy a resfriarme. El cambio de aire, supongo.
La voluntad de Val flaqueó cuando Nick lo abrazó y besó su frente.
Se aferró a Nick con desesperación. Estaba muy confundido.
Una vez leyó en alguna parte que el valor que le damos a las personas se mide según el miedo que se tenga a perderlas. Y en ese momento él estaba aterrado.
No tenía excusas para su comportamiento inusualmente sensiblero. No esperó que fuera Nick precisamente, quien lo sacara del embrollo.
—No tienes que avergonzarte, sé lo que sucede.
—¿Lo sabes?! —inquirió, entrando ligeramente en pánico.
—Ante el mundo finges ser una diva sin corazón, pero te emocionan las celebraciones.
“Bendito Nick y su despiste crónico”.
—Me has atrapado. Pero, por el bien de mi mala reputación…—bromeó
—Tu secreto está a salvo conmigo.
Casi desfalleciente por el estres acumulado, y necesitando una válvula de escape con suma urgencia, le arreó un precipitado beso en la mejilla.
Se estaba comportando como un adolescente enamorado incapaz de controlar las reacciones de su propio cuerpo. Por su bien debía poner fin a su predicamento antes que su dubitación acabara atrayendo la desgracia.
Puso la cajita en las manos de Nick, mientras murmuraba un vacilante «Feliz cumpleaños».
Se mordió el labio inferior con nerviosismo, mientras su amigo rasgaba entusiasmado el envoltorio y sacaba la joya de su estuche.
Tuvo que tragarse un jadeo cuando la mirada de él se ensombreció.
—¿No te gusta?—preguntó con cautela, el nudo en su garganta le dificultaba hablar.
—No es… Val es precioso, pero… Bueno, no se mucho de joyas, pero ha de ser carísimo.
—Nick, no te pongas quisquilloso— fue consciente del pequeño berrinche de diva que acababa de realizar, puchero manipulador incluido, y no experimentó ni un atisbo de culpa— lo único que importa es… ¿Te gusta?
Y, retomando la presencia de ánimo perdida un momento atrás, alzó un dedo de forma amenazante.
—Ah-ah. Tienes prohibido volver a mencionar el valor del obsequio, es de mal gusto.
Nick se rindió a sus órdenes con una adorable sonrisa y un suspiro.
—Supongo que no tengo más alternativa que acatar. —concedió, tomándole ambas manos entre las suyas— Por supuesto que me gusta, la esclava es preciosa. Y más aún porque me las has regalado tú.
No le confesó directamente su amor a Nick, pero al menos ahora su amado llevaría sobre su piel el patrón de voz —su voz, específicamente— diciendo «te amo».
~*~
Al entrar al cuarto del moreno Tom tuvo que hacer ejercicios respiratorios para controlar su anticipación. Luego de la rica tanda de besos que tuvieron en la terraza— antes de que Markus los interrumpiera— quedó con ganas de más.
Por lo que, cuando Bill lo llamó desde el interior del closet y afirmó con voz cantarina: «tengo algo que darte», Tom se adelantó y, asiéndolo firmemente de las caderas, lo besó.
Bill reaccionó con sorpresa, apoyando sus palmas en los hombros de Tom, pero no lo apartó. Tom sabía a glaseado, el glaseado del pastel que había horneado para su hermano.
Agarró con fuerza el cuello de su enorme camiseta y profundizó el beso.
Para Markus Tom era un peligroso. Para Bill, esa noche, Tom era sólo un chico dulce que horneaba pasteles para subirle el ánimo al idiota de su hermano.
Cuando el beso acabó Bill puso la gorra —la que le compró tiempo atrás y que aun guardaba en su closet— en manos del otro chico.
—Perdiste tu gorra favorita por culpa de Markus, indirectamente es mi culpa, así que…
Pero Bob Marley se puso en plan quejica,otra vez.
—Si eso es lo que querías darme, gracias, pero no, gracias.
¿Cómo alguien podía ser tan tierno y al momento siguiente tan molesto? Era un completo misterio.
Bill le quitó los broches a la gorra y se la encasquetó al chico de las rastas contra su voluntad.
—¿Quieres dejar de una vez ese odioso discurso de machito autosuficiente y aceptar un regalo por una jodida vez? No va a matarte, ¿sabes? ¿Crees que no sé qué invitaste las entradas al parque de diversiones porque«es lo que los machos de verdad hacen»?—escupió con retintín, copiando uno de las frases hechas que solía ocupar Tom— Pues te tengo noticias, Bob Marley. Que te inviten una entrada o que te paguen la cerveza no te hace menos hombre.
“¿Y qué tal soñar que follamos en tu cama, y me gusta? Eso definitivamente no lo hace un hombre de verdad”
Pero Tom se tragó ese comentario, esa era el tipo de preguntas que estaban al límite, incluso de lo que se atrevía a confiarle a su psicóloga.
—De acuerdo, sabelotodo. ¿Pero cómo le explicamos a tu hermano y al mío de dónde rayos saqué una gorra con mi nombre en ella?
—Se han estado comiendo con la mirada toda la noche, ¿Crees que se van a fijar en lo que dice tu gorra?
El de rastas no tuvo como replicar a ello.
~*~
Los adolescentes regresaron a la sala unos minutos antes que los adultos.
Bill los vio bajar, boquiabierto. Nick llevaba la joya que Val le había mostrado el día que llegó de N.Y., ambos iban sonrientes y todavía cogiditos de la mano. El moreno moría de curiosidad por saber que sucedió en el estudio, pero no podía preguntar aun a riesgo de meter la pata.
Que su hermano se separara del “Veterinario idiota” y le pidiera Bob Marley que lo acompañara no estaba en sus planes, al menos no en los que le había mencionado. ¿Qué demonios estaba sucediendo allí?
Los chicos intercambiaron una mirada de pánico. ¿Realmente sucedió lo que ambos temían?
Para rematarla Nick le dio una palmadita de “ánimos” al chico de rastas en la espalda. —Ve, no hagas esperar a Val.
Este obedeció, dando una última mirada al moreno antes de subir los escalones.
Bill se quedó a una distancia considerable del adulto, apretando los puños y aguantando los deseos de putearlo, porque si Nick Kaulitz era su nuevo cuñadito a su hermano no le caería en gracia que lo insultara en su primer día de novios.
~*~
Val tenía una deuda que saldar, y aunque no se encontraba completamente en su personaje, había adquirido un compromiso con Nick que debía cumplir. No podía permitir que su futuro esposo (porque Val era optimista y tenía visión de futuro) se fuera a casa pensando que su palabra carecía de valor.
Val sabía que no puede abordar a Tom directamente, poseía el tacto suficiente para no mencionar sus problemas de homofobia, ni su confusa orientación sexual.
“Con un poco de miel se cazan más abejas que con un litro de vinagre”.—se dijo
Mientras ascendía los escalones recordaba que tuvo una pequeña probada del carácter arisco del chico, sin embargo él había dominado a hombres más rudos que un adolescente díscolo repleto de inseguridades.
No perdió en ningún momento de vista el hecho de que Nick se desvivía por el muchacho y que era más que probable que su frijolito estuviera enamorado de él.
Tom estaba anonadado, el hombre ante él lo abrumaba. Todo él, no sólo esa desconcertante apariencia femenina coronada por la mirada fiera que se notaba a ojos vista este intentaba suavizar.
El parecido con su hermano menor era notorio, compartían los mismos ojos de gato, los labios carnosos y ese lunar bajo la boca que no podía dejar de mirar por más que se reprendiera mentalmente.
Valentino Trümper era una versión adulta, sofisticada y desangelada de su pesadilla húmeda.
No comprendía cómo alguien tan cálido y tan de piel como Nick se había acabado enamorado hasta la médula de esa muñeca de porcelana tamaño real. Era innegable que era muy guapo, pero su atractivo no conseguía hacerle olvidar que en su pecho cargaba un bloque de hielo en lugar de un corazón.
Si accedió a aquél encuentro fue sólo para cantarle un par de verdades y esa sonrisa de portada no iba a suavizarlo. Su bro la había pasado muy mal esas dos semanas como para que él lo olvidara. Tampoco le perdonaba que hubiera convertido a su hermano mayor en un obediente borrego sin voluntad, que cumplía todos sus caprichos con tan solo chasquear sus dedos, ni que fuera el culpable indirecto de la única pelea seria que tuvo con Nick.
—No he visto tu trabajo, pero confío en la palabra de Nick. —comentó el anfitrión, haciendo gala de un encanto mesurado, no deseaba alimentar un rechazo de entrada.— Si él dice que eres bueno, debes serlo.
—Mi bro me adora, soy su único hermano. Yo podría apestar, pero él me seguiría apoyando—fue la áspera respuesta que obtuvo. No esperaba menos.
—¿Permitirías que yo juzgara tu talento con mis propios ojos?
Esperaba que el chico se resistiera, que arremetiera con alguna de las procacidades que solían intercambiar con Bill en otra época. Jamás esperó que los dardos fueran por otro lado.
—Escucha, sé lo que intentas, pero pierdes tu tiempo. No me agradas, y si piensas que te voy a ayudar a meter en los pantalones de mi hermano, no tienes la menor idea.
Val parpadeó aceleradamente.
¿Cómo era que ese chico…? ¿Acaso fue demasiado evidente durante la cena, o Bill había estado revelando sus intimidades?
En circunstancias normales la peor cara de la Diva afloraría, replicando que podía librar sus propias batallas sin necesidad de que un niño grosero fungiera de alcahuete.
Pero esas eran circunstancias extraordinarias y debía tratar al chico con la paciencia que reservaba sólo para su frijolito.
—Tom, temo que estás malinterpretan…
—Escucha, mi hermano es un buen sujeto, por desgracia cuando se trata de chicas… Bueno, tú no eres precisamente una chica —murmuró para sí rascándose el antebrazo— el caso es que Nick es sincero y demasiado blando. Por eso la gente abusa de él y siempre acaba lastimado. No hace mucho un sujeto megalómano y sin sentimientos le rompió el corazón, Nick puede parecer entero por fuera, pero por dentro ese rechazo aun le duele. Tal vez conozcas a ese tipo, su nombre eraValentino Trümper.
El chico dio media vuelta en dirección a la puerta, Val no lo culpaba por tener tan mala impresión de él, pero no podía dejar que se marchara.
—Nick me perdonó.
Consiente estaba de todo cuanto aceptaba con esa frase, pero había llegado el tiempo de dejar atrás las imposturas.
—Te lo dije, es blando y a veces un poco estúpido.
—Voy a ser sincero Tom —Hizo una pausa dramática porque, sincero no, nunca dejaba de ser una Diva —, estoy enamorado de Nick.
Al menos consiguió que le chico regresara y lo viera a la cara.
¿Sinceridad quería? Tom le daría sinceridad.
—Yo no soy ningún ingenuo como mi hermano. Ignoro porqué te has encaprichado con él pero Nick no se merece lo que le estás haciendo. Observé durante toda la cena la forma en que le coqueteabas. El mundo está lleno de hombres, búscate a otro y deja de jugar con él. Por favor.
La amargura en la súplica final del chico conmovió al modelo. Sus duras palabras sólo pretendían salvaguardar el ya dañado corazón de su hermano mayor.
El adulto hizo algo que descolocó al chico de rastas: su expresión se suavizó y lo miró de una forma que le era muy familiar.
Tom reconoció en Valentino la mirada dulce que le daba suMauschenen esas escasas ocasiones en que había dejado las ironías de lado y sido brutalmente sincero.
—Sólo deseo que dejes de verme como un enemigo, Tom. —pidió el modelo, con ecuanimidad— Después de todo, ambos buscamos lo mismo: Que Nick sea feliz.
Sonaba como una bonita utopía, pero Tom albergaba aún mucho rencor contra«La Señora Trümper»como para perdonarlo de buenas a primeras.
—Piénsalo.
—No tengo nada qué…
—Por favor. Al menos acepta una ofrenda de paz.
Tom resopló. A él no lo compraban con regalitos, por muy costosa que fuera la joya.
—Poseo la biblioteca de artes más completa de Berlín. —comentó Val, extendiendo sus brazos, abarcando la habitación a su alrededor, en la que el chico apenas se había fijado. — Una parte es herencia de nuestros padres, pero me aseguro de alimentarla adquiriendo nuevos ejemplares en cada uno de mis viajes. Por desgracia Bibi tiene más apego a su móvil que al papel impreso.
El corazón de Tom se aceleró en su pecho, intentaba dilucidar que rayos estaba tratando de decir el modelo con semejante introducción.
¿No le estaba regalando la biblioteca, o si?
—Si necesitas información específica que los Wikis no proveen, o sólo curiosear entre volúmenes antiguos… Siéntete con la libertad de venir cuando quieras, a leer o a llevarte un par de libros a casa.
A Tom se le secó la garganta.
No era un gran aficionado a la lectura, pero si iba en serio —cosa que hacía— con sus planes de aplicar para laUdK**, el contenido de esas cuatro paredes le haría el trabajo mucho más sencillo.
—¿Significa que puedo venir…?
—Cuantas veces lo desees. Mi biblioteca y mi hogar están abiertos para ti.
Y Tom le tomaría la palabra… no sólo para visitar la biblioteca.
—Pero que conste que mi opinión sobre ti no ha variado en lo más mínimo. —agregó, no queriendo dar su brazo a torcer.
Si “La Señora Trümper”pensaba que lo había comprado tan fácilmente estaba muy equivocado. Lo tendría en la mira para asegurarse de que no lastimara nuevamente a Nick. Pero ello no impedía que en el ínterin disfrutara del pase libre el piso de los Trümper.
No podía esperar para ver la vena de la frente del guardaespaldas a punto de estallar cuando se enterara.
Continuará…
~Bonus~
Al interrogar a Bill sobre el origen de la información este le respondió con un vago «proviene de una fuente confiable». Val no estaba dispuesto a hacer el menor movimiento a ciegas, tuvo que insistir para asegurarse de que era cierta y no meras suposiciones de su hermanito.
«Er… ¿Geo? Él fue amigo de Bob Marley ¿recuerdas? Pues aun mantiene contacto con Nick. No sé que tiene, que todos adoran a ese idiota».
El tono inseguro y dubitativo dejaba mucho a la interpretación. Una rápida llamada a casa confirmó sus sospechas. La fuente de Bill era, en efecto, la más fidedigna que pudiera existir.
Val estaba en conocimiento de que algo había entre su frijolito y el hermano de Nick, el qué exactamente no lo sabía con certeza, tampoco desde cuando venía sucediendo. Pero los había visto juntos en casa, en diferentes grados de intimidad, demasiadas veces para tratarse de un tonteo de una solo dia. Que fue lo que pensó cuando los descubrió por primera vez.
Por esas fechas rodaba un biopic de época. La filmación se extendió ese día, tomó las previsiones pertinentes avisando a su hermano y al personal de casa para que estuvieran al pendiente de este. Pero su permanente preocupación no se calmó hasta que dio un vistazo a las cámaras de seguridad.
Todo parecía en regla hasta que chequeó la camara lateral de la sala. Parpadeó repetidas veces, incrédulo ante la acción que se desarrollaba en tiempo real en su casa.
Bill fajaba con un chico en el sofá.
Val distaba de ser un mojigato o un ingenuo. Estaba al corriente de que el adolescente había iniciado su vida sexual un par de años atrás —el mismo le proveía de protección—, pero no imaginaba que este aprovechara sus ausencias para llevar a sus ligues casuales a casa.
Cambió de ángulo para tener una mejor perspectiva, no pretendia identificar al otro chico, porque no imaginó que pudiera conocerlo.
La identidad del amante ocasional de su hermano lo dejó perplejo. Esa escena no tenía explicación.
¿En qué extraño universo aquellos dos podían tener algo? Máxime algo físico.
Le dio vueltas al asunto. Decidió no actuar de inmediato, recopilar mayores antecedentes antes de tomar una decisión.
Si efectivamente su hermanito usaba su casa —¡su sillón italiano!— para sus encuentros furtivos, ambos tendrían una seria charla.
Pero primero necesitaba averiguar más sobre el hermano de Nick.
Aunque su amigo mencionaba a su hermano con frecuencia, no se explayaba mucho sobre él, eran temas privados y en apariencia dolorosos. Pero lo poco que consiguió extraerle lo impresionó.
Al parecer el chico había caido en desgracia a ojos de su padre, razón por la cual ahora vivía con el veterinario.
Constantes problemas conductuales lo llevaron a abandonar la secundaria, al menos temporalmente. Estudiaba en casa, Val tuvo la seguridad de que ello ocurrió sólo gracias a la tutela de su amigo.
Tom Kaulitz era un chico problema, eso sin duda, pero cuando Nick hablaba de él lo hacía con cariño e innegables visos de orgullo.
Ese chico debía tener algo bueno si alguien como Nick había optado jugársela por él.
Val continuó espiando a su hermano, chequeando cada tarde las camaras de casa. Comprobar que el chico Kaulitz era el unico que lo visitaba sin su conocimiento —Bill siempre avisaba cuando su grupo de amigos se iba a dejar caer— aquietó sus temores. No iba a negarlo, la sola idea de que su Frijolito fuera de los que suben un chico diferente cada tarde le parecía sumamente reprobable.
Bill se veía mas relajado y alegre últimamente. En una ocasión Val incluso debió fingir no notar una muy llamativa mordida en su cuello, para no abochornar a su hermanito.
El que ambos desaparecieran largo rato esa tarde y regresaran con los labios llenos, los ojos brillantes y el cabello desarreglado sólo confirmó en qué tan buenos términos estaban los dos adolescentes ahora.
Ignoraba como fue que se produjo el cambio —aún estaba ese asunto sobre la homofobia de Tom que tanto preocupaba a Nick — pero en apariencia parecía estarles afectando positivamente.
Si estaba en sus manos, él les daría una pequeña ayuda para que esa relación prosperara.
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“Zum Geburtstag viel Glück”.*= Feliz cumplaños.
UdK**= La Universität der Künste Berlin, UdK (Universidad de las Artes de Berlín) situada en Berlín,Alemania, es la academia de arte más grande deEuropa. La Universidad de las Artes es estatal y se caracteriza por ser una de las más grandes, diversificadas y antiguas academias de arte de todo el mundo. Teniendo el derecho de conceder doctorados y grados post-doctorales, la UdK es también una de las pocas academias de arte enAlemaniacon un perfil universitario completo.(Robado descaradamente de Wikipedia)
Robado descaradamente de Wikipedia 🤣🤣🤣🤣 me mataste 😂😂😂